Las reglas de gobierno en el mar

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Página de Marina
LAS REGLAS DE GOBIERNO EN EL MAR
Rafael Lüttges Derosas*
N
avegábamos en medio del Golfo de Penas
rumbo a Punta Arenas soportando olas
de quince metros y el viejo vapor gemía entre
bandazos, cabeceos, arrufos y quebrantos.
Sor Juanita, era una monja muy especial que
se había embarcado en Valparaíso y con quien,
compartiendo en el puente, olvidó su agenda
donde anotaba acontecimientos de su interés y
que le guardé. Juanita era aficionada a observar
estrellas de la Constelación de Orión, desde mi
pequeño telescopio instalado en el puente.
Nuestra amistad venía desde el viaje del AKA
“Pinto” a Rapa Nui donde ella vivió por más de
cuarenta años con la Congregación Hermanas de
Boroa, en tiempos del Padre Sebastián Englert.
Fui alertado por el lamparero de la hora para
levantarme para la guardia. Me bajaba de la litera,
cuando el buque pega un bandazo a babor y en un
santiamén otro más fuerte hacia estribor, que me
hizo golpear contra uno de los mamparos (…)
Conversaba con el timonel Mansilla, un viejo
chilote muy supersticioso oriundo de Chonchi
con casi treinta años navegando
diferentes mares, quién acotaba
que el temporal no amainaba
aún después de seis días y no
veía vestigios de mejoría mientras
cruzábamos el Golfo, cosa a lo que
yo asentía con la cabeza, mientras
el hostigoso balance de la nave se
repetía. Me hablaba sobre naves
color ámbar silenciosas que bajan
y suben rapidísimo hasta el cielo,
trayéndome recuerdos del viaje
a Rapa Nui donde vimos unos
Moai como con sombreros rojos
de piedra llamados “pukaos” que
aseguraba eran copia de los carros
voladores.
A la distancia se observaron
unas luces de color indefinido y no exactamente
como las luces de posición de un buque, mientras
Mansilla recitaba…
<>
Una luz se acercó mostrándose en tono ámbar
brillante y cual relámpago nos enfrentó haciendo
todo tipo de piruetas como si quisiera saludarnos,
lo que en forma inmediata me produjo inquietud y
sorpresa, junto a un intenso frío en la espalda. Mientras
tanto Mansilla casi gritaba presa del pavor, que era el
carro volador que nos mandaba el “Millalobo y Cai
Vilú” para llevarnos al fondo del mar, mientras estaba
casi ‘amarrado’ a la rueda de gobierno. Dicha luz
parecía amistosa y no hostil, así que saludé tocando
en forma repetitiva la sirena, a lo que nos respondió
haciendo resplandecer mil luces multicolores en
su rededor y luego por arte de magia desapareció
en los cielos en forma tan silenciosa como había
* Poeta y trovador porteño. Miembro activo del Círculo de Escritores de la V a Región. Autor de la letra de varios himnos navales.

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llegado. El temporal amainó y mientras seguíamos
curso yo meditaba profundamente si lo acaecido fue
una visión o realidad, hasta que decidí que el hecho
nunca existió y para evitarme cualquier comentario
perspicaz, omití el suceso en el Bitácora.
(…) Alertado en segundo recordatorio me levanté
dirigiéndome al puente a tomar la guardia. Un
cielo tramado de constelaciones nos cubría como
manto, por lo que ubiqué mis estrellas favoritas
con el sextante y me dispuse a calcular los alesios
e interceptos para situarme. De pronto y casi al
amanecer se apreció Sor Juanita consultando
sobre el motivo de unos pitazos nocturnos que
la despertaron. Prontamente respondí que fue un
saludo a otro buque que nos cruzó (mirando de
reojo a Mansilla para ver su reacción), pero él, parecía
inexistir asido a la caña del timón recitando…<> …
<>
En el intertanto, Sor Juanita observaba las
constelaciones y conversábamos de lo humano,
lo divino y de ritos e historias de Rapa Nui. Una
luz resplandeciente de algún meteorito entrando
en la atmósfera cruzó los cielos, yendo a perderse
más allá del horizonte ante lo cual exclamé en
tono de chanza:
– Mire Madre, ¡allá va un disco volador!
Ella casi cómplice dijo: – Piloto, ¿cree en los
discos voladores?, porque yo a pesar de observar
la bóveda celeste nunca ha cruzado alguno ante
mis ojos. Acto seguido se despidió dirigiéndose a
tomar desayuno. Al cambio de guardia me percaté
de haber olvidado devolverle su agenda y por
una repentina curiosidad comencé a hojearla y
encontré entre escritos desordenados, dibujos,
bocetos y la figura de un Moai con el famoso
‘pukao’ de color rojo ámbar en la cabeza que se
parecía al carro volador que había visto o soñado
en el inicio de mi guardia y en esa hoja decía:En Rano Kao, Junio 1960, junto a unas letras
que decían: Historial real.
<> (Los Viajeros
Estelares) que entre sus partes decía así;
“Recuerdos del Arcano: noticias contadas por
los sabios y ancianos de visitantes de las estrellas
llegados sus huevos relucientes que equilibraban
la fuerza y traían la simiente:
<>”.
Su dibujo mostraba un moai suspendido por
un carro volador similar al observado durante la
guardia y cuya forma se asemejaba a los Pukaos
donde decía: Isla Rapa Nui, año 1960. Sencillamente
me estremecí.
Iniciaba el segundo turno de guardia cuando
apareció Sor Juanita buscando su libreta de la
cual hice entrega. Cuando se despedía para bajar
a su camarote, me dice a boca de jarro: – Piloto,
amigo mío, ¿es verdad que sólo fue un buque
que cruzó la ruta al que saludaron con tantos
pitazos anoche?, y sonriendo se retiró sin darme
tiempo a contestarle. El viejo timonel Mansilla
observó este detalle y con una sonrisa exclamó,
– recuerde que…<> … Madre: ¡que
tenga un buen día!
Luego volviendo la vista al horizonte, siguió
recitando a media voz…
<>…
Al entregar la guardia, Mansilla me consultó
de cuales pitazos hablaba la monja y ante lo cual
respondí en un gesto casi rutinario…– Cosas de cucalones timonel, sólo eso…
PÁGINA DE MARINA: Las reglas de gobierno en el mar
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REVISMAR 5 /2014

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