Revista de Marina
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La guerra anfibia como instrumento estratégico del Estado chileno

  • Fecha de recepción: 14/11/2025
  • Fecha de publicación: 01/07/2026. Visto 97 veces.
  • Resumen:

    La guerra anfibia ofrece a Chile un marco estratégico que integra mar y tierra en un único ambiente operacional, permitiendo transformar su geografía litoral en poder político efectivo. Al unir los aportes de Clausewitz, Corbett, Beaufre y Liddell Hart, el enfoque anfibio se presenta como el instrumento más adecuado para proyectar soberanía, responder a crisis, fortalecer la presencia estatal y articular una política marítima coherente con un país tricontinental y profundamente dependiente del mar.

  • Palabras clave: Estrategia, maniobra, soberanía, estrategia, Maniobra, litoral, Soberania, Anfibio, Litoral, Soberanía.
  • Abstract:

    Amphibious warfare provides Chile with a robust strategic framework that unifies the maritime and terrestrial domains into a seamless, multi-domain operational environment, thereby converting its extensive littoral geography into tangible political leverage. By synthesizing the strategic doctrines of Clausewitz, Corbett, Beaufre, and Liddell Hart, this amphibious paradigm emerges as the premier instrument for projecting national sovereignty, executing rapid crisis response, reinforcing state presence, and articulating a coherent maritime policy tailored to a tri-continental nation fundamentally dependent on the sea.

  • Keywords: Sovereignty, strategic, sovereignty, maneuver, Amphibious, Strategic, Littoral, Maneuver.

“Durante las guerras de independencia en Latinoamérica, el Cuerpo de Infantería de Marina de la Armada de Chile adquirió más experiencia anfibia que ningún otro Cuerpo en el hemisferio occidental.”

Robert Scheina, Latin America:

A Naval History, 1810–1987.

Chile es una nación que debe su existencia y desarrollo al mar. Su geografía, con más de seis mil kilómetros de costa y un territorio tricontinental que se extiende hacia Oceanía y la Antártica, define su destino estratégico. Sin embargo, la comprensión política y doctrinaria de ese carácter marítimo sigue incompleta.

La Política de Defensa Nacional de Chile (2020) reconoce el carácter “tricontinental y tridimensional” del país (p. 12), pero esa declaración no se traduce en una concepción operacional integrada. El documento distingue los dominios terrestre, marítimo y aéreo; la guerra moderna los fusiona. La guerra anfibia constituye el instrumento del Estado que permite superar esta fragmentación, transformando la política marítima en poder efectivo. Es, en otras palabras, la expresión práctica de una estrategia nacional integrada, donde mar y tierra convergen bajo un mismo propósito político.

Clausewitz + Corbett = Guerra anfibia

Carl von Clausewitz afirmó que la guerra es “la continuación de la política por otros medios” (1832/1984, p. 87), recordándonos que la fuerza armada solo tiene sentido en la medida en que sirve a un propósito estatal superior. En un país como Chile, definido por un litoral extenso, fragmentado y lleno de espacios donde el mar se convierte en acceso, frontera, vía de comunicación y zona de disputa, la herramienta que mejor permite traducir decisiones políticas en control efectivo del territorio es la guerra anfibia. No se trata de un fin militar autónomo, sino del mecanismo que conecta la voluntad del Estado con la geografía real del país.

Julian S. Corbett amplía esta mirada al sostener que “el dominio del mar no tiene valor por sí mismo, sino por lo que permite hacer en tierra” (1911, p. 91). Su aporte es decisivo para entender la lógica anfibia: el poder marítimo por sí solo no basta; requiere un puente que lo convierta en influencia política, presencia soberana y capacidad de actuar sobre poblaciones, infraestructuras, territorios e intereses nacionales situados en el litoral. Ese puente es precisamente la guerra anfibia.

Consideradas juntas, las ideas de Clausewitz y Corbett revelan una premisa estratégica fundamental: la capacidad anfibia es la forma más completa, flexible y adaptable mediante la cual un Estado marítimo ejerce poder político sobre el territorio. Permite conectar el control del mar con la acción en tierra, proyectar presencia donde el Estado rara vez llega; archipiélagos australes, Rapa Nui, Juan Fernández, caletas aisladas, canales patagónicos, y sostener soberanía de manera continua. Es la capacidad que transforma el mar en acceso y no en límite; que convierte al territorio marítimo-terrestre en un solo espacio geopolítico; y que asegura que la voluntad estatal pueda imponerse incluso en zonas donde la geografía fragmenta, dispersa o dificulta la presencia institucional.

Chile ha estructurado su defensa con una mentalidad predominantemente continental, centrada en la Cordillera, los ejes terrestres y la protección de fronteras. Esa aproximación desconoce la lógica clausewitziana; la fuerza debe servir al interés político, no a la tradición organizacional; y la lógica corbettiana; el mar solo adquiere valor cuando se proyecta a tierra. La guerra anfibia corrige esa incoherencia estratégica: permite que Chile ejerza, de manera simultánea, control marítimo, presencia territorial, apoyo a la comunidad, protección de rutas críticas, gobernanza en zonas aisladas y proyección hacia la Antártica y hacia el Pacífico.

De este modo, la capacidad anfibia no es un complemento operacional ni un lujo presupuestario, es el instrumento que permite al Estado chileno actuar políticamente en la totalidad de su territorio real, no solo en el espacio continental, y convertir su geografía marítima en una ventaja estratégica decisiva.

La operación en ambientes litorales en disputa

La evolución reciente de la guerra en los litorales, desde el Mediterráneo hasta el Indo-Pacífico, confirma que el mar, la costa y la primera profundidad terrestre ya no pueden concebirse como espacios separados. La proliferación de sensores, sistemas de negación de área, misiles de largo alcance y vehículos autónomos ha transformado al litoral en un ambiente operacional disputado, donde las fronteras tradicionales entre dominios se desdibujan.

Conceptos contemporáneos como littoral contested environment o littoral maneuver, desarrollados por distintas marinas del mundo, no constituyen modelos ajenos a copiar, sino la descripción de una condición estratégica universal: cualquier Estado con un litoral complejo debe actuar bajo la premisa de que mar y tierra forman un campo de batalla integrado. Para Chile, con archipiélagos, canales, islas oceánicas y zonas de difícil acceso, esta realidad es especialmente evidente. La frontera marítima y terrestre se funde en un espacio continuo, y la guerra anfibia es el marco doctrinario que permite operar eficazmente en él.

Beaufre & Liddell Hart: Integración del Estado y maniobra desde el mar

La reflexión estratégica de André Beaufre y Liddell Hart ofrece un marco combinado de gran utilidad para comprender por qué la guerra anfibia debe concebirse en Chile como una política del Estado, más que como una mera capacidad militar.

Para Beaufre, la estrategia eficaz exige que el Estado actúe de forma integrada, coordinando todos sus instrumentos, militares, diplomáticos, económicos e informacionales, hacia un mismo efecto político. Su noción de estrategia total implica que la fuerza militar sólo alcanza su pleno valor cuando es capaz de articular dominios y organismos distintos en un esfuerzo coherente.

En paralelo, Liddell Hart sostenía que la victoria surge de evitar el choque frontal y de utilizar los flancos, la movilidad y la sorpresa para alterar la voluntad del adversario. Su aproximación indirecta busca crear libertad de acción mediante rutas alternativas, explotando terrenos que el enemigo no puede cubrir o que no espera.

Basil Liddell Hart, historiador militar, escritor y periodista británico.

(Fuente: Wikimedia Commons).

Ambas visiones convergen naturalmente en el escenario chileno. Para un país largo, angosto y profundamente marítimo, la maniobra estratégica no debe nacer desde la cordillera hacia el mar, sino desde el mar hacia el territorio. El océano constituye el flanco más amplio, flexible y difícil de defender del Estado, y ofrece la libertad operacional que Hart consideraba decisiva. Pero esa maniobra sólo adquiere valor cuando el Estado opera integrado, como exige Beaufre, combinando marinas, fuerzas terrestres, logística, información, diplomacia y presencia estatal real en el litoral.

La guerra anfibia, entendida en este marco, no es una operación especializada ni una capacidad táctica, sino la forma concreta en que Chile puede aplicar simultáneamente la integración estatal de Beaufre y la aproximación indirecta de Hart. Permite articular todos los instrumentos del poder nacional en un solo esfuerzo, explotando el mar como eje de maniobra estratégica y evitando el desgaste frontal característico de una defensa exclusivamente terrestre o naval.

En consecuencia, la visión combinada de Beaufre y Hart refuerza la tesis de que Chile debe abandonar su mentalidad centrada en dominios separados y concebir el litoral como un espacio político-estratégico integrado. Sólo mediante una estrategia anfibia puede el Estado chileno coordinar sus organismos, aprovechar su geografía y ejercer una voluntad marítima real.

El litoral como un único ambiente operacional

En la actualidad, el litoral debe ser concebido como un ambiente operacional único y continuo, donde la separación entre mar y tierra pierde relevancia práctica. Diversos desarrollos contemporáneos confirman esta tendencia: el Force Design 2030 del USMC destaca que las fuerzas navales y expedicionarias deben operar dentro de “geografías litorales y zonas de armas enemigas”, integrando movilidad, sostenimiento y mando y control en un “entorno multi-dominio en disputa”. A su vez, subraya la necesidad de mantener presencia persistente en la geografía litoral e incrementar la interoperabilidad de sensores, movilidad y apoyo logístico para operar dentro del alcance adversario. La literatura naval clásica coincide: Ian Speller muestra que la maniobra desde el mar otorga flexibilidad para elegir el punto de acceso, desbordar defensas y actuar donde el enemigo es débil, confirmando que el litoral es un espacio fluido donde confluyen movilidad marítima, acción terrestre, logística, información y presencia estatal.

Force Design 2030, Infantry individual equipment.

(Fuente: Marines.mil).

Esta comprensión del litoral como un sistema indivisible no sólo es válida para operaciones de combate. La guerra anfibia, y más ampliamente, la capacidad anfibia del Estado, incluye un conjunto de misiones que van mucho más allá del enfrentamiento armado: apoyo humanitario, respuesta a desastres, evacuaciones médicas y civiles, restablecimiento de servicios básicos, asistencia a comunidades aisladas, control de crisis, presencia disuasiva, protección de rutas marítimas, sostenimiento logístico de zonas extremas y apoyo a la infraestructura crítica. La doctrina naval moderna reconoce explícitamente estas funciones: Speller identifica “amphibious support to crisis response and other operations” como un tipo formal de operación anfibia, donde la fuerza desde el mar actúa como herramienta del Estado para restaurar estabilidad, salvar vidas o reforzar su autoridad en áreas remotas. En Chile, estas capacidades son particularmente relevantes: un país fragmentado, con archipiélagos australes, islas oceánicas, zonas aisladas y un litoral que constituye la espina dorsal de la vida económica.

Por ello, concebir el litoral como un único ambiente operacional no es sólo un reconocimiento doctrinario, sino un imperativo estratégico para un Estado cuya presencia efectiva depende de su capacidad de integrar mar y tierra en un solo esfuerzo. La guerra anfibia, en su dimensión bélica y en su dimensión no bélica, es el marco que permite transformar esa geografía en poder político real, asegurando soberanía, conectividad, asistencia y resiliencia nacional.

Experiencia internacional y lecciones para Chile

Las naciones que han desarrollado fuerzas anfibias modernas lo han hecho no sólo por razones bélicas, sino por los efectos estratégicos que generan en tiempos de paz: autonomía, disuasión y legitimidad internacional. Estados Unidos utiliza la maniobra anfibia para operar en litorales altamente disputados y sostener campañas navales, Reino Unido ha demostrado desde las Falklands que la capacidad anfibia es un elemento decisivo de su política exterior, Francia emplea su poder anfibio para proyectar fuerza y presencia ultramar, Japón y Corea del Sur desarrollaron fuerzas anfibias modernas con fines defensivos, integrando dominios marítimos, terrestres y de información.

La lección común no es doctrinaria, sino estratégica: el desarrollo anfibio obliga a los Estados a pensar de forma integrada y a operar en un espacio litoral complejo y móvil. Esa misma necesidad enfrenta Chile.

La guerra anfibia como generadora de capacidades estratégicas del Estado

Más allá del combate, la guerra anfibia desarrolla capacidades que fortalecen al Estado en su conjunto. Prepararse para operar en litorales disputados implica generar competencias críticas en tiempos de paz: movilidad estratégica, sostenimiento logístico prolongado, respuesta a desastres, construcción expedicionaria, mando y control en ambientes degradados, sensores marítimos y terrestres integrados, interoperabilidad institucional y presencia permanente en zonas aisladas.

En un país como Chile, estas capacidades son esenciales para conectar, sostener y gobernar. Por ello, la guerra anfibia debe entenderse como un multiplicador de poder nacional y no sólo como una herramienta militar. Su desarrollo hace al Estado más eficiente, más presente y más resiliente.

La guerra anfibia como marco de integración del poder nacional

En el mundo contemporáneo, los dominios ya no pueden separarse. La guerra anfibia es el modelo que fusiona los ámbitos terrestre, marítimo, aéreo e informacional en un solo ambiente operacional. Representa, en términos prácticos, el ideal que la Política de Defensa 2020 sólo enuncia: una “visión conjunta e integral superior” (p. 43).

El comandante de la Fuerza de Tarea Anfibia (CATF) y el comandante de la Fuerza de Desembarco (CLF) deben planificar y ejecutar bajo unidad de propósito. Esa lógica de coordinación es exactamente lo que Chile necesita trasladar al nivel estratégico del Estado: un mando político y militar capaz de concebir el litoral como un solo espacio de acción.

Conclusión

Chile ha proclamado durante décadas su condición de nación marítima, pero su estructura doctrinaria sigue pensada desde la cordillera hacia el mar. La Política de Defensa Nacional 2020 reconoce la importancia del espacio marítimo, pero no ofrece un modelo de empleo conjunto que lo articule con la maniobra terrestre.

Clausewitz enseñó que la guerra es política; Beaufre, que la estrategia es total; Hart, que la victoria se obtiene por aproximación indirecta; y Corbett, que el mar sólo tiene valor si produce efectos en tierra. De la síntesis de esos principios nace la doctrina anfibia moderna, que une el mar y la tierra bajo una misma voluntad.

Chile no necesita más declaraciones de vocación marítima, necesita una doctrina de voluntad marítima, capaz de transformar su geografía en poder y su política en acción. La guerra anfibia es la herramienta que convierte el litoral en un ambiente operacional integrado y que permite al Estado proyectar presencia, ejercer soberanía y sostener una estrategia nacional coherente.


LISTA DE REFERENCIAS

  1. Armada de Chile. (2015). Estrategia marítima de Chile. Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante.
  2. Beaufre, A. (1963). Introducción a la estrategia. Librairie Armand Colin.
  3. Clausewitz, C. von. (1832/1984). De la guerra. Ediciones Ejército.
  4. Corbett, J. S. (1911). Some principles of maritime strategy. Longmans, Green and Co.
  5. Hart, B. H. L. (1932). The strategy of indirect approach. Faber & Faber.
  6. Ministerio de Defensa Nacional. (2020). Política de defensa nacional de Chile. Gobierno de Chile.
  7. Scheina, R. L. (1987). Latin America: A naval history, 1810–1987. Naval Institute Press.

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