Revista de Marina
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La vela, los intereses marítimos de Chile y el rol de la Armada

  • Fecha de recepción: 01/09/2020
  • Fecha de publicación: 31/10/2020. Visto 117 veces.
  • Resumen:

    Los deportes náuticos son parte de los intereses marítimos de un país y la vela es parte de estos. Siendo Chile un país marítimo, es necesario promover y difundir los beneficios que el país y sus habitantes obtienen de los intereses marítimos y con ello estimular nuestra conciencia marítima. Aunque en teoría, esta debiera ser una responsabilidad del Estado, en la práctica es la Armada la que debe desarrollar esta conciencia y contribuir al desarrollo de esos intereses.

  • Palabras clave: Deportes náuticos, intereses marítimos, vela.
  • Abstract:

    Nautical sports constitute some of a country´s maritime interests and sailing is a part of them. Being Chile a maritime nation, it is necessary to promote and disseminate the benefits that the country and its citizens get from these assets and with them, boost our maritime awareness. Although, in theory, this should be a State responsibility, it is the Navy who should develop this awareness and contribute to this task.

  • Keywords: Maritime interests, nautical sports, sailing.

Creo que mi vocación por la carrera naval se empezó a desarrollar cuando mi padre me llevaba a ver el espectáculo de los frentes de mal tiempo en la bahía de Valparaíso, mi ciudad natal. Mi primera experiencia con un velero fue el curso para patrones de yate de bahía que hicimos en la Escuela Naval, en que quedó en evidencia mi falta de destreza; egresé como guardiamarina con un débil conocimiento de este deporte, el cual no mejoró con el crucero de instrucción en la Esmeralda, en la que gran parte de nuestro tiempo lo empleábamos haciendo cálculos de navegación y redactando el libro con los requisitos que debíamos entregar al final del viaje. Me incorporé tempranamente al Club Naval de Deportes Náuticos (del cual a la vuelta de los años llegaría a ser su presidente durante tres años) lo cual me ayudó a mejorar mi conocimiento de, al menos, cómo navegar a vela, pero en ningún caso de la vela como deporte.

Casi recién ascendido a teniente 1° fui transbordado a la Escuela Naval como oficial de división. Por esas curiosidades que nos ofrece la carrera naval, la primera actividad que debí realizar en enero de 1992 fue embarcarme con los cadetes que cumplían un período de instrucción en yate en Chiloé, extraordinario proyecto que nació en 1990 y que espero se mantenga hasta el día de hoy, ya que recién empecé a entender que la vela, lejos de la distorsionada imagen que yo tenía, significaba poner en práctica conocimientos náuticos, desarrollar las destrezas marineras, soportar el frío, la lluvia, la ropa mojada incluso para dormir, compartir espacios reducidos, etcétera. Esa experiencia tuvo, además, la complejidad de que los yates de la Escuela Naval debieron asistir a la regata Circuito de Chiloé, que ese año contó con la participación de más de 120 embarcaciones. Si los cadetes que compartieron conmigo esa vivencia en el Camanchaca* esperaban que el oficial a bordo fuera un experimentado deportista náutico por el solo hecho de ser oficial, creo que los decepcioné enormemente; hice todo mi esfuerzo, navegamos las nueve “patas” de la regata, en igual número de días y llegamos de regreso sin accidentes que lamentar; pero obviamente no ocupamos ningún lugar destacado en el podio de los ganadores.

A fines de 2015, ya retirado de la Armada, una oferta de trabajo me llevó a asumir como gerente general de la Cofradía Náutica del Pacífico, club de yates ubicado en Algarrobo, cuya marina se inauguró en 1979. Algarrobo se precia de ser la capital náutica de Chile ya que efectivamente en su bahía se desarrolla una gran cantidad de las regatas del campeonato anual de las clases de yate activas en Chile. Su cercanía a Santiago, Viña del Mar y Valparaíso, la ausencia de tráfico comercial y militar, sus buenas condiciones climáticas, favorables a la práctica de la vela, la existencia de dos clubes de esta naturaleza,* un gran desarrollo inmobiliario y la existencia de una gran variedad de alojamiento y restaurantes, la hacen ser la bahía predilecta de los deportistas náuticos. Reemplacé en su puesto a otro marino, el capitán de navío (R) Luis Escobar Doxdrud, que había cumplido casi 23 años en ese cargo, quien tuvo la gentileza y generosidad de entregarme toda su experiencia de manera escrita y en forma verbal, lo cual agradezco mucho.

Al poco andar, a medida que fue desarrollándose la actividad del club y la actividad deportiva, que incluyó algunos campeonatos internacionales, me fui dando cuenta cuán poco sabía de la vela, deporte que es parte muy importante de los intereses marítimos. Ello me llevó a generar la idea de contar a quienes son marinos y al igual que yo poco saben de este deporte, en qué consiste, cómo está organizado, cuáles son sus ventajas, cuáles son sus problemas, cuál es el rol de la Armada en su desarrollo, por qué es importante apoyarlo, etc. Han pasado casi cinco años desde que comencé a trabajar en la cofradía, como la llaman cariñosamente los navegantes y, aunque todavía hay muchos aspectos que desconozco, creo provechoso dar mi visión de la vela y cuál es su aporte a los intereses marítimos de nuestro país.

Breve síntesis de la vela deportiva en Chile*

El 13 de julio de 1912, gracias al empuje de Otto Stolzenbach, se fundó en Valdivia el primer club de yates de Chile.*

En 1950 se creó la Federación Chilena de Yachting Amateur (FEDEYATES), la que luego sería conocida como Federación Chilena de Navegación a Vela (FEDEVELA).

En 1959 Pedro Ibáñez Ojeda organizó la primera regata Off Valparaíso entre Laguna Verde, Las Salinas y Valparaíso, cuyo nombre se debe al famoso cuadro del mismo nombre de Thomas Somerscales pintado en 1899 y que actualmente se encuentra la Tate Gallery de Londres.

En 1960 el Club de Yates de Algarrobo organizó el campeonato sudamericano de la clase Lightning, primer evento internacional de vela realizado en nuestro país.

En 1963 se fundó el Club Náutico Oceánico (CNO), que como su nombre lo indica, organiza las regatas de las clases denominadas oceánicas.

En 1975 el CNO realizó la primera regata oceánica entre Algarrobo y ese archipiélago, la que al año siguiente se transformó en la mítica regata Mil Millas, uniendo Higuerillas, Juan Fernández, Talcahuano y Algarrobo. Debido a las duras condiciones de navegación que imponía a los deportistas y al sufrimiento que experimentaban los yates, se realizó sólo hasta 1988.

En 1989 se lanzó la primera regata Circuito Islas de Chiloé, en la que la Armada, a través de los yates de la Escuela Naval y del apoyo de seguridad y también logístico, ha participado intensamente. El escenario incomparable de los canales chilotes, las a veces difíciles condiciones de tiempo y el desafío de navegar en canales, con bruscos cambios de viento en dirección e intensidad, han hecho de este evento, que se desarrolla cada dos años, una de las regatas más esperadas por los navegantes.

En 1997 se realizó en Algarrobo el campeonato mundial de Laser, primer evento de este tipo de una clase olímpica en Chile.

El año 2000 FEDEVELA impulsó el proyecto de escuelas de vela gratuitas para los colegios de las ciudades donde los clubes tienen sus marinas. Miles de niños se han visto beneficiados de esta iniciativa la cual ha dado acceso a un deporte al que quizás nunca hubieran accedido* de no ser por esta posibilidad. FEDEVELA organiza anualmente un campeonato nacional de estas escuelas, en alguno de los clubes del país.

En 2009 Felipe Cubillos* junto a José Muñoz, en el yate La Colorina, fueron los primeros chilenos en dar la vuelta al mundo en un velero, recorriendo 35.000 millas en NUEVE meses, con puerto de zarpe y recalada en Portugal (Portimao Ocean Race).

En 2010, en el marco de la celebración de los 200 años del nacimiento de Argentina y Chile como países independientes, se realizó la Regata Bicentenario, con la participación de 12 veleros, que zarpó desde Río de Janeiro, Brasil, y finalizó en Veracruz, México. Esta actividad se repitió el año 2014 y el 2018 con el nombre de Velas Latinoamérica y está prevista una próxima versión el 2022.

Organización de la vela deportiva en Chile

El principal organismo náutico abocado a la vela en nuestro país es la Federación Chilena de Navegación a Vela (FEDEVELA), afiliada a la ISAF* (International Sailing Federation),* cuya dependencia técnica es del Instituto Nacional del Deporte (IND), el que le provee la mayor parte de su presupuesto. Entre sus principales obligaciones está el promover la participación de la comunidad en actividades deportivas, organizando competencias de nivel regional, nacional e internacional; reglamentar y coordinar las relaciones deportivas; establecer reglas técnicas y de seguridad; designar los deportistas y equipos que representen a FEDEVELA y al país en torneos nacionales o internacionales y actuar como autoridad deportiva en primera instancia de la disciplina de la navegación a vela.* Es este organismo el que programa anualmente, en coordinación con las diferentes clases de veleros, el programa anual de regatas y los clubes-sede donde se realizarán.

El CNO por su parte, organiza las regatas de las clases Soto-40, J-105, IRC y crucero. Estas son la Off Valparaíso, la regata Interclubes, la regata de Chiloé, la regata Aniversario del CNO y la regata de Clausura. Al igual que FEDEVELA, no posee una marina y sólo cuenta con un reducido staff administrativo.

La actividad náutica-deportiva en Chile está regulada por el Reglamento General de Deportes Náuticos y Buceo Deportivo,* el cual considera el otorgamiento de las licencias náutico-deportivas correspondientes. Para ello existen instituciones particulares que imparten los cursos correspondientes, las que a su vez deben ser certificadas por la autoridad marítima. En general se trata de medidas que en una primera lectura parecen razonables y necesarias, pero que en la práctica son a veces difíciles de implementar, más aún cuando la Autoridad Marítima muchas veces no tiene la capacidad de fiscalizar su cumplimiento.

Clubes de yates en Chile

En Chile existen 78 clubes náuticos* pero solo 23 se dedican a la vela como deporte (comparativamente hay 44 clubes de fútbol registrados en la ANFP).* De ellos, menos de 15 tienen, lo que podríamos llamar, una marina. Para ser un club que favorezca la práctica de la vela, requiere contar con ciertas capacidades mínimas: una marina protegida, con profundidad de al menos 2,5 m; muelles de atraque con capacidad de proveer energía eléctrica y agua; grúas para izar las embarcaciones a tierra; rampa para arriar e izar veleros menores; entrega de combustible; espacio para mantener los veleros en tierra; embarcaciones propias para apoyar en las regatas y para emergencias; boyas con sus maniobras de fondeo; instalaciones recreativas para después de navegar; facilidades para realizar reparaciones menores y de emergencia; personal idóneo para apoyar a los navegantes; etc. Todo esto por supuesto tiene un costo significativo, de inversión y operación. Los clubes de este tipo, al menos en Chile, han tenido orígenes muy modestos y su desarrollo ha sido a costa de los recursos que aportan sus socios.

En nuestro país los clubes de yate son organizaciones deportivas sin fines de lucro; es decir, las utilidades que obtienen de su operación son reinvertidas en los mismos clubes, para mejorar sus instalaciones. Sus ingresos provienen principalmente de lo que aportan sus socios, los cuales además de una cuota anual, deben pagar por los servicios que reciben sus embarcaciones. Todo esto lamentablemente hace de la vela un deporte caro.

Muchas veces se cae en el error de comparar lo que hacen estos clubes con otras actividades marítimas que generan lucro, pretendiendo aplicarles normas que recargarían aún más sus costos de operación.

La vela competitiva en Chile

Las clases más competitiva en Chile, a la fecha, son las siguientes:

  • Optimist: es el velero más popular del mundo (más de 450.000 unidades), ya que en él aprenden a navegar los niños de entre 6 a 15 años. Su peso es de solo 35 kg y tiene una sola vela, orza rebatible y timón.
  • Laser: es un paso intermedio entre el Optimist y los veleros de competencia más grandes. Se subdivide en estándar, radial y 4,7, de acuerdo al tamaño de la vela que usen.
  • J-70: ha alcanzado un gran desarrollo a nivel mundial y en Chile esta clase ha crecido mucho. Su tripulación es de cuatro a cinco personas. Emplea dos velas: un foque, una mayor y también pueden izar un spinnaker o globo.
  • Lightning: es uno de los veleros más antiguos vigentes (1938). Es la clase que más logros internacionales le ha dado a Chile.
  • Otras clases competitivas en el país: Sunfish, Snipe, 29er, 420 y 49er.

¿Por qué no hay una mayor participación en vela en Chile?

Los principales factores que podrían explicar esta situación son los siguientes:

  • Costo: las embarcaciones de las clases más competitivas en Chile tienen valores altos; un Optimist tiene un precio de alrededor de USD 3.800, un Laser USD 8.000, un J-70 usado puede encontrarse a USD 45.000, un 29er o un 420 se pueden encontrar por USD 12.500. Pero lo que se usa mucho es adquirir embarcaciones de segunda mano o compartir su valor entre dos o más personas. Por supuesto, quien quiera competir a nivel internacional, al igual que cualquier deportista, necesita contar con auspicios, ya sea estatales a través de FEDEVELA y/o particulares.
  • Falta de incentivos: existe un prejuicio respecto a la vela al asociarla a un deporte de elite. Efectivamente hay un grupo de personas que han tenido éxito económico y han elegido la vela como una manera de hacer deportes y descansar, adquiriendo grandes y costosos yates, pero definitivamente ese es un grupo muy minoritario. Existe una gran cantidad de profesionales jóvenes que con mucho esfuerzo comparten esta pasión con sus otras necesidades económicas. No hay mayores incentivos a este deporte y tampoco es fácil conseguir auspicios al no ser masivo. En consecuencia, la vela como deporte se ha desarrollado principalmente gracias al esfuerzo de los mismos deportistas y de los clubes que los apoyan.
  • Falta de espíritu náutico: creo que gran parte de los chilenos ven al mar como un obstáculo y no como un vehículo para el desarrollo nacional y personal; de hecho, la Doctrina Marítima Nacional destaca que para explotar las facilidades y recursos que otorga el mar, se requiere contar con una vigorosa conciencia marítima (el conocimiento exacto y reflexivo de los factores que se relacionan con el mar y sus proximidades, tanto sobre su naturaleza como de sus posibilidades).* Si consideramos que Chile es un país que depende ineludiblemente del mar, un país oceánico como señala la Política Oceánica* promulgada el 2018, debido a nuestra configuración geográfica,* nuestra actitud frente al mar no refleja que poseamos una conciencia marítima acorde con esta condición y en consecuencia, tampoco un espíritu náutico que nos lleve a sacar provecho de la inmensa riqueza marítima que tenemos. Nueva Zelanda debiera ser en este sentido, un ejemplo digno de imitar: hay 108 clubes náuticos de vela, el 42% de la población de 4,9 millones de habitantes se dedica a las actividades náuticas y en 2016 existían 96.000 veleros.* Un caso más cercano es el de nuestros vecinos argentinos, que tienen 56 clubes de vela. La provincia de Buenos Aires por ejemplo, con más de 17 millones de habitantes, tiene más de 25 clubes de yates; Mar del Plata, con más de 650.000 habitantes, tiene dos grandes clubes donde anualmente se realizan competencias con la participación de más de 300 embarcaciones. Por el contrario, el Gran Valparaíso que concentra una población un 50% mayor que esta última ciudad, no muestra ni por lejos la intensidad de actividad náutica, pese a contar, al igual que Mar del Plata, con dos clubes de esta naturaleza.

El rol de la Armada en el desarrollo de la vela

Uno de las principales preocupaciones del almirante José T. Merino como Comandante en Jefe de la Armada fue su preocupación por fortalecer la conciencia marítima de los chilenos, a través del desarrollo de los intereses marítimos y el poder naval. Su apoyo a la vela correspondía a su convicción de que la conciencia marítima debía desarrollarse a través de diferentes actividades en las cuales la Armada no podía estar ausente. Bajo su mando la Armada adquirió el Blanca Estela, velero de la clase Swan* (65 pies de eslora y 36 ton de desplazamiento), que navegó más de 80.000 millas llevando nuestra bandera a regatas en todo el mundo. Su legado se mantiene vigente hasta hoy ya que el respaldo a los intereses marítimos de Chile es parte de la misión de la Armada.* Nuestra institución comprendió que en un mundo cada vez complejo es necesaria la especialización, por lo cual en la estructura orgánica de la DIRECTEMAR se creó el año 2001 la Dirección de Intereses Marítimos y Medioambiente Acuático (DIRINMAR), la que a su vez tiene dentro de su política contribuir al fomento, desarrollo y control de los Intereses Marítimos Nacionales,* entendidos estos como los beneficios que una nación obtiene del uso del mar. Los deportes náuticos son una parte componente de los intereses marítimos y,* en consecuencia, son parte también de las múltiples tareas de la Armada a través de la DIRINMAR. Sin desconocer que los recursos son limitados, estimo que el fomento a que se hace referencia no puede agotarse en la mera fiscalización de estas actividades, sino también en facilitar su desarrollo y, en la medida de lo posible, apoyarlas.*

En algún momento de la historia de la Armada, la vela se enfrentó con un criterio competitivo, pero por diversas circunstancias que no vienen al caso analizar, este mutó a otro más bien participativo. En los años 90, del siglo XX, la marina disponía para competencias de una numerosa flota velera, compuesta por el Blanca Estela, tres veleros Pilot, el Carmen Gloria, el Arcturus, el Maquinoso, el Pehuenche, el Califon, el Pollux y más de 25 Lightning y Vaurien.* Quizás este mismo cambio de criterio es la causa de que la Armada haya ido viendo la vela con cierta distancia, privilegiando, a mi juicio, su rol fiscalizador más que como promotor de un deporte que contribuye a nuestros intereses marítimos. Esta situación se visualiza claramente en uno de los aspectos que a veces genera fricciones entre la autoridad marítima y los deportistas náuticos, la meteorología; la razón es obvia: mientras para la primera su misión es salvaguardar la vida humana en el mar, para los segundos, es precisamente el desafío a las condiciones límites lo que genera el atractivo de este deporte. Cuando el viento alcanza una intensidad de 20 nudos o más, la autoridad marítima empieza a considerar el cierre del puerto para la navegación de embarcaciones menores. Al mismo tiempo, los navegantes se encuentran obteniendo el máximo provecho de sus embarcaciones y aplicando toda su experiencia para ganar unos segundos a sus competidores. En general, estas discrepancias se solucionan conversando y adoptando, por parte del organizador de las regatas, las medidas preventivas de seguridad necesarias.

Estimo que se requiere una normativa que disponga medidas mínimas que deben cumplir las embarcaciones y los navegantes, pero quizás sea bueno revisar que no haya un exceso de celo que coarte este deporte. Está en la idiosincrasia del país y eso lo vemos a menudo en la vida nacional, pensar que quien enviste una autoridad es responsable de todo lo que hagan quienes estén en el ámbito de su acción, olvidando que es precisamente el sabernos responsables de nuestros actos y de las consecuencias que ellos acarrean, un motor del desarrollo y del crecimiento.

Entre los principales impulsores de la práctica de la vela como deporte en la Armada y a nivel nacional, además del almirante Merino, ya mencionado, es necesario destacar a Roberto Kelly Vásquez y Hernán Cubillos Sallato, ambos ya fallecidos, ex-oficiales de la Armada, a los cuales nuestra Institución les debe mucho por haber incentivado esta actividad, al comprender que contribuye indudablemente a la formación de los valores del hombre de mar. Sería largo detallar además, la gran cantidad de oficiales y gente de mar de la institución que dedicaron muchos años de sus vidas a transmitir el amor por este deporte y a practicarlo intensamente transmitiendo su importancia a las nuevas generaciones.

Reflexiones finales

El británico Jullian Corbett sistematizó el estudio de la estrategia marítima señalando que, además de ser necesario obtener el control del mar, también es necesario ejercerlo para, a través de él, obtener beneficios para los intereses nacionales del país. Esos beneficios están en estrecha relación con los intereses marítimos; no se busca el control de los espacios marítimos – en la paz o en la guerra – por el mero hecho de contar con él; eso no tiene sentido. Se busca el control del mar para gozar de todo lo que este nos puede entregar, entre otros, los deportes náuticos, porque estos contribuyen además a desarrollar e incrementar la conciencia marítima. Se podrá decir que esta última es una responsabilidad de Estado, que supera las capacidades institucionales, pero sabemos que lamentablemente, aunque por nuestra geografía nos consideremos una isla, tenemos una mentalidad más terrestre. La atracción por el mar de los chilenos se agota en la playa; más allá de ella, la gran mayoría ve algo desconocido, misterioso, complicado, etc. por lo tanto, nuestra institución no puede eludir su responsabilidad de contribuir al desarrollo de la conciencia marítima, la que debe a su vez llevar a tomar conciencia de los intereses marítimos.

Hay otro factor muy relevante a la hora de evaluar las bondades de este deporte; este es su condición totalmente amigable con el medioambiente, dadas las características de la energía que utiliza, lo cual se encuentra totalmente en línea con el objetivo de lograr un desarrollo económico sustentable del océano.

La vela es una escuela de marinos, para hombres y mujeres de mar, para hombres y mujeres que comprenden que nuestro país es mar y que si no aprovechamos este inmenso territorio marítimo, otros lo harán por nosotros.

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