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Mahan vs. Corbett en el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial

Mahan vs. Corbett en el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial

La influencia que tuvo Alfred Thayer Mahan en la marina de EE.UU. en el período entre guerras mundiales es innegable. La importancia que daba a la acción ofensiva y a la concentración de la flota acorazada, en búsqueda de la batalla decisiva, lo hicieron, de manera natural, particularmente influyente entre los oficiales de marina de su país y de todo el mundo. No obstante, pareciera ser que, en la práctica, la estrategia seguida por EE.UU. en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial se acercó más a los postulados de Sir Jullian Corbett que a las enseñanzas del citado prominente estratega norteamericano. El presente artículo presenta una argumentación que busca sostener que la estrategia norteamericana en el Pacífico fue eminentemente corbettiana.

Henry L. Stimson, secretario de guerra del presidente Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial (SGM), señaló en sus memorias que la permanente lucha por influencia y recursos entre el Ejército y la Armada durante el conflicto, “nacía especialmente desde la particular sicología del Departamento de Marina, que frecuentemente se retiraba del reino de la lógica, al oscuro mundo religioso en que Neptuno es Dios, Mahan su profeta y la Armada de EE.UU. la única verdadera iglesia” (Toll, 2015, pág. 5).

Y es que Alfred Thayer Mahan fue “el estratega marítimo más prominente de su época” (Speller, 2019, p. 43), lo que hizo que sus principios fueran, en ocasiones, elevados al nivel de dogma en diversas partes del mundo. Sus enseñanzas sustentaron el desarrollo de muchas marinas, entre las cuales es posible mencionar la del Káiser Guillermo Segundo, bajo el alero del almirante Alfred von Tirpitz, y la marina imperial japonesa que participó en la SGM.

La armada de su país natal, EE.UU., no fue la excepción. Previo a la SGM, tanto el desarrollo de fuerza como la preparación ante las hipótesis de conflicto, consideraban como aspecto primordial la concentración de la flota acorazada, con la finalidad de buscar la batalla decisiva entre fuerzas organizadas, al más puro estilo mahaniano.

Al hacer una evaluación retrospectiva de lo ocurrido en el Pacífico, durante la SGM, resulta natural preguntarse si la Armada de EE.UU. realmente buscó la batalla decisiva, como había sido planteado en planificaciones y juegos de guerra. Si las operaciones ejecutadas, efectivamente perseguían el enfrentamiento definitorio que entregara a EE.UU. la supremacía marítima o fueron planteadas poniendo el foco principal en algún otro de los objetivos de la estrategia marítima. En síntesis, sí la estrategia empleada en el Pacífico fue realmente mahaniana.

El presente ensayo propone que, a pesar de lo influyente que resultó ser Mahan, la estrategia estadounidense no tuvo como primer objetivo a la fuerza adversaria, basándose en un entendimiento del control de mar más cercano al de Sir Jullian Corbett, en que las líneas de comunicaciones marítimas (LCM) y no la flota enemiga, son el eje central de las operaciones, a fin de incidir en los eventos en tierra.

Para comenzar el trabajo, se procederá a identificar los aspectos que, en opinión del autor, corresponden a los más relevantes de las teorías de Mahan y de Corbett asociadas al tema en estudio. Es importante tener presente que esta parte del ensayo tiene como propósito sustentar el análisis posterior y no entregar una visión holística del pensamiento de estos estrategas, dada la extensión y profundidad de sus trabajos.

Alfred T. Mahan

Se graduó de la Escuela Naval de EE.UU. en 1859, sin embargo, no es recordado por haber tenido una carrera naval destacada, sino que por sus logros como escritor y pensador, que lo llevaron a publicar 20 libros y 137 artículos antes de su muerte en 1914.

En 1885 Mahan fue designado como conferencista de la recientemente creada Academia de Guerra Naval, establecimiento del cual además fue presidente entre 1886 y 1889.

Alfred Thayer Mahan

En 1890 publicó el libro The influnce of Seapower Upon History, 1660-1783 y en 1892 The Influence of Seapower Upon the French Revolution and Empire, 1793-1812, obras que catapultaron su reputación como estratega marítimo.

La esencia del razonamiento de Mahan en The influnce of Seapower Upon History, se basaba en que “el dominio del mar, fundamentado en una flota de batalla superior, había proporcionado el vehículo mediante el cual Gran Bretaña había obtenido la superioridad mundial, a través de la victoria en la guerra y el dominio del comercio” (Speller, 2019, p. 41).

Otro aspecto al que el estratega norteamericano dio gran relevancia en su trabajo fue al de la posición estratégica, identificándola como el sustento de la fuerza naval. En función de esto, identificó la “necesidad de proceder a la adquisición gradual de tales bases, tan pronto como la política nacional impele a las escuadras a acudir a un nuevo campo de actividades” (Revista ESGN, 1980, pág. 54).

Para Mahan el control del mar era fundamental, ya que permitía estrangular la economía adversaria, ocupar territorios de ultramar o lanzar ataques sobre costa y sostenía que solo podía ser obtenido de dos formas: la batalla y el bloqueo. Es por ello, que aseveraba con fuerza que “las marinas deben ser usadas en acción ofensiva, tanto a nivel táctico como estratégico” (Vego, 2009, p. 3), restando importancia a las tareas defensivas por considerarlas secundarias. Del mismo modo, pensaba que la victoria en el mar solo podía ser obtenida a través de la concentración, llegando a señalar que dicho principio era “el más importante de la guerra naval” (Vego, 2009, p. 2).

El corazón del análisis de Mahan estaba en la obtención del control general del mar mediante la batalla decisiva, que enfrentara a las fuerzas organizadas de ambos bandos y, por lo tanto, pensaba que las operaciones de proyección estaban supeditadas al logro de la supremacía en el mar. Junto con esto, estimaba que el ataque a las LCM “no era un buen método para debilitar el potencial económico de un país y llevarlo al estrangulamiento” (Vego, 2009, p. 4).

Su visión ofensiva y la importancia que otorgaba a la flota de batalla, lo hizo gozar, de manera natural, de gran popularidad entre los oficiales de marina.

Sir Jullian Corbett

Nació en 1854 y, a pesar de estudiar derecho en Cambridge, se dedicó principalmente a la historia naval, área para la cual demostró un considerable talento. Fue el escritor de estrategia marítima británico más reconocido de su tiempo y su obra más destacada fue Some Principles of Maritime Strategy, publicada en 1911.

Para Corbett, la estrategia naval solamente podía ser comprendida como parte de lo que él denominó estrategia marítima, la cual determinaba la relación mutua que debía existir entre el ejército y la marina en la planificación de guerra. En su visión, resultaba casi imposible que un conflicto pudiera ser resuelto únicamente a través de acciones navales, por lo que el ejército debía constituirse en el proyectil más potente de la marina, para ser proyectado en tierra donde y cuando resultara más conveniente.

Sir Jullian Corbett

En lo que respecta al control del mar, el obtenerlo o negarlo al enemigo correspondía a un aspecto central, pero, a diferencia de Mahan, estimaba que “el objetivo de la guerra naval debía ser el control de la comunicaciones marítimas en lugar de la destrucción de la flota adversaria” (Speller, 2019, p. 45).

De esta forma, reconocía que, al existir dos oponentes poderosos, el control del mar normalmente estaría en disputa, otorgando al concepto un grado de relatividad en tiempo y espacio. En atención a esto, estimaba que “bien podría haber circunstancias en que el control general del mar no fuera la primera prioridad y que una marina podría primero tratar de explotar un control local para asegurar algún objetivo militar o político” (Speller, 2019, p. 47).

Considerando el hecho que para Corbett el control del mar correspondía al control de las comunicaciones, otorgaba importancia tanto a la actitud ofensiva, como a la defensiva, de manera de asegurar su uso en beneficio propio y negarlo, tanto como fuera posible, al adversario.

En lo que respecta a la concentración, Corbett reconocía que esta “no era siempre posible e incluso podía ser contraproducente para lograr que una flota inferior presentara batalla” (Speller, 2019, p. 49). Junto con lo anterior, era de la idea de que la dispersión podía ser necesaria para atender otras necesidades relevantes, no obstante, hacía énfasis en la importancia de mantener la capacidad de concentrarse si las circunstancias lo exigían.

Estrategia del Pacífico

Tal vez su error más importante fue el desestimar el convoy como contramedida ante operaciones de ataque a las LCM.

Tomando como marco teórico las ideas de estos dos estrategas marítimos, se procederá a realizar el análisis de la estrategia aplicada en el teatro del Pacífico durante la SGM, empleando como argumentos la ejecución de operaciones de ataque submarino irrestricto a las LCM japonesas y el desarrollo de operaciones de proyección del poder naval por parte de EE.UU. Posteriormente, se presentará una opinión respecto de uno de los principales contraargumentos a la tesis planteada, la batalla de Midway.

Inmediatamente después del ataque japonés a Pearl Harbor, la flota submarina del Pacífico recibió la orden de llevar a cabo operaciones de ataque irrestricto a las LCM japonesas, con la finalidad de explotar la vulnerabilidad que presentaba la dependencia de recursos naturales desde el exterior y la necesidad de transportar las tropas y suministros requeridos como parte de la expansión a las islas del Pacífico.

La doctrina de la fuerza de submarinos norteamericana estaba fuertemente “influenciada por el estudio de la batalla naval de Jutlandia, que concebía al submarino como un apéndice de la flota de batalla” (Toll, 2015, p. 252), por lo que los submarinistas debían enfrentarse a operaciones para las cuales no se encontraban preparados. No obstante, el almirante Ernest King, a la sazón Chief of Naval Operations de la Armada de EE.UU., tuvo la inteligencia y la flexibilidad de comprender la utilidad de esta arma, razón por lo cual llegó incluso a ordenar al almirante Nimitz, en febrero de 1942, que “todo submarino disponible… debe ser enviado a atacar líneas de comunicaciones al Pacífico occidental” (Toll, 2015, p. 253).

Estas operaciones tuvieron un efecto acumulativo sumamente considerable, al lograr negar parcialmente el uso de sus LCM a Japón y, con ello, dificultar el transporte de petróleo, el sostenimiento de sus operaciones en las islas del Pacífico y el abastecimiento general, llegando al punto de casi inmovilizar a la marina imperial japonesa. Durante la guerra, EE.UU. consiguió hundir aproximadamente 4,8 millones de toneladas (Shipman, 2018).

A pesar de haber sido concebida y entrenada como un órgano de apoyo a la exploración y para generar atrición a una fuerza organizada, con el propósito de derrotarla en una batalla decisiva, la fuerza de submarinos estadounidense fue empleada de una manera muy diferente. No obedeció al principio de concentración y se enfocó en negar el uso de las LCM al adversario, en operaciones que Mahan hubiese considerado secundarias. Es decir, tuvo como objetivo principal las comunicaciones y no la fuerza, con una clara influencia corbettiana.

Tal como señalara Mahan, EE.UU. reconoció con claridad la necesidad de contar con posiciones estratégicas, tanto para la marina como para el ejército y sus respectivas aviaciones, razón por la cual las operaciones de proyección se convirtieron en el corazón de la ofensiva norteamericana en el Pacífico.

Para lograr su avance hacia Japón, EE.UU. no buscó primeramente el logro de la supremacía marítima, sino que se enfocó en obtener y explotar el control local del mar, que posibilitara el cumplimiento de sus objetivos en tierra, y empleó a las unidades de superficie y medios aeronavales para apoyar a las fuerzas de desembarco, a través de un considerable empleo de bombardeo aéreo y naval.

Prueba clara de esto es que, luego de la victoria en Midway, pero estando todavía lejos de la supremacía marítima, el almirante King impulsó el desarrollo de la campaña de Guadalcanal, en el marco de la cual se desarrollaron diversas acciones tácticas en la mar. Todos estos enfrentamientos tuvieron como objetivo afectar las LCM adversarias o proteger las propias, para asegurar el logro de los objetivos en tierra. Ninguno de ellos perseguía una victoria decisiva.

A esto se suma el uso de la estrategia denominada Island Hopping, cuya finalidad era sortear las islas más fuertemente protegidas, saltando directamente hacia otras más vulnerables. Esta estrategia permitió disminuir la atrición y posibilitar el posterior aislamiento por mar de las bases japonesas más fuertes.

De esta forma, EE.UU. explotó el control local del mar para emplear las fuerzas terrestres donde y cuando le resultaba más conveniente, utilizando lo que Corbett denominó la guerra limitada por contingente.

En función de lo anterior, EE.UU. tuvo una compresión del control del mar como un concepto relativo y enfocó sus esfuerzos en una forma más cercana a lo que Corbett denominó estrategia marítima, logrando incidir desde el mar en el logro de los objetivos conjuntos de la guerra en tierra.

La batalla de Midway podría ser empleada como el principal contraargumento de quienes sostienen que la estrategia estadounidense fue mahaniana.

El almirante Yamamoto desarrolló un plan que buscaba que la flota estadounidense presentara batalla a través de un apremio, materializado por la amenaza de invasión del atolón de Midway.

Por su parte, el almirante Nimitz resolvió concentrar las unidades que tenía disponibles y enfrentar a las fuerzas japonesas.

Ahora bien, si el almirante Yamamoto buscaba que el almirante Nimitz aceptara una gran batalla y este último lo hizo ¿podría esta acción ser interpretada como el empleo de una estrategia mahaniana por parte de EE.UU.? En opinión del autor, no, básicamente por lo siguiente:

  • EE.UU. había logrado interceptar y descifrar comunicaciones japonesas, lo que permitió al almirante Nimitz contar con información respecto de las fuerzas y la maniobra del almirante Yamamoto. Es altamente probable que, si esto no hubiese ocurrido, la resolución hubiese sido mantener la actitud estratégica defensiva y evitar el enfrentamiento ante una fuerza superior.
  • En virtud de lo anterior y considerando que EE.UU. se encontraba construyendo una flota ostensiblemente más poderosa que la de su adversario, se estima que el almirante Nimitz buscó explotar la ventaja que le otorgaba la inteligencia ante un potencial enfrentamiento.
  • Si bien la batalla de Midway marcó un punto de inflexión en el Pacífico durante la SGM, en opinión del autor, el almirante Nimitz no buscaba la decisión en el mar. Su objetivo era evitar la invasión del atolón, que por su cercanía a Hawái representaba una importante amenaza, y desgastar al enemigo para posibilitar el inicio de una ofensiva estratégica posterior, es decir, su concepción fue más cercana al pensamiento de Corbett que al de Mahan.
  • Para finalizar el presente análisis y con la finalidad de dar mayor fuerza a los argumentos planteados, se estima pertinente agregar que, tal como precisara el almirante Gorshkov, “la mayor parte de las acciones entre flotas de la Segunda Guerra Mundial… estuvieron asociadas o fueron parte de una operación mayor contra las L.C.M. o la costa enemiga” (Till, 2005, p. 135) y, por ende, no ocurrieron como parte de una maniobra que buscara enfrentar a la fuerza organizada adversaria. Tal fue el caso, por ejemplo, de las batallas del Mar de Coral, del Mar de Filipinas y la del Golfo de Leyte.

Conclusiones

Es posible señalar que la influencia del almirante Mahan en la marina norteamericana durante el periodo entre guerras mundiales fue evidente. Esto puede ser apreciado en el desarrollo de fuerzas, la creación de estrategias ante las hipótesis de conflicto y en la preparación y entrenamiento de la Armada. No obstante, durante la SGM, EE.UU. no enfocó sus esfuerzos principales en la fuerza japonesa, como hubiese recomendado dicho prominente estratega.

Durante el conflicto, la marina norteamericana desarrolló operaciones de ataque a las LCM, mediante submarinos, antes de estar en condiciones de enfrentar una batalla. Dichas acciones dificultaron el sostenimiento de las islas ocupadas y la importación de materias primas, de las cuales Japón era dependiente, produciendo efectos operacionales y estratégicos que a la postre resultaron fundamentales.

Junto con lo anterior, las operaciones de proyección posibilitaron la obtención de posiciones estratégicas, que no solo resultaron importantes para la marina, sino que también para proyectar el poder aéreo. De esta forma, EE.UU. enfocó parte importante de su estrategia en los objetivos materializados por la posición y el territorio a través del ejercicio del control del mar, enfrentando a la fuerza japonesa cuando era necesario o conveniente.

Si bien la batalla estuvo siempre en la mente de los almirantes norteamericanos (tal como quedó en evidencia durante la batalla del Golfo de Leyte, cuando el almirante Halsey abandonó la cobertura de las fuerzas de desembarco ante el incentivo japonés materializado por la flota del almirante Ozawa), la estrategia estadounidense empleada durante las operaciones del Pacífico no tuvo como primer objetivo a la flota de la marina imperial japonesa, sino que las LCM, obteniendo y explotando el control local del mar para la logro de los objetivos conjuntos de la guerra.

La marina norteamericana pudo emplear las L.C.M. para beneficio propio y negarlas a Japón, proyectando el poder naval sobre costa cuando y donde le resultó más conveniente, a pesar de la existencia de una flota enemiga. En síntesis, EE.UU. empleó una estrategia mayoritariamente corbettiana.

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