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Antisubmarine warfare. Current and future

Guerra antisubmarina, presente y futuro

  • Received at: 20/08/2021
  • Published at: 23/12/2021. Visto 368 veces.
  • Abstract (spanish):

    En el marco de la celebración del centésimo noveno aniversario de la especialidad de Torpedos y Armas A/S, el autor, apoyándose en una breve reseña de la evolución de la guerra antisubmarina, nos plantea los desafíos para los especialistas en medio del vertiginoso avance de la tecnología

  • Keywords (spanish): multiestatismo, guerra antisubmarina, Guerra Antisubmarina.
  • Abstract:

    In this year´s commemoration of the 109th anniversary the Chilean navy´s Torpedo and ASW branch, the author, based on a brief review of the anti-submarine warfare evolution, formulates the challenges for the branch`s specialists, amidst the staggering technological progress.

  • Keywords: Anti-submarine warfare, multi-statism.

La tecnología avanza vertiginosamente abarcando todas las áreas imaginables. Vivimos la cuarta revolución industrial donde la información y comunicación se hace cada vez más sencilla, efectiva e inmediata. El internet de quinta generación, el internet de las cosas, el Big Data, la robótica, son conceptos que están en pleno uso y desarrollo, proliferando en todos los ámbitos de las ciencias, donde evidentemente la guerra, y particularmente la guerra antisubmarina, no está ausente.

Si nos imaginamos tan solo unos años más adelante, con la proyección actual de avances en las áreas de la robótica e inteligencia artificial, surge la pregunta: ¿Cuáles son los desafíos para los especialistas del futuro? y, más aún, ¿Cuál es la función y responsabilidad de los especialistas del presente y del pasado?

A través de una breve reseña sobre la evolución de la guerra antisubmarina y lo que viene en el futuro, se buscará dar una respuesta a la interrogante planteada.

Almirante David G. Farragut

Damn the torpedoes, full speed ahead!

Durante la batalla naval de bahía Mobile, en el marco de la guerra de secesión estadounidense en 1864, el almirante David G. Farragut tenía un problema: debía entrar con su flota en la bahía Mobile, la cual se encontraba minada, sin tener ningún indicio de dónde estaban las minas y, por tanto, por dónde navegar con sus 18 buques. En este escenario de incertidumbre sobre cómo proceder fue que pronunció su famosa frase: “Damn the torpedoes,1 full speed ahead!”, mandando al diablo a las minas y ordenando toda velocidad a sus unidades por donde él creyó conveniente navegar. Pese a que finalmente Farragutlogró cumplir con sus objetivos propuestos (ingresó a la bahía sin bajas y posteriormente derrotó a los Confederados), con una mirada más actual, el Manejo de Riesgo Operacional (MRO) ¡aumentó al infinito! Si su acción fue correcta o no, es materia de otro estudio, lo importante es que el problema que tuvo Farragulo llevó a tomar excesivos riesgos para su flota y obligó a la búsqueda de soluciones.

La batalla naval de bahía Mobilees uno de los muchos ejemplos que demuestran cómo se ven dificultadas las operaciones debido a la falta de claridad del panorama antisubmarino.

El origen de la guerra antisubmarina es incierto, pero se cree que ya a comienzos del siglo XIV artificieros chinos inventaron los primeros artefactos de explosión submarina destinados a hundir embarcaciones menores, generándose ya, desde esos momentos, los primeros problemas de obtención y compilación del panorama submarino. Durante el siglo XVI se cuenta con registros en Occidente sobre la fabricación y uso de artefactos que cumplían el mismo propósito, pero ya con notables mejorías en cuanto a alcances, maniobrabilidad y precisión. En el siglo XIX se experimenta el primer gran salto tecnológico, al pasar de artefactos explosivos estáticos a otros móviles autopropulsados, siendo considerado el primer ataque entre unidades de superficie el lanzamiento de un torpedo desde el cazatorpedero Lynch al blindado Blanco en la guerra civil chilena en 1891.

Durante la Primera Guerra Mundial, los submarinos alemanes causaron estragos en los buques de superficie aliados, obligando a modificar las estrategias de navegación y crear nuevas tecnologías para contrarrestar el poderío submarino. En el periodo entre-guerras, se iniciaron importantes avances en la investigación y desarrollo para contener esta amenaza. Francia, Inglaterra, Italia y Estados Unidos lideraron los esfuerzos para la invención del ASDIC, el sonar activo actual, modificaron las estrategias de navegación, ocupando el convoy protegido como una medida de protección, sumado a incipientes nuevas tecnologías y mayores alcances para los torpedos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, basándose en la experiencia previa, se buscó incrementar los alcances y la precisión, incorporando los torpedos convencionales, armas livianas como cargas de profundidad que, junto al daño en sí, limitaban la capacidad de escucha de los sonares enemigos. Además de dar los primeros pasos en cuanto al uso de aviones en beneficio de la guerra antisubmarina.

Los temidos submarinos alemanes U-Boot.

Durante la Guerra Fría se consolida el uso del binomio buque-helicóptero, el uso del sonar activo y de armas antisubmarinas tipo ASROC. Los submarinos balísticos y posteriormente los nucleares, nuevamente hacen cambiar las tácticas de los procedimientos ASW.2 Inglaterra construye sus primeras fragatas diseñadas especialmente para la guerra A/S, nuestras conocidas Leander.

En una época ya más actual, se continúa con la innovación, incluyéndose los sonares de profundidad variable y los remolcados, señuelos electromagnéticos remolcados y se intensifica la construcción de buques especialmente diseñados para la detección y neutralización de la amenaza submarina, entre muchos otros.

Mirada a un largo (¿o corto?) plazo

A lo largo de esta breve reseña, vimos que tanto los chinos del siglo XIV, como el almirante Farragut;y nosotros, en la actualidad, seguimos intentando resolver el mismo problema: cómo obtener la claridad del panorama antisubmarino para detectar y atacar antes que lo haga el submarino.

Las condiciones de borde han cambiado mucho, el cambio climático también ha influido en la guerra antisubmarina, dado que nuestro medio de acción, los océanos, también han cambiado. La temperatura se ha elevado considerablemente durante las últimas décadas y la salinidad ha aumentado en las zonas subtropicales (Curry, Dickson, Yashayaev, 2006), ¡dos factores que afectan directamente a la velocidad del sonido!

El ruido marítimo de fondo casi se ha duplicado en cada década y las interferencias de radiofrecuencias han aumentado notablemente (Perkins, 2016). Además, los submarinos están siendo cada vez más silenciosos gracias a sus mejores diseños de casco, propulsión independiente de aire, sistemas de cancelación de ruido y de interferencia acústica. Se estima, entonces, que prontamente podría existir una paridad sonora, es decir, que los submarinos podrían, incluso, ser más silenciosos que el ruido ambiental del mar (Clark, 2015). Lo anterior ha provocado que los sensores tradicionales de búsqueda y detección, el sonar pasivo, hayan caído en sus alcances de detección, estimándose que prontamente los sensores tradicionales llegarán a una obsolescencia tecnológica (Perkins, W. , 2018).

A todas luces, el panorama no se ve sencillo, el desafío se hace aún mayor y ya se está trabajando en encontrar las soluciones, por ejemplo:

  • Pese a que se encuentra aún en fase de pruebas, se espera que en un futuro muy cercano ya pueda operar satisfactoriamente el multiestatismo, que se podría definir como “la capacidad de tener contacto en la pantalla de un sonar en modo pasivo, a un submarino con el traqueo y características enviadas por otro sonar operando en modo activo” (Guzmán, 2018). Con este método se logra una mayor cobertura de vigilancia y detección, evitando sobre-exponer a las unidades de superficie pudiendo interoperar entre distintos sensores, por ejemplo, entre una gran red de sonoboyas que comparta la información con sonares de casco o de profundidad variable o con cualquier otro medio de detección. En definitiva, una gran red de información traspasada y compartida en tiempo real entre sí, sin sobre exponer a las unidades (Gutiérrez de la Cámara, 2016).

Otra área que ha tenido importantes avances es el uso de Vehículos Autónomos Submarinos (AUV). Potencias en esta área como Estados Unidos, Japón, Noruega y Francia, han hecho evolucionar a los ROV (Remotely Operated Vehicle), buscando sacar de la ecuación al operador presencial, cambiándolo por un computador integrado que, dentro del mismo dispositivo, opera de forma independiente, con la ventaja asociada de reducir los tamaños de los artefactos y así las posibilidades de detección del mismo. Además, se permite operar con mayor libertad en área complejas, eliminando la posibilidad de poner vidas humanas en riesgo directo en operaciones de Medidas Contra Minas (MCM), vigilancia de puertos e ISR,entre otras. Por ahora, la generación y almacenamiento de energía para una gran autonomía, sería uno de los principales conceptos a desarrollar y perfeccionar por parte de los investigadores (Martin, 2019), pero de acuerdo a la Ley de Moorerespecto al avance de la tecnología, esta brecha debiera ser rápidamente cubierta. De igual forma, los sistemas de lanzamiento y recuperación de dispositivos, cuando se opera en aguas enemigas, es algo que aún se analiza y se espera mejorar.

Hasta el momento los AUV se han desarrollado principalmente para usos civiles y comerciales, particularmente en rescates submarinos y en las industrias petroleras y de gas. Una rápida mirada en fuentes abiertas demuestra grandes avances en el ámbito civil de los ROV y AUV, pero ¿Cuánto tardará en cambiarse el foco y utilizarlos concretamente para, por ejemplo, la detección y ataque a submarinos enemigos, en una sanitización de área o para una inspección submarina de cascos o en un Zafarrancho Rana? “Los vehículos autónomos han superado la fase experimental y en los próximos años veremos su uso regular en las operaciones navales” (Conforto, 2009).

ROV (Remotely Operated Vehicle)

Las empresas españolas SAES (electrónica submarina) y Navantia (construcción naval), están desarrollando dentro de su programa “Puertos 4.0” un prototipo de UAV llamado ACASUB, para defensa de puertos ante posibles amenazas submarinas que incorpora monitorización en tiempo real, estimación de fuente de ruido, detección de objetos y envío de señales acústicas a buceadores en el área y a una central convenientemente posicionada (Carrasco, 2021). Considerando la trascendencia que tiene el comercio marítimo para la economía mundial, ¿Cuánto tardará la norma ISPS en definir el estándar Puertos 4.0 para los puertos a nivel global?

También se han iniciado investigaciones que buscan “pensar fuera de la caja”, “explorar los océanos azules” (Mauborgne, 2015), buscando alternativas a la detección que ha predominado en las últimas décadas, la detección acústica. Se espera desarrollar tecnologías que puedan, por ejemplo, detectar las emisiones químicas y radiológicas de los submarinos, hacer rebotar la luz láser en los submarinos para hacerlos visibles o detectar los diminutos cambios en los niveles de la superficie del océano, los patrones de las olas o las temperaturas del océano cuando un submarino pasa por debajo (Hicks, Clark, Perkins, 2016). Ideas que por ahora parecen novedosas e inalcanzables, pero que cada vez nos harán más sentido.

Por otra parte, la Inteligencia Artificial (AI) tampoco excluye a la guerra antisubmarina. A modo de ejemplo, ya se estudian sistemas de AI que, junto con detectar al enemigo, podrían estudiar y predecir sus contramedidas, actuando previamente para estar siempre un paso adelantado:

de esta manera los sistemas de inteligencia artificial deberían estar entrenados en el estudio del enemigo y de las posibilidades que hay en un momento determinado y en un lugar concreto. Esto se basa en el estudio de las posibilidades de maniobra del enemigo y la probabilidad de que cada posibilidad suceda (Herranz, 2020).

En un futuro cercano se visualizan redes itinerantes de sonoboyas que busquen y mantengan el traqueo permanente de submarinos enemigos y que entreguen la solución de fuego a plataformas no tripuladas convenientemente posicionadas, muy alejadas de la Torpedo Danger Zone (TDZ). O la creación de barreras submarinas en zonas de interés para dar protección a zonas focales. Y lo que podría convertirse en un tema de suma importancia en un futuro muy cercano: la vigilancia, protección y defensa de los cables submarinos que proveen internet al mundo entero.

Recordarán la película La Caza del Octubre Rojo (1990), cuando el experimentado operador de sonar Jonesey logró corregir a su base de datos y a través de su conocimiento y experiencia (pero sin perder el apoyo de la tecnología), logró detectar e identificar al nuevo y moderno submarino soviético. ¿Cuánto falta para que, gracias a la AI, tengamos millones de Jonesey compactados en un tamaño menor a un teléfono celular? Al menos con Big Data ya se está intentando. Gracias a paquetes de datos de gran escala se busca que los nuevos submarinos:

puedan ser detectados por comparación del modelo que se espera del ruido ambiente, vida marina, olas y fenómenos sísmicos, con el generado cuando estos sonidos son reflejados en el casco de un submarino. Todo conectado a pequeñas centrales acústicas submarinas para procesar la información, las que podrán ser instaladas en el fondo del mar o ser itinerantes para una mayor protección de los datos” (Señán, 2016).

¿Entonces, qué haremos los torpedistas?

Hemos visto un rápido avance en la tecnología desde aquellos lejanos artificieros chinos hasta prototipos con uso de AI orientados a la guerra antisubmarina, donde la labor informática va supliendo cada vez más la tarea humana. Entonces, ¿Qué responsabilidad nos cabe a los torpedistas del futuro, del presente y del pasado?

Para los nuevos especialistas, se prevé una tarea clara. Para ustedes la consigna es adquirir y mantenerse actualizados en los conocimientos asociados con la revolución tecnológica, obteniendo con tan solo unos click, toda la información que estimen necesaria. En los tiempos que vivimos resulta incomprensible un mal manejo del idioma inglés, de programación, de electrónica, incluso de robótica, pues son ustedes mismos quienes usan (¡y a veces abusan!) de la tecnología. El desafío es dejar la comodidad del usuario, dar el salto de calidad y entrar en las máquinas, conocer su funcionamiento y replicar su uso en base a sus propias motivaciones y desafíos.

Para los especialistas contemporáneos, nuestra tarea es cimentar las bases, entregar los recursos necesarios (en un amplio sentido) y exigir que nuestros relevos puedan dar ese salto de calidad. La motivación, la mantención de tradiciones y liderar el cambio cualitativo es nuestra tarea.

Pero no podemos caminar hacia el futuro sin mirar el pasado, y es ahí donde los antiguos torpedistas deben dejar su huella. Sin importar cuánta tecnología se pueda alcanzar, siempre será necesaria esa mirada desde la experiencia, las vivencias en terreno, desde las cuales posteriormente se modelan digitalmente las necesidades.

Una máquina no deja de ser eso, una máquina, a la cual hay que programarla y enseñarle siempre desde lo más básico. Aun con cambios en las condiciones de borde, como son las nuevas tecnologías de los submarinos y el cambio en la composición de los océanos, somos nosotros quienes debemos estudiar esos cambios y programar las posibles soluciones.

La tecnología, sin dudas, es una extraordinaria herramienta que debe ser utilizada, pero no es infalible. ¿Alguna vez Waze lo envió a un lugar incorrecto? ¿O su algoritmo no detectó desvíos que hicieron imposible continuar por el camino sugerido? O, peor aún, confió absolutamente en su dispositivo y en medio del camino quedó sin señal, sin saber luego dónde ir.

Un principiante seguiría a fe ciega a Waze; sin embargo, un viejo lobo de mar, gracias a su experiencia y pericia marinera, podría advertir (al igual que Jonesey) que algo no anda bien y enmendar antes que sea demasiado tarde.

El desafío para todos los especialistas en torpedos y armas A/S está planteado, debemos hacer frente al futuro, sin olvidar nuestro pasado y seguir manteniendo en alto el compromiso profesional y la particular mística de nuestra especialidad.


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BIBLIOGRAFÍA:

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  • Curry, R., Dickson, B., & Yashayaev, I. (2006). Cambios en la salinidad de los océanos. 
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  • Señán, J. D. (2016). Boletín de pensamiento estratégico.

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