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Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible 2021-2030: Una oportunidad para el desarrollo económico y social de nuestro país

  • Fecha de recepción: 31/05/2021
  • Fecha de publicación: 08/06/2021. Visto 188 veces.
  • Resumen:

    La Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible acaba de iniciarse. Dada la relevancia que tiene para Chile su océano, desde las perspectivas social, económica, cultural, de seguridad y medio ambiental, se reflexiona cómo esta oportunidad es propicia para emprender acciones contribuyentes a potenciar fortalezas y minimizar debilidades referidas a gestión y gobernanza de nuestro océano, destacando la implementación del programa oceánico, la actualización de bases curriculares y consolidar nuevamente una estrategia nacional de desarrollo económico y social.

  • Palabras clave: Cultura oceánica, Ciencias Oceánicas, Cultura Oceánica, Gobernanza.

Este año se inició la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible 2021-2030, que fuera proclamada por el plenario de las Naciones Unidas.1 Esta Década Oceánica busca movilizar a las comunidades científicas, a los líderes políticos, a las empresas, a los profesionales del mar, a los que viven del mar y a los que se inspiran en el mar, en definitiva, a la sociedad como un todo, en torno a un programa común de investigación, incremento del conocimiento e innovación tecnológica, que permita gestionar eficientemente los océanos y alcanzar los objetivos de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

La visión del decenio de los océanos aspira a identificar y desarrollar la ciencia que necesitamos para el océano que queremos, siendo su misión la de “Impulsar soluciones de ciencias oceánicas transformadoras para el desarrollo sostenible, conectando a las personas con nuestro océano”.2 En el marco de dicha visión y misión aparecen tres objetivos esenciales: identificar los conocimientos requeridos para el desarrollo sostenible; desarrollar la capacidad y generar conocimiento y comprensión integral del océano; y finalmente, incrementar el uso del conocimiento y comprensión del océano. Derivados de dichos objetivos, se esbozan siete resultados esperados que describen el océano que se procura para nuestra humanidad al término del decenio: un océano limpio donde se identifican, reducen o eliminan las fuentes de contaminación; un océano sano y resiliente donde los ecosistemas marinos se entienden, protegen y gestionan adecuadamente; un océano productivo que provee alimentos mediante una economía oceánica sustentable; un océano predecible donde la sociedad comprenda y pueda responder a las condiciones cambiantes del mismo; un océano seguro donde la vida y los medios de subsistencia están protegidos de los peligros relacionados con él; un océano con acceso abierto y equitativo a los datos, información, tecnología e innovación; y, un océano inspirador y estimulante que la sociedad entienda y valore.

El océano, como mayor ecosistema de nuestro planeta, junto con regular el sistema climático, sostiene una parte importante de la economía, la alimentación, el comercio y su transporte, el agua, la salud, el turismo y el bienestar de la humanidad. Lo anterior, ha sido debidamente destacado a nivel global en el Informe Mundial sobre las Ciencias Oceánicas el año 2017,3 como también a nivel nacional en el reporte final del comité científico nacional de la COP-254 el año 2019. Por su parte, Chile, en particular, como décimo país a nivel mundial con mayor territorio marítimo, presenta una alta dependencia respecto de su océano y mares jurisdiccionales. Esta realidad, tanto a nivel global como a nivel nacional, se ha podido apreciar con mayor claridad en el último tiempo, al existir un creciente reconocimiento y una mayor comprensión de la dependencia de la sociedad de los servicios vitales de sustento y prosperidad que proporciona un océano sostenible. Muestras tangibles de lo anterior, en el ámbito global, por mencionar solo algunos son: el Decenio 2021-2030 de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible que acaba de comenzar; la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en plena ejecución con su Objetivo de Desarrollo Sostenible número 14 (OSD14) dedicado a los océanos; y, el lema marítimo mundial 2020 de la Organización Marítima Internacional OMI, que este año estuvo dedicado a un “Transporte marítimo sostenible para un planeta sostenible.” Por su parte, muestras palpables de aquello en el ámbito nacional, por mencionar también solo algunas son: la planificación y ejecución en Chile de la segunda conferencia mundial Nuestro Océano 2015; la renovada Política Oceánica Nacional publicada el año 2018; y, la planificación y organización el año 2019 de la vigésimo quinta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP-25, denominado como el COP oceánico o COP azul, el cual finalmente no se ejecutara en Chile por razones de fuerza mayor.

Por otra parte, el panel internacional de alto nivel para una economía oceánica sostenible, conocido como Ocean Panel y del cual Chile forma parte,5 junto con considerar al océano como una fuente de soluciones para la mitigación del cambio climático, reflexiona sobre cómo un desarrollo económico y social basado en una economía oceánica sostenible, es fundamental en la producción futura de alimentos, energía, transporte marítimo y otros productos y servicios marítimos, como también, es fundamental en la proporción de bienes artísticos, culturales y recreativos -no siempre fáciles de cuantificar- pero que en su conjunto son esenciales para la supervivencia, el desarrollo y bienestar del ser humano. En particular, con respecto a la economía oceánica, según estimaciones conservadoras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE,6 la economía oceánica crecería el doble hacia el año 2030, pasando de generar 1,5 a 3,0 trillones de dólares, teniendo el potencial para superar la tasa de crecimiento de la economía mundial tanto en términos de valor generado como de empleo. Es notable como en el caso de Chile este pronóstico se ha materializado con creces, ya que sólo las exportaciones del denominado macro sector pesca y acuicultura, que integra diferentes productos del mar, casi triplicó su crecimiento (269%) en los últimos 15 años.7

Para materializar en Chile los objetivos y resultados esperados por la Década de los Océanos, nuestro país posee algunas fortalezas y debilidades. En el ámbito de las fortalezas podemos destacar dos de ellas. En primer término, se posee una significativa fortaleza, la cual se basa en los objetivos y acciones ya establecidas por la Política Oceánica Nacional, vigente desde el año 2018. En efecto, tal como se propusiera el año pasado en un documento referido a ella,8 si se elabora y ejecuta sistémicamente el programa oceánico, señalado en la Política Oceánica, se podría hacer una apropiada implementación, actualización, seguimiento y cumplimiento tanto de los objetivos y acciones establecidas en la Política Oceánica; como asimismo, de los objetivos y resultados esperados por la Década de los Océanos, ya que ambas instancias poseen una notable convergencia, especialmente en el área sectorial investigación científica y desarrollo económico de la Política Oceánica. En segundo término, otra fortaleza a destacar, son los aportes consolidados que hiciera la comunidad científica nacional a través del ya mencionado Comité Científico Nacional de la COP-25, especialmente aquellos derivados de dos de las siete áreas temáticas abordadas. Las dos áreas temáticas para destacar son aquellas materializadas por las mesas de trabajo denominadas Mesa Océano y Mesa Criósfera y Antártica, las cuales identificaron evidencia científica entregando valiosas recomendaciones para apoyar el diseño de políticas públicas, siendo muchas de ellas una realidad ya concretada tanto en libros y documentos de divulgación científica del océano, como en proposiciones específicas de políticas y normativas asociadas a nuestro mar. Algunas de las recomendaciones concretas ya existentes que se pueden destacar son: Propuesta de implementación para un Sistema Integrado de Observación del Océano Chileno (SIOOC); propuesta para la actualización del plan de adaptación al cambio climático en pesca y acuicultura; propuesta de las soluciones basadas en el océano para las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional de Chile (NDC); documentos de educación y divulgación científica sobre océano, criósfera y Antártica y su relación con el cambio climático.

Junto a estas dos fortalezas, en el ámbito de las debilidades podemos destacar dos de ellas. La primera, dice relación con la inexistencia de una educación marina o alfabetización oceánica de nuestra sociedad, como lo reconoce explícitamente la Política Oceánica Nacional vigente. Tal como fuera propuesto en el documento de junio recién pasado “Cultura oceánica y alfabetización marina para Chile, una propuesta”,9 posterior a su publicación se efectuó el análisis de las bases curriculares nacionales vigentes, constatándose con claridad la inexistencia explicitada por la Política Oceánica, ya que la palabra océano y mar es mencionada en sólo 16 oportunidades en las bases curriculares nacionales de enseñanza parvularia, básica y media, muy lejos de los principios y conceptos de aprendizaje oceánico sugeridos por la UNESCO.10 La proposición de los principios, conceptos y temas relevantes a incorporar como objetivos de aprendizaje transversales en las bases curriculares, se están elaborando en el marco de un grupo de trabajo multidisciplinario convocado por la Liga Marítima el año 2019, el cual trabaja en un programa de alfabetización marina con la participación de destacados académicos, pedagogos, historiadores y profesionales del mar y de las ciencias oceánicas. Este esfuerzo es concordante con lo expuesto en el ya mencionado Plan de Implementación de la Década de los Océanos, emitido por el Comité Oceanográfico Internacional, el cual expresa que una parte especialmente transformadora del decenio tiene que ver con nuestra relación y comprensión del valor de los océanos, la que puede fomentarse mediante los esfuerzos de desarrollo de cultura oceánica y alfabetización marina entre los diversos grupos de interés, lo que, además, contribuirá a que el ODS 14 pueda ser cumplido el año 2030. En segundo término, nuestro país posee otra debilidad que se ha ido acentuando en el tiempo. Esta dice relación con la carencia de una institucionalidad política y administrativa, que permita contar con una visión y políticas de largo plazo que, integradas en una estrategia de desarrollo económico y social, permitan a nuestro país un crecimiento armónico y sostenible. Esta estrategia de largo plazo requiere vincular aspectos tales como desarrollo científico e innovación, desarrollo de seguridad y paz y desarrollo económico y social, integrando las diferentes políticas sectoriales del país incluida la Política Oceánica. Chile contó con esta capacidad cuando el año 1967 se creó la Oficina de Planificación Nacional ODEPLAN,11 con la función coordinar la elaboración del “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social”. Junto con dicha función, ODEPLAN debía informar sobre el cumplimiento de este plan estratégico de largo plazo a ambas ramas del Congreso Nacional, al comienzo de cada legislatura ordinaria de sesiones. Incluso. es destacable que nuestro país contó formalmente con una estrategia nacional de desarrollo económico y social con sus políticas de largo plazo,12 la cual contaba con 21 políticas globales y sectoriales de largo plazo, siendo una de ellas la Política Marítima Nacional. Esa instancia, con visión de largo plazo, ya no existe ya que el año 1990 se derogó la Ley que creó ODEPLAN y se creó el Ministerio de Planificación y Cooperación,13 el cual posteriormente, el año 2011, fue reemplazado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia,14 no mencionándose en estas dos últimas instancias ministeriales el plan de desarrollo económico y social creado junto a ODEPLAN el año 1967. Esta carencia de un proceso formal de planificación de largo plazo, para construir y acordar escenarios futuros, ha sido planteada desde hace varios años y reiteradamente en distintas instancias, organizaciones y centros de estudio.15 Por otra parte, personalidades de distintos ámbitos políticos y académicos se han pronunciado sobre esta necesidad de contar con una visión compartida de país con una estrategia nacional de largo plazo.16

La Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible 2021-2030, ya iniciada, junto con presentarnos un significativo desafío, es también una oportunidad para el desarrollo social, económico, cultural, de seguridad y medioambiental de nuestro país. Esta oportunidad es factible de alcanzar en mayor medida si logramos, entre otros aspectos, consolidar las fortalezas y minimizar las debilidades mencionadas precedentemente, las cuales demandan un accionar colaborativo y participativo en el marco de la Política Oceánica Nacional. La Década de los Océanos posee una especial vinculación con nuestra Política Oceánica vigente, la cual integra apropiadamente el desarrollo científico e innovación, con el desarrollo económico y social, junto con un entorno de seguridad que proporcione paz y convivencia armónica para dichos desarrollos. Es así, como la Política Oceánica Nacional, en su introducción, nos destaca al océano como “base importante del desarrollo social económico y cultural” de los chilenos; seguidamente en su visión nos expresa cómo se aspira a un océano “benefactor en su dimensión económica y social,” a continuación en sus objetivos nos menciona un “marco de equilibrio intersectorial que armonice el desarrollo social, el crecimiento económico y la gestión del medio ambiente marino,” posteriormente, en el ámbito de la seguridad nos expone la necesidad de “crear las condiciones de seguridad necesarias para aprovechar los grandes espacios oceánicos de Chile, en un ambiente de paz y de conservación del medio ambiente acuático a fin de alcanzar el crecimiento social y económico que la nación demanda,” y finalmente, en el ámbito desarrollo científico nos indica cómo “el conocimiento científico y la información útil y oportuna sobre los océanos constituye la base para el diseño e implementación de políticas públicas y la toma de decisiones oportunas que aseguren la conservación de los ecosistemas marinos y el uso sustentable del océano para contribuir al desarrollo y bienestar social del país y la identidad cultural nacional.

Reflexiones finales

En definitiva, la presente reflexión nos invita a transformar este desafío que nos presenta la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible 2021-2030, en una real oportunidad de prosperidad y bienestar, integrando las dimensiones de desarrollo económico, social, cultural, de seguridad y medio ambiental del país, en un accionar simultáneo sobre al menos algunas de las siguientes medidas de corto, mediano y largo plazo:

En el corto plazo: Concretar el Programa Oceánico con las acciones e iniciativas que se derivan de las áreas sectoriales de la Política Oceánica Nacional, con énfasis en las áreas sectoriales de desarrollo económico e “investigación científica, las cuales contribuyen directamente a los resultados esperados por la Década de los Océanos. Estas acciones e iniciativas del Programa Oceánico Nacional requieren ser medibles y cuantificables, de tal forma que durante el período de la Década de los Océanos 2021-2030 se pueda constatar su real implementación, actualización, seguimiento y cumplimiento. Junto a lo anterior, es conveniente crear una institucionalidad permanente de consejo y secretaría ejecutiva técnica, muy pequeña, que apoye al consejo de ministros para el desarrollo de la Política Oceánica, similar al consejo ya propuesto el año 2018 por el presidente de la Liga Marítima en su documento “¿Es necesario un Ministerio del Mar?”17 y al consejo propuesto por el Ministerio de Relaciones Exteriores en conjunto con la Universidad de Concepción en su documento “Mares de Chile: Visión 2040.”18

En el mediano plazo: Consolidar un programa de cultura oceánica y alfabetización marina incorporando en las bases curriculares nacionales de enseñanza parvularia, básica y media, aquellos principios y conceptos fundamentales de aprendizaje sugeridos por la UNESCO. Lo anterior, considerando que, por una parte, los tres objetivos de la Década de los Océanos, buscan identificar, desarrollar y aumentar el conocimiento del océano; y por otra parte, nuestro país ha reconocido explícitamente en su Política Oceánica la inexistencia de una educación marina de la sociedad y una alfabetización oceánica.

En el largo plazo: Crear la institucionalidad nacional correspondiente que permita volver a contar con una estrategia de desarrollo económico y social como existió en el pasado, y como ha sido planteado recurrentemente en los últimos años por diversas y variadas instituciones y personalidades públicas y privadas. La mencionada estrategia con políticas de largo plazo requiere incorporar e integrar las diferentes políticas globales y sectoriales del país, incluyendo a la Política Oceánica dentro de ellas.


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