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Magallanes – Elcano. La primera circunnavegación al mundo

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Más de 500 años han transcurrido desde el zarpe de Sevilla, el 10 de agosto de 1519, de la escuadra al mando de Fernando de Magallanes en busca de la ruta por el Oeste hacia las Molucas. En este intento descubre el paso entre el océano Atlántico y océano Pacífico. Posterior a la muerte de Magallanes, Juan Sebastián Elcano llega a las Molucas y después de innumerables penalidades y peligros, consigue regresar a España, siendo el primer hombre en circunnavegar el mundo.

 

 

Desde 1492 hasta 1519, tuvo lugar el gran proceso descubridor, desencadenado en último término por la búsqueda de especias.

Castilla había descubierto un nuevo mundo y había dedicado el primer cuarto de siglo siguiente a configurar el continente, su ordenamiento y a dominar el difícil arte de la navegación en el Atlántico. Siendo su resultado enormemente rico desde el punto de vista científico, cultural y político pero mísero desde lo económico.

Portugal, a su vez, había iniciado su expansión a ultramar mucho antes, efectuando la circunnavegación al continente africano y dominando el océano Índico septentrional, al tiempo que, desde el punto de vista económico, su enriquecimiento había sido extraordinario.

La rivalidad entre ambos reinos fue zanjada por varios tratados; Alcaçovas de 1749, que resolvía la cuestión africana; Tordesillas de 1494 sobre la rivalidad Atlántica y finalmente Zaragoza en 1529, que delimitó exactamente las zonas de influencia portuguesa y española en Asia.

Magallanes

Alcanzar la fuente productora de especias, situada sobre un pequeño archipiélago que era conocido como Maluco, hoy denominado islas Molucas, quedaba pendiente para ambos reinos. Finalmente, surgía la figura de Fernando de Magallanes para la citada búsqueda. Nacido en Oporto en 1480, pasó a prestar sus servicios a Castilla. Poseía una personalidad fría, dura, agresiva y apesadumbrada. No fue fácil la convivencia en su tierra natal Portugal. A los 35 años, y tras una serie de importantes trabajos en favor de la Corona, no había obtenido una recompensa digna; descontento, pasó a prestar servicios al emperador Carlos V rey de España. Presentado a éste, lo convenció que las islas Molucas estaban en la línea de demarcación de Castilla, marcando una posible derrota en un globo terráqueo. El proyecto que ofrecía Magallanes era claro y respaldado por la ciencia punta de esa época, la cartografía y cosmografía. Desde Portugal se trató de entorpecer la empresa por todos los medios. El embajador Álvaro da Costa esgrimió razones políticas y argumentos diplomáticos; por otra parte, Magallanes recibió amenazas y presiones de todo tipo. Con todo, la empresa siguió su apresto a buen ritmo.

La capitulación fue firmada en Valladolid el 22 de marzo de 1518. La Corona se comprometía a no permitir ninguna otra expedición con la misma derrota durante 10 años; a conceder un veinteavo del producto líquido del viaje y a otorgar los títulos de adelantado y gobernador, además de otras facilidades.

Todo quedó minuciosamente contabilizado: víveres, repuestos, armas, instrumental náutico, etc. Los costos ascendieron a ocho millones y medio de maravedís,* aportando la Corona 6.454.209 y el negociante Cristóbal de Haro 1.880.126, lo que incluía la compra de barcos y su puesta a punto.

Inicio de la expedición

Magallanes era el capitán general de la expedición, que estaba compuesta de 239 hombres, 16 eran de altos cargos de la Armada, 138 eran españoles, 79 de otros países europeos y seis asiáticos y africanos. Las naos* fueron: San Antonio de 120 ton al mando de Juan de Cartagena; Trinidad de 110 ton, nao capitana; Concepción de 90 ton al mando de Gaspar de Quesada y Juan Sebastián Elcano como [tootip title=”3. Cargo que correspondía a la persona encargada de la venta, cuenta y razón de la carga.”]maestre;[/tooltip] Santiago de 75 ton mandada por Juan Serrano; y la Victoria, de 85 ton, capitaneada por Luis de Mendoza.

Zarpan de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y concluido los aprestos finales el 20 de septiembre desde Sanlúcar de Barrameda. Efectuaron una escala técnica, habitual en los viajes a las Indias, en la isla de Gomera en Canarias, pasando frente a las islas de Cabo Verde, arribando a Sudamérica a la altura de Río de Janeiro.

Las tensiones entre el capitán y la tripulación, que se habían iniciado antes del inicio de la travesía, se fueron incrementando en el cruce del Atlántico. Descontento, sublevaciones y castigos se sucedían en un proceso irreversible. Al cabo de San Agustín, recalaron el día 29 de noviembre. Reconocieron el río de la Plata o de Solís el 11 de enero de 1520 y dieron el nombre a cierto cerro con forma de sombrero que llamaron monte Vidi, el actual Montevideo. La nao Santiago exploró el río durante 15 días, por si se trataba el paso al mar del Sur. Al no encontrarlo, continuaron en busca de este, varando cerca de la actual bahía Blanca la Victoria, sin mayores consecuencias. Descubrieron una gran bahía a la que llamaron de San Matías, y los últimos días de marzo entraron en San Julián en la costa de la Patagonia.

Los capitanes españoles recelaban contra Magallanes y se sublevaron, diciendo que no cumplía las instrucciones del rey, hallando eco en las descontentas y cansadas tripulaciones, al no aparecer el paso. Estalló el motín, adueñándose los rebeldes de la San Antonio de la que nombraron capitán a Juan Sebastián Elcano. Magallanes pudo valerosamente dominar la insurrección, administrando duras penas, condenó a muerte a dos de sus capitanes rebeldes y dejó abandonado a otro en tierra.

Descubrimiento del estrecho

La flota salió del puerto de San Julián, después de cinco meses de invernada. Durante este tiempo, exploraron tierra adentro, hasta 30 leguas,* tratando por primera vez con los patagones, tomaron algunos de ellos, pero fallecieron antes de volver a España. La Santiago se perdió producto de un temporal, salvándose afortunadamente todos sus tripulantes y cargamento, llegando a San Julián por tierra, después de grandes esfuerzos. Ya terminado el invierno, se nombró nuevos capitanes y se redistribuyó las tripulaciones. El 24 de agosto reanudaron viaje, entrando a los dos días en el río Santa Cruz, donde estuvieron a punto de naufragar. Magallanes dio instrucciones a los capitanes de costear hasta encontrar el estrecho buscado o el término del continente. Salió del río Santa Cruz el 18 de octubre y el 21 avistaron el cabo que denominaron de las Once Mil Vírgenes y una bahía de unas cinco leguas de anchura. Destacó a la Concepción y a la San Julián a explorarla, hallando la última el paso, asegurando que era el estrecho. Se convocó una junta de capitanes, aconsejando la mayoría entrar por este, haciéndolo así con cuatro naos. Después de recorrer 50 leguas envió a la San Antonio a explorar un brazo de mar que se dirigía al Sudoeste. El piloto de dicha nave, Esteban Gómez, se rebeló volviendo hacia Guinea y España. Era portugués, rival de Magallanes y se había manifestado disidente en el consejo de capitanes celebrado con anterioridad.

Antonio Pigafetta escribía en su diario que creía que no había en el mundo mejor estrecho que este. Finalmente, Magallanes salió al mar del Sur el 27 de noviembre de 1520, con las tres naves restantes, tocando algunas islas despobladas y estériles que denominaron las Desventuradas. Bautizó a los dos cabos que forman la salida del estrecho con el nombre de cabo de la Victoria el de la parte norte y cabo deseado el de la parte sur. Y la tierra, debido al gran número de hogueras que encendían sus habitantes por las noches, la bautizó como Tierra del Fuego. Llamaron al océano Pacífico, ya que encontraron tiempos favorables, permitiéndoles efectuar singladuras de hasta 70 leguas. Navegó rumbo Noroeste para alcanzar latitudes más templadas, pasando por el Ecuador el 6 de mayo de 1521.

Muerte de Magallanes

Llegaron a las islas Marianas que llamaron de las velas latinas o de los ladrones, ya que los indígenas intentaban llevarse de los buques todo lo que podían. Se efectuó acopio de víveres, permitiéndoles llegar con cierto alivio al archipiélago de San Lázaro, hoy Filipinas, el 16 de marzo de 1521. Fondearon en la pequeña isla de Samar cuyo rey acompañó a Magallanes a ver al rey de Cebú, llamado Hamabar, quien se convirtió al cristianismo con más de 1.200 súbditos. Intentó hacerlo soberano de los demás, ya que era su aliado, pero solo se sometieron dos, por lo que Magallanes trató de imponerlo por la fuerza, en contra de la voluntad del rey de Cebú y del capitán Juan Serrão. Marchó con 55 soldados y más de 1.000 indios de Cebú, siendo atacado por más de 6.000 indígenas. Debió retirarse combatiendo con su voluntad característica, siendo derribado de una pedrada y atravesado por una lanza que le causó la muerte. A pesar de todos los intentos, los indígenas no quisieron devolver su cuerpo.

Fue nombrado capitán general de la expedición Juan Carvallo, recalando en Bohol y Quipit en la costa norte de Mindanao. En Bohol por falta de gente, ya que quedaban 115 hombres, se resolvió quemar la Concepción por ser la más antigua de las tres naves. Visitaron posteriormente las islas de Paragua y Borneo, obteniendo víveres y agua de los lugareños. Desembarcaron en Borneo siete hombres al mando del capitán Gonzalo Gómez de Espinosa, siendo uno de ellos Juan Sebastián Elcano. Visitaron al rey de dicha isla. Por acercarse en gesto hostil una gran cantidad de canoas, tuvieron que zarpar en forma apresurada, dejando en tierra a tres tripulantes que quedaron en calidad de prisioneros.

Debido a la incapacidad de Carvallo para dirigir la expedición, fue relevado del mando por las dotaciones, en un nuevo motín, quedando al mando Gonzalo Gómez de Espinosa y capitán de la Victoria Juan Sebastián Elcano, quien dispuso rumbo a las Molucas.

Juan Sebastián Elcano

Poco se sabe de la juventud de Juan Sebastián Elcano, nació en el pueblo de Guetaria, en la provincia de Guipúzcoa, País Vasco, alrededor de 1476. Se dedicó en su niñez a la pesca y también algunos viajes de contrabando a la costa francesa. Cuando Magallanes reclutaba personal para su expedición, lo admitió además como maestre de unos de sus buques.

Debido a sus conocimientos de pilotaje y sus virtudes personales, paso a ser el más connotado de la expedición siendo nombrado además tesorero. Pasaron por algunas islas en su derrota a las Molucas, combatiendo contra un junco, donde se perdieron dos hombres españoles. Costearon al sur del cabo de Quipit, llegando hasta Sarangani y previo a la recalada a las Molucas, el 8 de noviembre de 1521, pasaron por las islas de Siam, Paguisara, Suar y Mean. Habían descubierto una nueva ruta a las Indias orientales. Desembarcaron en Tidore, estableciendo amistosas relaciones con el rey Almanzor, quien estaba receloso de los portugueses que intentaban establecer en Ternate una fortaleza y una factoría.

El portugués Pedro Alfonso de Lorosa que venía de Ternate, les informó que el rey de Portugal había enviado bajeles a interceptarlos, ordenándole al capitán general de las Indias Diego López de Sequeira que los atacase. Lo que no pudo cumplir por falta de armamento y otras circunstancias. Se hicieron las paces con los reyes de Gilolo, Ternate y Maquian, preparándose para seguir viaje, embarcando especias, aves tropicales como papagayos vivos, otras disecadas y algunos nativos voluntarios que quisieron ir a España. Hubo que dejar a la Trinidad debido a que hacía mucha agua. Después de un consejo integrado por Gómez de Espinosa, Elcano y el maestre Juan Bautista de Pontevedra, se resolvió que iniciara el regreso la Victoria, aprovechando los vientos y la derrota que normalmente hacían los portugueses, vía cabo de Buena Esperanza.

Regreso a España

El 21 de diciembre de 1521, se inicia el regreso a España con 60 expedicionarios y 13 indios; llevaba al rey de Castilla cartas de los reyes de Molucas y otros objetos de regalo. No sería fácil el regreso, ya que los mares que debían recorrer eran hostiles, al pertenecer a Portugal, y las condiciones climáticas serían adversas. En la isla de Mare se aprovisionó de leña y en Malúa se hicieron reparaciones de emergencia. El 26 de enero recaló en Timor, aprovisionándose de víveres frescos además de sándalo blanco y canela. Llegó a Bombay donde desertaron dos hombres, temerosos de un castigo que se les tenía que imponer.

Evitó todo acercamiento a puertos portugueses, así como a sus rutas de navegación, estando un mes sin tocar tierra desde su salida de Timor, navegando nueve semanas más por las inmediaciones del cabo de Buena Esperanza. Finalmente, el 19 de mayo de 1522, logró pasar el citado cabo, sufriendo todo tipo de calamidades, encontrando mejores condiciones climáticas en las islas de Cabo Verde. El 9 de julio fondeó en el puerto de Río Grande, en la isla de Santiago, siendo inicialmente bien recibido por el gobernador portugués, lo que paulatinamente fue cambiando a una abierta hostilidad, logrando reaprovisionarse de víveres y agua antes que se le conminase a rendirse, zarpando rápidamente, dejando en tierra a 12 tripulantes que habían ido a tierra a reclutar hombres sanos para poder proseguir el viaje. Después de 22 días de navegación, con la nao haciendo agua, avistan, el 4 de septiembre, el cabo de San Vicente y el día 6 entraban en Sanlúcar de Barrameda, después de casi tres años de navegación. Finalmente, el 8 de septiembre recalan a Sevilla, en donde los 18 tripulantes de la Victoria, 12 españoles y seis extranjeros, se dirigieron descalzos y en mangas de camisa, con un cirio en la mano, a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria y Santa María de la Antigua, a dar gracias a la Virgen por la gloria alcanzada y haber podido regresar a la patria.

El resultado de la expedición de Magallanes-Elcano, fue la consecuencia de los viajes colombinos, incorporando a España nuevos territorios que constituyeron un nuevo y gran imperio. El viaje que consiguió circunnavegar la tierra, demostró empíricamente la redondez de ésta, consiguiendo a la corona española, que financió la expedición, territorios y un enorme océano que fue conocido desde entonces y por dos siglos como el lago español.

Transformó al mundo de la época en todos los sentidos, náuticos, geográficos, políticos, económicos, sociales y culturales e iniciando la denominada primera globalización.

 

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BIBLIOGRAFÍA:

  1. Manera Regueyra, Enrique & Moya Blanco, Carlos. (1981). El buque en la armada española. Madrid; Editorial SILEX.
  2. Martínez Shaw, Carlos. (1988). El Pacífico español de Magallanes a Malaspina. Madrid; Lunwerg Editores S.A.
  3. Martínez – Hidalgo y Terán, José María. (1968) encliclopedia general del mar. Barcelona; Ediciones Garriga, S.A.
  4. Vila Vilar, Enriqueta. (2019). Falsear la historia. Diario ABC; Pág. 3.

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