Revista de Marina
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Artículo publicado en el Diario de Cádiz, el 17 de junio de 2019, en el septuagésimo segundo aniversario de la explosión de Cádiz, hecho que sumado a la explosión sufrida a bordo del BE Juan Sebastián de Elcano, terminan uniendo a dos ciudades, dos buques y dos paises.

Hay ocasiones en la vida de las personas en las que ciertos factores, en el modo u otras circunstancias, parecen coincidir para que ocurran acontecimientos que a priori no tienen por qué haber acaecido. Esta es la historia de una serie de casualidades y/o coincidencias, poco divulgadas y que tienen como protagonistas a personas, lugares y situaciones muy cercanas a nuestra microhistoria gaditana, y también a la Historia (con mayúsculas) de dos países.

Primera coincidencia

25 de enero de 1934; lugar, uno de los canales de Magallanes en la Patagonia chilena. Al sur de la angostura Inglesa navega el buque escuela de la Armada española Juan Sebastián de Elcano, que botado siete años antes en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, se dirigía a Valparaíso en su séptimo crucero de instrucción, comandado por Don Salvador Moreno Fernández (futuro ministro de Marina en el Gobierno de Franco). En una maniobra de rutina, al accionar una válvula del circuito compresor de gases del motor auxiliar de propulsión, explosiona la tubería alcanzando de rebote la pierna derecha del tercer maquinista, Juan Danton Sánchez Pérez.

El joven marino de 27 años de edad, que había nacido en Chiclana de Frontera y formaba parte de la tripulación del buque, cae al suelo sin perder la conciencia. Intenta incorporarse, pero en ese momento siente un intenso dolor en su pierna que le hace desfallecer. Atendido de urgencia en la propia enfermería del buque, pronto se percata el médico de a bordo de la gravedad del accidente, por lo que el comandante de la nave decide pedir socorro por radio. A este llamamiento acude la nave mercante Vapor Alejandro, a donde es trasladado el militar herido, poniendo rumbo a Puerto Montt, varias millas a norte del lugar del suceso. Desde allí es trasladado por ferrocarril, nada más y nada menos que a 1.175 km, hasta el hospital naval Almirante Nef situado en la ciudad de Valparaíso, donde queda ingresado el 1 de febrero. Se han tardado siete días en el viaje, por lo que las constantes vitales del joven Danton Sánchez (así se le recordará durante su convalecencia) son totalmente precarias: pérdida de sangre, periodo preagónico de 12 horas, septicemia y rotura de la femoral, hacen necesario tomar una decisión drástica: hay que amputar la pierna por su tercio superior.

“SÁNCHEZ, ACCIDENTADO EN CHILE,
LLEGÓ A SER CÓNSUL HONORARIO DE
ESTE PAÍS EN CÁDIZ.”

Pero hay otra emergencia: hace falta buscar un donante de sangre compatible con la del enfermo, y no se encuentra entre el personal militar sanitario más cercano. Ante esta contrariedad, el propio director del hospital, el contralmirante Sr. Bracey R. Wilson, presenta su brazo para la transfusión, acción que se repetirá nueve veces más hasta conseguir su total recuperación. La noticia del accidente del marino español es conocida por la comunidad española en Valparaíso, que junto con las autoridades militares chilenas y el cónsul general de España se vuelcan en atenciones con Danton. Así, solo tres días después de su ingreso es visitado en su habitación del tercer piso, pasillo izquierdo, por la famosa actriz de Hollywood Rosita Moreno, de origen español y que había nacido el mismo año que Danton, en 1907. Pero el día 12 de junio el estado de salud de Danton se resiente; tiene una fístula en la zona amputada que obliga al personal médico a intervenir de nuevo. En el hospital está durante ocho meses, trasladándose a continuación al domicilio del vicecónsul de España en Valparaíso, Don Salvador Téllez Molina, quien junto con su esposa lo acogieron como a un hermano.

Durante toda su estancia en la ciudad chilena, fueron constantes las atenciones que recibió, desde el director general de la Marina chilena, vicealmirante Don Olegario Reyes del Río, hasta el embajador de la República de España, Don Rodrigo Soriano, pasando por cirujanos, practicantes y enfermeros del Hospital Naval. No sabemos si Danton había dejado a su novia en Cádiz, lo cierto es que varias jóvenes de la sociedad local no pararon en prestarle sus atenciones al militar herido hasta el punto de que un cronista escribía “es posible que vea apagarse el amor de su novia”. Por fin, el 27 de febrero de 1935, tras año y medio de convalecencia, Danton Sánchez se embarca en la autonave inglesa Reina del Pacifico, siendo despedido en el puerto de Valparaíso por “las autoridades chilenas, colonia española y un gentío inmenso. En Chile deja muchos amigos que ha sabido conquistar con su exquisita caballerosidad y honda simpatía.” El día anterior a su marcha había recibido un cóctel de despedida en el Club de Viña del Mar. Durante la travesía hacia España recibe varios cablegramas de sus amigos y amigas que había dejado en Chile.

“PERDIÓ UNA PIERNA Y ESTUVO
INGRESADO OCHO MESES EN UN
HOSPITAL NAVAL DE VALPARAÍSO.”

Segunda coincidencia

18 de agosto de 1947. Juan Danton Sánchez se había casado con la bella señorita Eva Spínola y habían adquirido uno de los chalets recientemente construidos en la zona de extramuros, más allá de los glacis defensivos. Ese día, festividad de Santa Elena, el matrimonio se había ausentado de su vivienda para pasar la velada en la casa número 18 de la calle Veedor donde residía la familia de Eva, solo habían dejado allí a su perro Black. Sobre las diez de la noche se escuchó una atronadora explosión y el cielo se tornó rojo. Había explotado la base de defensas antisubmarinas de Cádiz.

Del chalet en la avenida López Pinto número 6 solo quedó en pie la estructura de hormigón armado. Todos los tabiques habían sido abatidos por la onda expansiva. Cuando el matrimonio regresó a su casa se encontraron una devastación total, pero milagrosamente Black había sobrevivido. Se había refugiado en el hueco de la escalera. Muy cerca del lugar de la explosión, y en los mismos astilleros de Echevarrieta y Larrinaga se había comenzado a construir otro buque escuela para la Marina española, con los mismos planos que el BE. Elcano, y que llevaría el nombre de Juan de Austria y que había sido encargado por el gobierno el año anterior. La deflagración de las minas fue tal, que literalmente arrasó las instalaciones del astillero, de tal forma que fue el propio Estado el que se hizo cargo de esta fábrica, creándose Astilleros de Cádiz S.A. cuyo accionista era el Instituto Nacional de Industria (INI).

Estado en que quedó la vivienda del cónsul de Chile tras la explosión del 18 agosto. / D.C.

Como consecuencia de la economía de post guerra que padecía España, la República de Chile había ayudado con el envío de toneladas del famoso “Nitrato de Chile” para regenerar el esquilmado campo español. En 1950 ambos países inician conversaciones a fin de reintegrar la deuda contraída con la nación andina, pero ante la penuria monetaria existente, el Gobierno de Franco plantea realizar algún pago en especie, proponiendo que se reconstruya el casco del buque siniestrado en la explosión gaditana con el propósito de convertirlo en buque escuela de la marina chilena. En estas negociaciones no fue ajeno para, el ya entonces Cónsul Honorario de Chile en Cádiz, Don Juan Danton Sánchez, quien consigue que se reanuden los trabajos en 1951, no sin antes modificar algunos aspectos en la estructura del buque para mejorar su maniobrabilidad.

Danton Sánchez, junto a dos marinos chilenos, ante su domicilio de Cádiz. / D.C.

Finalmente, el 12 de mayo de 1953 el casco airoso del nuevo BE Esmeralda es botado con la marea alta de las 13:30 horas. El buque es entregado a la marina chilena el 15 de junio de 1954 (20 años después de la explosión en la sala de máquinas de Elcano). Ni que decir tiene que Danton y su esposa tuvieron bastante responsabilidad en atender a los numerosos oficiales chilenos que llegaron a Cádiz con este motivo, entre los que se encontraba el joven guardiamarina Enrique Zanelli Godoy, que se enamoraría de la joven gaditana señorita María Purificación Suffo Aguirre, y con la que contraería matrimonio en agosto de 1956.

María Purificación Suffo Aguirre y Enrique Zanelli Godoy

Vemos pues como dos acontecimientos (ambas explosiones, en la cámara de máquinas de Elcano y en la ciudad de Cádiz) unieron el destino de un hombre que fue nombrado “Caballero Mutilado de Guerra por la Patria” en 1955 y que llegó hasta la graduación honorífica de teniente coronel del Cuerpo de Máquinas de la Armada española habiendo sido distinguido con varias condecoraciones por parte de los gobiernos español y chileno. A quienes lo conocimos no se nos olvida su trato cordial, con su pierna ortopédica que no le impedía conducir el Opel Kapitän de color negro y techo blanco, cuando iba desde el casino gaditano hasta astilleros o a su casa. Este gaditano, Juan Danton Sánchez Pérez, fue nexo (quizás sin proponérselo) entre dos ciudades, entre dos buques escuela y, en definitiva, entre dos países: ¿Casualidad o coincidencia?

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