Revista de Marina
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Fortalezas y debilidades de la formación naval

Fortalezas y debilidades de la formación naval

  • PABLO MÜLLER CONTRERAS

By PABLO MÜLLER CONTRERAS

  • Received at: 17/01/2023
  • Published at: 31/08/2023. Visto 719 veces.
  • Abstract (spanish):

    El propósito de este artículo es destacar aquellos aspectos positivos de nuestra formación e identificar otras características que, sin ser negativas, no contribuyen al cumplimiento de nuestra misión. Entre las fortalezas destacan el trabajo en equipo, el fomento a la libertad de acción, y la capacidad de análisis. Y entre las debilidades percibidas por el autor se nombran las dificultades para expresar ideas por escrito y una preparación insuficiente para enfrentar la vida civil.

  • Keywords (spanish): análisis, Fortalezas, debilidades, trabajo.
  • Abstract:

    This article highlights the positive aspects of our naval training process and identifies other features that, while not detrimental, do not contribute to the Navy´s mission accomplishment. Among the strengths, it outlines teamwork, fosters freedom of action, and analytical skills. Among the weaknesses, this study considers the difficulty of expressing ideas in writing and an insufficient preparedness to face civilian life.

  • Keywords: analysis, Strengths, weaknesses, work.

Solamente es posible darle la justa dimensión a lo que se tiene y evaluar sus bondades y debilidades cuando se lo puede comparar con otras organizaciones o cuando se pierde. El propósito de este artículo es destacar aquellos aspectos positivos de nuestra formación e identificar otras características que sin ser necesariamente negativas no contribuyen adecuadamente al cumplimiento de nuestra misión. He identificado 8 fortalezas y 3 debilidades, que son las que a mí me han llamado la atención por haber resultado evidentes en el transcurso de mi vida profesional.

Nuestras fortalezas

Trabajo en equipo: Hoy es más difícil tomar decisiones que antaño; es una paradoja: el volumen de información disponible es mucho mayor, pero procesarla es un trabajo más complicado. El mundo es un sistema complejo, ya que está dominado por variables relativamente predecibles (como el tiempo, el rendimiento de los sistemas y las condiciones de propagación) y otras que son aleatorias (la reacción de la población del territorio donde se va a operar, la actitud o posición que van a tomar los medios de comunicación, el impacto de las redes sociales y la economía). Si a lo anterior sumamos la trazabilidad de los procesos de toma de decisión, que antiguamente no existía o era muy precaria, quien toma una decisión se ve además sometido a la presión de considerar, consciente o inconscientemente que, dependiendo del resultado, lo que decida podrá ser investigado para determinar si su decisión fue correcta1.

El trabajo en equipo es una característica inherente a nuestra profesión. En una maniobra de zarpe, izando o arriando una embarcación, en el puente de un buque, en un reaprovisionamiento de un faro, etc. todos entienden que el éxito de la tarea depende de que cada uno cumpla bien su trabajo. Aunque finalmente el oficial o suboficial a cargo es quien toma la decisión, lo hace después de haber escuchado la información y opinión de sus subalternos. Parece obvio, pero en otras actividades profesionales no lo es tanto. Muchas veces los dueños o jefes de una empresa tienen una dilatada experiencia haciendo lo mismo y les cuesta mucho prescindir de su instinto y no aplicar soluciones que en su carrera les han dado buenos resultados. Por su parte, el comandante de un buque no puede realizar, sin el concurso de su dotación, todas las actividades necesarias para que su unidad sea un sistema eficaz y eficiente; necesita el trabajo en equipo; necesita que sus subalternos entiendan qué está haciendo y por qué y para esto requiere de su aporte.

Fomento de la libertad de acción: Uno de los conceptos más apreciados por los marinos es la libertad de acción, entendida como recibir una orden en términos de “efecto deseado” y no de “acción a emprender"2, sin que el superior le dé detalles de cómo la debe cumplir. Un comandante de un buque auxiliar detestaría que en la tarea para reaprovisionar un faro se le indicara cuándo zarpar, cuántas embarcaciones llevar, a qué hora realizar la maniobra, dónde esperar buenas condiciones, etc. Por supuesto la tecnología ha hecho que esta libertad de acción se vea afectada. Lejos están los días cuando con la última espía los buques cortaban toda comunicación y el comandante podía tener la libertad para cumplir su misión aplicando sus conocimientos y experiencia. La travesía del almirante Graf von Spee desde China a comienzos de la Primera Guerra Mundial tuvo como característica una amplia libertad de acción, lo que le permitió amenazar efectivamente el tráfico marítimo británico en el Pacífico3. Por otro lado, esa misma libertad de acción llevó al almirante Juan Williams Rebolledo a mantener el bloqueo en Iquique, con las consecuencias por todos conocida.

Tradición y doctrina: La tradición es un compromiso con la historia institucional y con el legado que han dejado quienes nos han precedido, en especial con aquellos que han rendido su vida en el cumplimiento del deber o que han sobresalido en su trayectoria profesional. Tiene directa relación con lo que se ha venido a llamar el estilo naval, una manera de hacer las cosas de la cual nos enorgullecemos. Esto atraviesa todo nuestro ámbito de acción, desde las relaciones personales hasta lo operativo. Debemos recordar que muy pocas organizaciones en el país pueden mostrar en su currículum una historia de más de 200 años. La tradición está sustentada en la participación que ha tenido la Armada en la historia del país, desde la Guerra de la Independencia hasta nuestros días. Acciones como la captura de la “Esmeralda”, la toma de los fuertes de Corral y Valdivia, el combate de Iquique, la captura del “Huáscar”, el desembarco en Pisagua, etc. dejaron un legado de heroísmo y eficacia del que todos nos sentimos comprometidos a, al menos, tratar de imitar. Más adelante, la toma de posesión del estrecho de Magallanes y de la isla de Pascua, la presencia en la Antártica y la contribución institucional al desarrollo nacional, principalmente a través del apoyo a zonas aisladas, han ido dejando una estela de cumplimiento del deber y servicio desinteresado al país reconocido por diferentes autoridades y la opinión pública. Por último, la participación de las fuerzas navales en contribuir a restablecer la normalidad ante emergencias o por alteraciones al orden público han permitido valorar el gran activo que significa contar con una Armada organizada, jerarquizada y entrenada para actuar ante diferentes escenarios, por exigentes que estos sean.

Pero la mera tradición no es suficiente. Se requiere una base conceptual que oriente el quehacer profesional; de otra manera, se cae en la improvisación, en la sobreestimación del instinto, en la inconsecuencia, etc. La doctrina institucional es a la Armada lo que una constitución es a un país; señala un marco dentro del cual debe desarrollarse el desempeño de cada uno de quienes la integramos. Junto con dar un adecuado margen de libertad de acción, debe, a la vez, establecer principios y valores en los cuales se deben basar los procedimientos específicos.

Capacidad de análisis y planificación: Tanto Benjamín Franklincomo Winston Churchilldijeron de diferentes maneras que fallar en planificar era planificar para fallar. Por su parte el general Dwight  Eisenhoweral recordar su experiencia como Comandante Supremo de las fuerzas aliadas para la operación Overlordseñaló que “el plan no tiene valor, pero planificar es todo”, dando a entender, con esa exagerada comparación, que incluso más importante que el plan en sí (que evidentemente es muy importante) lo es el proceso mismo de planificar ya que a través de él surge una valiosa información que a menudo ayuda a cambiar – a veces de manera radical – la idea que se tenía respecto de una capacidad, de un escenario, del tiempo disponible o de otros factores. El proceso de planificación ha ido tomando características cada vez más sofisticadas al incorporar aspectos prácticos y teóricos, particularmente a través del Arte Operacional, tales como matrices de decisión, el JIPOE8, análisis PEMSII (o PMESII-PT)9, wargaming10, etc. La fortaleza en la que se sustenta esta capacidad es la habilidad para trabajar en equipo, a la que me referí anteriormente.

En mi carrera me correspondió ver muchos análisis detallados, elaborados de acuerdo con un procedimiento preestablecido, con datos pertinentes y comprobables. Las investigaciones sumarias que se realizan en la Armada son en general bastante exhaustivas y arrojan experiencias que se traducen en normas que son rápidamente implementadas.

Conocimiento y cercanía con los subordinados: Recuerdo cuando en las Revistas de Inspección de Arribo (RIA)11 los oficiales de división debíamos aprender de memoria los datos familiares del personal que teníamos a cargo: si eran solteros o casados, si tenían hijos, si tenían algún problema económico o de salud. A esto se agregaba la obligación de realizar al menos una vez al año una visita a sus domicilios de manera de conocer otros problemas que pudieran no haber sido advertidos a través de la mera conversación. Esto era complementado por saludos de cumpleaños y visitas en caso de que tuvieran algún problema de salud que les impidiera concurrir a trabajar. Es probable que, a consecuencia de un mayor respeto por la privacidad de nuestra gente algunas de estas medidas ya no se exijan, pero ellas ayudaban a entender mejor los aspectos que pudieran influir en su desempeño profesional. Compartir con ellos horas de guardia, los riesgos de una maniobra o el cansancio de una actividad ayuda a desempeñar el liderazgo y contribuye al trabajo en equipo.

Capacidad para hablar en público: Desde las escuelas matrices nos vemos obligados a hablar en público. Los jóvenes oficiales dirigen las reuniones divisionales, coordinan lo que se va a realizar en una maniobra, motivan a la participación en las competencias deportivas, etc. De manera que hablar a un grupo de personas, cualquiera sea el número de ellos, no es algo que nos ponga nerviosos. Por supuesto no todos tienen las mismas habilidades para expresarse, pero en general todos somos capaces de improvisar algunas palabras en caso necesario. De hecho, la presentación de trabajos formales ante una comisión examinadora u otros auditorios no presenta mayor dificultad, sobre todo con las ayudas que da la tecnología que los oficiales dominan al nivel casi de expertos. No sabemos con certeza cuál fue el tenor de la arenga del comandante Arturo Prat a la dotación de la “Esmeralda”, pero si confiamos en lo que se ha difundido a través de la historia, ella hace referencia al realismo necesario ante la adversidad (“muchachos la contienda es desigual”), al liderazgo a través de la motivación (“nunca se ha arriado la bandera ante el enemigo”) y al compromiso propio y de sus subordinados para cumplir con el deber (“mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y si muero mis oficiales sabrán cumplir con su deber”). Su mensaje llevó a escribir una de las páginas más heroicas de la guerra naval mundial y es un ejemplo orientador para expresar en pocas palabras ideas y conceptos muy profundos, pero expresados de una manera tan clara que llevó a sus hombres a rendir la vida.

Mayor disposición a desarrollar una vida interior12En el acceso a la capilla de la Escuela Naval hay una piedra con una inscripción grabada que dice “el que no sepa rezar que vaya por esos mares, verá que pronto lo aprende sin enseñárselo nadie”. La exposición permanente a las fuerzas de la naturaleza, los largos períodos lejos de la familia, la vivencia de situaciones extremas en las que la vida de otras personas depende de las órdenes que uno de, etc., hacen que los marinos tengamos una mayor facilidad o necesidad para acercarnos a Dios o de al menos hacernos preguntas trascendentes. Difícil debe ser encontrar a alguien, incluso agnóstico, que no haya elevado un pensamiento hacia un ser todopoderoso en momentos de angustia cuando le reportaban desde un bote de goma que se había detenido el motor en el mismo momento en que empezaba a aumentar el viento y la altura de la ola o que ante una falla de la máquina en condiciones adversas no pidiera en su interior ayuda para que se solucionara. Después de la victoria de Chacabuco (12 de febrero de 1817), el Padre de la Patria Bernardo O’Higgins proclamó a la Virgen del Carmen como “Patrona Generalísima de las Armas de Chile”. Desde entonces y, particularmente los marinos, le pedimos su protección con la oración del marino chileno.

Sentido del humor: Esta es una característica distintiva de los marinos. Muchas anécdotas marineras han nutrido los “libros de cámara de los buques” alegrando la vida de quienes integran sus dotaciones. El ambiente en el cual desempeñamos nuestro trabajo a bordo de las unidades, en espacios reducidos, por períodos de tiempo prolongados y en lugares muchas veces deshabitados contribuyen a desarrollar el sentido del humor. Los apodos o “nombres de combate” son muy ingeniosos y prácticamente nadie se escapa a tener uno.

En la interacción con nuestras familias y amigos surgen muchas veces temas, vivencias y anécdotas que solo pueden comprender quienes hayan permanecido durante diferentes períodos de tiempo. El año 2003 se divulgó a través de las redes sociales un video hecho por un cadete (actualmente Capitán de Corbeta) en el que “rendía un homenaje” a la tenida de sarga negra, que acompañó a tantas generaciones de la Escuela Naval y que probablemente solo haya sido comprendido en su total magnitud por quienes compartimos la maravillosa experiencia de estar en esa institución.

Para nosotros es tan normal el sentido del humor que ni siquiera nos damos cuenta de su importancia. Quizás la incorporación de la tecnología, particularmente el teléfono celular que hace casi imposible no estar comunicado, atenta contra lo que los marinos llamamos “vida de cámara”, pero mientras exista un margen que nos permita cultivar el sentido del humor, debemos aprovecharlo ya que es un factor casi fundamental para enfrentar nuestra profesión y, en general, la vida.

Debilidades

Dificultad para expresar ideas por escrito: Esto pudiera parecer paradójico respecto a la fortaleza enunciada anteriormente en relación con la capacidad para hablar en público. Una persona que se expresa de buena manera, hablando con convicción y articulando ideas de manera lógica debiera poder a la vez expresar las mismas ideas en un documento, pero no ocurre así. Quienes nos desempeñamos como profesores constatamos a diario las dificultades que enfrentan nuestros alumnos para expresarse de manera escrita. Este problema es consistente con un estudio que señala que el 84% de los chilenos no entiende lo que lee13, de lo que se deduce que gran parte de nuestros ciudadanos difícilmente puede escribir algo que se entienda. Las causas son múltiples, pero una de las principales es la falta del hábito de lectura, agravada especialmente por el lenguaje que se usa en las redes sociales que incorpora una serie de acrónimos para asegurar la brevedad del mensaje. Si a lo anterior sumamos otras formas de emplear el tiempo libre que ha aportado la tecnología, como el acceso a series o películas, la lectura tiene una dura competencia. El lenguaje y su correcto empleo es fundamental para expresar ideas, sentimientos, apreciaciones, observaciones, órdenes, etc., y el lenguaje escrito – bien empleado – además permite precisar, sin lugar a equívocos dicha información. Al leer incorporamos a nuestro conocimiento estructuras gramaticales que facilitan la expresión de las ideas, haciendo que estas sean comprendidas de manera clara.

Aversión al “riesgo no-operativo”: La capacidad de asumir riesgos en actividades operativas es un aspecto que se forma a través de nuestra carrera profesional. El ejercicio de “subir por alto"14 durante el viaje en el BE “Esmeralda”, el “salto de confianza"15 o el “escape de cabina"16 son parte de esta formación. El miedo natural que se siente depende de cada persona, pero la Armada educa para enfrentar y, si es posible, mitigar el riesgo que implica este tipo de actividades. Pero otra cosa es lo que he llamado el “riesgo no-operativo” que se da en situaciones donde no existe un peligro evidente para nuestra vida o integridad física, pero en las que puede verse afectada nuestra carrera. Implica a veces tomar decisiones que nos lleven a actuar de manera contraria a lo que hemos aprendido y hecho a lo largo de nuestra vida profesional, es decir, que dichas decisiones sean consistentes con un análisis y que se ajusten al cumplimiento del marco legal y reglamentario establecido. Asumir un riesgo no-operativo significa hacer prevalecer la intuición por sobre la razón, aunque pongamos con ello en juego nuestro prestigio profesional. Muchos negocios exitosos han surgido más por una “tincada” que porque la rentabilidad esperada así lo recomendara. Pero estas decisiones que rompen con los esquemas a que estamos acostumbrados pueden generar grandes cambios positivos en el entorno, aunque la tradición, la experiencia o las normas digan lo contrario. La renuncia del papa Benedicto XVI rompió con una tradición de más de 700 años17 al renunciar en 2013, pero abrió la puerta para que otros papas que enfrenten la misma situación de deterioro físico que él experimentó lo hagan sin temor a la crítica. Cuando se analizó la posibilidad de crear un colegio para los hijos de marinos que, teniendo una formación comparable a otros buenos colegios de la zona, tuviera costo para los padres que pudiera ser pagada por ellos, una encuesta reveló que un número considerable de oficiales se oponía a esta idea ya que estimaba que aumentaría la sensación de los niños de vivir en una burbuja y los aislaría del mundo real. Pese a esta opinión contraria, el establecimiento empezó a funcionar en marzo de 1993 con 4 cursos y solo 262 alumnos18.

La ventaja de esta aversión al “riesgo no-operativo” es que protege el patrimonio institucional; pero la desventaja es que eventualmente coarta la libertad de acción y limita la creatividad. Una buena parte de los grandes avances que ha tenido la Armada en todos los ámbitos de acción se han debido a decisiones en las que quien las tomó puso en riesgo su prestigio personal ante la posibilidad de que la idea fracasara.

Preparación insuficiente para enfrentar la vida civil: Inevitablemente, después de cumplir 30 años de servicio, algunos antes y otros después, deberán enfrentar el retiro de la Armada, a una edad a la que los civiles están en uno de los períodos más productivos de su vida profesional. Este momento coincide muchas veces con un incremento en los gastos en educación, con la adquisición de una vivienda y el surgimiento de costos de servicios que no eran parte del presupuesto familiar o que no eran relevantes. Los marinos tenemos la posibilidad de ser contratados por la misma institución, pero dependiendo de la función que se desempeñe, este trabajo tendrá un período de expiración a corto plazo. Para quienes han cumplido el requisito de mando a flote, también está la alternativa – muy atractiva, por cierto – de ingresar al servicio de prácticos de canales o de puertos, situación que dependerá de la disponibilidad de vacantes que se producen año a año y que durará el tiempo restante hasta cumplir la edad límite19.

Chile se encuentra entre los países con edad de jubilación más alta (65 años para los hombres y 60 para las mujeres), pero la discusión sobre las pensiones ha hecho traer a discusión la posibilidad de subir esta edad a 67 (como en Grecia, Islandia y Noruega) o incluso hasta 70 años (Israel)20, de manera de incrementar las pensiones más bajas y enfrentar el desafío del aumento en las expectativas de vida21. Si consideramos que la edad de jubilación de los marinos oscila entre los 50 y 55 años, la vida laboral debiera extenderse en principio entre 10 a 15 años y hasta 20 años si se incrementa la edad de jubilación. Por lo tanto, es prudente considerar con anticipación qué hacer después del retiro. Pero es una reflexión que en general evitamos. Recién retirado de la Armada visité a un amigo dedicado al trabajo de head hunter para que me orientara para encontrar trabajo; me preguntó cuáles eran mis habilidades y mi respuesta fue que como marino, “le hacemos un poco a todo”, respuesta insatisfactoria ya que, siendo el mundo hoy tan complejo, nadie puede “hacerle a todo”. La empresa busca especialistas y no generalistas. Por su parte, otro amigo que es oficial de reserva y empresario me comentó que de su experiencia laboral con marinos retirados tenía la convicción de que no sabemos negociar, aspecto a veces fundamental en el mundo privado. Esto es una consecuencia evidente de nuestra formación en la que difícilmente ocupamos un cargo en que debemos negociar, dado que todos los procesos y procedimientos están claramente definidos. No se negocia ni la hora de zarpe, ni la tenida a emplear, ni los ejercicios a desarrollar, etc. Pero si decidimos emprender en el ámbito civil debemos tener conciencia de esta falencia de nuestra formación.

La Armada entrega una invaluable cantidad de herramientas para enfrentar la vida civil, pero debemos priorizar cuáles de ellas podemos usar mejor, dadas nuestras aptitudes.

Conclusiones

La formación naval provee fortalezas notables para el desempeño profesional y también para desempeñarse en la vida civil. Aspectos como el trabajo en equipo, la planificación y el sentido del humor son distintivos de nuestra manera de actuar. No obstante, también hay algunas pocas debilidades que es conveniente al menos tener presente, de manera de minimizar sus efectos si no es posible eliminarlas. Nuestra institución está en un permanente cambio y ha sido pionera en muchos aspectos de la vida profesional. La voluntad de aprender de la experiencia propia y de otras marinas es permanente. A veces los cambios toman su tiempo, pero es natural que así sea en un “buque” de este tamaño.

Bibliografía

  1. https://www.cultura.gob.cl
  2. https://ww1.issa.int/


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