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¡Y dale con Clausewitz!

  • HÉCTOR GÓMEZ ARRIAGADA

Por HÉCTOR GÓMEZ ARRIAGADA

  • Fecha de recepción: 28/08/2025
  • Fecha de publicación: 31/10/2025. Visto 255 veces.
  • Resumen:

    Este artículo cuestiona la insistencia en aplicar los postulados de Clausewitz a los conflictos contemporáneos. Aunque reconoce el valor histórico de su obra, advierte que la guerra es un fenómeno cambiante, condicionado por factores tecnológicos, culturales y políticos. Critica el uso dogmático de sus conceptos como barrera para el pensamiento estratégico creativo y contextual. La reflexión invita a superar el fetichismo intelectual y a desarrollar marcos analíticos flexibles que respondan a la complejidad actual del conflicto armado.

  • Palabras clave: Clausewitz, Estrategia, estrategia, pensamiento, estatégico.
  • Abstract:

    This article questions the academic and military tendency to apply Clausewitz’s theories to modern conflicts. While recognizing the historical value of his work, it argues that war is a dynamic phenomenon shaped by technological, cultural, and political factors. It criticizes the dogmatic use of his concepts as a barrier to contextual and creative strategic thinking. The text urges moving beyond intellectual fetishism and adopting flexible analytical frameworks suited to the complexity of contemporary armed conflict.

  • Keywords: Clausewitz, strategy, strategic thinking.

Hace algunos años se popularizó un programa de televisión llamado Alienígenas Ancestrales, cuya premisa central consistía en vincular logros tecnológicos antiguos, edificaciones monumentales y elementos simbólicos de diversas culturas a la acción de seres extraterrestres. Ante la ausencia de certezas o explicaciones definitivas, el programa ofrecía una solución tan exótica como inverificable: “Si no se puede explicar de otro modo... ¿no es acaso prueba de la intervención alienígena?”. Lo que en realidad ofrecía era una narrativa sistemática de relaciones forzadas, amparadas en una lógica circular: los teóricos de los antiguos astronautas decimos que sí.

Algo similar ocurre —salvando las distancias metodológicas— con el empeño intelectual de muchos académicos y estrategas en encontrar, a toda costa, aplicabilidad contemporánea a los postulados de Carl von Clausewitz. Desde la guerra contra el terrorismo hasta la ciberguerra, pasando por insurgencias, conflictos económicos, guerras híbridas, cognitivas o incluso operaciones de desinformación, pareciera que ningún fenómeno escapa al influjo casi mágico del pensamiento clausewitziano. Se lo cita como si ofreciera un marco explicativo infalible, capaz de abarcar toda expresión del conflicto humano.

No se trata aquí de desconocer el valor histórico del general prusiano ni de ignorar la influencia que su obra, “De la guerra”, ha tenido en la tradición occidental del pensamiento estratégico. Pero una cosa es comprender el contexto y la evolución de las ideas sobre la guerra, y otra muy distinta es creer que una teorización formulada en el siglo XIX —basada en las guerras napoleónicas y escrita en medio de las transformaciones políticas y sociales de la Europa de su tiempo— puede aplicarse casi sin mayor ajuste a fenómenos radicalmente distintos, como la guerra no lineal, el uso de inteligencia artificial en el combate o las campañas de manipulación algorítmica.

Esta insistencia por forzar la aplicabilidad de Clausewitz revela un problema más profundo: en muchas academias militares y centros de pensamiento estratégico aún se enseña que la guerra se rige por principios permanentes e inmutables. ¡Pero esto es falso! La guerra, como toda actividad humana, es una práctica social contingente, históricamente situada y sujeta a las transformaciones del entorno tecnológico, cultural, político y económico. No existen leyes eternas de la guerra. A lo sumo, existen buenas prácticas, intuiciones lúcidas o marcos de análisis útiles... hasta que dejan de serlo. La guerra no obedece a reglas universales, sino a condiciones concretas.

Una de las pocas constantes observables en la evolución del conflicto armado ha sido, justamente, su variabilidad: la relación dialéctica entre medios tecnológicos y aceptación sociopolítica de su uso. Lo que resulta aceptable, eficaz o estratégico en un momento determinado, puede ser considerado ineficaz o incluso criminal en otro. La tecnología aplicada a la violencia y los marcos de legitimidad en que esa violencia se inscribe son factores determinantes —y cambiantes— del conflicto. En ese sentido, pretender que un puñado de conceptos del siglo XIX (como el famoso trinomio “pueblo, gobierno y ejército”) pueda capturar la complejidad de las guerras actuales es absurdo.

El problema no es Clausewitz en sí. El problema es el fetichismo intelectual que impide el desarrollo de un pensamiento crítico y creativo en los líderes militares contemporáneos. El problema es formar comandantes convencidos de que el camino correcto es “aplicar principios eternos”, en lugar de fomentar la flexibilidad, la adaptabilidad y la imaginación. Pensar estratégicamente exige entender la guerra como fenómeno cambiante, ambiguo y contextual, no como una disciplina regida por axiomas inmutables.

¿Y qué hay de Sun Tzu? También puede ocurrir un uso abusivo o superficial de sus enseñanzas. Sin embargo, cabe reconocer que “El arte de la guerra” —sea o no obra de un autor individual— está escrito más como un compendio de consejos y observaciones tácticas que como una doctrina cerrada. No busca establecer leyes de bronce, sino ofrecer claves prácticas desde la experiencia. En cambio, la forma en que se ha canonizado a Clausewitz tiende a oscurecer más que a iluminar, cuando se le cita como si tuviera respuestas para todo.

Es hora de abandonar la insistencia de encontrar en Clausewitz la piedra filosofal de la guerra contemporánea. Leerlo, por supuesto; comprender su marco, también. Pero sobre todo, dejar de citarlo como argumento de autoridad ante cada nueva manifestación del conflicto. A veces, la insistencia en aplicar el pasado al presente no es más que la renuncia a pensar el futuro.

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