Presentación: Los Almirantes Blanco y Cochrane y las Campañas Navales de la Guerra de la Independencia

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Autores   : Gustavo Jordán y Piero Castagneto
ISBN       : 978-956-17-0734-4
Editorial:  Ediciones Universitarias de Valparaíso
Año 2017, 318 pp.

A veces a los libros sobre historia en general, y naval en particular, se los tiende a considerar como aburridos, muy técnicos o con demasiados detalles que dificultan su lectura. Afortunadamente, al menos para mí, este no es el caso.

El libro sobre los primeros almirantes de la Armada de Chile, de Gustavo Jordán y Piero Castagneto, supera con creces las expectativas y el título que se le puso, ya que cubre la Guerra de la Independencia, pero también un excelente resumen de las biografías de estos grandes marinos, desde temprana edad hasta su muerte. Además, el texto está acompañado de buenas ilustraciones que lo complementan sin estorbar la lectura, sino más bien acompañándola y complementándola de manera potente pero sutil.

Sus autores, el uno almirante y el otro periodista y escritor, ambos con varias publicaciones a su haber, se conjugan para lograr una historia amena y equilibrada entre lo técnico profesional, lo histórico y lo esencialmente humano de Blanco y Cochrane.

El lenguaje empleado está al alcance de cualquier lego interesado en temas navales e incluso cuando hacen análisis de campañas o acciones de guerra, lo complementan con algunas definiciones aclaratorias, sin caer en preciosismos incomprensibles.

Que duda cabe que los 85 años de vida de Manuel Blanco Encalada son particularmente atractivos. De joven fue marino al servicio de España participando en la Guerra contra Napoleón en Cádiz y luego en destinos en los apostaderos navales del Callao y Montevideo luego fue capitán de artillería del Ejército patriota y por ello desterrado a Juan Fernández en 1814. En la Patria Nueva, con 28 años es nombrado comodoro de la naciente Escuadra Nacional y al año siguiente como contraalmirante se desempeña como segundo en el mando del almirante Cochrane. A los 30 años, asume como Jefe de Estado Mayor del ejército y es nombrado Mariscal de Campo, único en la historia militar de Chile. Luego de un breve retiro regresa al mar como jefe de una división naval en Perú, siendo nombrado almirante de esa naciente armada. Posteriormente es nombrado Consejero de Estado y en 1826 conduce la expedición naval para la liberación de Chiloé. A los 36 años, es electo como el primer presidente de la República, cargo que ocupa por unos meses retirándose a sus actividades particulares por casi 10 años. Ante la amenaza que constituía la Confederación Perú-boliviana, es nombrado comandante de la Escuadra. El resultado de la expedición a Perú no fue el esperado por el gobierno y el almirante se retira por una década dedicándose a la agricultura en la zona de Chimbarongo. Con 57 años es nombrado intendente y Comandante General de Marina, participando en el control de la plaza durante la guerra civil en 1851 y en 1853 es nombrado embajador en Francia ante el Emperador Napoleón III. En 1866 casi al término de la Guerra contra España asume, hasta su disolución, el mando de la Flota Aliada chileno – peruana en Ancud. Su última actividad naval sería la repatriación de los restos del general Bernardo O´Higgins desde el Perú, muriendo en su casa en 1876.

El libro coloca al almirante Blanco Encalada en el sitial histórico que se merece reconociéndolo como un hombre puente entre dos épocas de la historia de Chile.

Asimismo, la vida de Lord Thomas Alexander Cochrane, aunque más ampliamente difundida y conocida, también es extraordinaria. Si bien el libro detalla sus servicios en Chile, también muestra su vida en Gran Bretaña, Brasil y Grecia y en todas sus facetas de marino, inventor, político, etc.

Podemos captar lo valioso y oportuno de su venida a Chile y como su espíritu inquieto, veterano de muchas batallas, impuso un sello que perdura hasta nuestros días en la naciente Armada de Chile.

Ojalá las nuevas generaciones pudieran captar el esfuerzo que significó crear una marina de la nada y como hombres sobresalientes como Blanco Encalada y Cochrane, nuestros primeros almirantes, no sólo fueron capaces de hacerlo, gracias a la visión de O´Higgins y el impulso de Zenteno, sino de proyectar su obra por más de dos siglos.

Para mí fue un agrado leer este libro de Gustavo Jordán y Piero Castagneto y quedo a la espera de la siguiente aventura literaria que estos escritores nos puedan ofrecer en el futuro.

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