Doctrina transformada en capacidad: análisis al libro II de Clausewitz

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Carl von Clausewitz escribió a comienzos del siglo XIX el estudio más controvertido de la guerra. A partir de entonces, sus análisis han servido de orientación a líderes civiles y militares, en todos los niveles de la conducción, constituyendo el punto de inflexión en el desarrollo de la teoría del conflicto bélico.

Carl von Clausewitz en su obra declara que “la Guerra es un acto de fuerza destinado a obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad” (Clausewitz, 1998, p. 179) y que se caracteriza por el peligro, el esfuerzo físico, el sacrificio, el azar, la incertidumbre y la fricción.

Dicha definición que el autor declara en su obra, no es consecuencia de su estudio profundo de la historia militar y el conflicto, sino de su propia experiencia, debido a que desde los 12 años vivió en carne propia los rigores de la guerra, cuando participó en su primer combate en el sitio de Mainz en el marco de las campañas del Rhin para impedir el avance de la Revolución Francesa hacia los estados centrales (Stocker, 2014, p. 12). De ahí la necesidad permanente de él, de remarcar en sus estudios y en sus clases en la Academia de Guerra en Alemania, la importancia de que la teoría debe ser capaz de aplicarse y de llevarse a la práctica a través de acciones concretas en la batalla (Citino, 2005, pp. 143-147).

Lo anterior queda de manifiesto en su obra De la Guerra, específicamente en el libro II denominado Sobre la teoría de la guerra. En él, el autor transmite todas sus aprensiones respecto a la elaboración de un constructo teórico orientado a ser empleado en la guerra, las cuales debieran ser consideradas en la generación de la doctrina militar.

Por tal razón, el objetivo de este trabajo es exponer las consideraciones que Clausewitz establece para el desarrollo de una teoría de la guerra, a fin de que sirva de insumo a la elaboración de la Doctrina Operacional en las Fuerzas Armadas, con el propósito de transformar la teoría en capacidad.

Clausewitz no fue un teórico

A menudo se tiende a pensar que Clausewitz por haber escrito una obra tan larga como De la Guerra y haber sido profesor y director de la Academia de Guerra en Prusia fue un teórico de proporciones, cuya experiencia proviene principalmente del estudio del conflicto y de su participación en estados mayores alejados del frente en las guerras napoleónicas (Stocker, 2014, p. xv).

Nada más alejado de la realidad que dicha afirmación. En los hechos, Clausewitz poseía una tremenda experiencia en combate, en su niñez y juventud había participado en más de treinta batallas, sin contar en las que se vio involucrado como miembro de un estado mayor o jefe de estado mayor en cuarteles generales durante las campañas
en contra de Napoleón.

Su primera batalla fue durante el sitio de Mainz en abril de 1793, a la edad de 12 años. Debido a su valor y decisión, participó en dicha acción como porta estandarte de su unidad, el 34° Regimiento de Infantería. Entre 1793 y 1794 combatió en una serie encuentros y escaramuzas menores. En 1806, junto al príncipe Augusto de Prusia, sufrió la derrota de Auerstäd – Jena frente a Napoleón, lo que le significó ser capturado y pasar un tiempo en Francia como
prisionero del emperador. Más tarde se unió al ejército ruso para seguir combatiendo a los franceses y así  expulsarlos de su territorio, el cual había sido ocupado luego de Jena. Allí fue testigo de la colosal batalla de Borodino y de la dramática retirada francesa de Rusia. Entre 1813 y 1814, Clausewitz se reintegra al ejército prusiano y cumple funciones como asesor del estado mayor del mariscal Gebhard von Blücher. En 1814 fue comandante de una brigada de la Legión Ruso – alemana y en 1815 es designado jefe de estado mayor del III cuerpo del ejército prusiano, oportunidad en la que participa del combate de Ligny en el marco de la derrota de Napoleón durante la batalla de Waterloo (Echevarría, 2007, pp. 42-47). Clausewitz muere de cólera en 1831, durante la crisis
con Polonia, siendo jefe de estado mayor del célebre general Gneisenau, creador junto Scharnhorst de los estados mayores prusianos (Stocker, 2014, p. 280).

La carrera militar de Clausewitz se extendió por cuatro décadas, de las cuales casi un cuarto de ella experimentó el combate. Durante este tiempo, vivió la guerra desde varias perspectivas, desde nivel táctico hasta el estratégico, como combatiente en primera línea, como comandante de pequeña unidad o como asesor de estado mayor, desde pequeñas escaramuzas hasta grandes batallas. En fin, la amplia experiencia en combate de Clausewitz sumado a su
extraordinaria capacidad intelectual le permitieron escribir la obra más controvertida, estudiada y analizada de la guerra, la cual ha traspasado los tiempos, siendo el tratadista militar que más ha influenciado la formación del oficial de estado mayor en el Ejército de Chile (Ortega, 2013, p. 121).

La teoría según Clausewitz

Clausewitz, además de ser un soldado fue siempre un hombre muy estudioso. Su círculo de amistades se construyó en torno a personas muy sabias, de hecho, era una norma en aquella época (fines de la Ilustración) que las personas estudiosas tuvieran mentores que los guiaran en el camino del saber. En este sentido, Clausewitz fue discípulo del general Scharnhorst, del filósofo y matemático Johann Kiesewetter y del físico Paul Erman, todos profesores
de la academia de guerra y todas personas con un amplio dominio en sus áreas de desempeño
académico.

De acuerdo a lo que plantea el profesor del Army War College Antulio Echevarría (2007, p. 22), las personas mencionadas habrían tenido una tremenda influencia en Clausewitz, sobre todo al momento de escribir el libro II. Siguiendo a Kant y Kiesewetter, Clausewitz menciona que una teoría se construye de acuerdo a un conjunto de leyes, las cuales se basan en principios objetivos para, a partir de esto, fomentar el conocimiento subjetivo de los individuos.

Por tanto, una teoría de la guerra (conocimiento objetivo) debe invitar al desarrollo de la lógica y el razonamiento que de pábulo a la aplicación de esta, de acuerdo lo estime cada comandante en el campo de batalla (conocimiento subjetivo). De esta forma, es posible entonces concluir que la doctrina no puede ser paradigmática y por lo mismo no puede dar respuesta a todo. La solución al problema militar que enfrenta cada comandante en combate es responsabilidad de éste (conocimiento subjetivo) y no de la doctrina (conocimiento objetivo).

En este sentido, Clausewitz menciona que la ley, que conforma una teoría, es la relación entre las cosas y sus efectos y que el principio es también una ley de acción, pero no en su significado formal definitivo; ya que representa sólo el espíritu y el sentido de la ley. De esta forma, los principios en que se basa una teoría de la guerra o la doctrina, deben invitar a la reflexión y no transformarse en un dogma que amarre al comandante a una resolución concebida.

Dificultades para desarrollar la doctrina (teoría)

Dado su experiencia en combate, Clausewitz era consciente de que la sobreteorización afectaba el mando de las operaciones y el desempeño del comandante en la batalla. Su visión del genio militar expuesta en el capítulo III del libro I de De la Guerra, reflejan la importancia que le da a los factores morales del comandante, mencionando que la inteligencia no es suficiente para ser reconocido como el genio militar. Expresa que a veces los hombres más inteligentes son los más irresolutos, debido a que cuestionan todo. Por tal razón, inteligencia sin valor no sirve de nada. El valor más la inteligencia, generan determinación (carácter), lo que en los hechos representa el verdadero sentido del “genio militar”.

Teniendo en consideración lo expresado, la teoría de la guerra que se formule, debe ser planteada de manera tal que permita al comandante actuar de acuerdo a las circunstancias y no decirle qué hacer. La lógica jominiana de la guerra se basa en la idea de decir “qué hacer” en vez de “cómo pensar” (Fadok, 1997, p. 380), lo cual, según Clausewitz representa un error. De ahí la gran dificultad en la estructuración de una teoría, debido a que la guerra
es un fenómeno tremendamente complejo, donde “cada caso es un caso”. El talento y el genio actúan al margen de las normas y la teoría entra en conflicto con la práctica. Por tal razón, las recetas no sirven, sino que lo único válido al momento de entrar en combate será la determinación del comandante (valor + inteligencia) para conducir su unidad y así cumplir la tarea impuesta.

Su lucha interior constante entre su experiencia práctica y su estudio teórico quedan de manifiesto en el libro II de De la Guerra, donde el autor expone una serie de consideraciones al momento de elaborar una doctrina militar para ser aplicada en combate (Clausewitz, 1998, pp. 237-299).

En su obra, Clausewitz critica a Jomini, señalando que desarrollar una teoría para hablar de los asedios, los factores materiales, la superioridad numérica, el aprovisionamiento, las bases y las líneas interiores resulta una visión demasiado simplista. Lo anterior se debe a que no se consideran los factores morales, que son los elementos que le asignan mayor complejidad a la guerra. Al respecto menciona tres aspectos prioritarios; primero que cada comandante estará sometido a sentimientos hostiles, al peligro y el valor, a otros factores emocionales como la envidia, el orgullo, la humildad, el cólera y la compasión, lo que junto con las cualidades intelectuales, harán
que se tome un camino u otro para una decisión; en segundo término hace presente que ante una contraposición de interés y basado en la interacción de ambos mandos de bandos opuestos, no podría seguirse una idea preconcebida producto de las variadas y diferentes resoluciones que podrían resultar de estos; por último nombra la incertidumbre como elemento central, lo que hace aún más complicado generar una teoría de la guerra.

Consecuentemente, el autor reflexiona en el hecho, que de ser imperioso desarrollar una teoría de la guerra para transformarla en doctrina, debería considerarse en primer lugar que la teoría debería estudiar la naturaleza de los fines y medios, que en el caso de la táctica será la victoria, ya que alcanzando el éxito de la táctica se logrará el éxito
estratégico, por tal razón circunscribe el desarrollo de una teoría de la guerra principalmente al nivel táctico; en segundo término hace mención que la guerra es compleja y por ende no es simplificable; un tercer aspecto se relaciona con la idea de que la teoría debe tomar en cuenta la experiencia, ya que la mente humana puede dar respuesta a algunos problemas, pero en su mayoría estas respuestas no son innatas sino adquiridas, ya que constituyen los conocimientos obtenidos por el hombre. Por último, marca un énfasis importante en establecer que el conocimiento debe de transformarse en capacidad, es decir, no vale nada lo escrito en la doctrina sino es capaz de aplicarse en una maniobra.

Refuerza lo anterior su visión de que la guerra no pertenece al ámbito ni de las artes ni de las ciencias, sino que forma parte de la existencia social humana, pero que para su desarrollo requiere de la ciencia (conocimiento objetivo) y el arte (conocimiento subjetivo).

Un elemento a considerar en la elaboración de una teoría de la guerra (doctrina), es que permita el análisis crítico, el cual es la aplicación de verdades teóricas a hechos reales, con el propósito de definir problemas que orienten su solución, a través de la aplicación del pensamiento creativo.

Aspectos a considerar en la elaboración de una doctrina para la guerra

La doctrina conjunta de las fuerzas armadas de Chile, se basa en lo general, en el modelo táctico operacional de guerra de maniobras, el cual representa una filosofía de planificación y conducción de las operaciones militares. Dicho modelo teórico calza a la perfección con las ideas de Clausewitz y del resto de los pensadores alemanes que ayudaron a perfeccionarlo (Shamir, 2011, p. 36), debido a que permite que los comandantes de todos los niveles, en razón de la intención de su escalón superior, desarrollen el máximo de iniciativa y libertad de acción para cumplir el propósito de la tarea impuesta.

Para lograr lo anterior, se requiere contar con un cuerpo doctrinario flexible y generalista, que no caiga en paradigmas y recetas, que facilite la reflexión de los comandantes y no los amarre a dogmas preconcebidos. En tal sentido y de acuerdo a lo mencionado por Clausewitz, la doctrina debe solo entregar el conocimiento objetivo, a fin de que los comandantes que la utilicen desarrollen su propio conocimiento subjetivo, al momento de aplicarlo
en el combate, permitiendo que dicho constructo teórico sea aplicable a los hechos.

Conclusiones

Para entender las ideas de Clausewitz y la forma cómo concibe la teoría, se debe inicialmente estudiar su desarrollo profesional y personal junto a sus vivencias. De esto se desprende, su vasta experiencia de combate y su crítica a la sobreteorización.

Por otra parte, no pueden quedar de lado, las ideas de la Ilustración y las personas que influyeron en él, de las cuales obtiene su visión respecto a la teoría y su aplicación.

El sustento metodológico teórico en que basa su obra De la Guerra y sobre la cual se concibe su experiencia y sus estudios sobre el conflicto armado se encuentran reflejados en el libro II Sobre la Teoría de la Guerra. 

La doctrina de planificación y conducción de las fuerzas armadas de Chile, basado en el modelo táctico – operacional de guerra de maniobras, no puede perder de vista la lógica clausewitziana, ya que encuentra sus orígenes más profundos en dicho tratadista. La guerra es un fenómeno tremendamente complejo y por lo mismo, dicha doctrina debe orientar el razonamiento de los comandantes para entender que está sucediendo y a partir de ello adoptar la decisión más acertada. Por tal razón Clausewitz en el libro II nos enseña a no aferrarnos a formatos, a entender las dificultades del combate y a creer más en lo que pensamos en vez de lo que realmente sabemos.

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