Revista de Marina
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El torpedo que viajó en carreta

  • Sergio Trujillo Meléndez

Por Sergio Trujillo Meléndez

  • Fecha de recepción: 08/11/2021
  • Fecha de publicación: 31/08/2022. Visto 69 veces.

Aproximadamente 100 kilómetros al norte de Talcahuano, existe un fundo denominado “Monte Zorro”, el cual limita con la costa. Es ahí donde el pescador Ignacio Placencia, mientras caminaba por la playa, luego de un temporal, en busca de algún objeto que arrojase el mar, un 19 de febrero de 1920 descubrió un cuerpo extraño semi enterrado en la arena. El sol se reflejaba como si fuera un espejo. El pescador se aproximó con cautela al extraño objeto, constatando que su parte delantera estaba completamente enterrada en la arena, su parte posterior se veían un par de aspas como las del motor de un bote.

El hombre, profundamente consternado ante el extraño y desconocido objeto, le comentó a otros pescadores, los cuales con un par de caballos lograron sacarlo de la arena. Es ahí donde se aproximó otro pescador, que había estado en la Armada y que reconoció el objeto como un “instrumento de guerra” denominado torpedo. Es así como los presentes decidieron dejarlo cubierto con ramas y acudieron al comandante de armas del Itata, el cual, al enterarse del arma descubierta, decidió informar al Comandante en Jefe del Apostadero Naval de Talcahuano, contraalmirante Fontaine. El almirante le informó al Director de la Escuela de Torpedos, capitán de fragata Anselmo Carabantes, el cual indicó que el torpedo debía ser transportado al apostadero.

De esta manera, se comisionó al cabo primero Juan González, especialista en torpedos, para ir en busca del arma, con el jefe del apostadero entregandole un oficio, para ser presentado al comandante de armas del Itata.

Mientras el cabo González se encaminaba a la estación donde tomaría el tren que lo llevaría a Coelemu, recordaba las palabras del subdirector de la Escuela:

   “Mire mi cabo, cumpla la comisión ordenada y recuerde que de cualquiera manera debe llegar con el torpedo a la Escuela”.

Al llegar a Coelemu, González debió cambiar su medio de transporte por un caballo. Entre miradas curiosas por ver un marinero montado, el cabo González llegó a Quirihue. Es ahí donde un carabinero, luego de saludarlo, lo encaminó hasta la oficina del comandante de armas del Itata. Ante la atenta mirada del oficial, el cabo González respondió a cada una de las preguntas relacionadas sobre el arma en cuestión. Luego del interrogatorio, el interlocutor le comentó que partiría al día siguiente junto a un carabinero hacia el fundo.

Luego de diez horas a caballo, los jinetes llegaron al fundo “Monte Zorro”, donde fueron recibidos por su dueño, el señor Bredickers. A la mañana siguiente se encaminaron hacia la playa donde estaba oculto el torpedo. Una vez inspeccionada el arma y con la certeza de que no estaba activada, el cabo emprendió la difícil tarea de transportarlo. Muchos curiosos se habían aproximado a la playa, por lo cual entre todos intentaron moverlo sin éxito, junto a unos caballos. Es así que se decidió contratar una carreta con la cual transportar el torpedo hasta la estación de trenes más próxima. Luego de una compleja maniobra de izado del torpedo, la carreta tirada por dos bueyes logró llegar hasta Quirihue. En la plaza, la curiosa caravana fue recibida por un gran número de gente encabezado por el comandante de armas, donde el cabo González les dio una pequeña explicación del arma en cuestión y su función. Al finalizar sus palabras, la totalidad de los presentes estalló en aplausos, vivando a la patria, a la marina y al comandante Arturo Prat, oriundo de Ninhue, localidad próxima a Quirihue.

Durante el recorrido en carreta hacia Coelemu, la caravana fue escoltada por algunos carabineros montados a caballo. Una vez en Coelemu, el torpedo fue traspasado a un vagón de carga hasta Tomé. Aquí el arma fue trasladada a un remolcador de la Armada con la ayuda de un curso de alumnos torpedistas de la Escuela. Al arribar a Talcahuano la comitiva fue recibida por el Comandante en Jefe del Apostadero Naval, el director y los oficiales de la Escuela de Torpedos. Es así como un torpedo cambió su medio habitual de transporte para ser trasladado en carreta y ferrocarril.

Esta historia verídica fue protagonizada por el cabo primero Juan González, el cual luego de una larga carrera naval fue ascendido al grado de Suboficial Mayor torpedista. El relato fue extraído de la extinta Revista de la Escuela de Torpedos y Electricidad.

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