El artículo llama a los oficiales subalternos a asumir un rol activo en el devenir institucional, promoviendo la reflexión y el pensamiento crítico. Se abordan los modelos “ocupacional” e “institucional” como formas organizativas de las Fuerzas Armadas, vinculándolos con las valoraciones sociales y la legitimidad. Finalmente, se proponen algunos temas relevantes para incentivar un debate constructivo.
This article invites junior officers to take an active role in shaping the Navy’s future by fostering reflection and critical thinking. It examines the “occupational” and “institutional” models as organizational frameworks for the Armed Forces, exploring their connection to social perception and institutional legitimacy. Finally, it outlines several key issues aimed at promoting a constructive and forward-looking debate within the service.
El presente artículo plantea dos objetivos principales: por un lado, basándose en la misión de la Revista de Marina, hacer un llamado a los oficiales subalternos a “salir de la caja” y contribuir a la reflexión y potenciar el pensamiento crítico; por otro, proponer una mirada distinta a la institución en la forma de ejercicio académico orientada a fomentar el debate. Todo lo anterior, y siendo justo con el lector, no terminará con respuestas al respecto, sino más bien con una importante cantidad de preguntas para el debate.
Llama la atención el gran número de ediciones antiguas de la Revista que contienen algún texto referido a la carrera de los oficiales de marina, de la necesidad de tener una mejor ley de retiro o “enganche”, de cómo evitar las deserciones, de cómo tener una mejor ley de pensiones para el personal de gente de mar, reflexiones sobre los ascensos por eliminación o mérito, entre muchas otras materias. Para el lector pueden ser estos temas llamativos debido a las palabras empleadas. En efecto, son artículos escritos en su mayoría por oficiales subalternos, de manera directa o bajo seudónimos según la línea editorial a inicios del siglo pasado. Muchos estaban planteados en la forma de “protesta”, crítica o propuestas concretas. Sin duda, el espíritu de los mismos no era otro que mejorar procesos o presentar inquietudes en vista del propósito de esta revista, generando en algunos casos réplicas, suscitando el tan olvidado debate.
Así, en relación a las pensiones (o premios, como se conocía en esa época), por ejemplo, “abrigamos la esperanza de ser escuchados, por lo que nos permitimos solicitar a nuestros Jefes se sirvan estudiar una vez más la lei de retiro…haciéndola más bondadosa para el personal subalterno i más eficaz para el servicio [sic]” (Nauta, 1911). Lo anterior, en consideración a que para optar a gozar de todos sus premios el subalterno debía pasar a retiro definitivo al cumplir los 55 años de edad, habiendo pasado 30 de esos años de servicio a bordo. Esto es una muestra de la preocupación de los oficiales para con sus subalternos, considerando que la esperanza de vida al nacer para hombres en el período 1919-1922 era de 30,9 años (Hernández, 1994).
En otro caso, en cuanto a las deserciones, el Guardiamarina de 1ª Valenzuela (1910) planteaba: “hai que ponerle remedio a este mal… ¿dónde vamos a aplicar el remedio? ¿aumentando el castigo a los infractores de la lei? Creo que esto no sería una manera de controlarlo; hai [sic] que buscar las causas que lo producen [sic]”, reflexión que también va de la mano con la preocupación sobre asuntos del servicio.
Para finalizar estos ejemplos, está el caso de las calificaciones. Para Escualo (1940), estas deberían servir para catalogar al personal por su mérito y ser consideradas para las decisiones de carrera, permitiendo surgir a los más capaces, estimular el esfuerzo de los eficientes y eliminar a los ineptos. Como dato anecdótico, en esa época y en términos de contar con estímulos directos, el mismo autor sugería crear un distintivo en el uniforme para los sobresalientes, lo que hoy conocemos como una realidad.
Estos temas son transversales a las sociedades e instituciones, y su natural cuestionamiento responde a prácticas esperables de un sistema participativo. En EE.UU. por ejemplo, y en relación a los ascensos, en una de sus fases el sistema se fundaba en el concepto de promoción por antigüedad. Era un sistema nada más que de paciencia y que el Almirante Sims en un artículo publicado en la Revista Proceedings (1934) graficaba en la frase “controlad vuestros nervios y absteneos de agredir a vuestros superiores” (Wheeler & Kinney, 1955).
Continuando en el contexto de la primera parte del siglo XX y volviendo a lo nacional, tanto en su forma como en el fondo, es necesario reconocer un alto nivel en la calidad de los artículos, demostrando que el pensamiento crítico de la época — con las limitaciones del acceso a la información— de aquellos jóvenes oficiales, reflejan un compromiso con la institución y el desarrollo profesional. Resulta justo también mencionar que gran parte de los artículos publicados eran traducciones de otras revistas especializadas, por lo que las críticas al poco desarrollo intelectual de la mano de la mera traducción también fue un tema plasmado en nuestra revista. Es pertinente indicar que aquella sociedad, la institución y el mundo ya no son lo mismo en la actualidad.
En el siglo que vivimos, las transformaciones globales han provocado cambios en todos los ámbitos, y tanto la sociedad como las FF.AA. han transitado hacia nuevos paradigmas, derivando en reformas estructurales y misionales. El vertiginoso desarrollo tecnológico ha generado cambios exponenciales en todos los aspectos de la vida, los cuales por su extensión no podrán ser revisados, asumiendo que cada lector podrá obtener su propio diagnóstico. En este contexto, como indica Gutiérrez (2003), las organizaciones militares mutaron a un modelo posmoderno luego de la Guerra Fría, cuya composición pasó a ser del tipo “…voluntaria, de orientación multipropósito, de carácter más andrógina y con mayor permeabilidad con la sociedad civil”. En el caso institucional, por ejemplo, podemos ver un cambio de paradigma de la mano con la definición de la “Estrategia de los Tres Vectores”, para luego modificarse por las actuales “Áreas de Misión”. Estas áreas van de la mano con una mayor participación en el quehacer nacional y una mayor interacción con la sociedad civil.
Así como las misiones de las FF.AA. han ido mutando en base al contexto y relación con la civilidad, la forma en que éstas se organizan y adaptan a la sociedad como tal también debe requerir cambios. La modernización en el equipamiento, los medios y los avances tecnológicos, por ejemplo, son una realidad cada vez más incontenible. De esta forma, así como existe una premura y entendible necesidad por disminuir esta brecha, en base a los requerimientos de cada Estado en el contexto en que se desenvuelven, no debe desconocerse la misma necesidad en cuanto a la “modernización” de la sociedad a la que pertenecen y su eventual impacto en aspectos como reclutamiento, retención, motivación y legitimidad social, además de “cómo cerrar la brecha de valores entre las nuevas generaciones que ingresan a las instituciones y los valores declarados por las distintas ramas de las FF.AA.” (Piuzzi, 2018).
El mismo autor destaca que “la influencia que tienen los cambios en las sociedades, en los grupos sociales y en las organizaciones, ha sido un tema central en la sociología” (2018), por lo que recalca en relación a las FF.AA. y la singularidad de lo militar que “…más que cualquier otra institución u organización, es vital mantener una visión clara y un monitoreo permanente de su realidad frente a los cambios y transformaciones”. Es en este marco que los conceptos de modelo “institucional” y “ocupacional” vienen a responder cómo una institución castrense define su interacción con la sociedad. ¿A qué modelo responde la Armada de Chile? ¿Es hora de un cambio de rumbo de cara al futuro? ¿Es parte de las preocupaciones de los oficiales subalternos?
Los modelos Institucional y Ocupacional
La tesis de la existencia de ambos modelos como formas de organización de las FF.AA. nace de lo planteado por el sociólogo militar Charles Moskos, en base al caso de EE.UU. luego de analizar la evolución del sistema militar desde la guerra de Vietnam hasta la consolidación de un ejército profesional y voluntario a fines de la década de los 70. Luego de su análisis, visualizó la transición desde un sistema de conscripción y basado en valores como el sacrificio, honor y disciplina, a uno en el cual las FF.AA. eliminaron el servicio militar obligatorio, tornándose hacia un sistema de ingreso motivado por beneficios económicos, educación y experiencia laboral incentivado por bonos y condiciones contractuales.
Es fácil exagerar el contraste entre ambos modelos y caracterizar a las FF.AA. enteramente como un tipo u otro (Moskos, 1991, como se cita en Malamud, 2014), y como todo, en general, tiene matices que considerar. Bien lo plantea Zygmunt Bauman mediante el concepto de “modernidad líquida”. A través de este concepto, Bauman intenta describir desde el punto de vista sociológico, cómo las relaciones humanas, las identidades, los trabajos, y las estructuras sociales en general se han vuelto inestables, cambiantes y frágiles en la época actual.
Las FF.AA. tienen autonomía, pero aun así tienen una dependencia inevitable a las tendencias del entorno que las rodea. “La dimensión militar no es estática, tampoco permanece atada a principios o dogmas que la caracterizan en un determinado período, sino que evoluciona al igual que toda estructura social, se reforma y se adapta…” (Queirolo, 2020). La característica fundamental del modelo institucional es que se legitima en términos de valores y normas (un ethos); lo anterior conlleva, en el tiempo, una vocación de servicio para sus miembros. Es de esta forma que sus integrantes tienen una fuerte identificación intragrupal que coayuda hacia un bien común por sobre lo individual (Malamud, 2014). De esta forma se desprende que el modelo institucional se basa en aspectos tradicionales, sin retribuciones tangibles y sustentando en simbolismos.
En contraste, la “ocupación” está definida en términos contractuales del mercado laboral y es este el instrumento que la regula, por lo que responde a sus lógicas (Gutiérrez, 2003). Los criterios de oferta y demanda predominan por sobre los valores normativos (Malamud, 2014), y sus integrantes priorizan lo individual en contraste con lo grupal, con un menor arraigo hacia lo no tangible. En términos generales, este tipo de modelo tiene un carácter utilitario y enfocado a objetivos más que a la forma.
Ambos modelos se basan principalmente en las personas y en cómo desarrollarán su relación con la institución. Si bien la tesis de Moskos planteaba ambos modelos como contrapartes, también acepta que en la práctica ambos conviven y generan instituciones que se adaptan en ambas formas de manera mixta.
Debemos tener en consideración que el personal castrense es una muestra de la sociedad y no un grupo social aislado. Esta permeabilidad es cada vez mayor en la actualidad y se ve potenciada por sobre todo debido a las dinámicas del entorno, viéndose materializado, por ejemplo, en las reformas en los modelos educacionales, conscripción, transparencia, vinculación con el mundo civil en áreas de innovación, entre otras materias en las cuales las FF.AA. han tenido una mayor apertura. Si bien esta permeabilidad responde a los cambios sociales, también se debe tener en cuenta que deben existir matices que se adapten a la realidad particular de las instituciones. Así como Piuzzi (2018) habla de la “singularidad de lo militar”1 para establecer un marco, nosotros, de igual forma debemos tener definida nuestra singularidad naval (el ethos naval). Sin duda, el grupo social que se genera en la dotación de un buque debe contener estructuras específicas que le permitan generar una dinámica de funcionamiento para ese entorno particular.

Figura Nº1: Modelo Institucional versus Ocupacional.
(Fuente: Malamud, 2014)
Las valoraciones sociales
En los primeros párrafos de este artículo, se dieron a conocer algunos ejemplos de percepción interna de oficiales sobre distintos aspectos de la institución, algo así como una valoración organizacional. De manera externa, la percepción de la sociedad sobre sus instituciones permanentes tiene un rol relevante a la hora de definir la visión de las mismas, por lo que el modo en el cual se concibe cada una de ellas, en mayor o menor medida, dependerá del grado de importancia que se le otorgue a estas valoraciones sociales que se entrelazan directamente con los cambios sociales, por ende son dinámicas y responden a cada época. Para García (2002) las sociedades postmodernas, contextualizadas en el período posterior al término de la Guerra Fría, producen un cambio en los valores modernos e incorporan un fuerte relativismo, materializado en el pluralismo, fragmentación, heterogeneidad, permeabilidad y ambigüedad. Lo anterior complejiza aún más las valoraciones sociales.
En esta línea podemos destacar por ejemplo los resultados de la encuesta Plaza Pública de CADEM Nº569 del 2024, en donde la aprobación de la Armada por parte de la sociedad alcanzó un 79%, ocupando el segundo lugar entre treinta,2 tendencia que se ha mantenido por lo menos en el último lustro. En un área más detallada, la 6ta Encuesta de Percepciones sobre Política Exterior y Seguridad (AthenaLab-IPSOS, 2025) confirma que la sociedad chilena mantiene la tendencia de atribuir tareas distintas a las tradicionales del poder duro a las FF.AA., arrojando como resultado que el público general3 percibe que el combate al narcotráfico es una tarea fundamental en un 68%, y la ayuda ante desastres naturales en un 73%, ambas al mismo nivel de significancia que la defensa a la soberanía con un 70%.
Se puede inferir que la institución ha tomado acción sobre los aspectos mencionados, siendo la tendencia positiva que se puede apreciar en más de una encuesta resultado de la previsión oportuna a los cambios de la sociedad postmoderna.
Algunas reflexiones e inquietudes personales
Para dar respuesta al primer objetivo y dar el puntapié inicial para comenzar el debate a futuro, se estima necesario que los oficiales, sobre todo quienes se encuentran en los primeros grados de la carrera, sean capaces de tomar protagonismo y no ser meros espectadores del devenir institucional. Lo anterior, basado principalmente en que sean mejores profesionales y tener sentido de pertenencia con la institución a la cual sirven de manera voluntaria. Además, al ser los encargados de liderar en un nivel “táctico” al personal, tienen la responsabilidad y oportunidad de conocer de primera fuente cuáles son sus motivaciones, críticas y preocupaciones, desde una mirada contemporánea y probablemente ligada a la realidad sociocultural.
Temas como: el ascenso por mérito,4 las calificaciones, otras formas de ingreso a la institución (como para universitarios en EE.UU.), el uso de tatuajes o barba, la meritocracia y diferenciación efectiva, replantear los incentivos para una carrera operativa en oficiales y gente de mar, la modernización de las especialidades,5 el apego hacia un modelo institucional, ocupacional o mixto, el paternalismo, la vida privada, las sanciones económicas a las faltas, entre muchos otros temas, podrían ser algunos de los que pueden ser abordados y debatidos con espíritu de aportar y no solo criticar. ¿Qué valoración tiene un Marinero o Subteniente sobre el recientemente publicado Modelo de Liderazgo de la Armada (2024)? Creemos que es un ejemplo de las preguntas, a ratos incómodas, que deben plantearse.
De esta forma, la toma de decisiones que impactan a la institución como un grupo social podrían considerar el punto de vista de la parte inferior de la pirámide, algo así como una estructura vertical con bottom up, materializada en grupos de trabajo aleatorios designados para debatir sobre temas asignados, y cuyo producto sea un informe que eventualmente podría ser utilizado como otra fuente más de información para la toma de decisiones. La tecnología actual permite realizar esto de manera simple y efectiva.
En otra propuesta, y con motivo de mantener los incentivos hacia la carrera (sobre todo la operativa, nuestra razón de ser), se podrían generar convenios para que cierta cantidad de oficiales y gente de mar obtenga becas completas o parciales para estudiar carreras afines y útiles para el servidor y el servicio.6 Claramente, esto en base a un sistema de postulación objetivo que premie a los mejores, otorgando por ejemplo, más opciones de desarrollo de carrera en la institución para aquellos que finalicen sus estudios, mitigando así las posibilidades de que en el futuro el mercado laboral sea más llamativo.
Aspectos contemporáneos de la institución como el concurso de admisión especial para Mecánicos de Maestranza, el incremento en la planta de personal del Escalafón Litoral, la creación del CITA,7 el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval, la presencia activa en redes sociales, entre otros, son ejemplos de que se está tomando acción en cuanto a la interacción con la sociedad. Nuestro ethos nos define, por lo que las adaptaciones motivadas por los cambios sociales deben ser tratadas con esto presente. Los desafíos que puedo apreciar desde el desconocimiento de fondo, tienen más relación con las valoraciones internas y el eventual cambio hacia un modelo levemente menos institucional, manteniendo siempre como eje principal el personal, motor principal de esta importante institución permanente del Estado, cuya misión principal no debemos olvidar: ganar la guerra en el mar.
BIBLIOGRAFÍA
Reflexionar sobre la conciencia moral constituye un camino a la comprensión sobre la excelencia de la persona humana, a ...
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Año CXXXX, Volumen 143, Número 1010
Marzo - Abril 2026
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