Una de las maneras más inteligentes de aprender, es a través de la experiencia de los demás. En el caso de defensa, se encuentra disponible una infinidad de textos que dan cuenta de vivencias y lecciones aprendidas que vale la pena estudiar y considerar en las planificaciones, entrenamientos y proyectos de inversión. Asimismo, en esta época, donde la tecnología es capaz de hacer casi todo posible, se requiere una mirada multidisciplinaria para vislumbrar amenazas, neutralizarlas y ganar la iniciativa.
One of the most effective ways to learn is through the experiences of others. In the field of defense, an extensive body of literature offers firsthand accounts and lessons learned—knowledge that is invaluable for strategic planning, training, and investment initiatives. Furthermore, in an era in which technology makes almost anything possible, a multidisciplinary perspective is essential to foresee emerging threats, neutralize them, and seize the initiative.
Desde “El arte de la guerra”, obra escrita por el estratega Sun Tzu, pasando por el libro “De la guerra”, del general Carl von Clausewitz, más los textos que hablan de las experiencias de los conflictos del siglo XX, hasta los actuales que tratan, entre otros, sobre la guerra en Siria, Nagorno Karabaj y Ucrania, sin excepción, proporcionan antecedentes que permiten elaborar una prognosis para los conflictos venideros. Pero una cosa es leerlos y otra, más importante, es tener la capacidad de extraer lecciones y prepararse. Por ningún motivo se deben desconocer los conceptos básicos de estrategia, arte operacional y táctica aprendidos de guerras pretéritas. Sin embargo, se requieren líderes que acepten los cambios de la guerra moderna, dispuestos a salir de la zona de confort y estén dotados de la “virtù”1, que se asocia a la energía y fuerza de voluntad que tiene una persona para lograr un objetivo.
A través del tiempo han cambiado las armas, la tecnología y las estrategias, pero se mantiene imperecedero que la toma de decisiones recae en el Mando, es decir, en personas. Parte de esa responsabilidad es aceptar que lo conocido ha cambiado y, en vez de caer en el negacionismo –comúnmente por no entender lo que sucede-, el Mando tiene que abrir su mente, comprender el estado del arte y generar los ajustes que sean necesarios para preparar las fuerzas para lo que se vaticina. En un ejercicio de retrospección, al pensar en lo estudiado de la guerra de las Falkland o Malvinas -1982-, se extraen a lo menos un par de lecciones aprendidas: la importancia de lo “conjunto”, en atención a que ese conflicto llegó a llamarse “la guerra de los tres ejércitos” -las tres ramas de las Fuerzas Armadas llevaron adelante su propia guerra-, y la trascendencia de la logística en las operaciones militares, lo que no es algo nuevo y que históricamente se repite. Entonces, cabe preguntarse qué se ha aprendido de esta guerra y si los avances realizados en estos dos temas –lo conjunto y la logística- han sido suficientes y satisfactorios.
La actual guerra en Ucrania ha visibilizado y globalizado experiencias de conflictos anteriores. El caso más paradigmático es el uso masivo de drones, que para el común de las personas nace en este conflicto, lo que es un error. También hay factores que pueden pasar desapercibidos al no estar asociados directamente con el área operativa o táctica de la guerra, aunque son claves para el curso que ella toma, como es el caso de la resiliencia.
Nagorno Karabaj: Entre los años 1988 y 1994 se produjo la primera guerra armenio – azerí, cuyas acciones se desarrollaron principalmente en las zonas montañosas de Nagorno Karabaj. Para 1994, los armenios controlaban el Alto Karabaj y habían conquistado territorios de Azerbaiyán que rodeaban esa zona. Pese al alto al fuego de 1994, continuaron los combates entre Armenia y Azerbaiyán en los alrededores de Alto Karabaj y en otros puntos de su frontera. No obstante, el 27 de septiembre de 2020 Armenia lanzó un ataque a gran escala contra el ejército azerí. Estos últimos respondieron con fuerza y en las redes sociales circularon imágenes de numerosos sistemas antiaéreos armenios destruidos por drones de Azerbaiyán. Luego de seis semanas de combate, la guerra de Nagorno Karabaj finalizó con la victoria del ejército azerí, que reconquistó el territorio perdido en el primer conflicto.
Al respecto, cabe señalar que Azerbaiyán estaba preparada para el conflicto de 2020, puesto que después de la derrota de 1994 había invertido en nuevas capacidades y tecnología procedentes en gran medida de Turquía e Israel. Sus capacidades “se enfocaron principalmente en la adquisición de artillería de largo alcance, misiles balísticos y drones con notable capacidad de ataque”,2 ya que orientaron su doctrina de combate a la desarrollada por Turquía después de su experiencia en Siria y Libia. Por lo tanto, el ejército azerí integró la artillería de largo alcance con sistemas de cohetería de lanzamiento múltiple y con el empleo de drones. En consecuencia, la doctrina señalada generó “una ventaja estratégica y operacional en su maniobra inicial y durante las seis semanas que duró el conflicto”.3 A mayor abundamiento, se hace presente que gran parte de los carros de combate, piezas de artillería y baterías de misiles del ejército armenio fueron destruidos por drones de combate turcos TB-2.

Bayraktar TB2 es un vehículo aéreo de combate no tripulado (UCAV) de altitud media y gran autonomía, fabricado por la empresa turca Baykar.
(Fuente: Géminis IA)
Conflicto de Donbass: Durante la segunda mitad de 2014 e inicios de 2015 se produjeron enfrentamientos de alta intensidad en Donbass entre el ejército ucraniano y milicias separatistas con apoyo de fuerzas militares rusas. Lo anterior debido a los intentos separatistas de territorios orientales de Ucrania, que llevaron a la intervención de Rusia en apoyo de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk.
Una de las características de este conflicto fue la iniciativa de las fuerzas rusas de intervenir militarmente en forma directa, limitada y encubierta, intentando mantenerse en la vaguedad de la zona gris. Los servicios de inteligencia rusos mantuvieron contacto con las milicias rebeldes de Donbass, objeto coordinar ataques, suministrar armamento y armar campañas de información que motivara a la población rusoparlante a rebelarse contra el gobierno de Kiev. Del mismo modo, la participación de civiles resultó significativa, siendo una de las acciones más conocidas aquella en que completamente desarmados bloquearon el tránsito de una caravana del ejército ucraniano de vehículos de combate y de transporte de tropas, que además trasladaba un obús autopropulsado de 120mm. Las armas mencionadas cayeron en manos de las fuerzas rebeldes, porque “ante unas reglas de enfrentamiento confusas y una evidente falta de liderazgo, los integrantes de la columna terminaron retirándose a pie y abandonando el equipo”.4
La artillería asumió un rol protagónico, tanto de morteros y obuses como también de los lanzadores múltiples de cohetes autopropulsados (MLRS, por su sigla en inglés). Los primeros sobresalieron por su alta y comprobada letalidad, y los MLRS se destacaron por su capacidad para realizar fuego de saturación en pocos minutos y por su poder destructivo -munición perforante, de fragmentación o termobárica-. El uso masivo de la artillería encierra otras causas además de su poder destructivo, entre las que se encuentra el esfuerzo en compensar las deficiencias de entrenamiento de los soldados y reducir el número de bajas propias, porque de esta manera se mantiene la moral de la tropa. Además, la integración de la artillería con drones aumentó significativamente su amenaza, en atención a que se redujo el ciclo de reconocimiento y ataque, junto con una posterior evaluación de daños.5
Otra de las lecciones que se extraen de este conflicto es la incorporación de equipamiento de guerra electrónica en el ejército ruso para su empleo ofensivo y defensivo, conforme a sus necesidades operativas. De esta forma, cumplieron el rol de interferir las municiones guiadas y detonar anticipadamente las espoletas de aproximación; incluso se usaron para entorpecer radares aéreos, terrestres y los sistemas de control de los drones enemigos. Se hace presente que las mejoras en las capacidades de guerra electrónica por parte de Rusia fueron una de las experiencias adquiridas de la guerra de Georgia en 2008.
Para los militares del presente y futuro, que son nativos digitales, dejar su smartphone los puede llevar, guardando las proporciones, a sufrir un síndrome de abstinencia y hacer caso omiso a las normas de empleo de la telefonía móvil, lo que trae como consecuencia que se delate la posición de la fuerza, entregar indirectamente información de las operaciones al enemigo -intercepción de las comunicaciones- y ser vulnerables a las operaciones psicológicas (PSYOPS) del adversario. En este conflicto, “los teléfonos personales de mandos y soldados se convirtieron en destinatarios de PSYOPS, recibiendo mensajes personalizados con detalles sobre su familia en retaguardia, o mensajes de texto enviados a través de un dron preguntando sarcásticamente por la experiencia tras sufrir fuego artillero…”.6
Guerra en Ucrania: De la guerra que se inició en febrero de 2022 y que se prolonga por lo menos hasta la fecha de hoy -marzo 2025-, se evidencia una extrema limitación de maniobra de las fuerzas y disminución del factor sorpresa. La razón principal recae en el incremento de la sensorización del campo de batalla y, en realidad, se puede extender a una parte importante del territorio que cualquiera de los bandos tenga intenciones de explorar, producto de la masificación de los drones, los sistemas de guerra electrónica y la información extraída de las sedes Sociales y las imágenes satelitales.
Ante fuerzas con capacidades similares en el uso de Vehículos Aéreos No Tripulados (UAV, sigla en inglés), resulta difícil lograr una concentración de fuerzas porque quedan vulnerables ante la permanente presencia de medios de observación enemigos, que transfieren la información de la ubicación en tiempo real a su artillería, obteniendo la ventaja aquella que se encuentre conformada por sistemas de armas más precisos y de mayor alcance.
La omnipresencia de drones y otros elementos de observación ha traído como resultado que “las ofensivas en los campos de batalla ucranianos se descomponen en múltiples esfuerzos de pequeñas unidades, que se materializan en un continuo picoteo de la línea de frente”.7 El efecto es el retorno de la guerra de desgaste, instancia en que: “Se avanza y se defiende en ciclos sucesivos, con mínimas ganancias de terreno y una acumulación progresiva de bajas humanas y materiales”;8 los momentos para avanzar son cuando el enemigo se ha desgastado en su ofensiva previa, o se ha quedado sin munición.
Aunque las tácticas híbridas son variadas, tal como son mencionadas en el documento Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN del año 2022: “actividades maliciosas en el ciberespacio y en el espacio, promueven campañas de desinformación, instrumentalizan la migración, manipulan el suministro energético y emplean medidas económicas coercitivas”,9 el foco se pondrá en la guerra cognitiva, que se puede definir como la manipulación de la forma de pensar, reaccionar y tomar decisiones a niveles individuales y grupales, llegando a tener el poder de desestabilizar sociedades, organizaciones militares y fracturar alianzas. La amenaza de este tipo de guerra crece y se apalanca en los avances de la neurociencia, la inteligencia artificial, la ingeniería social y la masificación de las redes sociales. De acuerdo a lo señalado por el coronel del ejército brasileño Márcio Saldanha Walker y el contralmirante de la infantería de marina de la Armada argentina Luis Mariano Giorgi, la guerra cognitiva rusa en Ucrania se divide en tres fases: la preparatoria, la activa y la consolidación, siendo la información un elemento muy preciado al ser el insumo principal para todos los instrumentos que utiliza para lograr efectos militares y no militares. Asimismo, autores rusos promulgan que la guerra cognitiva debe ir acompañada de operaciones militares encubiertas, como guerra de información y uso de fuerzas especiales,10 llegando a coincidir con los actuales conceptos estratégicos de la OTAN, en cuanto al uso del potencial de protesta de la población local.
La gestión de la narrativa, que necesita medios de difusión -redes sociales y medios de comunicación- y un conocimiento del funcionamiento de la mente -ataque a los sentimientos, emociones-, se ha transformado en un factor preponderante para ganar la guerra. En el conflicto de Ucrania, se vislumbran campañas en que cada una de las partes tiene como objetivo lograr el apoyo de la sociedad a nivel internacional y socavar el del enemigo. A modo de ejemplo, en Alemania se identificaron el año 2024 una red de más de 50.000 cuentas falsas que generaban cerca de 200.000 mensajes diarios, con la finalidad de persuadir a la población germana diciendo que el apoyo a Ucrania afectaba la prosperidad del país e incrementaba el riesgo del uso de armas nucleares. De esta forma, el adversario, al identificar elementos que desarrollan altas emociones -miedo, ansiedad, irritación, preocupación-, se dedicará a explotarlas para aumentar la carga psicológica en la sociedad.11
La Resiliencia: De manera simple, se define la resiliencia como la capacidad de una entidad para soportar o aguantar un evento negativo y, posteriormente, tener la capacidad de sobreponerse para volver a su estado de normalidad. A nivel macro, como paradigma de resiliencia se puede nombrar a Estonia, Azerbaiyán y la Federación Rusa.
El caso de Estonia se remonta al 2007, cuando fue blanco de numerosos ciberataques disruptivos que llegaron a durar semanas y afectaron gravemente su infraestructura digital. Las páginas web de instituciones financieras, organismos públicos y medios de prensa colapsaron debido a niveles sin precedentes de transmisión, por parte de bots informáticos, de mensajes basura -spam- que saturaron los servidores, denegando el acceso a los servicios de los usuarios verdaderos. El gobierno estonio reaccionó rápido. Solicitó cooperación internacional, recibiendo asistencia técnica y estratégica para recuperar y optimizar la infraestructura cibernética del país. Logró un desarrollo tan pocas veces visto en ciberdefensa, que llegó a instalarse en el país el Comando de Ciberseguridad de la OTAN, aprovechando la especialización del capital humano, la infraestructura y experiencias.
La situación de Azerbaiyán se asemeja en cierta medida a la estonia, puesto que, en la primera guerra de Nagorno Karabaj, entre finales de los 80’ y principio de los 90’, se alzaba como ganador Armenia. Sin embargo, Azerbaiyán aprovechó una bonanza económica gracias a exportaciones de petróleo y gas para invertir en defensa con la colaboración de Turquía e Israel, países con experiencia en combate. De esta forma, implementó una doctrina robótica sustentada en drones -de combate y observación-, cohetería y artillería. Esta preparación le permitió al ejército azerí, en la segunda guerra de Nagorno Karabaj en 2020, no exponer los sistemas de armas de primera línea durante las primeras operaciones, especialmente los aviones de combate en zonas saturadas de artillería antiaérea. Además, Azerbaiyán había implementado sistemas para rastrear y destruir objetivos armenios que se encontraban en la retaguardia, lo que debilitó las líneas de suministro y facilitó la victoria azerí.
Como último paradigma de resiliencia está la Federación Rusa. Al inicio de la Operación Militar Especial, el ejército ruso sufrió reveses que lo hicieron retroceder en varios frentes. Varios “expertos” hicieron crudos análisis y conclusiones sobre el deficiente cometido de las fuerzas de combate rusas y su logística. Sin duda, a esta altura las condiciones cambiaron. Actualmente, Rusia tiene bajo su poder casi el 20% del territorio ucraniano y cuenta con poder de negociación para hacer valer su postura en el proceso de paz dirigido por Estados Unidos.
La resiliencia rusa tuvo dos puntos de apoyo, el recurso humano y el industrial. El primero se refiere a que reforzó el frente e inició el contraataque contra las milicias del grupo Wagner, resguardando las tropas de su ejército regular, armando líneas defensivas y ganando tiempo para entrenar a los ciudadanos movilizados. También contó con el apoyo de militares de Corea del Norte, cuya intervención permitió liberar de las fuerzas ucranianas la región rusa de Kursk. Ante una significativa destrucción de carros de combate y otros sistemas de armas, Rusia reactivó la industria de la época de la Unión Soviética, sacó al servicio equipos que estaban en depósitos o los canibalizó para dejar operativos otros, superando la producción de los países OTAN, sobre todo en la fabricación de munición de artillería. A la economía de guerra impuesta por Moscú se le suma el aporte otorgado por sus aliados de Corea del Norte, Irán y China.
En consecuencia, en los casos expuestos de resiliencia se destaca la intervención de líderes políticos y militares que, a expensas de su fuerza de voluntad y visión, fueron capaces de superar derrotas iniciales para imponerse finalmente. Adicional a lo anterior, es clave apuntar que el sustento de la resiliencia es contar con una capacidad de reposición similar o superior a lo perdido y dañado en los combates, tornándose imprescindible tener una industria de defensa consolidada, afianzar las relaciones con países amigos y abrirse a alternativas poco convencionales para satisfacer la demanda de material y personal.
Las experiencias en conflictos están disponibles. Identificar las deficiencias y brechas es un gran avance, pero se requieren líderes con “virtù” para comprender los cambios, salir de la zona de confort, romper paradigmas y alinear la fuerza a la altura de los tiempos y lecciones aprendidas.
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Año CXLI, Volumen 144, Número 1013
Julio - Agosto 2026
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