Lord por una noche

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– Introducción.
E
l año 1973 en Escocia, Reino Unido,
se encontraban en construcción
dos fragatas ( “Condell” y “Lynch” )
y dos submarinos ( “O´Brien” y “Hyatt” ),
los dos primeros en las cercanías de Glas –
gow y los otros en Greenock, distante
uno del otro 40 minutos en automóvil. Para las festividades del 21 de mayo
de ese año, como de costumbre, los inte-
grantes de las dotaciones de dichas uni-
dades concurrieron a ceremonias en su
respectivo astillero. Para la celebración nocturna de este
aniversario ambas dotaciones se coordi-
naron para una cena conjunta, acompa-
ñados con sus esposas, en algún lugar
apropiado en la vecindad de Glasgow,
donde residían la mayoría de los oficia-
les. Consecuentemente se designó una
comisión para coordinar los detalles. La comisión organizadora, después de
consultar con algunos expertos locales, resol –
vió que dicha cena sería en un castillo en los
suburbios de Glasgow y se encargaron mali –
ciosamente de ser poco claros al explicar el
desarrollo del evento que contrataron. Esa noche cada uno llegó a la hora
convenida, elegantemente vestido y
acompañado de su distinguida esposa. El ingreso al castillo estaba brillantemente
iluminado, con amplios estacionamientos
para los automóviles. Todo parecía per

fecto para pasar una preciosa velada en
compañía de la muy amada esposa. Al ingreso del castillo, fuimos recibi-
dos por unas preciosas damas vestidas
con ropa del siglo XIV que resaltaban
su belleza y lucían un escote profundo
que albergaba unos generosos pechos
debidamente aprisionados y que eran
difíciles de ignorar. Estas damas nos
saludaron efusivamente con un beso
y condujeron a una gran guardarropía
donde debíamos dejar nuestros abrigos
y colocarnos una túnica de la época. Terminada esta faena, continuamos
nuestro viaje hacia un gran salón para reunir –
nos con el resto de nuestros compañeros.
En el pórtico del salón, un apuesto heraldo
vestido con ropa escocesa nos preguntaba
nuestro nombre e informaba con un golpe
de su lanza en el piso el arribo de “Lord and
Lady ——-“, acto seguido un personaje que
representaba al rey escocés Robert Bruce con
su Reina, ambos con ropas de la época nos
agradecían haber concurrido a su llamada y
nos felicitaban por nuestro brillante desem –
peño durante la gloriosa batalla de Bannoc –
kburn
1 y el magnífico caballo de batalla que
* Capitán de Navío. Oficial de Estado Mayor.
1.- Batalla de Bannockburn (1314 d.C.). Combate librado el 24 de junio de 1314, cerca de la ciudad de Bannockburn (Escocia), entre
los ejércitos ingleses y los escoceses. La batalla tuvo lugar cuando las tropas escocesas, que en un número cercano a los 40.000
hombres estaban lideradas por el rey de Escocia Roberto I Bruce, interceptaron a un ejército, de unos 60.000 componentes, a cuya
cabeza se encontraba el monarca inglés Eduardo II. Éste pretendía levantar el asedio a que estaba sometido el castillo de Stirling,
y para ello dispuso el ataque de su caballería sobre las posiciones escocesas, que repelieron la acometida valiéndose de fosos
camuflados. Las tropas inglesas fueron obligadas a dirigirse hacia los pantanos próximos, donde tuvo lugar el verdadero combate,
que supuso la incontestable victoria escocesa sobre unas tropas que cosecharon 10.000 bajas. La victoria de Bannockburn es con –
siderada el nacimiento de la independencia escocesa respecto de Inglaterra, aunque ésta no la reconoció hasta 1328
Peter Furniss Hodgkinson*
LORD POR UNA
NOCHE
PÁGINA DE MARINA

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PETER FURnIss HOdGkInsOn
habíamos montado. A continuación proce –
dían de forma similar con el próximo invitado
que llegaba mientras nos dirigíamos al fondo
del salón donde se encontraban nuestros
compañeros, quienes habían llegado con
anterioridad y que observaban a un grupo
de doncellas de características similares a las
antes descrita que servían tragos y coque –
teaban con estos nuevos Lores. Un grupo
de músicos vestidos con túnicas apropiadas
tocaban música mientras dos bufones hacían
sus gracias. Estas “damas”
durante todo este
primer evento desa –
fortunadamente atra –
jeron las miradas de
estos Lores, lo que a
nuestras “Ladies” no
les pareció simpático
en absoluto, por lo
que comenzaron a
alargar sus caras y
llamar al orden a sus
maridos, los cuales ya habían perdido toda
compostura. En esta etapa fuimos descubriendo
que esta cena representaba una recep-
ción que ofrecía el rey de Escocia a sus
señores feudales, quienes lo habían apo-
yado y combatido a su lado en la Batalla
de Bannockburn en 1314, cuando había
derrotado a los ingleses logrando la
independencia de Escocia ese año. Una vez reunidos todos los invitados,
su majestad pidió a sus Lores y Ladies
acompañarlo al comedor para una cena
que tenía preparada. En el comedor, en el
cual había varias mesas largas paralelas
que consistían en una serie de tablas rústi –
cas y bancas similares a las mesas. Sobre
ellas había unos platos hondos de madera
y copones más bien toscos. El rey con su
reina tomaron asiento en una mesa sobre
una tarima perpendicular al del resto y lo
acompañaban los Lores más distinguidos que en este caso fueron los comandantes
de los buques en construcción, con sus
Ladies. Acto seguido el rey hizo un brindis
con motivo del evento y agradeció una vez
más a los feroces Lores por su brillante
desempeño contra el enemigo. El brindis
fue con un trago de “Mead” que es un
brebaje de la época consistente, según mi
parecer, en un vino dulce con miel y algu

nas especies aromáticas. Acto seguido ingresan unas hermo –
sas jóvenes sirvientas con unos baldes de
madera y voltean la sopa que contenían
en los platos que cada uno tenía al frente
y uno se lo tomaba sin cuchara (no como
se enseñó en la Escuela Naval). Mientras
lo anterior se llevaba a cabo, unos jugla –
res y equilibristas vestidos con ropa de la
época hacían sus gracias y los bufones del
rey hacían otro tanto. Terminada la sopa, el rey llamó a su
luchador a realizar una demostración de
sus habilidades contra el luchador de otro
Lord que lo había desafiado. Ingresaron
los luchadores en ropa bastante escasa
y con unas brazadas despejaron la mesa
central, donde se encontraban senta –
dos algunos de nuestros compañeros, se
subieron a la mesa y después de algunos
gritos procedieron a trenzarse en una feroz
lucha, mientras los asistentes de esa mesa
aclararon aceleradamente el lugar con sus
Ladies del brazo. Está demás mencionar
que el victorioso fue el luchador del rey. Es así que el rey felicita a su luchador
y manifiesta que con la ferocidad de su
pueblo siempre vencerán a los ingleses.
Uno de los invitados desde atrás dijo: “y
que me cuenta de Wembly”
2, lo que pro –
dujo una gran risotada y el rey fingiendo
estar indignado, reta a este impertinente
Lord a medirse contra su luchador, lo que
no se lleva a cabo, por lo que el rey ordena
a su luchador que se lleve a la Lady de este
señor en castigo, ante lo cual el luchador
la toma y se la echa al hombro mientras el
Rey Robert I Bruce
2.- Aquí debo manifestar que el fin de semana anterior a esta cena, en el estadio de Wembly, en Londres, se había desarrollado
el tradicional partido de futbol de Inglaterra contra Escocia en que Inglaterra venció dos a cero a su rival después de un muy
disputado encuentro.

TÍTULO
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LORd POR UnA nOCHE
valiente marido le grita: “no te olvides de
las píldoras, mi amor”.
Continúa la cena y las mismas chiqui –
llas traen el segundo plato consistente en
un pescado entero al vapor con grandes
ojos que colocan en el mismo recipiente
de la sopa y reparten cuchillos en cuyo
extremo hay una esfera para evitar que
el Lord se entretenga enterrándoselo en
las costillas al Lord a su lado. Una vez
comida la trucha con la mano y cuchillo,
bastante embetunada la cara y manos,
nos procedemos a limpiar con unas toa –
llas de mano que
estaban en la mesa. Antes de levan-
tar la cena, el rey
obsequia a la
esposa del oficial
más antiguo un
ramo de flores y
una de las bellas
damas sirvientas
se lo entrega y le
obsequia un apa-
sionado beso en la
boca a su marido
en medio de los aplausos, pero esto no
impide la molestia de su Lady, la que
procede a vista de todos a limpiarle la
boca a su Lord con un pañuelo. Terminada la cena, el rey invita a
sus Lores y Ladies a pasar al salón para
degustar un whiskey de su bodega pri-
vada antes de emprender su retirada,
dando así término a la cena. Ahora corresponderá que cada uno de
los invitados vaya a recuperar sus ropas y
pertenencias a las respectivas guardarro –
pías en que estas coquetas damas en forma
muy servicial cooperan. Afortunadamente,
mi ropa estaba muy cerca de la entrada, de
manera que no tuve problema en recupe -rarla. Algunos compañeros no corrieron la
misma suerte y con la alegría reinante no
recordaron el lugar exacto donde tenían las
prendas; por lo que se tuvieron que internar
al fondo de la guardarropía con las damas
de la guardarropía, y según cuentan, algu

nos tuvieron que abrazar a estas chiquillas
para mantener el equilibrio y alcanzar sus
ropas, lo que por supuesto fue mal inter –
pretado por sus Ladies, las que demostra –
ron su molestia ante esta situación. Unos
Lores que se demoraron más de lo nece –
sario, efusivamente agradecían la coopera –
ción recibida por las
preciosuras que les
ayudaban a encon –
trar sus prendas.
Esta situación no fue
comprendida por
las Ladies y fueron
cruelmente amones –
tados en camino a
casa donde no se les
dirigió la palabra por
algunas semanas. Al día siguiente
en las oficinas del
astillero felicitamos a los organizadores
del evento por su decisión y elección
del lugar. Propusimos que para la cele-
bración de Fiestas Patrias podríamos
compartir nuestras celebraciones de
independencia con los escoceses y repe-
tir esta agradable experiencia. Lamentablemente nuestras ex Ladies,
ahora transformadas en queridas esposas,
nos aclararon que no estaban dispuestas a
repetir esta experiencia que no les produjo
ninguna satisfacción. El 18 y 19 de septiem –
bre lo celebramos en la forma tradicional
con alocuciones patrióticas, empanadas y
vino tinto, sin compartir nuevamente con el
rey Robert Bruce y su coqueta corte.
* * *

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