Revista de Marina
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El naufragio del ATF Janequeo

El naufragio del ATF Janequeo

  • Horacio Max Larraín Landaeta

By Horacio Max Larraín Landaeta

  • Received at: 08/02/2022
  • Published at: 30/06/2022. Visto 293 veces.
  • Abstract (spanish):

    A pocos días de ocurrido el naufragio del ATF Janequeo, fui comisionado al mando de una patrulla de 15 infantes de marina para acudir al lugar vía “Piloto Pardo” y cooperar en las faenas de rescate. Sin embargo, la misión se prolongó. En nuestra mayor  estadía y acercamiento con la comunidad Huilliche del lugar, sentimos el deber de ayudar en la alfabetización de sus niños y en la reconstrucción de su escuela, derrumbada por el sismo de 1960.

  • Keywords (spanish): Janequeo, Naufragio.
  • Abstract:

    A few days after the grounding of the ATF “Janequeo”, I was commissioned in command of a platoon of 15 Marines to proceed, on board the AP “Piloto Pardo”, to the shipwreck site, and help in the rescue operations. However, this task extended, and allowed us a closer contact with the local “Huilliche” community, for which we felt our duty to help in the literacy of their children and the rebuilding of their small school, which had collapsed in the 1960 earthquake.

  • Keywords: Shipwreck, Janequeo.

A principios del mes de Agosto de 1965, el patrullero de la Armada “Leucotón” se dirigía hacia Puerto Montt, desde Talcahuano, con el fin de cumplir tareas de reabastecimientos de faros en la zona de Chiloé.

A la altura de bahía San Pedro, ubicada entre Maullín y Corral, el buque fue sorprendido por una inusual condición de mar, al parecer producto de algún tsunami. 

La razón por la que el comandante del Leucotón decidió capear el fenómeno refugiándose en la mencionada bahía en lugar de adentrarse hacia alta mar, habría sido un desperfecto detectado en la máquina del patrullero. El resultado fue que el fondeadero elegido no sirvió para proteger a la nave de la violenta marejada, siendo arrastrada hacia la costa y finalmente varada en la playa al sur de punta Manquemapu, en la que desemboca el estero del mismo nombre y en donde se encuentra la pequeña caleta Lliuco.

La emergencia fue comunicada a la sede de la Segunda Zona Naval, en el puerto de Talcahuano. Desde allí se dispuso el zarpe de la escampavía ATF-65 “Janequeo”, al mando del Comandante Mario Léniz Bennet, y a un equipo de rescate a cargo del Comandante Claudio Hemmerdinger para auxiliar al buque en apuros.

Horas después de ocurrido el varamiento del Leucotón, arribó la Janequeo a Bahía San Pedro, para iniciar la maniobra de intentar desvarar al primero. Una tarea titánica, sin duda, habida cuenta de los efectos del mal tiempo y las marejadas que aún persistían. La tripulación del Leucotón ya se encontraba a salvo en cubierta o en tierra firme.

Durante la maniobra, el grueso cable de acero que actuaba de remolque se cortó. El trozo sobrante se enredó en la hélice del Janequeo, dejando al buque rescatador sin propulsión y, por lo tanto, sin gobierno y a merced del gigantesco oleaje. No pasó mucho tiempo antes de que el malogrado navío fuera arrastrado y estrellado en contra del conjunto de rocas que forman la base del promontorio conocido como “Roca Campanario”. En pocas horas la escampavía quedó destrozada.

Algunos  tripulantes lograron salvar con vida, en varios casos, gracias al heroico esfuerzo de salvamento por parte de sus compañeros del Leucotón, destacando entre ellos al Marinero Fuentealba, como así mismo el Cabo Odger, de dotación de la Janequeo, quienes, luego de rescatar a varios compañeros, perecieron como consecuencia del cansancio y, probablemente, por hipotermia debido a su prolongada exposición en esas gélidas aguas.

También los lugareños hicieron ingentes esfuerzos para salvar a los náufragos, ya sea embarcados en sus frágiles botes o bien, desde la rocosa orilla. Posteriormente, cuando ya no había esperanza de encontrar sobrevivientes, ellos se esforzaron por recoger los restos que la mar arrojaba a tierra.

Más de cuarenta marinos tripulantes de la Janequeo perecieron, incluidos los comandantes Léniz y Hemmerdinger. Entre ellos, mi compañero de curso, el subteniente Félix Nieto Prats y el subteniente Kromic. Los tripulantes del Leucotón, excepto Fuentealba, salvaron con vida.

Patrulla IM

A pocos días de ocurrido el trágico naufragio del ATF Janequeo en Bahía San Pedro, fui comisionado al mando de una patrulla de unos 15 infantes de marina para embarcarnos en el buque antártico “Piloto Pardo” y acudir al lugar del desastre para cooperar en las tareas de recolectar los restos del naufragio y para desmantelar al varado Leucotón de su armamento, munición, así como de material sensible y documentación clasificada.

A continuación la transcripción de parte de mi bitácora durante esa misión.

o    Sábado 21 de Agosto

    21.00 horas. Embarque de patrulla IM en el transporte “Piloto Pardo” en Talcahuano.

o    Domingo 22 de Agosto

    00.30 horas. Zarpe desde Base Naval Talcahuano hacia Bahía San Pedro.

    Al llegar un poco más al sur de Isla Mocha se comprobó que el combustible de 130 octanos para los helicópteros estaba contaminado con agua, por lo que el Pardo debió regresar a Talcahuano para limpiar estanques y reabastecer.

o    Lunes 23 de Agosto

    Preparación y mantenimiento de equipo durante la navegación. Preparación física del personal.

o    Martes 24 de Agosto

    17.40 horas. Recalada y fondo en Bahía San Pedro.

o    Miércoles 25 de Agosto

    07.30 horas. El comandante del Pardo, dispone el desembarco de la patrulla en la playa de Caleta San Carlos.

    Se portaron paños de carpas de abrochamiento, 2 frazadas cada uno, capote, casco y fusil M-1. Previendo la precaria situación alimentaria, llevé algunas barras de chocolate.

    Las condiciones de mar permanecían muy adversas, de manera que el desembarco parecía complicado. Gracias a que le hicimos caso a un huilliche lugareño, que desde la playa nos hacía gestos desesperados para que no varáramos en el sitio elegido, sino que nos moviéramos más hacia el sur, evitamos lamentar una tragedia adicional.

    Efectivamente, en el extremo sur de la playa San Carlos desembocaba un riachuelo, el cual permitía llegar a tierra evitando el violento rompiente de playa.

    08.30 horas. Nos pusimos en marcha desde Caleta San Carlos en dirección norte, hacia Caleta Lliuco.

    Una distancia de aproximadamente 12 kilómetros, pero en un terreno de acceso complicado, entre las rocas y la selva sureña que crece en la escarpada ladera de la cordillera que llega al mar.

    10.00 horas. Llegamos a Caleta Pangueruca, un tercio del camino. Los lugareños nos señalan la posición de seis cadáveres que ellos habían subido por sobre la línea de agua y que habían depositado en el paraje roqueño. Al aproximarnos, debimos realizar unos tiros al aire para espantar a los perros hambrientos que intentaban devorar los cuerpos. 

    Con improvisadas pértigas de ramas de árboles, logramos transportarlos desde el roquerío a la playa más cercana, para proceder a enterrarlos y dejar una señal visible para que, posteriormente, personal transportado en helicópteros se hiciera cargo.

    11.45 horas. Continuamos la marcha hacia Manquemapu. Hay algunos miembros de la patrulla que no han comido en días, a causa del mareo de abordo, exacerbado por las malas condiciones climáticas. El cabo escribiente Carmona sufrió un desmayo durante la caminata. Se repartió chocolate por lo que la energía y el ánimo revivieron.

    13.30 horas. Llegamos a Caleta Lliuco, nuestro destino final. Como carecemos de víveres, una patrulla compuesta por seis marinos del “Crucero O’higgins” que estaba en el lugar, al mando de mi carreta el subteniente Jorge Correa Tapia, nos dio un plato de porotos de almuerzo.

    14.00 horas. Instalación del vivac. Los paños de carpa de abrochamientos no resultaron de los más adecuados para la humedad del lugar. Afortunadamente, fue posible utilizar literas del Leucotón que permitieron aislarnos de la humedad del suelo.

    15.00 horas. Se inician los trabajos de desmantelamiento del Leucotón. La patrulla se organiza de tal modo que todo lo utilizable se acumula en la playa para luego ser cargado en los helicópteros, un Bell 47G pilotado por el Teniente Pedro Anguita y un 47J pilotado por el Capitán Sergio Mendoza, enseguida transportado hacia el Piloto Pardo.

    18.30 horas. Rancho, nuevamente gracias a la camaradería de la pequeña patrulla naval. Descanso. El personal está agotado y noto que la moral está baja.

o    Jueves 26 de Agosto

    06.30 horas. Diana. Como la moral sigue baja, me veo obligado a hacerles ejercicios físicos y trotes a la patrulla, con el fin de afirmar mi mando.

    07.30 horas. El personal está desayunando solamente con té, no hay pan. Los víveres que están en el Pardo, aun no llegan. Muy temprano, aparece el Comandante del Piloto Pardo y me llama la atención por no tener al personal listo en sus puestos de trabajo. Me obliga a interrumpir el magro desayuno de la gente y a conducirlos a sus puestos de labores. 

    En tierra trabaja una cuadrilla para acarrear todo tipo de elementos hacia el improvisado helipuerto playero. Otra cuadrilla se encargaba de cargar las camillas laterales de los helicópteros. El piloto hacía un vuelo estacionario previo (hover) para verificar el balance de la carga. A veces, aterrizaba nuevamente y nos indicaba la correcta distribución. Una tercera cuadrilla permanecía a bordo del Leucotón ya sea para desmontar motores, generadores u otras piezas, o bien para desalojar la munición desde la santabárbara.

    Este último trabajo se hacía a través de un tragaluz de varios metros. Mientras un infante y dos marineros rastreaban los proyectiles con el agua hasta el pecho, debido a que la santabárbara estaba inundada, otros jalaban de una cuerda que subía un canastillo con la munición hasta cubierta. Al mismo tiempo, una bomba de achique P-250 instalada en el entrepuente contiguo, intentaba drenar el agua de la santabárbara.

    Estando yo en la playa, alguien me gritó desde el Leucotón, mientras una columna de humo negro salía por la escotilla del tragaluz. Corrí hacia el buque, llegué a cubierta. Un hombre yacía desmayado. Desde el tragaluz sentía las voces de auxilio. Bajé por la escalerilla y di con los marinos que estaban casi asfixiados por los gases de la motobomba. Amarre al primero con la misma cuerda del canastillo y fue izado a cubierta, luego amarré a un segundo y se hizo el mismo procedimiento. Cuando estaba amarrando al tercero, perdí parcialmente el conocimiento, por lo que intenté subir la escalerilla entre el humo, apenas atisbando una luz arriba. Luego desperté en cubierta unos cuantos minutos más tarde, no sé cuánto tiempo.

    Los gases de la bomba de achique habían inundado el entrepuente y también la santabárbara. El subteniente Correa que llegó pronto, bajó al entrepuente, reptando por debajo del humo, atinó con apagar la bomba causante de la emergencia.

    12.00 horas. Rancho. Como los víveres aún no habían sido enviados desde el Pardo, tuvimos que contar con la buena voluntad y solidaridad de la patrulla de CL “O’Higgins”, que aun permanecía en el lugar, para almorzar un plato de porotos.

    13.30 horas. Llamada a trabajos de desmontaje del Leucotón. La moral de la gente está a la baja. El marinero enfermero de la patrulla protesta por la situación y es llamado al orden. Han marchado y trabajado arduamente las últimas 35 horas y apenas alimentados por un par de platos de porotos. Doy cuenta de este estado al subteniente King del Pardo, quien quedó de informarle al OCT (Oficial Comando Táctico) de esta circunstancia.

    18.00 horas. Finalmente, luego de casi 36 horas desde el desembarco, el Piloto Pardo nos hizo llegar algunos víveres, colchones y nuestros sacos de dormir personales1.

o    Viernes 3 de Septiembre

    03.00 horas. Por algún alboroto de voces, desperté a medio amanecer y sorprendí a la guardia nocturna en estado de ebriedad. Al parecer, los nocheros se adjudicaron una mayor porción de aguardiente (“chica”) que la permitida por la Ordenanza de la Armada para las vigilancias nocturnas en lugares aislados. Como consecuencia, dispuse el regreso a Talcahuano de los dos cabos más antiguos que encabezaban las guardias que se relevaban, los cuales fueron embarcados en el AP “Pardo” y, posteriormente, dados de baja del servicio. Fue una decisión dura, pero creo que no tenía otra alternativa, en consideración a que ya había recibido la orden de operaciones y estaba consciente de que venían semanas duras por delante. Necesitaba personal de la más alta moral2.

o    Sábado 4 de Septiembre.

    08.30 horas. Se realiza un censo poblacional del entorno de Manquemapu en el que se registra un número de aproximadamente 170 adultos y de 90 niños.

    19.00 horas. ¡Por fin zarpa el AP “Pardo”!

    Previamente, el comandante me había dejado una orden de operaciones escrita y una gran cantidad de víveres secos. Todo ello para una estadía en el lugar de duración incierta. Sacos de harina, porotos, arroz, lentejas, etc.

    El piloto, Capitán Sergio Mendoza, en un buen gesto de camaradería, me dejó un kit de pesca de supervivencia, deseándome suerte en el cumplimiento de nuestra misión3.

o    Lunes 6 de Septiembre

    Me reuní con pobladores y les describí el plan de alfabetización y el programa de reconstrucción de la Escuela Nº37 de Manquemapu, la que había sido destruida por el terremoto de 1960, pero que todavía conservaba sus cimientos.

o    Martes 7 de Septiembre

    Se arregla, provisoriamente, una sala de clases en la casa del poblador don Florentino Comigual, utilizando los bancos que quedaron de la antigua escuela.

    Esa tarde se iniciaron las clases de alfabetización con la asistencia de 18 niños y niñas de edades entre 7 y 12 años. Las clases estuvieron a cargo de este relator y del Cabo IM (Escribiente) Carmona.

o    Martes 14 de Septiembre

    Luego de negociar con los pobladores, se iniciaron los trabajos de acarreo de basas para formar los pilares de reconstrucción. Como tenía muchos víveres secos a disposición, ofrecí recompensa en vituallas para quienes nos trajeran las vigas elaboradas, las cuales eran remolcadas por yuntas de bueyes, en estado más bien famélico, desde los bosques aledaños.

    Se envió a un arriero de Manquemapu, cuyo nombre no registro, pero apodado “el gringo”, por los pobladores. Aparentemente, él era el único que poseía caballos para cruzar la cordillera hacia Hueyusca o Purranque y, habitualmente, comerciaba entre esas localidades y Manquemapu. Esta vez su misión fue la de contactar a la Escuela Pública de Hueyusca, llevando una nota mía, solicitando ayuda de materiales de instrucción primaria.

o    Miércoles 15 de Septiembre

    El acuerdo da espléndidos resultados. Los pobladores acumularon mucha madera y se procedió a levantar los primeros pilares.

    Las clases incluyeron este día: instrucciones de higiene, primeros auxilios y “urbanidad”, a cargo de nuestro Marinero enfermero.

    Desde luego, como ya se acercaban las festividades patrias, las clases se orientaron a la instrucción cívico-militar que incluyó también a adultos.

o    Jueves 16 de Septiembre

    Regresa “el gringo” desde Hueyusca portando materiales de instrucción, según nota a continuación:

    10.00 horas. Se organiza el Centro de Padres de la Escuela Nº37.

    Presidente: Don Belarmino Rain Treimun

    Secretario: Don Luis Alberto Comigual Ancapan

    17.00 horas. Llega patrulla al mando del Comandante IM Alejandro Salinas Barros a los altos de Bahía San Pedro.

o    Viernes 17 de Septiembre

    10.00 horas. Se reorganiza la Asociación de Colonos Cordillera San Pedro (sector Bahía Manquemapu). Se elige directiva:

    Presidente: Don Juan Bautista Queopan

    Secretario.  Don Luis A. Comigual

    Colonos registrados en la asamblea:

    José Esteban Rain Maquehua; Carmen Segundo Ancapán Loi; Francisco  Ancapán; Florentino Comigual Raipán; Froilán Manileo Cosme; José Gotalecio Marileo Cosme; Sergio Balterio Ancapán Ancapán; Juan Eligio Comigual; Florentino Rain Ancapán; Feliciano Rain Ancapán; Juana María Huenulef Cunilef; Teresa Ancapán; Juan de Dios Treimún; Pedro Juan Rain Maquehua; Bautista Ancapán; Gregorio España Ribera; Juan Segundo Comigual; Alfonso Barrera Carrillo; Guillermo Herrera; Mateo Segundo Nempu; José Mateo Nempu Naguen; José del Carmen Nempu Huenulef; Augusto LLanquin; Eudulio Queopán; Teoberto Sánchez Sánchez; Juan Vicente Rain; Luis Cumilef Marileo; Francisco Segundo Marileo Cosme; Manuel Barrera Carrillo; Heriberto Rain Rain.

o    Sábado 18 de Septiembre

    Ceremonia de Fiestas Patrias

    10.00 horas. Izamiento de Pabellón en local de nueva Escuela Nº37

    Honores a cargo de una escuadra armada

    Canción Nacional entonada por pobladores y miembros de Patrulla IM.

    Alocución patriótica por Jefe de Patrulla IM

    Primera piedra de nueva Escuela Nº 37

    12.00 horas. Rancho General. Aproximadamente para 110 personas. 

    Menú: asado de cordero, porotos con rienda.

    14.00 horas. Fútbol y juegos populares

o    Domingo 19 de Septiembre de 1965

    Continúan trabajos de desmantelamiento del Leucotón.

o    Lunes 20 de Septiembre

    Se levanta el vivac y la Patrulla IM regresa al alto de Bahía San Pedro para embarcar en vehículos, de regreso a Talcahuano.

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