RECONOCIENDO AL “OTRO”: UNA MIRADA NAVAL AL PUEBLO MAPUCHE

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La situación que se vive en la región de la
Araucanía adquiere cada día más protagonismo
en los medios de comunicación, fundamentalmente
por los frecuentes hechos de violencia que suceden
con una periodicidad indeseada. No es una
situación nueva. En las últimas décadas se han
intentado variados esfuerzos para encontrar
soluciones a las disímiles y demandas que hacen
los pobladores de esa región, problemas cuyos
orígenes bien se pueden encontrar en la época
colonial de nuestro país.
No es el propósito de este trabajo describir o
analizar los temas que son fuentes de conflicto,
sus orígenes, y menos proponer soluciones. La
intención es rescatar y dar a conocer los vínculos
que han existido entre una de las Instituciones
de la Defensa Nacional, como es la Armada, con
el pueblo mapuche.
A primera vista, pareciera ser que esa relación
no fuera posible, en atención al quehacer ligado al
mar que identifica a la Institución Naval, enfrentado
al territorio de la Araucanía que, además de ser
eminentemente agrícola, forestal y ganadero,
no posee en su costa puertos significativos o
apropiados capaces de recibir naves de tonelaje
superior al de un pesquero mediano. Agreguemos
* Contraalmirante. Magíster en Etnopsicología PUCV.
El vínculo de la Armada con el pueblo mapuche se remonta al origen mismo de la Institución,
en la forma de reconocimiento a cualidades y características propias de esa etnia, cuyos
personajes históricos han dado el nombre a numerosas unidades navales y han sido
modelo formativo para los marinos chilenos por casi doscientos años.
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que el pueblo mapuche no ha sido un pueblo
vinculado al mar, a excepción de un grupo de
ellos, los lafkenches, que ha dedicado parte de
su actividad de sustento a la recolección de
algas y especies marinas, pero siempre en y
desde la costa.
En relación al título de este trabajo, es necesario
especificar el vocablo “Otro”. En efecto, “El Otro
y lo Otro” son términos usados en las Ciencias
Sociales para señalar la alteridad, diferencia, o
no pertenencia. Su significado tiene diversas
interpretaciones, según sea la perspectiva o
el ámbito del conocimiento en que se utiliza.
Se relaciona con la identidad de la persona,
pudiéndose hacer extensivo a una comunidad,
sociedad o país. Los términos provienen del
psicoanálisis y han sido adoptados, entre otras
disciplinas, por la filosofía y la antropología. Para
efectos de este trabajo, se considerará al “Otro”
y “lo Otro”, como todo aquello que “yo no soy”,
“no me identifico” o “no pertenezco”.
Un reconocimiento histórico
Pese a la escasa vinculación del territorio de
la Araucanía con la Armada, la historia registra
una significativa presencia mapuche en la
denominación de unidades navales, tanto de
combate como auxiliares. Esa presencia se
remonta a la primera unidad de guerra que
integró la lista naval, cuando en 1818, José Álvarez
Condarco compra la fragata “Windham” y se le
denomina “Lautaro”. Desde ese entonces, han
sido numerosos los buques que han surcado
el litoral chileno llevando los nombres que
recuerdan a distinguidos integrantes de la etnia
mapuche, tales como Galvarino, Caupolicán,
Tucapel, Janequeo, Elicura, Orompello, Leucotón
y Lientur. Especial mención se debe hacer a
los submarinos clase “H”, “Guale”, “Rucumilla”,
“Guacolda”, “Tegualda”, “Fresia” y “Quidora”, todos
nombres de mujeres araucanas, y algunos de ellos
legados a las Lanchas Torpederas que por más
de 30 años, resguardaron la soberanía chilena
en el canal Beagle y aguas adyacentes. En este
último caso, los nombres no fueron adjudicados
por casualidad: representaban un espíritu que
era necesario recordar, hacer propio y proyectar
a los posibles adversarios de ese entonces.
Muchos fueron los marinos que sirvieron a
bordo de las Torpederas “Guacolda”, “Fresia”,
“Quidora” y “Tegualda”, y con orgullo lucieron la
insignia que los identificaba como “torpederos”
miembros de esa Fuerza que era, precisamente,
un torpedo cruzado por cuatro lanzas mapuches.
En el contexto anterior, el nombre “Araucano”
siempre lo ha ostentado una de las más significativas
unidades de la Armada de Chile. La primera que
portó ese nombre fue un bergantín español
capturado en 1817. La segunda unidad con ese
nombre formó parte de la Primera Escuadra
Nacional, e integró la Expedición Libertadora del
Perú. Quien porta ese nombre en la actualidad es
un petrolero de Escuadra,
una de las unidades de
mayor tonelaje en servicio.
Anteriormente, fue otro
petrolero y un buque madre
de submarinos, ambos
de dilatado servicio en la
Institución.
Desde el punto de vista
de la etnología, el bautizar
a las unidades de la Armada
con nombres mapuches
constituye una “apropiación
cultural”, por cuanto se
pretende proyectar una
determinada característica,
ESCENARIOS DE ACTUALIDAD: Reconociendo al “Otro”: una mirada naval al pueblo mapuche
n BMS “Araucano”, 1930 – 1962.
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en este caso la de una
etnia, a la dotación de una
unidad naval conformada por
personas no pertenecientes
en su totalidad, al grupo
aludido.
En efecto; la gallardía,
soberbia, belicosidad y el
espíritu indómito del pueblo
mapuche ha sido reconocido
desde larga data, cantado
por Alonso de Ercilla en su
poema épico “La Araucana”,
y adoptado como modelo
e inspiración formativa.
Una prueba de ello es la
denominación del trofeo
“Caupolicán”, que tanto en la Escuela Naval como
en la Escuela de Grumetes y en el Buque Escuela
“Esmeralda”, es otorgado al grupo que más se
destacaba en deportes. Dicha denominación, que
recuerda a un destacado cacique araucano, es una
manera de reconocer a una cultura, que, como
se ha visto, no es ajena a la institución naval.
Siempre en el ámbito formativo, en las primeras
etapas de la instrucción básica que se daba a
quienes se incorporaban a la Armada, se exigía
conocer el nombre de las unidades navales y sus
características, lo que implícitamente llevaba
la obligación de conocer los hechos a los que
estaban asociados, por lo que las hazañas y
cualidades de los personajes históricos mapuches
han formado parte, desde temprana edad, del
acervo cultural de todos los marinos chilenos.
El personal mapuche en la Armada
Otro aspecto de singular importancia, es la
presencia de personal de origen mapuche en
la filas de la Armada. Esta situación no deja
de ser interesante y es extensiva a toda etnia
reconocida por el Estado chileno,1
por cuanto
revela un hecho que, desde el punto de vista
de la integración, es destacable, mientras que
desde una visión cultural no lo es, aún cuando
esta última tiene una explicación considerando
los procesos de formación militar.
Analizando el tema de la integración, en la
Institución Naval el origen étnico de una persona
nunca ha sido un foco de preocupación particular,
lo que indica que pasan a conformar la dotación
de los buques y establecimientos de la Institución
independientemente de su apellido, lugar de
origen u otra caracterización.
Ocasionalmente, a lo más interesa el lugar
de origen, pero con el propósito de eximirlo
de guardia o dejarlo con días libres cuando el
buque recalaba a un puerto próximo a su hogar.
Es el típico caso de los “chilotes” y mejor aún si
el buque permanecía algunos días, ya que las
atenciones de la familia y amistades se hacen
extensivas a parte de la dotación.
Siempre desde el punto de vista de la
integración, llama la atención, positivamente,
que no se lleva registro ni dato estadístico
alguno del origen geográfico, o de la etnia de
las dotaciones en las unidades o reparticiones.
Definitivamente, nunca ha sido un tema de
preocupación. La única referencia puntual y
circunstancial del origen geográfico de una
determinada persona y que no se asimilaba a su
origen étnico, es por actuaciones, tanto positivas
como negativas, hecho aplicable a todos los
integrantes de una dotación. Las referencias
son alusivas a “que es del campo”, “iquiqueño”
“huaso”, “chilote”, “mapuche” “chumango”,
1. El Estado de Chile reconoce ocho etnias originarias: aimara, rapanui, kawashkar, atacameña, colla, quechua, yagán y mapuche.
n LSM “Elicura”.
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“paitoco”, “alemanote”, etc. Lo anterior es válido
tanto para los oficiales como para el personal
de gente de mar.
Lo aseverado, como se indicó, revela una
falta de interés por los aspectos culturales de
las etnias originarias en nuestro país, posición
y actitud que es común a la gran mayoría de la
población chilena, que incluye el desinterés de
una etnia por la otra. Razones pueden haber
muchas, comenzando por la permanente mirada
que se ha tenido hacia la cultura y modelos
provenientes de Europa y Norteamérica, a lo
que podemos agregar, entre otros motivos,
el esplendor de otras culturas americanas,
expresado en construcciones y monumentos
que han sobrevivido al paso del tiempo y han
sido reconocidos mundialmente. De las etnias
originarias chilenas, la cultura rapanui, es la
excepción.
En relación a los mapuches, comenzando
por Alonso de Ercilla y los trabajos posteriores
efectuados por investigadores, artistas e
historiadores, para destacar la totalidad de las
cualidades y características que son propias a
esa cultura, no han sido masivamente difundidos
ni reconocidos, pero aquellas que demostraron
en su lucha contra el dominio español, tales
como la gallardía, soberbia, belicosidad, espíritu
indómito y otras por las cuales muchos chilenos
se identifican con orgullo, no son menores, y
han contribuido a forjar la
identidad nacional.
Sin duda que hay otras
expresiones, tales como
la música, espiritualidad,
medicina y una cosmovisión
mapuche, que ameritan ser
conocidas y “reconocidas”.
Recién en estos últimos años
han aparecido publicaciones
que dan cuenta de aspectos
de la cultura aludida, que no
se han divulgado en forma
masiva y que, de haberse
hecho, muchos problemas
actuales habrían sido ya
superados. Si no se hizo
en su oportunidad, es una
responsabilidad que recae
tanto en los poseedores de esa cultura que no
supieron o no pudieron divulgarla, como en
quienes debimos interesarnos en ella. Razones
para lo uno o lo otro pueden haber muchas,
pero pertenecen al pasado, lo que no significa
que se enmiende lo que en su oportunidad no
se hizo o se ignoró.
El “Otro” en el proceso de la formación
naval-militar
Anteriormente se mencionó que el origen o la
etnia de una persona nunca fue foco de atención
en la Institución. En efecto, desde el ingreso de
una persona a una escuela matriz y durante toda
su formación inicial militar básica, que dura del
orden de tres meses, para los Instructores, “El
Otro”, es decir la identidad del instruido, no tiene
ninguna importancia. Origen, etnia, nombre u
otra característica propia, pasan a un segundo
plano frente a la necesidad de conseguir que
un grupo de personas sin muchas cosas en
común, se identifiquen y agrupen en torno a
la identidad (“ethos”) institucional.
A lo anterior se debe agregar que la formación
militar se lleva a cabo en torno a dos conceptos
rectores: el espíritu de sacrificio y el de servicio
a la Patria. En toda actividad, ambos conceptos,
en particular el segundo, conllevan el supeditar
el interés individual al interés colectivo o de
ESCENARIOS DE ACTUALIDAD: Reconociendo al “Otro”: una mirada naval al pueblo mapuche
n Fragata “Lautaro”. Buque Escuela – 1944.
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“El Otro”, lo que implícitamente contribuye a
“despersonalizar” los actos ejecutados.
Nombres, fenotipos, origen, u otra característica
personal, no tienen mayor importancia frente a los
logros o fracasos de una escuadra, sección, compañía,
repartición o unidad. De esa manera, las capacidades,
falencias, cualidades y defectos individuales se
potencian o se disminuyen en un proceso que, sin
duda, tiene como resultado una homogeneización
que implica el crecimiento y desarrollo de cada
individuo al nutrirse, por imitación u obligación, de
los aspectos positivos de “El Otro”, al mismo tiempo
que tiende a modificar o eliminar conductas no
coherentes o inaceptables en la Institución.
La cultura mapuche y la identidad
nacional
La conformación de la población chilena, al
igual que la mayoría, sino todos los países del
Nuevo Mundo, presenta la característica de la
fusión de pueblos nativos u originarios, con
inmigraciones provenientes mayoritariamente
de Europa y del Medio Oriente. Sin duda que en
Chile la más importante fue la española, que con
su presencia dominó el escenario hasta mediados
del siglo XIX, para posteriormente incorporarse al
desarrollo de la Nación, entre otros, ciudadanos
alemanes, ingleses, franceses, croatas, italianos
y palestinos, todos ellos contribuyendo con su
cultura, tecnología y conocimientos.
Es innegable que la cultura europea, apoyada
en sus conocimientos científicos y tecnológicos,
se impuso como modelo preponderante frente
a los procedimientos “arcaicos y primitivos” de
los pueblos originarios. Lo anterior, unido a
un proceso de evangelización que no admitía
“competencia”, contribuyó a ignorar y desconocer
la concepción que tiene el pueblo mapuche del
universo, de la naturaleza, y las fuerzas que la
controlan, además del lugar que le corresponde
y ocupa el ser humano en la creación.
Posiblemente lo expresado en el párrafo anterior
permite dar una clave para entender las demandas
de una parte del pueblo mapuche ya que, como
lo expresa Díaz Fernández: “Mientras menos
se conoce a una persona o a un grupo humano
con el cual se convive, mayores son los prejuicios
que sobre ellos se pueden concebir y mayor es la
violencia que se puede desatar. Negarse a conocer
al Otro, su vida, sus intereses, sus esperanzas, es
negarse a reconocer su dignidad y sus derechos
como persona o como comunidad humana.” (Díaz
Fernández, José Fernando, pp. 15).
Se desconoce con precisión desde cuándo
el pueblo mapuche habita en el continente
sudamericano pero, sin duda, es muy anterior
a la llegada del conquistador e inmigrante
europeo. El contacto íntimo con el entorno
en donde desarrolló su vida, la observación
de los fenómenos naturales y sus hábitos de
subsistencia, generaron una cosmovisión que
se manifiesta en su profundo conocimiento de
la tierra, de la flora y fauna, en sus costumbres y
tradiciones, que difieren de las correspondientes
a las culturas provenientes del Viejo Mundo.
Estas diferencias son múltiples y quizás la que
mejor las grafica, es el hecho que “mientras el
europeo modifica y adapta el entorno natural a sus
necesidades”, el mapuche “se adapta a él”. Evidencia
de esta realidad, es la reiterada observación que
se hace en el sentido que “las tierras que ocupan
los mapuches no son explotadas eficientemente”.
Un enfoque productivo enfrentado a uno de
subsistencia.
Resulta útil destacar que el término “mapuche”
identifica en forma genérica a cinco grupos
diferenciados según el territorio que ocupan: los
lafkenches (gente del mar), williches (gente del sur),
los pewenches (gente del “pewen”, ubicados al este),
los pikunches (gente del norte), y los mapuches, el
grupo central y más numeroso. Entre ellos existen
sutiles diferencias en hábitos y costumbres que
son consecuencia del entorno en donde viven,
que refrenda su adaptación al medio.
Pese a la centenaria actividad evangelizadora de
la Iglesia, la presencia de larga data de inmigrantes
de origen europeo en la región de la Araucanía, y
la asimilación de una gran parte de la población
de origen mapuche a las normas, costumbres
y tradiciones que identifican a los chilenos,
persiste con fuerza una identidad propia del
pueblo mapuche que se manifiesta en rituales
y ceremonias que reflejan una cosmovisión que
liga indisolublemente al hombre con el medio
ambiente, haciéndolo parte de él. Definitivamente
es una visión diferente, y única.
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Díaz Fernández, en su obra ya referida, expresa:
“El contraste se produce al participar de los ritos
sagrados mapuche. Allí se toma conciencia de que
se está en un escenario absolutamente diferente.
Para participar hay que ser convidado. Existen
claras barreras históricas y culturales que sólo se
cruzan a partir del establecimiento de relaciones
personales con miembros de las comunidades. En
general los ritos se celebran sólo entre mapuche”.
(Díaz Fernández, José Fernando, pp. 10).2
Conclusiones
n El vínculo de la Armada con el pueblo
mapuche se remonta al origen mismo de la
Institución, en la forma de reconocimiento
a cualidades y características propias de
esa etnia, cuyos personajes históricos han
dado el nombre a numerosas unidades
navales y han sido modelo formativo
para los marinos chilenos por casi
doscientos años.
n En la Armada de Chile, la
integración y participación de
ciudadanos de origen mapuche
es de larga data. No existen datos
estadísticos de su grado de presencia
o desempeño en la Institución,
reflejando que el origen étnico no
ha sido un factor a considerar en
actividad alguna. Se estima que
la ausencia de una norma en ese
sentido ha sido absolutamente
positiva, y que debería continuar así.
n Un ámbito por mejorar en los miembros de
la Armada es respecto al conocimiento que
se tiene de las culturas originarias del país.
n El pueblo mapuche posee una cosmovisión
propia fundada en su profundo conocimiento
del medio ambiente en que vive. Su
vinculación con la tierra obedece a una
concepción que integra al hombre y a los
elementos en un mismo nivel de importancia.
n La identidad chilena se vería fortalecida y
enriquecida con la incorporación y difusión
de la cultura de los pueblos originarios,
en particular el mapuche, toda vez que
contribuirían, entre otros aspectos, a un
mayor conocimiento y utilización de las
especies autóctonas, del medio ambiente
y de la particular visión del Universo desde
nuestra austral posición geográfica.

 

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