Este artículo analiza el impacto del conflicto entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos en la seguridad nacional de Chile. Examina la vulnerabilidad de las Líneas de Comunicación Marítima (SLOC) en chokepoints estratégicos como el Estrecho de Ormuz, en un contexto de amenazas híbridas. Se sostiene que la alta dependencia energética del país genera una sensibilidad crítica ante estas disrupciones, lo que exige una postura marítima proactiva y el fortalecimiento de mecanismos de seguridad cooperativa.
This essay analyzes the impact of the 2026 conflict in Iran on Chile's national security, focusing on the vulnerability of Sea Lines of Communication (SLOC) in strategic chokepoints. Through maritime power theoretical frameworks, it argues that Chilean energy dependency creates a critical sensitivity to hybrid interdiction. It concludes that Chile requires a proactive maritime stance and cooperative security strategies to safeguard its economic stability and national supply.
En marzo de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha escalado significativamente tras ofensivas contra instalaciones estratégicas iraníes y respuestas disruptivas en el Estrecho de Ormuz, chokepoint[1] vital por donde transita una proporción significativa del comercio energético mundial. Aunque Chile se sitúa geográficamente distante, surge una controversia estratégica relevante: si un conflicto en Medio Oriente afecta directamente la seguridad nacional de un país en el Pacífico Sur. Mientras la visión tradicional sostiene que la lejanía reduce el riesgo, otra perspectiva advierte vulnerabilidades sistémicas en Estados dependientes del comercio marítimo. Este problema es crítico para Chile, cuya inserción internacional descansa en sus SLOC[2], considerando que 96,8% del tonelaje exportado se transporta por mar (Ministerio de Defensa Nacional, 2020) y el 97% de los hidrocarburos de su matriz energética son importados por esta vía (AthenaLab, 2020). En este contexto, la militarización de las rutas marítimas y el empleo de USV[3] plantean interrogantes sobre la resiliencia del sistema marítimo del cual depende el país. El presente ensayo postula que una escalada del conflicto entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos podría generar riesgos relevantes para la seguridad nacional de Chile por la creciente vulnerabilidad de las SLOC frente a nuevas formas de interdicción híbrida en chokepoints estratégicos y por la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección del tráfico marítimo en rutas críticas del sistema marítimo global del cual depende el país.

Mapa del Estrecho de Ormuz, clave en el conflicto entre EE.UU. e Irán.
Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional
La creciente vulnerabilidad de las SLOC frente a nuevas formas de interdicción asimétrica en chokepoints del sistema marítimo global constituye el primer riesgo sistémico que explica cómo un conflicto regional puede proyectar efectos sobre la seguridad nacional de Estados geográficamente distantes. Para comprender esta dinámica, es necesario situar el problema dentro del marco conceptual del Poder Marítimo. Geoffrey Till (2013) sostiene que el poder marítimo abarca no solo la capacidad militar, sino la protección integral del comercio y la estabilidad del sistema marítimo internacional, el cual descansa en la seguridad de los denominados chokepoints. En estos espacios, la concentración geográfica del tráfico genera vulnerabilidades estructurales que hoy son explotadas mediante amenazas híbridas. Estas se definen como actividades hostiles que combinan métodos convencionales y no convencionales – como la guerra electrónica, ciberataques o el empleo de tecnologías disruptivas – que se mantienen bajo el umbral de un conflicto armado abierto, pero poseen el potencial de desestabilizar la infraestructura crítica de un Estado (Ministerio de Defensa Nacional, 2020). De este modo, la seguridad de las rutas en el Estrecho de Ormuz adquiere una dimensión estratégica global, ya que cualquier perturbación en su funcionamiento impacta directamente la seguridad nacional de los Estados dependientes del mar (Toro, 2020).

Estrecho de Ormuz, chokepoint estratégico por donde transita aproximadamente un tercio del comercio marítimo mundial de petróleo.
Fuente: https://elordenmundial.com
La evidencia reciente de esta vulnerabilidad se observa en la crisis registrada en el Golfo Pérsico durante marzo de 2026, donde el empleo iraní de drones Shahed-136 y de USV ha generado condiciones de creciente incertidumbre para la navegación comercial. Informes técnicos han identificado episodios de interdicción híbrida mediante la distorsión deliberada de señales GPS[4] y del sistema AIS[5], afectando la seguridad de más de 1.100 buques y provocando que las aseguradoras suspendieran coberturas de riesgo de guerra en la zona (Windward, 2026). Este escenario ha forzado una reducción drástica del tráfico en un corredor por donde transita el 30% del crudo mundial, disparando los precios internacionales y los costos logísticos globales (Torres, 2025). En resumen, el empleo de capacidades asimétricas económicas, pero estratégicamente disruptivas en las principales rutas del comercio energético global demuestra que el control de las SLOC es hoy más volátil e incierto que en el pasado. En conclusión, esta nueva realidad de vulnerabilidad estructural en los chokepoints valida la tesis de que la seguridad nacional de Chile enfrenta riesgos relevantes, dada la fragilidad de las rutas críticas del sistema marítimo global de las cuales depende la continuidad de su abastecimiento energético y estabilidad económica.

Dron (UCAV) Shahed 136, sistema no tripulado utilizado en la guerra híbrida contemporánea, capaces de afectar la seguridad del tráfico marítimo.
Fuente: https://www.elindependiente.com
La imperativa necesidad de robustecer la salvaguarda de los flujos mercantes en arterias de navegación críticas representa el segundo factor de riesgo derivado de la inestabilidad en el sistema marítimo global. Para entender lo anterior, es necesario situar el análisis bajo el marco conceptual del Poder Marítimo Nacional. La Armada de Chile (2009) define este poder como la capacidad de influir en los acontecimientos que afectan los intereses nacionales, en o desde el mar, donde quiera que estos se encuentren. En este contexto, el pensamiento estratégico de Julian Corbett (2000) sostiene que el objeto de la estrategia marítima radica en asegurar el control de las comunicaciones, permitiendo el uso propio del mar para sostener las vías esenciales para la subsistencia y el desarrollo del Estado, mientras se limita dicho uso al adversario. Bajo esta lógica, la seguridad de un Estado dependiente de las SLOC no es un asunto puramente territorial, sino que se inscribe en la gestión del orden marítimo internacional, donde el interés nacional se proyecta a través del Vector Internacional. Este vector constituye una herramienta esencial para ejercer influencia estratégica y asegurar la libertad de tránsito en regiones de alta volatilidad, reconociendo que la inestabilidad en chokepoints distantes impacta directamente la seguridad nacional.
La relevancia de este imperativo estratégico se halla en la Política de Defensa Nacional (2020), la cual establece como prioridad la contribución a la estabilidad del espacio marítimo internacional y la protección de las rutas de comercio global. Chile materializa este compromiso a través de su participación sostenida en ejercicios multinacionales como PANAMAX, orientado a la defensa del Canal de Panamá, vía de la cual el país es el tercer usuario a nivel mundial. El éxito de estas misiones depende de una planificación basada en capacidades que provea fuerzas navales polivalentes, interoperables bajo estándares OTAN y dotadas de inteligencia multidimensional para anticipar amenazas híbridas en tiempo real. En resumen, la fragilidad funcional del tráfico comercial ante conflictos energéticos globales impone una estrategia de seguridad cooperativa que garantice la resiliencia del abastecimiento nacional. En conclusión, el fortalecimiento de estos esquemas de protección se configura como un requisito fundamental para la resiliencia estratégica nacional, validando la tesis de que una escalada del conflicto en Irán exige una postura marítima proactiva orientada a proteger los intereses estratégicos de Chile.
No obstante, algunos análisis sostienen que una escalada del conflicto en el Golfo Pérsico no constituye necesariamente una amenaza estructural para la seguridad nacional de Chile, debido a la capacidad de adaptación y resiliencia intrínseca del sistema marítimo global. En un entorno económico interconectado, las crisis en chokepoints tienden a generar procesos de reajuste sistémico que permiten la redistribución de flujos comerciales. Sam Tangredi (2013) sostiene que el comercio marítimo contemporáneo descansa sobre redes logísticas extensas y redundantes, capaces de absorber alteraciones localizadas mediante la reconfiguración de sus rutas marítimas. Bajo esta premisa, el sistema internacional operaría bajo una dinámica de interdependencia estratégica compleja, donde las interdicciones estratégicas en un chokepoint activan mecanismos de reajuste económico y político que funcionan como amortiguadores ante la inestabilidad regional (Thauby, 1999). De este modo, la flexibilidad del mercado mundial permitiría diversificar proveedores y rutas alternativas, evitando que un quiebre en el Estrecho de Ormuz se traduzca en una vulnerabilidad estratégica directa para Estados geográficamente distantes. En consecuencia, podría argumentarse que la dependencia comercial no implica una fragilidad absoluta, ya que el propio funcionamiento del sistema internacional provee los mecanismos de adaptación necesarios sin comprometer necesariamente la estabilidad económica ni la seguridad nacional del Estado.
Sin embargo, este planteamiento subestima la naturaleza estructural de ciertos chokepoints cuya disrupción genera una vulnerabilidad sistémica imposible de compensar mediante la elasticidad del mercado. La Doctrina Marítima Nacional advierte que las comunicaciones marítimas representan una vulnerabilidad crítica debido a la dependencia vital que el Estado tiene de ellas para sostener sus flujos esenciales. Geoffrey Till (2013) refuerza esta idea al describir el sistema marítimo global como una arquitectura de "excesiva sensibilidad", donde el comercio, motor de la civilización material, requiere protección militar constante ante su fragilidad estructural. En el caso del Estrecho de Ormuz, su alteración no produce meros ajustes marginales; la evidencia de marzo de 2026 confirma que el empleo de amenazas híbridas y tácticas asimétricas provocó una disrupción significativa del tránsito comercial. Este fenómeno se debió no solo al riesgo cinético de drones y misiles, sino a la suspensión masiva de coberturas de seguros de guerra, un factor que limita severamente la capacidad de reajuste logístico o la redistribución de flujos mencionada en la postura alternativa.
Para una economía como la chilena, que depende en un 97% de hidrocarburos importados para su subsistencia, estas disrupciones en arterias que concentran el 30% del crudo mundial se traducen en riesgos directos e inmediatos para la estabilidad nacional. El alza proyectada del barril de petróleo Brent a US$120 genera un shock negativo de oferta con efectos directos sobre la seguridad económica nacional. En consecuencia, la supuesta flexibilidad operativa del sistema internacional posee límites infranqueables frente a corredores estratégicos cuya función energética no puede ser sustituida en el corto plazo por rutas alternativas. Por lo tanto, la inestabilidad derivada de la guerra en Irán no constituye un evento geográficamente aislado, sino una interferencia directa que compromete los intereses nacionales de Chile, invalidando la premisa de que el sistema global puede absorber por sí solo el impacto de un conflicto en puntos neurálgicos de la navegación mundial.
En síntesis, el análisis estratégico permite confirmar que una escalada del conflicto en Irán constituye un riesgo relevante y directo para la seguridad nacional de Chile. La transformación del carácter del conflicto hacia un paradigma de guerra híbrida y asimétrica, donde el empleo de tecnologías disruptivas y la interdicción bajo el umbral convencional degradan la seguridad de la navegación, ha invalidado la noción de que la lejanía geográfica actúa como una barrera de protección. La evidencia de la crisis de 2026 demuestra que la vulnerabilidad funcional de los chokepoints críticos ante estas amenazas proyecta efectos sistémicos que alteran la estabilidad del comercio global. Para un Estado de condición geográfica esencialmente insular como Chile, cuya sobrevivencia y desarrollo dependen vitalmente de la fluidez de las SLOC, la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz representa una interferencia estratégica relevante. Esta situación no puede ser mitigada únicamente por la resiliencia de los mercados internacionales, ya que la degradación de la seguridad en arterias energéticas fundamentales impacta directamente en la estabilidad económica y la autonomía nacional. En consecuencia, se reafirma la tesis de que la seguridad de Chile es inseparable de la estabilidad del sistema marítimo global. Por lo tanto, se hace indispensable una postura marítima proactiva que, a través del fortalecimiento del Vector Internacional y de capacidades navales polivalentes, permita al país salvaguardar sus intereses nacionales y contribuir al "buen orden en el mar" en un entorno internacional crecientemente volátil e incierto.
[1] Chokepoint: paso geográfico estrecho que concentran grandes volúmenes del tráfico marítimo internacional, cuya interrupción puede afectar significativamente el flujo global de comercio y energía.
[2] SLOC: Sea Lines of Communication (líneas de comunicaciones marítimas)
[3] USV: Uncrewed Surface Vehicules (vehículos de superficie no tripulados).
[4] GPS: Global Positioning System (Sistema de Posicionamiento Global).
[5] AIS: Automatic Identification System (Sistema de Identificación Automática para embarcaciones).
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Año CXXXX, Volumen 143, Número 1010
Marzo - Abril 2026
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