Las incomodidades en un submarino tipo H

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Existe consenso universal para el común de los ciudadanos de que un submarino convencional
resulta una plataforma algo incómoda para servir en ella, pero no así para quienes lo tripulan, que curiosamente se acostumbran, gozan, echan de menos y hasta se enorgullecen de desempeñarse a bordo de este tipo de unidad
de combate, caracterizada por ser muy poco espaciosa, impregnada de curiosos aromas, por decir lo menos, rodeada de circuitos de muy alta presión, que constituyen eventuales peligros si no se monitorean como es debido, y dotada de humildes y escasas prestaciones para el bienestar de su dotación.

Tal fue la vida de las dotaciones de los primeros submarinos que tuvo la Armada de Chile, los submarinos Holland o tipo H, que operaron por espacio de 38 años al servicio de nuestra Institución (entre 1917 y 1955); fueron construidos inicialmente para Inglaterra, en Fore River Shipbuilding CompanyQuincy, Massachussetts, EE.UU., y posteriormente transferidos – 5 de ellos – por el Gobierno de S.M. Británica como compensación por la requisición
de los buques que nuestra Institución construía en astilleros ingleses, en plena Primera Guerra Mundial, a los que se sumó un sexto que fue adquirido con recursos del Estado de Chile.

Los submarinos tipo H, de 434 toneladas de desplazamiento sumergido, con una eslora máxima de 45,8 metros, tenían una dotación compuesta por 25 hombres, tres oficiales y 22 gente de mar. Su máxima profundidad de operación era de unos escasos 30 metros.

SS Quidora en la bahía de Talcahuano.

Una de las tantas curiosidades de este submarino es que fue diseñado y construido con un sólo sistema destinado a los servicios higiénicos de su dotación, provisto de una sola taza de WC (denominado jardín), y a falta de ducha, un sólo lavatorio, ambos por tradición, de uso exclusivo del comandante y del 2º comandante. En efecto, el resto de la tripulación, para realizar sus necesidades corporales, solamente contaba con un recipiente de acero inoxidable de unas 13 pulgadas de diámetro por 20 pulgadas de alto. Este WC portátil se trincaba en el departamento de  máquinas y motores, entre ambos diesel, casi pegado al casco de presión, siendo responsabilidad de cada miembro de su tripulación que el artefacto en cuestión se mantuviera siempre limpio.

Durante los ejercicios con unidades de la Escuadra, cuando el submarino permanecía dos o más horas sumergido, el hombre que tenía la necesidad de ir al baño podía ocupar este recipiente conforme a su disponibilidad. Para el
caso que el submarino se encontrase aflorado, aquel que ocupase este artefacto debía él mismo llevarlo hasta el puente de mando, ayudado de sus manillas y subirlo a través de la torrecilla. Cabe destacar que al llegar arriba, se encontraba con un enjaretado de madera, el cual debía golpear firmemente y con voz fuerte y clara gritar aquella
pintoresca frase del procedimiento: “¡Permiso mi comandante para subir el Tigre!”

La respuesta no se dejaba esperar y casi siempre era la siguiente:

“Bien, puede subir . . . ¡y cuidado con el viento!”

A pesar de esas oportunas recomendaciones, más de algún submarinista, al intentar vaciar a sotavento tan deleznable cargamento, quedó salpicado con desagradables residuos.

Está demás aclarar que para esa época las regulaciones sobre mares limpios, mares seguros y contaminación, no estaban tan en boga como hoy en día. Terminada esta operación, el recipiente tenía que bajarse por la torrecilla nuevamente y llevarlo de regreso al departamento de máquinas. Una vez allí, a través de una purga, se debían vaciar dos o tres litros de petróleo diesel, hasta que su fondo quedase completamente cubierto, con el propósito
de que este tarro al recibir nuevos depósitos sólidos, éstos quedasen sumergidos, evitando así la adherencia a sus paredes y paralelamente se contuviera de alguna manera su mal olor. Es así como el llamado Tigre quedaba nuevamente operativo y a disposición de un nuevo cliente.

Submarinos tipo H abarloados al buque madre de submarinos Araucano en el Teatro de Operaciones Norte.

Con el arribo de los submarinos tipo O, de 1.850 toneladas de desplazamiento sumergido y con una eslora de 84 metros, a contar del año 1930 esta incómoda situación fue ampliamente superada, ya que estas unidades contaban con baño para los oficiales y gente de mar, y también con un estanque de aguas servidas el cual recibía el agua proveniente de los lavatorios de la tripulación, de los sargentos y suboficiales y del baño de oficiales, mejorando
sustancialmente el bienestar de sus 5 oficiales y 47 gente de mar.

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