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Guerra de la información: Realidades y percepciones en redes sociales

Information Warfare. Reality and Perceptions in Social Networks

  • Fecha de recepción: 02/11/2021
  • Fecha de publicación: 28/02/2022. Visto 150 veces.
  • Resumen:

    Las características de las Redes Sociales las hacen convertirse en herramientas para mostrar la realidad, o la que a algunos les interese mostrar; pues al final la realidad no será lo que realmente haya ocurrido, sino lo que nuestras mentes quieran percibir. ¿Cómo calificamos el trabajo de las Redes Sociales y su desempeño en nuestra sociedad? ¿Conocemos realmente la forma en que trabajan? ¿Somos capaces de diferenciar la realidad, las fake news y la desinformación? ¿Qué conocemos por viralización?

  • Palabras clave: realidad, Redes sociales, viral, desinformación.
  • Abstract:

    The characteristics of social networks makes them become tools to show reality, or what some people want to reveal; because ultimately reality will not be what really has occurred, but what our minds want to perceive. How do we rate social networks performance and its accomplishment in our society? Do we really know the way they work? Are we capable to distinguish reality, fake news, and disinformation? What do we know by going-viral?

  • Keywords: reality, Social network, viral, disinformation.

A través de Twitter, el día 2 de mayo de 2011, un usuario pudo reportear que algo anormal estaba pasando en su pueblo Abbottabad, Pakistán. La súper secreta operación llevada a cabo por Estados Unidos había sido twitteada por un usuario llamado @reallyvirtual, el que nunca sospechó que sus inocentes comentarios online serían algo importante. Al principio partió comentando por explosiones y vuelos rasantes; luego del comunicado de prensa estadounidense, informando el éxito de la operación, se dió cuenta que él había podido reportear algo fuera de lo normal. Este usuario no era espía ni periodista, sino alguien común y corriente con un teléfono y una cuenta de Twitter.

En una manifestación política el año 2006, en el Estado de Virginia, alguien grabó con su teléfono algo que no sería editado por los medios oficiales. El denominado “Macaca Moment” en el cual se ve como el senador George Allen llamó a una persona en forma desafortunada (o despectiva, podrán decir algunos). La frase en inglés, aún reproducible en Youtube, “demos la bienvenida acá a Macaca” le costó su reelección ante las críticas de racismo. En portugués se dice macacos a los monos, aunque en español ya era bastante claro.

Cuando se sumó Internet a las bondades de los teléfonos inteligentes, se abrió la posibilidad de que, en forma simultánea, una persona pudiese navegar por Internet y, a la vez, poder participar de sus actividades cotidianas. Antes, uno debía elegir entre salir y participar del mundo real o permanecer frente a un computador para conocer el mundo que Internet ofrecía. Para la revolución tecnológica que significó la invención de los teléfonos inteligentes con Internet, esa limitación finalizó. La realidad se volvió parte de los millones de usuarios que navegaban por sus páginas.

Esa realidad está frente a nosotros y nos expone en nuestras rutinas. Pero ¿la gente tiene mayor maldad ahora o estamos más expuestos a las capturas de estas realidades? En la Universidad de Chicago, en un foro en que participó Barack Obama, una vez entregado su puesto como presidente de Estados Unidos, comentó sobre la implicancia que puede tener un registro de nuestra diaria rutina en Redes Sociales (RR.SS.), y como podría afectar el futuro de las personas: “Si ustedes tuviesen fotos de todo lo que hice en el colegio, probablemente no hubiese sido elegido presidente.”

Ahora, si a esta realidad le sumamos la sobreexposición que presentan los jóvenes al uso de Internet, se transforma en que cualquier situación que sea viral y reproducida en Internet debe ser verdad. Así lo concluyó un estudio de la Universidad de Stanford, indicando el año 2016 que los jóvenes de entre 12 y 15 años pasaban 7,5 horas diarias conectados a Internet. La percepción de realidad que los jóvenes están teniendo, está directamente relacionada a la exposición con sus RR.SS. y las opiniones (y hechos) que surgen de éstas. Según decía un estudiante que participó del estudio: “Mis amigos no publicarían algo que no sea verdad.”

Uno podría pensar que la época de manipular noticias o esconder información se acabó, pero ahora nos enfrentamos a otros desafíos: sobreexposición y el cómo lidiamos con toda esta información. Antes de continuar con algunas técnicas de Internet, habrá que retroceder un par de años en el tiempo para comprender como se conciben las RR.SS..

Redes sociales y burbujas de conocimiento

La historia del fundador y creador de Facebook es conocida por la gran mayoría de nosotros. El año 2005, Mark Zuckerberg partió su imperio con la siguiente convicción en mente: “El objetivo no es crear una comunidad online, sino un espejo de lo que existe en la realidad.” Años después, la empresa sumaría billones de miembros y se convertiría en un gigante de las comunicaciones bajo su modalidad de captación de usuarios (o fieles clientes). En la actualidad, la capacidad de generar cambios en la sociedad que tiene Facebook sobrepasa a cualquier Gobierno u ONG: un par de cambios en códigos de programación que sean realizados por los ingenieros detrás de Facebook, serán percibidos, al instante, por billones de personas en el mundo.

El sistema es simple, pero no conocido por todos. Las RR.SS. funcionan básicamente por la naturaleza misma del ser humano. Las personas tienen la necesidad de interactuar con sus pares. Necesitan buscarlos y compartir con ellos para sentirse parte de algo más grande. Pero el sentimiento es más simple que lo que uno podría pensar. El ser humano se siente atraído a sus pares y a quienes piensan como él. Por lo mismo, cada vez que uno presiona el botón de compartir de alguna noticia en una red social, esta será entregada a sus conocidos y sentirán satisfecha esa necesidad de compartirla con sus iguales. Si a esto le sumamos que ya se ha estudiado que el color rojo de la notificación crea una necesidad, a veces patológica, de tener que limpiar esa mancha en las aplicaciones que los usuarios tienen en el teléfono, se crea un círculo casi vicioso de avisos-notificaciones-lecturas difícil de aceptar por los usuarios, pero que les mantiene sumidos en las RR.SS. permanentemente. La necesidad de lectura y de publicar todo es mayor en unos que en otros, pero lo que no se puede negar y todos tienen, es la necesidad de rodearse de gente que piense como uno. Las RR.SS. conocen estas necesidades humanas y las explotan con algoritmos que resultan atractivos a los usuarios. Esta captación de usuarios había sido descrita por el profesor de Harvard, Cass Sunstein, quién analizó el fenómeno como el Daily Me: información personalizada que entrega las RR.SS. que dejan a las personas viviendo en burbujas. Algunos detalles interesantes se explican en el documental El Dilema de las Redes Sociales transmitido en Netflix y también en el artículo publicado por el comandante José Miguel Oxley, en la Revista de Marina, en la sección Actualidad el 27 de agosto de 2021.

La nueva realidad: Percepción, conspiraciones y desinformación

Según la definición de percepción como: “Sensación interior que resulta de una impresión material producida en los sentidos corporales,” entendemos que uno reconoce la realidad a través de los sentidos. Si en varias y diferentes ocasiones uno observa un mismo titular, narrado de diferentes formas para no parecer una copia del original y con llamativos estímulos audiovisuales, uno termina aceptando esta verdad, si en un inicio albergaba dudas; o al menos no cerrando esta nueva visión, si en un inicio uno la negaba fehacientemente. Esto fue explicado mediante una investigación realizada por la Universidad de Yale, exponiendo al público la peligrosidad que existe en el término familiaridad. Ellos pudieron demostrar que la aceptación de la gente a un titular (sea real o ficticio) era mayor si lo habían observado anteriormente.

Las teorías conspirativas estimulan aún más la difusión de nuevas realidades en Internet. Ejemplos de grupos antivacunas y sus conspiraciones se observaron en los inicios de la pandemia COVID-19 el año 2020, donde se podía leer que las vacunas podían causar alteraciones de ADN, por lo que el riesgo de una vacuna experimental era mayor que la tasa de recuperación del 99,97%, que las vacunas contenían material pulmonar de fetos abortados o, incluso, seríamos controlados por microchip creados por Bill Gates. Si sumamos la fascinación por las conspiraciones, que en general tiene la gente, más la capacidad de viralización que se dispone en las RR.SS., se obtiene un peligroso resultado. Mucha gente podrá pensar que, detrás de cada acto, existe una mano maquiavélica o que todas las conspiraciones estén relacionadas entre sí.

Pero las conspiraciones no son las únicas responsables de producir desinformación: también están las fake news. De acuerdo con investigaciones del MIT, las fake news se esparcen hasta seis veces más rápido y con mayor alcance que la información real, incluso sacando los bots de la ecuación (bots = computadoras que replican a usuarios en RR.SS.). Pudieron concluir que los hombres tienen cierta atracción a la novedad que las fakes news les proporcionan, lo que se vio reflejado en muchos usuarios que no suelen compartir noticias se habían visto tentados a compartir este tipo de información entre sus amistades. Y a esta ecuación, agreguémosle que las fakes news pueden llegar a ser muy lucrativas. Un ejemplo, fue el caso del falso periódico digital Denver Guardian que publicara fake news sobre Hillary Clinton para la campaña electoral de Estados Unidos el año 2016, cuyo contenido fue compartido al menos 15 millones de veces por usuarios de Facebook.

Ben Nimmo, director de la consultora online de asuntos sociales Graphika y antiguo reportero de la OTAN, explicó el año 2015 una técnica para lograr una efectiva desinformación denominada las 4D. En inglés se leen: Dismiss, Distort, Distract y Dismay, se puede traducir en algo así como: descartar a las críticas usando la negación o la denigración, distorsionar los hechos a conveniencia propia, distraer a la opinión pública usando otras noticias reales o falsas (incluso usando alguna teoría conspirativa), y, finalmente crear consternación en el público objetivo sea para victimizarse o para demostrar un excesivo poder que disuada a la oposición.

¿Cómo afectar la realidad? Algunas técnicas para lograr la viralización

P.W. Singer y Emerson Brooking logran definir cinco claves para lograr la viralización a través de Internet.

Narrativa: Los autores determinaron que la historia a ser viralizada debía cumplir un relato que fuese atractivo para quienes lo recibían. Tan atractivo, que fuese una necesidad el compartirlo con sus amistades y contactos. En algunas declaraciones del fallecido Omar Hammami, líder de la organización terrorista islámica Al-Shabaab, indicaba: “La guerra de la narrativa se ha convertido en algo más importante que la guerra de las armadas, el napalm y los cuchillos.” El relato en sí debe cumplir con tres condiciones esenciales para que sea aceptable: debe tener simpleza, resonancia y ser novedoso. Si para el año 2000 se calculaba que la atención humana se centraba en apenas 12 s, en la actualidad se espera que en 8 s el mensaje sea recibido, o descartado. Es decir, el mensaje debe ser directo y simple. Clases de esto puede dar Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, que para su campaña presidencial del año 2016, usaba un vocabulario entendible hasta para niños de quinto básico, algo muy criticado por muchos, pero muy efectivo a final de cuentas. El argumento de la resonancia hace alusión a retratar un cuento popular para ganar adherencia, como: el rebelde sin causa, enfermo terminal sin prestación de salud o surgir en la gran ciudad desde un pueblo humilde. Y finalmente se debe considerar componentes novedosos que llamen la atención, pues si es muy predecible se corre el riesgo que no sea compartido.

Emoción: En esta característica, se debe tener presente la directa proporcionalidad entre emoción y viralidad. Mientras más sentimiento exista en el relato, mayor será su difusión. Sin embargo, existe un factor multiplicador en esta ecuación: el enojo, dado que fluye más rápido (en RR.SS.) por sobre sentimientos de alegría o bienestar. Según los autores, el año 2013 se llevó a cabo una medición realizada por científicos chinos, analizando 200 mil usuarios y unos 70 millones de mensajes, comprobando que los más rápidos en propagarse por RR.SS., eran los que transmitían odio o enojo en su información. Una prueba de esto fue el experimento llevado a cabo por Facebook el año 2014, citado por los autores y encontrado en fuentes abiertas, donde 700 mil usuarios fueron atacados inconscientemente por mensajes de alegría u odio. El grupo elegido con mensajes negativos, tuvo una mayor interacción para compartir mensajes cargados de odio, por sobre los de corte positivo. Con esto, se demostró que las emociones si son contagiosas en ambientes de RR.SS., especialmente las negativas. En este momento entra en acción un componente muy poderoso para influir en RR.SS.: los trolls. En general, personas pagadas (o patológicas) que se dedican a esparcir odio o sentimientos negativos por RR.SS. El fin último de este grupo de personas, además de ganarse la vida (o descargar su ira contra la sociedad), es buscar la viralización de las consignas de algún grupo social, político, étnico o similar.

Autenticidad: Este tercer punto trata sobre el verse real, por sobre el ser real. Esta imagen de cotidianeidad fue importante en su momento para captar adeptos a la causa de ISIS, donde se podía ver a soldados de esta organización posando con sus gatos o empatizando por fallecimientos de celebridades de Hollywood. Es decir, se acercaban a la gente mostrándose como personas normales. Esta técnica es muy común en la política, pues en la democracia se genera la paradoja de quién desee ser elegido (y ganar poder sobre sus pares), deberá mostrarse como alguien igual a sus pares. Esto no es una regla, pues también existen algunos candidatos que prefieren demostrar autenticidad o fortaleza antes que igualarse a su electorado.

Comunidad: El factor de trabajar en comunidad nos hace ser más poderosos y útiles. Nos brinda un sentimiento de identidad. Nos permite pertenecer a algo más grande, sea un equipo de fútbol, una asociación vecinal o una organización internacional dedicada a la limpieza étnica. Si a estos grupos, les sumamos el efecto multiplicador de los mensajes de odio, explicados anteriormente, su propagación será mucho más efectiva por Internet. Brotarán en la sociedad con mayor facilidad si el odio es la razón de ser de estos, pues será contagioso y mucha gente se podrá sentir identificada con estos malestares.

Saturación: Aunque suene lógico, se deberá saturar, inundar o desbordar las RR.SS. con la información que se desea transmitir. Esta efectividad puede comprobarse cuando las noticias son entregadas por los usuarios, páginas oficiales de noticias o por independientes que buscan informar para ganar prestigio. Si al final, la información llega por varias fuentes al mismo tiempo, sea verdad o no, el mensaje fue exitosamente entregado y viralizado. Nuevamente viendo el caso de Trump y la elección del año 2016, se pudo comprobar, según citan los autores de estas técnicas, que el equipo detrás de él repitió sus propagandas en seis millones de versiones diferentes. Una vez que estas entraban en el círculo de las RR.SS. de los usuarios, era muy difícil poder sacarlas, dado que estas funcionan buscando afinidad en sus gustos; es decir, si uno comparte una vez o entrega un like a una publicación, el sistema sugerirá miles de otras similares.

Algunas conclusiones y la responsabilidad de la sociedad

¿Qué se debe hacer cuando se hace viral algún mensaje de odio o fomentando acciones terroristas? Tras su fallecimiento, Youtube demoró seis años en bloquear las consignas de Anwar al-Awlaki, un norteamericano que radicalizó sus creencias islámicas. Afortunadamente esta situación fue mejorada el año 2017, con nuevas políticas de la empresa.

La responsabilidad compartida entre estas compañías y los Estados, pasa por generar un balance armónico entre filtrar, censurar y libre expresión. Los Gobiernos pueden legislar sobre los contenidos en Internet, como Alemania que cobra multas de 57 millones de dólares a las compañías que no puedan borrar, en 24 h, algún comentario ilegal, racista o difamatorio. No entraré a detallar las técnicas de censura de países no democráticos, pero, al menos donde se elige a los gobernantes, estos privilegian dictar leyes para que las compañías muevan el contenido antes que bloquear todo el material. Por el lado de las compañías, hace años tienen una política de control sobre las malas prácticas a través de dos mecanismos: esperan que algún usuario reporte el contenido o se asesoran con empresas subcontratadas para que ellos supervigilen el contenido en sus redes. Este sistema no es perfecto y mucho material puede pasar inadvertido por horas, como el caso de un video difundido por Facebook donde se observó el asesinato de un señor de 74 años. Las excusas presentadas fueron que “nadie lo había reportado,” endosándole la responsabilidad a los usuarios.

Por la ventaja que supone el dominar las RR.SS. para fines políticos, está el doble desafío de nuestros gobernantes. Por un lado, ellos deberán actuar para detener las malas prácticas mediante leyes actualizadas y, por el otro, deberán no coludirse con el problema, porque es una tentadora forma de obtener apoyo si se dominan las RR.SS. y se logran viralizar sus mensajes. ¿A qué político no le gustaría tener cientos de miles de seguidores que reciban sus proclamas? Aunque las respuestas sean en su contra, el mero hecho de comentar en ellas se refleja en las cuentas de más personas, agrandando su alcance. A su vez, se deben construir instituciones serias y prestigiosas en nuestra sociedad, como escribiera Laura Boyette-Álvarez: “La desinformación prospera en entornos con instituciones débiles y escasa confianza del público.”

Sin embargo, la clave más importante es reconocer el problema y generar educación en la ciudadanía. Primero se debe reconocer que las RR.SS. no son sólo herramientas para comunicarse con más personas. Hoy en día, a través de sus técnicas para mantener cautivo al usuario, pueden convertirse en aceleradores de negatividad, depresión y ansiedad, especialmente si consideramos que el odio se esparce más rápido que la alegría en las redes. Segundo, se deben reconocer las acciones de desinformación y la veracidad de la información antes de compartirla. Una recomendación surgió luego de un estudio realizado por una investigadora de la Universidad de Stanford, Carrie Spector, donde llama a verificar la información en forma paralela, es decir, en otras fuentes similares, pero en un mismo nivel de detalles. El estudio comprobó que el grupo de profesionales de educación superior era más propenso a descubrir una noticia falsa que, incluso, otro grupo con estudios avanzados de post-grado, dado que este último suele investigar en forma lineal con mayor profundidad un tema, pero no necesariamente de otras fuentes. Y como tercero y último, se debe ser un agente activo para evidenciar estas situaciones y dudar en caso de que algo sea extraño. Pensar siempre en la premisa de que, si no tengo dudas, posiblemente yo ya sea parte del problema.

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