Revista de Marina
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Una prospección a posibles factores generadores de conflictos en Chile

  • BENJAMÍN RIQUELME OYARZÚN

Por BENJAMÍN RIQUELME OYARZÚN

  • Fecha de recepción: 30/06/2025
  • Fecha de publicación: 31/10/2025. Visto 232 veces.
  • Resumen:

    Los motivos que llevaron al conflicto bélico en Ucrania y el que libra Israel, no aclaran del todo las guerras en otros lugares, porque a sus causas -reales y aparentes-, se agregan diferencias geográficas, culturales, religiosas e históricas, que distan bastante de la realidad sudamericana o de otro continente. No obstante, el realismo político, sustentado en la histórica conducta humana, exhibe los factores comunes que contribuyen a entender la raíz de la persistencia de las guerras.

  • Palabras clave: defensa, política, Guerra, conflicto, Defensa, Realismo, guerra, realismo.
  • Abstract:

    The reasons that led to the war in Ukraine and the one being waged by Israel do not fully explain conflicts in other places of the world, because in addition to their causes—real and apparent—there are geographical, cultural, religious, and historical differences that are quite detached from reality, as is the case with South America or other continents. Nevertheless, political realism, based on historical human behavior, reveals the common factors that contribute to understanding the root causes of the persistence of armed conflicts.

  • Keywords: war, Defense, War, Realism, conflict, defense, political.

Desde una óptica realista, el conflicto es algo inherente a la naturaleza humana. Ante tal afirmación, la historia actúa como una fehaciente jueza que lo corrobora, puesto que las guerras han sido hechos comunes y constantes a lo largo de las épocas vividas por la humanidad. En el siglo V a.C. el historiador y militar griego Tucídides, junto con describir en su obra “Historia de la Guerra del Peloponeso” la crudeza de los combates y el despiadado comportamiento de los combatientes, compartió su reflexión respecto a que el miedo, el interés y el honor son parte intrínseca de las personas, transformándose en los elementos que contribuyen a la existencia de un mundo de constante violencia. En el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes, producto de lo vivido en la guerra civil inglesa -lucha entre partidarios de la monarquía absoluta y la monarquía constitucional-, escribió el “Leviatán”, en el cual menciona que las tres causas de un conflicto son: la competencia, la inseguridad o miedo y la gloria. A pesar de la distancia temporal entre Tucídides y Hobbes, no hay diferencias significativas entre sus conceptos identificados como gatilladores de hostilidades.

El historiador francés Marc Ferro transparenta en su libro “El resentimiento en la historia” la forma en que este sentimiento de odio y animadversión hacia alguien o algo ha sido un factor repetitivo en la raíz de pequeñas y grandes contiendas. Al ser el resentimiento un rasgo intrínseco de los seres humanos, merece sea incorporado como uno más a los elementos generadores de conflicto mencionados por Tucídides y Hobbes.

Los Estados, sus poderes -ejecutivo, legislativo y judicial- y sus instituciones, al igual que los organismos internacionales1, son creaciones artificiales, es decir, fueron construidos y están gobernados por personas. En consecuencia, los países y las organizaciones nacionales e internacionales quedan supeditadas al carácter, ideología, intereses y moral de quienes las dirigen. Al respecto, se recuerda el pragmatismo y sinceridad de Lord Palmerston, quien en 1848, mientras se desempeñaba como ministro de relaciones exteriores, ante los ataques a su política internacional, declaró en la Cámara de los Comunes que Inglaterra “no tiene aliados permanentes ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes”.

Asimismo, el intelectual realista Hans Morgenthau mencionó que, en el campo internacional la relación entre los países se basa en términos de poder. Ese diferencial de poder separa a las naciones que, ante una disputa, acuden a la Corte Internacional de Justicia y, las otras, que hacen uso de la fuerza, como fue el caso de la guerra de Irak (2003), cuando Estados Unidos utilizó el pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva -lo que no fue demostrado-, o la Operación Militar Especial de la Federación Rusa contra Ucrania. Incluso, en su libro “Política internacional: una lucha por el poder y la paz”, Morgenthau decía que el realismo no muere, porque refleja perfectamente el comportamiento de los Estados, mientras publicitan valores retóricos que cubren las verdaderas intenciones y acciones.

La interrogante a dilucidar es: ¿La paz que mantiene Chile, es por la buena voluntad vecinal o por disuasión? Corresponde al lector, desde su análisis y perspectiva, explorar las posibles respuestas.

Identificación de factores de conflicto

Tal vez muchos, al observar los acontecimientos del siglo XXI, consideren que Sudamérica no es un subcontinente belicista. A pesar de la existencia de fricciones -como el de Venezuela y Guyana por la zona de Esequibo; entre Perú y Colombia por la isla Santa Rosa, ubicada en el río Amazonas; o entre Venezuela y Colombia por el control de territorios fronterizos utilizados como rutas del narcotráfico y fuerzas paramilitares-, las disputas entre países no han escalado más allá de demostración de fuerza, manteniéndose en el campo diplomático, incluso a través de comentarios de sus autoridades en redes sociales. Sin embargo, la realidad demuestra que la paz es frágil. Las potencias, guiadas por sus intereses, no se fijan límites ni recurren a organismos internacionales, simplemente actúan. De ahí que el panorama sudamericano se vea ensombrecido por el despliegue marítimo de Estados Unidos frente a las costas de Venezuela, objeto combatir el narcotráfico proveniente de ese país.

Este escenario refuerza la idea de que nada es permanente, ni siquiera las fronteras, y que la naturaleza humana alberga elementos que apalancan los conflictos. La creación de los Estados y sus respectivas fronteras han sido impuestas por la fuerza, es decir, que las delimitaciones se establecieron a través de guerras en las cuales una de las partes ganó y la otra perdió. En otros casos, las fronteras se establecieron mediante acuerdos, donde potencias impusieron los límites geográficos a grupos humanos que habitaban un territorio para formar un nuevo país. Un claro ejemplo de esta dinámica son las fronteras de varios Estados africanos y de Medio Oriente, que fueron delineadas por convenios entre imperios europeos que poseían colonias en África y, al finalizar la Primera Guerra Mundial, ejecutaron la partición del Imperio Otomano. Cabe destacar que esa forma de división territorial ha originado masacres por la convivencia forzada de etnias rivales o por diferencias religiosas.

Por último, pero no menos importante, al situar geopolíticamente el contexto mundial, se confirma que se vive una era revisionista, ya que las leyes y organizaciones que rigen el planeta fueron creadas por los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, aprovechando su estatus para implementar elementos y normativas que le han ayudado a mantener su hegemonía2. Por lo tanto, las nuevas potencias emergentes actúan procurando posicionarse en el calzo que estiman pertenecen y buscan modificar las reglas del juego.

Lecciones de la Guerra del Pacífico (1879-1884)

Chile tiene que recordar que en este conflicto y en su génesis, se acreditan las peculiaridades humanas nombradas por Tucídides y Hobbes. Por miedo, interés o competencia hacia Chile, hubo un tratado secreto entre Perú y Bolivia, al que también estaba invitado Argentina; sin olvidar la postura que mantuvo Brasil para relegar las supuestas pretensiones de Buenos Aires para sumarse a la alianza peruano-boliviana. Pero, mirando a futuro, ¿cuáles son las secuelas de esta guerra? A lo menos, se distinguen dos aspectos fundamentales para analizar.

En primer lugar, como consecuencia, se modificaron las fronteras, con un ganador que amplió su territorio a expensas de otros, lo que dejó resentimientos. Transcurrido más de un siglo, las secuelas se hicieron sentir, los acuerdos firmados nuevamente se revisaron y las disputas se llevaron a la arena jurídica, compareciendo Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya -CIJ-, para que ese organismo resolviera la controversia marítima con Perú, cuyo dictamen del año 2014 modificó el límite marítimo y, colateralmente, dejó sin posibilidad de salida al mar a Bolivia por el norte de Arica. Del mismo modo, ante las persistentes acusaciones de Bolivia a Chile por, supuestamente, desviar aguas del río Silala, el gobierno chileno presentó una demanda en 2016 ante la CIJ por el estatus y uso de las aguas de ese río. Finalmente, tras seis años de litigio, en 2022 la CIJ le dio la razón a Chile. El resentimiento funciona como un incentivo para recuperar o compensar la región que fue arrebatada, junto con la oportunidad de recobrar el orgullo y el honor de la nación y del ejército del país derrotado. Por consiguiente, futuras reivindicaciones aparecerán, porque hay temas limítrofes pendientes, a medida que vayan apareciendo condiciones favorables para plantear reclamos.

En este punto, se considera pertinente reflexionar sobre las consecuencias del tratado de Versalles, que selló el fin de la Primera Guerra Mundial, pero abrió la puerta para la Segunda. Para los alemanes, la violencia del resentimiento fue contra quienes aceptaron semejantes cláusulas y contra los vencedores. La guerra había terminado, pero en las mentes, no estaba acabada3.

El segundo aspecto a exponer se refiere a que los países desarrollados son capaces de extender su influencia a cualquier rincón del planeta, siempre que puedan extraer beneficios. En particular, las potencias, a medida que crecen, aumentan su dependencia económica del resto del mundo, dedicándose a cuidar a sus empresas en el extranjero y a sus proveedores de insumos y materias primas, puesto que perder el control de sus recursos exteriores provocaría una caída del nivel de vida de su población, siendo imposible separar en su desarrollo lo interno de lo externo4. De hecho, en el libro “The Tragedy of Great Power Politics”, John Mearsheimer asevera que aun los Estados más poderosos, prósperos y con altos estándares de vida, pueden decidir atacar a otros, independiente de su ubicación geográfica, cuando calculan que la guerra puede aumentar su riqueza y consolidar su seguridad. En la Guerra del Pacífico, los dividendos comerciales de las riquezas mineras en juego cruzaron el Atlántico, atrayendo la mirada de las grandes potencias europeas, cuyas presunciones las llevó a discutir una intervención armada, la que fue desdeñada por el rechazo del Imperio Alemán a integrar una coalición para dar fin a la guerra del Pacífico. El apoyo a Chile de la cancillería alemana fue formidable, al lograr boicotear propuestas europeas de compras encubiertas para reforzar la causa de Perú y Bolivia. Además, la actitud alemana hacia Chile distó de la inglesa, en atención a que la cercanía cultivada con Londres desde la independencia no fue suficiente para que la corona inglesa dejara de inclinarse hacia sus intereses económicos en detrimento de Chile, ya que para Inglaterra “el triunfo del bando aliado representaba mantener la influencia económica británica en distintos mercados sudamericanos, mientras que un triunfo de Chile significaba redefinir el nuevo orden comercial a nivel portuario e industrial de la costa sudoccidental del Pacífico"5. El que un país cambie su apoyo no es novedad, como se explicará a continuación.

Intereses permanentes

Parafraseando a Lord Palmerston, uno de los intereses permanentes que persiguen las potencias es el “equilibrio de poder”, el mantener el statu quo para impedir la aparición de potencias emergentes o que alguna de las establecidas sobrepase a las demás, transformándose en una amenaza. Del esfuerzo que hacen las potencias para contrarrestar el mayor desarrollo de una de ellas, se entiende el motivo por el cual las naciones van rotando de alianzas, porque buscan aquella que represente mejor sus ambiciones. Tales fueron los casos de la unión de Rusia, Prusia, Inglaterra y otros países para derrotar al ejército francés de Napoleón. Luego, en la Primera Guerra Mundial, Francia e Inglaterra -antes enemigos- lucharon contra Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, después de pelear juntos Estados Unidos y la Unión Soviética, se rompe esa alianza y comienza la Guerra Fría, periodo en el que Estados Unidos, siendo presidente Richard Nixon, aprovecharía la enemistad chino-soviética para iniciar el acercamiento con la República Popular China -visita secreta de Henry Kissinger (1971) y posterior viaje de estado del presidente Nixon (1972)-, con la finalidad de obtener ventaja sobre la Unión Soviética. Los vínculos entre Estados Unidos y China se normalizaron en 1979. Posteriormente, entrado el siglo XXI, con el ascenso de China como potencia emergente, esta se convirtió en una amenaza para Estados Unidos, ambas se declaran una guerra comercial y se transforma la soberanía de Taiwán en la causa que puede llevar a ambas potencias a un enfrentamiento armado. El estado actual de las alianzas ha sido impulsado por la guerra en Ucrania, que distanció a la Federación Rusa de Europa y Estados Unidos, con el consecuente efecto de aproximar a Rusia con China -que durante años estuvieron distantes y con disputas limítrofes-. Incluso, colateralmente se fortaleció la relación de Rusia con Corea del Norte e Irán, y los BRICStomaron un nuevo impulso para consolidarse como un contrapeso al G7, junto con permitirle el acceso a otros países.

A mediano plazo -5 años-, se verá cómo los países se aproximarán a la esfera de China o de Estados Unidos, tomando en consideración los beneficios que puedan obtener en lo económico y en lo militar, como también, en la forma en que esas potencias ejercen su “poder blando” para integrar a otros Estados a sus alianzas.

Los intereses que suscita la Antártica son un flanco abierto para el país. Tanto Chile como Argentina y Reino Unido superponen sus reivindicaciones territoriales en el continente blanco, llevando cada uno maniobras diplomáticas ante organismos internacionales, objeto ir marcando su posición. El equilibrio de poder se conservará mientras los tres protagonistas tengan intereses contrapuestos y no se produzca acercamiento entre dos de ellos. De todas maneras, el Tratado Antártico se torna más frágil a medida que los recursos de ese continente van quedando asequibles o la demanda de ellos sea lo suficiente para recuperar la inversión para extraerlos. El Tratado Antártico representa una homogeneidad entre países que es ficticia, porque se asumió una igualdad entre potencias y naciones en vías de desarrollo, que perdura por una buena voluntad interesada, lo que en ningún caso es verídico. Es realista reconocer que será motivo suficiente para que se rompa el Tratado el que una potencia ejerza su fuerza al considerar que está en condiciones de exigir una mayor participación o beneficios7. Basta recordar que la política antártica de Estados Unidos se basa en cuatro principios, siendo el segundo: “Estados Unidos se reserva el derecho a participar en cualquier uso futuro de la región"8.

Guerra proxy

Cuando chocan los intereses entre las potencias, no siempre se enfrentan entre ellas, sino que utilizan a países o grupos sociales “aliados”, a los que les proveen apoyo en armas, logística, tecnología, inteligencia y otros, para hacer una guerra por delegación o subsidiarias -en inglés: proxy war-. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética lucharon entre sí, pero no cara a cara, como en Vietnam, Corea, Nicaragua y Afganistán. Hoy la historia se repite; Irán ha mantenido una guerra proxy con Israel a través de Hamás, Hezbolá, los hutíes yemenitas y milicias chiitas de Siria e Irak. En Ucrania, Estados Unidos enfrenta una guerra subsidiaria contra Rusia, contando con el apoyo de la OTAN para enviarle a Kiev armamento, dinero e información de inteligencia9.

Lo complicado de enfrentar una guerra proxy es que su origen no necesariamente corresponderá a un directo interés de la contraparte, sino de la potencia que la respalda, lo que aumenta la incertidumbre del motivo y cuándo se iniciará el conflicto. Asimismo, al recibir los ejércitos de las naciones en conflicto soporte de otros países más desarrollados militarmente, se produce un cambio en las capacidades, armamento, tecnología y doctrina en a lo menos uno de los ejércitos en combate, que sorprenderá a la contraparte, debido a que sus Fuerzas Armadas no están preparadas ni entrenadas para el nuevo tipo de guerra. De hecho, la transferencia de armamento, principalmente misiles y drones, por parte de Irán a los hutíes para atacar embarcaciones mercantes, a unidades navales de la flota de Estados Unidos desplegadas en el mar Rojo, y a Israel, demuestra el incremento de coacción que puede alcanzar una pequeña fuerza militar.

Dependiendo de su peso mundial, sus intereses y la configuración interna que posean las potencias que apoyen la guerra proxy, es que se vislumbran otras amenazas. Las sanciones económicas son una de ellas, sobresaliendo Estados Unidos, que a partir de 2019 contabilizaba aproximadamente 8.000 sanciones dirigidas contra personas, empresas y gobiernos. De esta forma obtiene el dinero que necesita y merma el poder de sus enemigos, impidiendo a sus rivales obtener dinero y crédito mediante amenazas y prohibiciones para que otros países e instituciones financieras traten con ellos10. En caso de se llegue a creer que el país se encuentra lejos de esta situación, basta recordar las presiones de los países aliados para que Chile dejara de ser neutral durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

En consecuencia, la soberanía en la toma de decisiones, en este caso iniciar, participar y finalizar una guerra, ya no reside en su totalidad en los Estados beligerantes; por el contrario, se comparte con los grupos de interés de una potencia.

Corolario

La naturaleza humana ha perdurado inmutable. Los intereses prevalecen, lo que permutan son las formas, las alianzas, los hechos y la tecnología utilizada para lograrlos. “Nada nuevo bajo el sol”, entonces. Como todo tiene un precedente, específicamente en la conducta humana, lo que queda fuera de toda discusión es cuestionarse si el país afrontará un conflicto. Eso sí, lo engorroso es identificar el qué lo gatillará y cuándo.

Bibliografía

  1. Dalio, R. (2023). Principios para enfrentarse al nuevo orden mundial. Paidós.
  2. Ferro, M. (2009). El resentimiento en la historia. Cátedra.
  3. Todd, E. (2024). La derrota de Occidente. Akal.
  4. National Science Foundation. (s.f.). U.S. policy for Antarctica. Recuperado de https://www.nsf.gov/geo/opp/antarct/uspolicy.jsp
  5. Riquelme, B. (2023). Chile en la Antártica, pensando para el 2041. Revista de Estudios Internacionales, Defensa y Seguridad (PUCV), (1), segundo semestre. Recuperado de https://www.cealpucv.cl/wp-content/uploads/2023/08/REIDS-N1.pdf
  6. Yévenes, D. (s.f.). El imperio alemán y la Guerra del Pacífico (1879–1883): Análisis del actuar de su legación en Chile. Tiempo y Espacio. Recuperado de https://revistas.ubiobio.cl/index.php/TYE/article/view/4687/4153
  7. FIE - UNDEF. (s.f.). ¿Cómo se resuelve la cuestión antártica? Recuperado de https://www.fie.undef.edu.ar/ceptm/?p=14144


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