PATRICIO LYNCH, COMANDANTE DE LA Ia DIVISIÓN DE EJÉRCITO

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Después de la campaña de Tacna, uno de los
principales problemas que afrontaban las
fuerzas chilenas era el alargamiento de sus líneas de
comunicaciones y la incapacidad de transportar toda
la fuerza y sus bastimentos en un solo embarque,
pues mantener abastecido un ejército de 25.000
hombres, no era una tarea menor.
Era necesario planificar la forma de como
un numeroso ejército sería trasladado a las
inmediaciones de la capital del Perú para atacarla
y conseguir, lo que se creía posible, la rendición
incondicional del enemigo.
El General Manuel Baquedano resolvió dividir
sus fuerzas en dos divisiones, debiendo la Segunda
desembarcar en Chilca, a
5 kilómetros del valle de
Lurín, adoptando posiciones
defensivas en ese lugar, en
espera que el resto arribara a
sus cercanías, configurando
así el lugar de concentración
para iniciar el ataque a
Lima.1
Esto significaba
que la Primera División, al
mando del General José
Antonio Villagrán, con sus
dos brigadas, debía recorrer
por tierra desde Tambo de
Mora a Chilca, a través del
desierto.2
El General Baquedano
ofició al General Villagrán que debía ponerse en
marcha con su división el día 14 de diciembre de
1880 para reunírsele, sin falta, el 22 en Chilca.
Molesto por la orden recibida, Villagrán
comunicó al General en Jefe que cumpliría la
orden, pero que salvaba su responsabilidad por
cualquier desastre que se produjera a causa de
los malos caminos, la falta de agua, la carencia
de recursos, la presencia del enemigo y la posible
pérdida de vidas durante la marcha.
Villagrán salió de Pisco a Tambo de Mora, que
era la primera jornada, el 13 de diciembre y allí
se detuvo, haciendo presente que la prosecución
Tal vez fue por la organización de la marcha de la Primera Brigada de la Primera División
del Ejército Expedicionario chileno entre Tambo de Mora y Lurín (Perú), a cargo del Capitán
de Navío Patricio Lynch, por la que fueron reconocidos sus grandes condiciones de líder y
su espíritu y métodos para cumplir las misiones difíciles, que lo llevarían, posteriormente, a
asumir como General en Jefe del Ejército de Operaciones y Jefe Político en Lima.
* Ingeniero Constructor Naval, Teniente 2 (R), Historiador e investigador, miembro de número de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile. Destacado Colaborador de la Revista de Marina, desde 2009.
1. “Atlas Histórico Militar de Chile”. Ediciones Academia de Historia Militar, página 152, Santiago 2010.
2. “Historia de Chile”. Francisco Antonio Encina, Tomo XXXIII, Sociedad Editora Revista Ercilla, página 28, Santiago 1984.
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del viaje a Chilca era difícil, debido
principalmente al estado de los caminos y
a la falta de agua, de modo que hacía ver
la imposibilidad de cumplir con la fecha
que se le había fijado para que se reuniera
el Ejército completo en Lurín, todo lo cual
produjo su destitución como comandante
de la división y su envío a Santiago, donde
su comportamiento debía considerarlo
la Cámara de Diputados.3
La separación del General Villagrán
de la Primera División, ha sido un
hecho discutido por los historiadores
desde distintos puntos de vista, pero
es preciso tener en consideración la
mala relación que existía entre él y el
Comandante en Jefe, pues el General
Baquedano había asumido tal cargo por
nombramiento presidencial, en circunstancias
que tenía menor antigüedad que Villagrán.4
Plan de marcha e incidentes previos
La orden impartida por Baquedano a Villagrán
era recorrer en ocho o nueve jornadas la ruta desde
Pisco al valle de Lurín, distante 207 kilómetros
por un desierto arenoso, sin recursos de ninguna
especie, e interrumpido por ocho angostos valles
transversales, los cuales estaban separados por
las siguientes distancias:
n Pisco a Chincha.
23 kilómetros.
n Chincha a Topará.
22 kilómetros.
n Topará a Cañete.
34 kilómetros.
n Cañete a Asia.
35 kilómetros.
n Asia al valle de Mala.
29 kilómetros.
n Mala a Chilca.
25 kilómetros.
n Chilca a Lurín.
39 kilómetros.
n Lurín al Rimac.
23 kilómetros.
Todos estos valles, salvo la quebrada de Topará
y el de Chilca, tenían abundantes recursos, agua,
forraje y alimentos, pero los desiertos que los
separaban eran de muy difícil tránsito para un
ejército, especialmente la pampa del Ñoco, que
separa Tambo de Mora del valle de Chincha, la
pampa blanda que se extiende entre la quebrada
de Topará al valle de Cañete, los arenales entre
este último punto y el valle de Mala y el trayecto
escarpado y pedregoso que separa los valles de
Mala y Lurín.
El ministro de guerra, José Francisco Vergara,
quien conocía la geografía del Perú, se oponía
tenazmente a este plan, por el riesgo que se corría
en que el General Piérola intentara la defensa
del valle de Lurín, pero principalmente porque
las tropas podían ser trasladadas por mar, con
mayor seguridad y rapidez, utilizando para ello un
segundo viaje que realizarían los transportes una
vez que hubiesen desembarcado a la Segunda
División en Curayaco, caleta a media hora de
marcha del valle de Chilca.
El General Baquedano se empecinó en cumplir
el plan tal como él lo había diseñado y, tanto el
ministro Vergara, como el presidente Pinto, para
no producir un conflicto, se lo aceptaron; pero
ante la misiva del General Villagrán deslindando
MONOGRAFÍAS Y ENSAYOS: Patricio Lynch, Comandante de la Ia División de Ejército
3. “La Guerra del Pacífico”. Gonzalo Bulnes, Volumen II. Editorial del Pacífico S.A., página 314, Santiago, 1955.
4. “Historia de Chile”. Francisco Antonio Encina, Tomo XXXIII, Sociedad Editora Revista Ercilla, página 30, Santiago 1984.
n Esquema de la ruta desde Tambo de Mora a Lurín.
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responsabilidades de lo que pudiese suceder,
optó por quitarle el mando de la Primera División,
reemplazándolo por el Capitán de Navío Patricio
Lynch y enviándolo a disposición del gobierno, el
cual, para no contrariar a Baquedano, lo mandó
a calificar servicios.5
La primera jornada
Con anterioridad a la partida de la primera
brigada de su división fue enviado el Comandante
Tomás Yávar, con un escuadrón de sus Granaderos
a Caballo, para que recorriera las aguadas y
verificara que ellas no habían sido envenenadas
como se temía. El 16 de diciembre salió de
Tambo de Mora el Capitán de Pontoneros, Arturo
Villarroel, ingeniero militar, acompañado de
cuatro pontoneros e igual número de chinos
hacia las aguadas de Jahuey, donde desmontaron
el terreno que rodeaba los pozos, formando un
gran depósito que amanecía con 75 centímetros
de agua diariamente, mientras partidas de
caballería peruana se acercaban a observar
los trabajos, sin atacar más que con algunas
pequeñas descargas que no dieron en el blanco,
hasta que en la madrugada del día 17 llegó al
lugar un grupo de 80 jinetes de los Granaderos
a Caballo, pertenecientes a la primera división,
al mando de su segundo jefe, Francisco Muñoz
Bezanilla, que hicieron huir a los enemigos y se
dedicaron a custodiar el manantial.
El Comandante Patricio Lynch planificó la marcha de
sus hombres de modo que cada 60 minutos debían
detenerse y descansar 20, lo cual debía cumplirse
rigurosamente. Además proyectó el tiempo que
debía mediar entre un regimiento y otro, de manera
que las aguadas se hubiesen repuesto.
A las 06:00 de la mañana del 17 de diciembre,
abandonó Lynch, con la primera brigada de
su división, Tambo de Mora y a las 02:30 horas
de la mañana siguiente la vanguardia hacía su
entrada a Jahuey, alcanzando sus aguadas y
vertientes. Sucesivamente fueron llegando el 2º
de Línea, la Artillería de Marina, el regimiento
Talca y la artillería, cerrando la columna los
Granaderos a Caballo del Comandante Tomás
Yávar.
Bordeando la costa y siguiendo las sinuosidades
de las playas se había hecho esta primera jornada
sin bajas ni problemas y con la reiteración de la
orden que jamás la infantería hiciera marchas
que superaran una hora sin descanso.6
De Jahuey a Cañete
En la tarde del día 18 quedó reunido en Jahuey
todo el grueso de la tropa, salvo el Colchagua y el
Atacama, que aún iban en camino y un escuadrón
de 20 hombres del Granaderos a Caballo que se
habían quedado en Pisco.
A mediodía, el Comandante Lynch ordenó el
envío de cuatro carretas cargadas con barriles de
agua para que esperaran a los soldados en los
parajes más áridos de la continuación de la marcha
y poder disponer así de este básico elemento,
tanto para los soldados como para el ganado.
Antes de partir se ordenó dar de beber a los animales
y se recomendó a los infantes y jinetes llenar sus
caramayolas y cantimploras para la futura marcha.
A las 15:15 horas iniciaron la marcha la Artillería
de Marina, el 2º de Línea, la Artillería de Montaña
y el Talca, mientras en esos mismos momentos se
aproximaban a Jahuey el Atacama y el Colchagua,
cuando las aguadas ya se habían repuesto.
Lynch, a caballo, se puso a la cabeza de la
columna cuando todos los regimientos ya estaban
en marcha y se ordenó adelantarse a los hombres
que conducían 50 mulas llevando agua para que
el Ejército pudiese apagar la sed antes de llegar a
Cañete, donde forzosamente debían marchar por
el desierto. En un alto alrededor de las 22:00 horas,
cien barriles de agua esperaban a los soldados.
Mientras la artillería y la infantería cumplían
su jornada, Lynch ordenó al Comandante Yávar,
adelantarse con sus Granaderos e ir a la descubierta
de vanguardia. A las diez de la noche hicieron
alto en Herbay Bajo, a la orilla del río Cañete, en
espera de la salida de la luna para poder continuar
ante la oscuridad que rodeaba el lugar.
Cuando los tres escuadrones que formaban
la avanzada, echaron pie a tierra, recibieron
una descarga a quemarropa desde fuerzas
enemigas, comandadas por el Coronel Pedro
5. Historia de Chile”. Francisco Antonio Encina, Tomo XXXIII, Sociedad Editora Revista Ercilla, página 31-32, Santiago 1984.
6. “Diario de Marcha del Capitán de Navío Patricio Lynch, al frente de la Primera Bigada de la Primera División, entre Tambo de Mora y Lurín. 17 a 25 de diciembre
de 1880”. Cuaderno de Historia Militar, diciembre de 2010, páginas 55-59.
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Sevilla, parapetadas en un foso, pero sin
avanzar.
La oscuridad y el espanto de los caballos producido
por las descargas crearon una situación complicada,
pero los Granaderos lograron contestar el fuego sin
atarantarse y el Comandante Yávar hizo montar a sus
hombres y cargar en la oscuridad, dando tiempo al
resto para replegarse a la planicie que había a sus
espaldas en espera de la salida de la luna, sabiendo
que Lynch no podía encontrarse a más de dos horas
de marcha.
Cuando éste recibió el aviso, continuó
tranquilamente su ruta, en espera que hubiese luna,
llegando a la planicie donde se habían retirado los
soldados, pero el bajo, desde donde había recibido
el ataque estaba cubierto por la camanchaca.
Cuando ésta se levantó, pudo observarse que las
fuerzas peruanas se habían retirado.7
De Herbay a Cerro Azul
Sin lugar a dudas, al llegar la primera brigada
a Herbay, había dejado atrás la parte más árida y
desierta del camino y arribado al riquísimo valle de
Cañete que producía caña de azúcar, chancaca, ron,
muchas y variadas frutas, cereales, ganado lanar,
vacuno y equino, lana, aves y todo lo necesario
para vivir en gran abundancia, constituyendo un
edén tropical con lujuriosa vegetación.
Lynch, apreciando los esfuerzos que significaba
para sus hombres la marcha que realizaban, les
dio todo el día 19 para descansar, comer y bañarse
en ese agradable valle. El río, las aguadas y el mar
se vieron todo el día llenos de soldados, caballos
y bestias de carga que buscaban el agua para
refrescarse del calor de diciembre.
También despachó cincuenta mulas cargadas
con barriles de agua a encontrar al Colchagua,
al Atacama, a una batería de montaña y a la
ambulancia que aún no llegaban, pues marchaban
a la retaguardia.
Aquí Lynch recibió una comunicación de la
superioridad del Ejército, indicándole que la
segunda brigada no lo seguiría, pues se había
decidido embarcarla en Pisco para que se dirigiera
por mar a Chilca, pero prefirió no dar a conocer
la noticia a la tropa por la situación molesta que
ello provocaría y decidió esperar en Cerro Azul a
su retaguardia para marchar en un solo bloque.
A las 04:30 horas del día siguiente abandonaron
el campamento de Herbay Bajo. La caballería
tomó el camino de la costa, que era más malo,
mientras el resto lo haría por el valle.
A las 11:00 horas los jinetes de Yávar alcanzaban
Cerro Azul, tomando posesión de las riquísimas
haciendas que los peruanos habían abandonado
al saber la proximidad del Ejército chileno. Aquí
hizo desensillar los caballos en un magnífico
potrero para que se repusieran de las penurias
de la marcha.
Entretanto las tropas de Lynch, por el camino
de Pueblo Viejo, alcanzaban a media mañana el
ingenio de Huanul, donde, mediante una letra
de la casa Graham Rowe de Valparaíso, por $
20.000, obtuvieron víveres y ganado en pie.
Tras otras dos horas de marcha, llegaron
a la hacienda Montalbán, que había sido de
propiedad de Bernardo O’Higgins, donde falleció,
descansando hasta las 16:00 horas, continuando
enseguida a Pueblo Viejo.
A esta altura de la marcha, ya quedaban pocos
infantes propiamente tales, pues durante el
paso por estos fértiles valles habían tomado
caballos, grandes burros y mulas, trasformándolos
en una curiosa fuerza montada, pues habían
guardado sus gorras para reemplazarlas por
grandes sombreros de paja que los protegían
del ardiente sol tropical.
Junto a ellos se habían acoplado una gran
cantidad de chinos, pobres e infelices esclavos
que el comandante chileno había liberado de
los ingenios azucareros del valle de Cañete y
que ahora ayudaban a los soldados chilenos a
llevar su equipo y pertenencias.
A pesar de la oscuridad de la noche las tropas
continuaron su jornada, y cuando las últimas
hileras dejaban atrás Pueblo Viejo, se encontraron
con los caminos inundados para entorpecer la
marcha, pero a pesar de ello, a la medianoche
del 20 de diciembre, la Artillería de Marina era
recibida en Cerro Azul por los Granaderos a
Caballo, seguida horas después por el 2º de Línea,
el Talca, el Colchagua, el Atacama y la artillería.8
7. Id. Páginas 60-69.
8. Id. Páginas 70-80
MONOGRAFÍAS Y ENSAYOS: Patricio Lynch, Comandante de la Ia División de Ejército
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De Cerro Azul a Curayaco
Gran parte del día 21 fue de descanso, pero
se hizo explorar los caminos que conducían al
puerto de Chilca por medio del Capitán Villarroel,
sus pontoneros y chinos, los cuales limpiaron y
asearon tres pozos de agua que se encontraban
cubiertos de lanas, desperdicios e inmundicias,
abriendo, además, uno nuevo que surtirían de
agua pura cuando toda la brigada acampara en
Asia, de tal forma que soldados y bestias pudieran
abrevar su sed y llenar las caramayolas, además
de darse un magnífico baño en los manantiales
que tenían 75 centímetros de agua pura.
Si la ruta entre Tambo de Mora y Jahuey era mala,
la de Cerro Azul hasta Asia y Bujama era pésima.
El Ejército inició la marcha a las 16:00 horas en
dirección a Bujama, atravesando un inmenso y
suelto arenal en el que los soldados se enterraban
hasta más arriba de las rodillas, sufriendo una
durísima y penosa jornada.
Los burros tomados en los valles, las mulas y
demás bestias que venían con las tropas, detendrían
el paso en aquel infernal páramo en que la sed los
devoraba, pero jamás los infantes que, a pesar de la
penosa marcha, no dejaron ni un solo rezagado.
La brigada anduvo toda la noche del 21 al
22, salvando los 50 kilómetros que tenían de
penoso arenal.
Entre Bujama y Asia no existen más que
25 kilómetros, tramo en que la avanzada del
Comandante Yávar tuvo que enfrentarse a los
soldados y montoneros del coronel peruano
Sevilla emboscados en los callejones tupidos de
matorrales, dando aviso a Lynch para evitar que
la brigada entrara en la noche a la localidad.
En vista de ello, este último hizo un alto para
que se le diese rancho a la tropa, ordenando
enseguida a la Artillería de Marina avanzar y en
la mañana entraban los demás a Asia a descansar
de las fatigas durante el resto del día.
La avanzada del Granaderos, con alrededor de
500 efectivos tomó la ruta de Mala escudriñando
el horizonte, cuando repentinamente en una
meseta cercana apareció una pequeña tropa de
caballería de unos 25 jinetes, que estimándola
enemiga, ordena cargar sable en mano. Las nubes
de tierra levantadas por las bestias hizo imposible
distinguir detalles del enemigo, pero a punto de
enfrentarse, por los gritos, se percataron que se
trataba de una sección del regimiento Cazadores,
que al mando del Alférez Agustín Almarza, había
sido despachado por el General Baquedano
para avisarle que ya el grueso del Ejército había
iniciado su desembarco en Curayaco.
Entre Bujama y Mala existe un pequeño cerro
de unos 300 metros de altura donde se había
parapetado el Coronel peruano Joaquín Retes con
un grupo de montoneros, desde donde abrieron
fuego a las tropas chilenas que descansaban. De
inmediato la Artillería de Marina se desplazó en
guerrillas y cuando estuvo a su alcance, abrió el
fuego, poniendo en total dispersión a los peruanos,
que corrieron a esconderse en los cañaverales,
lianas, guayabos, platanares, sauces, manzanos,
paltos, limoneros y mil árboles y arbustos de esa
feraz región.
Cuando la Artillería de Marina conformaba la
vanguardia y entraba a los callejones de ingreso a
Mala, fue sorprendida nuevamente por disparos que,
casi a quemarropa se le hicieron desde las tupidas
arboledas. Los montoneros trataban de dirigir su fuego
sobre los jefes chilenos; pero Lynch, desafiando el
peligro, al primer disparo ordenó cargar a la Artillería
de Marina y, bajándose instantáneamente de su
caballo, se subió a una tapia para dirigir la maniobra y
poder divisar mejor la posición del enemigo. La carga
chilena fue suficiente para producir la desbandada
de las huestes peruanas.
Las tropas chilenas no se detuvieron en Mala sino
que continuaron hacia la aldea de San Antonio,
situada al norte del río Mala; para lo cual, era
necesario tomar el único camino existente que
cruzaba el río y corría entre el tupido follaje de un
hermoso bosque.
Cuando todo el Ejército pasó por esa vía sin ser
molestado, y los 40 hombres de la retaguardia,
pertenecientes al 2º de Línea, se encontraban
en la parte más tupida del bosque y en lo más
profundo del río, fue atacada rudamente por
todas partes.
Sin trepidar continuaron avanzando y
contestaron el fuego, lamentando un muerto y
dos heridos, por lo que Lynch vengó la acción,
incendiando el poblado, que ardió desde esa
tarde y durante toda la noche.
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El jueves 23, a las 11:30 horas, la retaguardia
chilena abandonaba San Antonio y harían un
alto en Rinconada, un hermoso lugar, con mucha
agua y buenos pastos para descansar ese día.
Al norte de esa localidad y a unas pocas cuadras
del campamento, el camino cruzaba unos altos,
abruptos y estrechos desfiladeros en una extensión
de unos cinco kilómetros, dominada por cerros
cortados a pique de más de cien metros de altura
y no había alternativa posible para sortearlos, los
cuales serían ocupados por el enemigo al clarear
del día 24 de diciembre, según las informaciones
que Lynch pudo obtener.
Para salvar esta dificultad, el Comandante chileno
levantó su campamento en silencio a las 02:30
horas de la madrugada e inició la marcha, tomando
la columna el camino, sin emitir el más leve ruido
y sin voces de mando. Llegando al desfiladero
penetró a oscuras la quebrada, cuando aún la luz
del crepúsculo no anunciaba el día.
Cuando los montoneros ocuparon las alturas
más tarde, no podían creer cómo y cuándo
las tropas chilenas habían traspasado el lugar.
Las últimas jornadas habían sido sobre
campos feraces y suelos duros, pero ahora era
necesario marchar por un inmenso y desolado
llano en cuya finísima arena se hundían los
infantes, los caballos, las mulas y los burros.
Enseguida, fue aún más terrible la ascensión
de la cuesta que conduce a la entrada de
Chilca, porque la arenisca es tan fina y suelta
que era una labor penosísima cruzarla.
A las 21:30 horas del viernes 24 de diciembre
de 1880, nochebuena, Lynch penetró en Chilca.
A las 05:00 horas del día siguiente partió la
columna; tomó el camino de Curayaco, que distaba
solamente una media hora, donde se encontraba
la Escuadra y el resto del Ejército chileno.9
Lynch ejemplo de liderazgo
Aunque posiblemente la resolución del General
Baquedano de enviar la primera división por
tierra no era la más acertada, como lo demostró
la segunda brigada, que recibió contraorden para
embarcarse en un segundo convoy hacia Curayaco,
el Comandante Lynch cumplió, religiosamente
y venciendo todas las dificultades, la orden
recibida, y llevó a sus hombres en nueve días y
ocho horas desde Tambo de Mora a Curayaco,
habiendo perdido tan solo tres hombres y un
prisionero, teniendo en ocasiones que atravesar
desiertos extensísimos, sin agua, sin vegetación
y sin recursos de ninguna especie.
El éxito alcanzado, ayudó sin quererlo, a justificar
la separación del General Villagrán.
Todas las dificultades que este último hizo
presente para deslindar la responsabilidad de
la marcha de su división, tales como los malos
caminos, la falta de agua, la presencia de enemigos
en el valle de Lurín, la posible pérdida de vidas
y otros desastres, no se dieron.
La organización y severidad demostrada por
Patricio Lynch en esta campaña, es posible que
no sea ajena a su nombramiento como General
en Jefe del Ejército de Operaciones y Jefe Político
del Perú ocupado.

 

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