Por HANS WIEDEMAN ARIAS
El autor nos presenta un análisis de cómo los postulados estratégicos de André Beaufre, especialmente su concepto de estrategia indirecta, se ven reflejados en la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014. A través del desarrollo de una maniobra exterior y una maniobra interior, se muestra cómo Moscú logró imponer su voluntad sin recurrir al combate abierto. El artículo propone que, más allá de la doctrina Gerasimov, el modelo de Beaufre sigue vigente para entender los conflictos contemporáneos.
The author examines how the strategic principles of André Beaufre, particularly his concept of indirect strategy, are reflected in Russia’s annexation of Crimea in 2014. Through the development of both external and internal maneuvers, this work overviews how Moscow managed to impose its will without resorting to direct confrontation. The article suggests that, more than the Gerasimov doctrine, Beaufre’s model remains relevant for understanding current conflicts.
“Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño. El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar” Zedon, 1968.
Sun Tzu, Siglo V a.C.
Esta antigua premisa, basada en la victoria sin combate, resuena siglos más tarde en la afirmación de que la estrategia es “el arte de la dialéctica de las voluntades que emplean la fuerza para resolver los conflictos” (Beaufre, 1965, p. 29). Con esa idea, se alza el pensamiento del general André Beaufre, quien fuera un destacado oficial y teórico militar francés, formado en la École de Guerre y con experiencia en campañas militares en África del Norte y la Segunda Guerra Mundial. Su pensamiento se consolidó durante la Guerra Fría, época en la que desarrolló un modelo político-estratégico orientado a enfrentar conflictos complejos sin caer en la lógica de la destrucción mutua. Este modelo integró elementos políticos, militares, psicológicos y diplomáticos bajo una concepción de estrategia total, donde la victoria no se basaba en la aniquilación del enemigo, sino en la imposición de la voluntad propia reduciendo la libertad de acción del adversario. Dentro de este enfoque, distinguió dos modos de la estrategia: la estrategia directa, que es “la búsqueda de la decisión o de la disuasión por el empleo o la existencia de fuerzas militares consideradas como medio principal” (Beaufre, 1965, p. 50), y la estrategia indirecta, la cual “inspira todas las formas de conflicto que no buscan directamente la decisión mediante el enfrentamiento de las fuerzas militares, sino a través de procedimientos menos directos (Beaufre, 1965, p. 51).
A más de medio siglo de sus postulados, surge la interrogante sobre la vigencia de su modelo en los escenarios actuales marcados por la guerra hibrida1, la desinformación y la tecnología. ¿Tiene aún valor el pensamiento de Beaufre para interpretar los conflictos contemporáneos?, ¿es posible identificar sus principios en contiendas recientes, como las tensiones entre Rusia y Ucrania? Este ensayo sostiene que la anexión de Crimea en 2014 demuestra la plena vigencia de la estrategia indirecta desarrollada por el general André Beaufre como parte de su modelo político-estratégico. Primero, se analizará cómo Rusia preparó el terreno mediante una campaña diplomática e informativa que restringió la capacidad de respuesta internacional. Luego, se examinará la ocupación progresiva del territorio y la institucionalización del control como manifestaciones de una maniobra interior cuidadosamente ejecutada.
Los acontecimientos previos a la anexión de Crimea que la Federación Rusa ejecutó fuera del espacio geográfico ucraniano responden a una maniobra exterior beaufriana. El General Beaufre indica que la concepción de la maniobra indirecta recae en el “margen de libertad de acción2 que puede proporcionar la coyuntura y en asegurarse que tal margen podrá ser conservado y, si es posible, aumentado, mientras que aquel del que goce el adversario se vea reducido al máximo” (Beaufre, 1965, p. 129). Analizando esta definición, se entiende que el verdadero desafío está en generar esa oportunidad para lograr la libertad de acción requerida. Beaufre sostiene que esta misma generalmente no se obtiene en la zona considerada, sino que fuera de ella, en el tablero internacional, lo que él define como maniobra exterior, estableciendo su idea central en el “asegurarse el máximo de libertad de acción, paralizando al adversario con mil lazos de disuasión” (Beaufre, 1965, p. 130).
Bajo este marco conceptual, pueden identificarse acciones concretas impulsadas por Rusia antes de la ocupación efectiva de Crimea. Davydov establece que la posición de Rusia ante la ONU fue constante y estratégica, señalando que “el caso de Crimea tampoco puede ser resuelto sin tener en cuenta los condicionantes históricos concretos” (p. 171). Por otra parte, el estudio efectuado por RAND Corporation documenta que el Kremlin desplegó un mensaje dirigido al plano internacional para deslegitimar al gobierno ucraniano surgido tras el Euromaidán3, transmitiendo en medios oficiales que: “Nationalists and fascists took power in Kyiv, they will force Russians to abandon the Russian language and present a general threat” [Los nacionalistas y fascistas tomaron el poder en Kiev, obligarán a los rusos a abandonar el idioma ruso y representan una amenaza general.] (Kofman M., 2020, p. 14).
Ambas acciones persiguieron el objetivo estratégico de condicionar el entorno político internacional para facilitar la acción posterior. Por un lado, la apelación a la historia y al derecho internacional buscó dotar de legitimidad a la postura rusa frente a la ONU, configurando una narrativa jurídica y cultural sólida. Por otro, la campaña mediática dirigida al exterior operó sobre el terreno psicológico y moral, presentando al nuevo gobierno ucraniano como una amenaza radical, lo que pretendía reducir su credibilidad internacional y limitar la disposición de otros actores a intervenir en su defensa. Estas maniobras, en conjunto, crearon las condiciones necesarias para ampliar el margen de libertad de acción de Rusia y reducir el del adversario, cumpliendo con el objetivo central de la maniobra exterior beaufriana. El éxito de los procedimientos ejecutados tuvo sustento, a juicio del autor, principalmente en dos condiciones: un instrumento militar robusto que generaba la disuasión adecuada; y, por otra parte, la coherencia y alineación de las acciones ejecutadas que supieron aproximarse de manera indirecta al objetivo para evitar el conflicto. Finalmente, usando la metáfora del propio Beaufre, estos movimientos fueron las cadenas con que los liliputienses inmovilizaron a Gulliver.
Si bien la maniobra exterior permitió a Rusia generar las condiciones políticas, diplomáticas y psicológicas necesarias para intervenir en Crimea sin enfrentar una resistencia internacional significativa, resulta indispensable abordar el segundo componente esencial de la estrategia indirecta. Como afirma Solís, “la estrategia indirecta exige la realización de dos maniobras: una exterior y otra interior” (p. 105).
La fase operativa de la anexión de Crimea, caracterizada por el uso de fuerzas militares sin identificación y la ocupación rápida de puntos estratégicos sin resistencia armada significativa, se ajusta al concepto de maniobra interior desarrollado por el general André Beaufre. Las acciones previamente ejecutadas por Rusia en el ámbito internacional, identificadas como maniobra exterior, le otorgaron un margen de libertad de acción suficiente para avanzar sobre el terreno.
En esta línea, Beaufre señala que, una vez creada esa oportunidad, “queda concebir la maniobra por efectuar en el espacio geográfico donde se pretenden conseguir determinados resultados. Daremos a esta maniobra el nombre de ‘maniobra interior’” (Beaufre, 1965, p. 132). Durante esta etapa, fuerzas rusas sin distintivos, conocidas como “hombrecillos verdes”, ocuparon con rapidez “los principales centros urbanos y bases militares, haciéndose con el control de Crimea en cuestión de días” (Cirillo, 2020, p. 8). Estas unidades actuaron en coordinación con milicias locales de autodefensa, evitando el enfrentamiento abierto mientras desmantelaban progresivamente la presencia estatal ucraniana. Como lo confirma Leiva, Rusia “tomó posesión de edificios gubernamentales e instalaciones militares junto con los grupos separatistas de ‘autodefensa’” (p. 31).
Posteriormente, se organizó un referéndum para definir el estatus político de la península, cuyo resultado, una abrumadora mayoría favorable a la anexión, fue utilizado como base para formalizar la integración de Crimea a la Federación Rusa. No obstante, dicho referéndum fue ampliamente cuestionado por el nuevo gobierno de Ucrania y por actores internacionales, quienes señalaron su ilegitimidad debido a “presiones directas de Moscú en la población involucrada” (Leiva, 2017, p. 31), lo que confirma su instrumentalización política.
Dicha operación en Crimea se alinea con la maniobra interior de Beaufre al ejecutar, con celeridad, una ocupación sucesiva sin confrontación directa, utilizando medios combinados, tanto militares, psicológicos como políticos, para consolidar el control territorial. Además, al aprovechar el margen de acción generado por la maniobra exterior, Moscú integró una fase de legitimación simbólica mediante el referéndum, reforzando así la dimensión política del modelo estratégico propuesto por Beaufre. En este sentido, se evidencia cómo ambas maniobras, tanto exterior como interior, coexistieron y se relacionaron entre sí para lograr el objetivo, tal como lo planteó la visión cartesiana del general Beaufre.
No obstante lo anterior, existe una tendencia a sostener que la anexión de Crimea se enmarca estrictamente en la doctrina elaborada por el general Valériy Gerasimov, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, quien desde el 2013 sistematizó una forma de guerra híbrida no convencional caracterizada por la interacción coordinada de medios militares y no militares, ejecutada en fases planificadas y orientada a desestabilizar al adversario desde su interior. En este sentido, Cirillo afirma que “la crisis ucraniana de 2014 se convirtió, de facto, en el campo de pruebas de la doctrina Gerasimov” (2020, p. 8), reconociendo el proceso de anexión como el primer escenario de aplicación práctica de dicha doctrina. Asimismo, la cuarta fase de este enfoque, denominada “crisis final”, tiene como objetivo “capturar los principales puntos estratégicos e instalaciones militares, neutralizando las fuerzas enemigas” (Cirillo, 2020, p. 11), lo que constituye un reflejo preciso de las acciones llevadas a cabo por las fuerzas rusas en el terreno.
Si bien se ha afirmado que la anexión de Crimea constituye una manifestación concreta de la doctrina Gerasimov, lo cierto es que este enfoque no representa una ruptura doctrinaria, sino una actualización de patrones estratégicos ya existentes, una representación del comportamiento de los conflictos contemporáneos. Como señalan Stoker y Whiteside (2020), el uso del concepto de “guerra híbrida” ha distorsionado más que clarificado la comprensión del fenómeno estratégico, al presentar como novedoso lo que en realidad pertenece a una continuidad histórica: “Arguments for the uniqueness of hybrid war as a concept (…) often are supported by a selective reading of history” [Los argumentos a favor de la singularidad de la guerra híbrida como concepto (…) a menudo se apoyan en una lectura selectiva de la historia.] (p. 20).
En esa línea, lo formulado por el general Beaufre décadas antes ya recogía esta lógica. La estrategia indirecta, basada en el uso coordinado de herramientas políticas, psicológicas, informativas y económicas para neutralizar al adversario sin necesidad de un enfrentamiento directo, anticipa el tipo de maniobra empleada por Rusia en Crimea. Por tanto, la doctrina Gerasimov puede haber sido la matriz operativa inmediata, pero su arquitectura conceptual responde a principios previos y coherentes con la maniobra estratégica indirecta descrita por Beaufre. La forma fue moderna; el fondo, clásico.
La anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 demuestra que la estrategia indirecta formulada por el general André Beaufre mantiene plena vigencia en los conflictos contemporáneos. Lejos de tratarse de un modelo superado, su enfoque estratégico continúa ofreciendo claves para comprender operaciones complejas que combinan medios no convencionales, ocupación progresiva y legitimación política sin recurrir a la guerra declarada. En una primera etapa, Rusia actuó fuera del territorio ucraniano desplegando una intensa campaña diplomática, informativa y jurídica. Esta maniobra exterior no solo buscó erosionar la legitimidad del gobierno surgido tras el Euromaidán, sino también reducir la capacidad de respuesta internacional, creando así un entorno estratégico favorable a la acción posterior.
Una vez alcanzada esa ventaja, la maniobra interior se ejecutó con precisión: fuerzas no identificadas ocuparon puntos clave, se evitó el enfrentamiento abierto y se institucionalizó el dominio mediante un referéndum cuestionado por su legalidad. Este conjunto de acciones refleja la aplicación integral del modelo beaufriano, que combina presión psicológica, acción militar contenida y control político del territorio. En un mundo que privilegia la rapidez, la ambigüedad y la disuasión antes que la destrucción abierta, Beaufre no ha quedado atrás. Su pensamiento estratégico, más vigente que nunca, sigue siendo una herramienta valiosa para descifrar las nuevas formas de la guerra.
Bibliografía
La guerra constituye en sí un fenómeno que ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. En ella hemos v...
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Año CXXXX, Volumen 143, Número 1009
Noviembre - Diciembre 2025
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