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La inteligencia artificial: ¿Las llaves del edén o del averno?

  • JUAN PABLO TERNICIEN NOVOA

Por JUAN PABLO TERNICIEN NOVOA

  • Fecha de recepción: 21/04/2023
  • Fecha de publicación: 31/10/2023. Visto 390 veces.
  • Resumen:

    La inteligencia artificial ha avanzado significativamente en los últimos años; sin embargo, aún no alcanza las capacidades humanas en algunos muy complejos aspectos. La IA tiene claras fortalezas en áreas específicas, como el procesamiento de grandes cantidades de datos y la realización de tareas repetitivas con precisión y velocidad. El desarrollo de etapas más avanzadas de IA traerá grandes beneficios para la humanidad, pero tiene riesgos que deben preverse y merecen un debate sobre sus consecuencias sociales y éticas.

  • Palabras clave: informática, Inteligencia artificial, inteligencia artificial, automatización.
  • Abstract:

    In recent years artificial intelligence (AI) has moved forward significantly; however, it still lacks the innate understanding in complex connections that human-beings possess. AI has distinct strengths in specific areas, such as processing huge amounts of data and performing repetitious tasks with great speed and accuracy. The development of more sophisticated phases of AI will bring immense benefits to humanity, but it also has risks that must be envisage and should be debated for its social and ethical consequences.

  • Keywords: artificial intelligence, Artificial Intelligence, Artificial intelligence, automation, computing.

¿Qué entendemos por “inteligencia”? Básicamente es la capacidad de abstraer, discernir, discriminar, aprender, crear, analizar y sentir curiosidad, entre otras capacidades cognitivas que finalmente nos permiten tomar decisiones. ¿Son estas complejas capacidades lo que esperamos de la inteligencia artificial?

Decidir no es trivial, implica tomar acción, generar un cambio, afectar a algo o a alguien para crear una condición diferente, obtener un resultado. Para decidir no basta procesar información, comparar datos y hechos. Cuando hay terceros afectados, esa información debe analizarse bajo un marco de valores y con empatía; es decir, cada situación o cada creación está enmarcada en sus propias circunstancias, lo que nos plantea la interrogante: ¿podemos traducir valores, empatía y sentimientos en algoritmos insertables en estos cerebros artificiales, de modo que les generen decisiones éticamente aceptables?

La inteligencia es un concepto complejo y multifacético. Cada persona tiene habilidades y fortalezas únicas, donde las características de la inteligencia humana no están uniformemente distribuidas y las hemos tratado de comprender, clasificar y medir en innumerables investigaciones. Así, algunos son más potentes en inteligencia emocional, otros en lingüística, lógica matemática y muchas otras clasificaciones que, en definitiva, resaltan las características individuales y potencialidades de cada persona humana, cuya diversidad nos complementa y favorece la necesidad del hombre de vivir en comunidad. Si creáramos máquinas con super capacidades que abarquen todas las clasificaciones de inteligencia, referidas como IAG (Inteligencia Artificial General, AGI por sus siglas en inglés), ¿de qué manera alterará la vida en comunidad? Intentaremos aclarar qué entendemos por “inteligencia artificial”, en qué etapa de desarrollo nos encontramos y, más allá de las apocalípticas propuestas de la ciencia ficción, cuáles son las ventajas y riesgos de su desarrollo a la velocidad vertiginosa que hoy podemos observar.

En la actualidad, los sistemas de inteligencia artificial son capaces de realizar tareas específicas sobre la base de su programación y el acceso a grandes cantidades de datos; sin embargo, no tienen la capacidad de razonar, experimentar emociones o tener una conciencia de sí mismos que les permita actuar con cierta independencia y tomar decisiones más allá de respuestas establecidas por algoritmos. La inteligencia artificial que hoy usamos no ha alcanzado la complejidad y la flexibilidad de la inteligencia humana en términos de pensamiento abstracto, creatividad, comprensión emocional y la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas y cambiantes.

Esta IA se conoce como Inteligencia Artificial Estrecha o Débil ya que está diseñada para realizar tareas que operan dentro de un rango previamente definido y limitado (estrecho), no hay acá inteligencia genuina. No tiene capacidades cognitivas y menos conciencia; su aprendizaje es limitado. Algunas tareas que hoy tenemos disponibles con IA Estrecha son el reconocimiento facial, aparatos de diagnóstico médico, vehículos autónomos, sistemas de dictado y corrección de la escritura, entre otras tareas. Y claro, los impresionantes chatbots.

El verdadero gol de muchos investigadores es crear IA General, AGI o IA Fuerte. La AGI es una etapa aún no alcanzada y que se refiere a la capacidad de una máquina para realizar cualquier desafío intelectual que a un ser humano se le pueda presentar y así comprender y aprender toda tarea que se le encargue, adaptándose a situaciones nuevas y complejas de manera similar a como lo hace una persona, pero con un acceso muchísimo más amplio y rápido a la información. La IA general podrá aplicar el conocimiento adquirido en una tarea para resolver problemas nuevos y desconocidos. Así, mientras que la IA estrecha puede superar a las personas en asuntos delimitados, la AGI podría sobrepasar al ser humano en casi todas las tareas cognitivas (Conn, 2023). Es esta área de la Inteligencia Artificial la que se prevé iguale a las capacidades intelectuales del hombre y las supere en cantidad y tiempo de proceso de datos, eludiendo limitaciones propias de nuestra naturaleza imperfecta, tales como el olvido, la codicia, el cansancio, la pereza y los juicios preconcebidos. Estos sistemas se basan en la capacidad de aprendizaje profundo y el desarrollo de redes neuronales, que les permiten acceder y procesar enormes cantidades de información, aprender a partir de ellas y tomar decisiones autónomas.

El desarrollo acelerado de inteligencia en las máquinas se nota en sistemas que ya tenemos disponibles y que sorprenden por sus características. Los chatbots y asistentes virtuales pueden realizar tareas automatizadas y comandos sin intervención humana, así como aceptar y responder a preguntas en lenguaje común sosteniendo una pseudo-conversación. Asimismo, es creciente la confiabilidad de los vehículos autónomos que pueden navegar en situaciones de tráfico complejas, escogiendo las mejores rutas en base a distintos criterios.

Sin embargo, es importante destacar que la replicación de emociones y la autonomía en los sistemas de IA son los factores más complejos de insertar en máquinas que aún no alcanzan el nivel de la inteligencia y capacidad de razonamiento humano. Todavía existen desafíos técnicos y éticos importantes que deben abordarse para lograr un desarrollo sostenible y responsable de estas tecnologías.

De qué manera el desarrollo de estos sistemas inteligentes afectará a la sociedad es algo que preocupa a hombres de ciencia y políticos. Como evidencia de lo delicado que puede ser este traspaso de racionalidad entre el hombre y la máquina, en plena era del conocimiento y el vertiginoso desarrollo tecnológico, la prensa nos presenta la inesperada noticia de que un grupo de científicos y hombres de empresa han solicitado se establezca una moratoria de 6 meses en el desarrollo de la inteligencia artificial para generar un debate respecto de sus repercusiones y establecer ciertos límites (Deutsche Welle, 2023). Si empresarios del área tecnológica de la talla de Elon Musk y Steve Wozniak, entre muchos otros, creen necesario establecer límites, entonces lo más probable es que deberíamos poner atención en qué es lo que preocupa a este grupo de expertos.

En efecto, todavía es difícil predecir si el desarrollo de sistemas de AGI avanzados que puedan replicar conciencia propia y emociones sería bueno o malo para la humanidad ya que, como toda creación humana, depende de cómo se utilicen y controlen dichos sistemas. Por un lado, máquinas que puedan reconocer la realidad, generar emociones y aprender, podrían tener un impacto positivo en la sociedad al generar decisiones informadas, eficientes, objetivas y con una componente ética en la solución de conflictos y problemas complejos, mejorando la eficiencia en una variedad de campos, como la medicina, infraestructura, administración, robótica y la exploración espacial, entre otros. Algunos de los beneficios más notables de la inteligencia artificial avanzada o AGI pueden ser:

O    Eficiencia productiva: La AGI puede automatizar y administrar una amplia gama de tareas complejas, desde la producción de bienes hasta la atención médica. Esto puede mejorar la taza de errores y accidentes, aumentar la eficiencia y distribución, reduciendo costos.

O    Seguridad: Los sistemas de AGI pueden contribuir a la seguridad en áreas como ciberseguridad, vigilancia y control, prevención de crímenes, identificación de personas peligrosas, armas y explosivos, control de tráfico aéreo, terrestre y marítimo, entre muchas otras.

O    Salud: La AGI puede facilitar el diagnóstico de enfermedades y el diseño y control de tratamientos individualizados más eficaces para distintas patologías. Su participación en el manejo de pandemias facilitaría la contención. En ese sentido, se prevé la implementación de mejores sistemas de telemedicina y monitoreo de pacientes, multiplicando la capacidad de los médicos y expandiendo la cobertura de redes de salud en lugares remotos, con un contacto empático con el paciente.

O    Innovación y desarrollo tecnológico: La AGI puede estimular la innovación en distintos sectores, desde la energía hasta la biotecnología, especialmente importante frente a los fenómenos que genera el cambio climático y la contaminación en general y la mitigación de sus consecuencias. Mejorando aspectos como la simulación, se logrará entre otros efectos, la optimización en el uso y producción de recursos energéticos renovables, desarrollo de nuevos materiales no contaminantes, y procesos eficientes de reciclaje.

O    Vida cotidiana: Mejoras a la calidad de vida de las personas, con mayor acceso a la información y recreación o en las soluciones para los desafíos de la vida diaria, como el transporte, alimentación o higiene. Por ejemplo, los sistemas de AGI pueden ayudar a las personas mayores o discapacitadas a vivir de manera independiente en sus hogares mediante el seguimiento de su salud y el control y manejo de su entorno doméstico. Sistemas inteligentes con la capacidad de replicar emociones y empatía pueden contribuir a mitigar la soledad que un creciente número de personas sufre en la vertiginosa sociedad moderna.

Pero no todo lo esperable de la AGI son buenas noticias, algunas de sus características pueden tener impactos sociales negativos, con un riesgo alto de que los sistemas de inteligencia artificial avanzados puedan ser utilizados de manera irresponsable, malintencionada o que sus sistemas de control sean superados.

Más allá de lo que la cinematografía y la ciencia ficción nos ha presentado respecto de la amenaza que podría implicar el desarrollo de máquinas autónomas con la capacidad de tomar decisiones, existen riesgos potenciales que, a juicio del autor, no han tenido el suficiente debate ni se han producido los cortafuegos tendientes a anular posibles efectos adversos generados por las mismas máquinas autónomas o por sus creadores. Algunos de estos efectos negativos pueden ser:

O    Desempleo: La AGI y su capacidad de controlar múltiples procesos pueden reemplazar trabajos que tradicionalmente requerían la intervención humana, lo que aumentaría el desempleo y la desigualdad económica. Si bien este es un efecto que en otras etapas de la mecanización de la producción ya se ha presentado y que la comunidad fue capaz de absorber, la AGI podría llevar la automatización a niveles sin presedentes, abarcando todas o la mayoría de las jerarquías de la empresa y la administración.

O    Privacidad y seguridad: Existe una gran cantidad de información de cada individuo dispersa en la red en la forma de fichas clínicas, cuentas bancarias, calificaciones, compras en el comercio, recreación, etc. La AGI tendrá la capacidad de compilar y procesar esas grandes cantidades de datos personales, lo que pondría en riesgo la privacidad de las personas. La AGI puede usar toda esta información y manejo de redes para desarrollar más sofisticadas e invulnerables herramientas de ciberdelincuencia.

O    Armas autónomas: En cuanto al usó bélico de la AGI, el desarrollo de armas con la capacidad de seleccionar sus blancos sin intervención humana y sobre la base de un efecto esperado difuso puede llevar a que las operaciones se desarrollen fuera de márgenes éticos y legales, con serias consecuencias humanitarias. Se presentará el debate sobre quien debe asumir la responsabilidad cuando una de estas armas tome la decisión equivocada.

O    Control y gobernanza: la gran capacidad de procesamiento de información a nivel del individuo y en tiempo real que tendrá la AGI facilitará el desarrollo de herramientas de control de la población que pueden atentar contra valores esenciales, tales como la libertad y la justicia, con efectos adversos sobre la democracia y sus elementos. Así, la AGI tendrá el poder de actuar sobre los valores y creencias de cada persona, alterando nuestra percepción de la realidad con desinformación que, entre otros efectos, puede afectar los procesos eleccionarios, limitando nuestras opciones.

Como una evidencia de las potencialidades y riesgos de esta tecnología, China ha informado que introducirá regulaciones a los contenidos que presenten estos sistemas de modo que reflejen “los valores socialistas fundamentales” (Prieto, 2023). Se nos presenta así un dilema: por un lado, aplicar regulaciones, como lo ha planteado el gobierno chino, puede transformar un sistema de información en un arma de propaganda y adoctrinamiento. Por otro lado, abrir las puertas a un desarrollo sin límites de la IA, sin consideraciones éticas, puede generar riesgos aun no determinados. Es importante reconocer estos riesgos y trabajar en consensos que apunten a su mitigación, buscando que la AGI se utilice de manera ética y responsable en beneficio de la humanidad.

Lo más probable es que las predicciones cinematográficas al estilo de Terminator y “La Rebelión de las Máquinas” nunca lleguen a concretarse, al menos no en forma apocalíptica. Pero cuando hablamos de máquinas capaces de recordar con precisión una enorme cantidad de datos, procesarlos y resolver problemas complejos en un tiempo y volumen que supera con creces a cualquier ser humano, esto inevitablemente tendrá consecuencias sociales profundas, llegando incluso a alterar la forma en que actualmente entendemos la vida en comunidad, más aún si esta capacidad de tomar decisiones no está acompañada de valores que fuercen un comportamiento empático y ético.

Es importante tener claridad de que lo que entendemos por inteligencia artificial es distinto de automatización. Es mucho, mucho más que eso y sus efectos generan por fin un debate que está calentándose. En la Primera Revolución Industrial las máquinas absorbieron el trabajo pesado y lo multiplicaron, generando grandes cambios sociales y un punto de inflexión en la historia humana. El efecto que podemos esperar cuando las máquinas asuman el trabajo intelectual y lo multipliquen será sin lugar a duda formidable, creando un nuevo punto de inflexión en la línea del tiempo de la humanidad. Esta es una revolución tecnológica cuyos efectos superarán con creces a todas las demás que la humanidad ha enfrentado a lo largo de su historia. Es ahora cuando debemos debatir sobre los controles y límites para que esta tecnología mejore nuestras vidas y no se transforme en futuras amenazas a nuestra libertad.

Bibliografía

  1. Conn, A. (13 de abril de 2023). Benefits & Risks of Artificial Intelligence. Obtenido de Future of Life: https://futureoflife.org/ai/benefits-risks-of-artificial-intelligence/
  2. Deutsche Welle. (12 de abril de 2023). Obtenido de www.dw.com: https://www.dw.com/es/actualidad/s-30684
  3. Prieto, F. (11 de abril de 2023). China quiere regular contenidos de la IA para que reflejen “los valores socialistas fundamentales”. El Mercurio.

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