Por HUGO VALENZUELA ROSENZUAIG
El texto critica cómo el estoicismo ha sido distorsionado en el ámbito empresarial moderno, reduciéndose a frases motivacionales que promueven una falsa fortaleza emocional. Contrasta esta visión con la profundidad espiritual del estoicismo clásico y su conexión con la fe. El autor argumenta que sin Dios, el estoicismo pierde su esencia, convirtiéndose en una estructura vacía que ignora la humanidad, la comunidad y la trascendencia.
This article examines how Stoicism has been distorted in modern business culture, reduced to motivational slogans promoting a false sense of emotional toughness. It contrasts this with the spiritual depth of classical Stoicism and its connection to faith. The author argues that without God, Stoicism loses its essence, becoming an empty framework that ignores humanity, community, and transcendence.
Si Marco Aurelio tuviera acceso a LinkedIn en el siglo II, probablemente se reiría al ver cómo su filosofía se ha convertido en una colección de frases de autoayuda para ejecutivos. Séneca, por su parte, tal vez escribiría una carta de indignación—elegante, por supuesto—sobre cómo su visión del estoicismo ha sido reducida a la versión filosófica de un libro de “10 hábitos para el éxito”.
Yo también casi caí en la trampa.
Hace algunos años, un buen amigo—alguien a quien admiro mucho por su liderazgo y claridad—me habló apasionadamente del estoicismo. Según él, esta filosofía era la clave de la resiliencia, la ecuanimidad y el control emocional absoluto. Me recomendó Meditaciones de Marco Aurelio, el Manual de Epicteto, las cartas de Séneca (Inwood 2010). Me convenció.
Así que estudié los textos disponibles en la biblioteca de la universidad, profundicé en el pensamiento estoico (Irvine 2009) y, por un tiempo, me impresionó su disciplina. Me parecía el modelo perfecto para manejar el caos de la vida con inteligencia. Pero había algo que no cuadraba.
A medida que veía cómo mi amigo aplicaba el estoicismo, noté que no era la versión que los filósofos enseñaban. Era otra cosa. Un método para proyectar seguridad sin humanidad, un modelo de liderazgo sin alma.
Ahí empezó la decepción.
Del estoicismo a la moda empresarial
El estoicismo de los antiguos tenía sustancia. Epicteto hablaba del deber, Marco Aurelio de la virtud, Séneca de la importancia de la gestión emocional. Pero lo que vi en los círculos de liderazgo modernos era otra cosa: una especie de marketing existencial, una forma de aparentar firmeza mientras se ignoran los vínculos humanos
Y el gran problema es este: el estoicismo moderno cruje porque se olvidó de Dios.
El cristianismo nos enseña que no somos solo individuos racionales, sino seres creados para vivir en comunidad, con propósito y con guía divina. Mateo 6:25-34 nos recuerda que Dios provee, que no debemos vivir obsesionados con controlar cada aspecto de la realidad.
Pero el estoicismo moderno nos dice otra cosa: todo depende de ti. Si fallas, es porque no eres lo suficientemente disciplinado. Si algo sale mal, acéptalo sin cuestionarlo. ¿Dónde queda la fe? ¿Dónde queda la trascendencia?
Epicteto no enseñaba indiferencia
El Manual de Epicteto es una obra interesante. Habla del autocontrol, del deber, de la importancia de enfocar nuestra energía en lo que realmente está en nuestras manos. Pero nunca dice que debemos convertirnos en máquinas sin emociones. Lo que los “estoicos modernos” han hecho con su enseñanza es preocupante. Han tomado su llamado a la disciplina y lo han convertido en una excusa para la falta de conexión real con los demás.
En el liderazgo naval, por ejemplo, la resiliencia no significa ignorar las dificultades. Significa enfrentarlas con responsabilidad, inteligencia emocional y compromiso. Pero en los círculos donde el estoicismo se ha convertido en moda, lo que veo es lo contrario: personas que confunden desapego con fortaleza.
Gross (2002) demostró que suprimir emociones en lugar de manejarlas adecuadamente es un camino directo al estrés crónico y la ansiedad. Pero los falsos estoicos prefieren repetir frases bonitas en lugar de enfrentar la realidad.
Séneca y la falsa idea de la supresión emocional
Séneca, el más pragmático de los estoicos, no era tan rígido como sus discípulos modernos quisieran. En De Ira, explica que la ira, la tristeza y el miedo no deben ser eliminados, sino comprendidos y controlados con inteligencia (Nussbaum 2018). Pero en los círculos de liderazgo actuales, el estoicismo ha sido interpretado como una filosofía de endurecimiento emocional extremo, donde cualquier muestra de vulnerabilidad es vista como un defecto.
¿Ironía? Séneca mismo sufrió exilio, crisis política, y terminó sus días ejecutándose por orden de Nerón. Si alguien sabía que el sufrimiento emocional era inevitable, era él. Pero ahora, el estoicismo es vendido como una receta para el éxito absoluto, como si fuera posible ser una especie de robot humano que nunca siente dolor.
Desde la perspectiva cristiana, esto es absurdo. Dios nos creó con emociones, con necesidad de amor, con la capacidad de sentir y de conectar. El liderazgo no se trata solo de racionalidad; se trata de humanidad.
Marco Aurelio y la negación de la fe
Marco Aurelio hablaba del logos, una razón cósmica que ordenaba el universo. No era cristiano, pero sí creía en algo superior. ¿Y qué hicieron los estoicos modernos con su enseñanza? La convirtieron en una visión absolutamente materialista de la vida, donde solo la razón tiene valor. MacIntyre(1981) señala que este enfoque lleva a una visión excesivamente individualista, donde el pensamiento racional desplaza la confianza en algo mayor.
El cristianismo, en cambio, nos dice algo distinto: Dios guía nuestros pasos, nos da propósito, nos sostiene en los momentos difíciles. En el ethos naval, la fe y el sentido del deber están profundamente entrelazados, porque el liderazgo no es solo ecuanimidad, también es compromiso con la misión, con la comunidad, con el propósito trascendental de servir a los demás.
Conclusión: El estoicismo sin Dios es una estructura vacía
Si Marco Aurelio viera lo que han hecho con su filosofía, tal vez escribiría una nueva entrada en Meditaciones: “No te conviertas en una versión superficial de ti mismo solo porque suena elegante”.
El estoicismo sin Dios cruje. Porque al final del día, solo con racionalidad no se puede sostener una vida plena.
En la entrada de la capilla de la Escuela Naval hay una piedra con una inscripción que dice: Quien vaya por esos mares y no sepa rezar, verá que pronto lo aprende sin enseñárselo nadie. No hay mejor manera de decirlo. En el mar, en la incertidumbre, en las noches solitarias en cubierta, uno comprende que la autosuficiencia es una ilusión. El marino no puede alejarse de Dios, porque cuando todo depende de la fuerza de las olas y del destino, la razón humana no basta.
Bibliografía
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Año CXXXX, Volumen 143, Número 1009
Noviembre - Diciembre 2025
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