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Presentación: Ethos Naval. Tradición y Doctrina

PRESENTACI ÓN
278 revismAr 3/2010
* Almirante. Oficial de Estado Mayor. Ex–Comandante en Jefe de la Armada. Magno colaborador de la Revista de Marina,
desde 2009.
Miguel Ángel Vergara Villalobos*
ETHOS NAVAL. TRADICIÓN
Y DOCTRINA
Leandro Muñoz Pino
E
sta obra, escrita con esfuerzo intelectual y también económico, ya que fue
financiada por su propio autor en un número reducido de ejemplares, creo
que merecería mayor difusión. Y la Revista de Marina me ha parecido el canal
más adecuado para hacerlo, considerando que el público objetivo son los marinos
de Chile. En lo grueso transcribo lo que en su oportunidad escribí para el prólogo de
este ensayo, que refleja mi cabal opinión respecto de su contenido. Su autor, Leandro Muñoz Pino, que sirvió durante 43 años en la Armada, primero
como oficial ejecutivo, especialista en submarinos, y luego como profesor civil, tuvo
la feliz iniciativa de traspasar su larga experiencia naval y vastos conocimientos de
filosofía en una especie de Manual de Moral Naval, en la senda de otros similares que
reclamaban una actualización. Está concebido con un esquema esencialmente didác –
tico para todo lector, que desee obtener o profundizar conocimientos aplicables en el
plano familiar y profesional, particularmente en el ámbito propio de la Armada. El diseño del libro, titulado “Ethos Naval. Tradición y Doctrina”, con breves y
concisos capítulos, aparece como muy apto para un manual de consulta personal,
asimilable también en un ciclo de conferencias, pues, en él se puede encontrar todo
el material necesario, incluyendo ejemplos de la historia patria, reflexiones a modo
de preguntas, explicación de algunos términos, obras de referencias y trascripción
de párrafos completos de preclaros autores, todo lo cual contribuye a consolidar
cada uno de los temas tratados. El contenido está muy bien estructurado. La primera parte es una breve visión
histórica que nos ilumina respecto del fundamento de nuestra nacionalidad; en la
segunda parte se analiza el orden social, y el orden militar como componente intrín-
seco de aquel; posteriormente, un tercer segmento contiene una muy bien lograda
explicación de las virtudes cardinales; continúa luego, en la cuarta parte, analizando
qué significa la Patria, la paz, la guerra y las virtudes propiamente militares. Finaliza

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con dos cortos capítulos titulado “Cuidado con la colonización mental”, donde nos
advierte, con ejemplos, de las trampas semánticas con que las ideologías alteran la
forma de pensar y, por ende, la de actuar.
En Ethos no hay ambigüedades ni medias tintas. Todo se fundamenta derecha-
mente en la antropología cristiana clásica que abreva en Santo Tomás de Aquino.
En última instancia, el orden social que nos presenta está iluminado y cobra sentido
por la presencia de un Dios, Uno y Trino. Se nos dice, por ejemplo: “Aquel que no
cree en Dios y considera que sólo tiene esta vida material después de la cual sobre-
viene la nada, la muerte tiene un significado de mal irremediable y, por lo tanto, en
esta concepción no cabe normalmente la abnegación de dar la vida por la Patria”. Por otra parte, nadie debería sentirse frustrado al comprobar cuán lejos está
de los exigentes desafíos que este libro nos plantea a los militares, pues lo que nos
presenta son las metas a las que deberíamos aspirar. La valla es alta, ya que, se nos
dice, debemos cumplir con nuestros deberes, simplemente porque “así lo exige el
bien común, el orden moral, la propia conciencia, y la recta razón” y, además, debe-
mos hacerlo “en forma diligente, perfecta, con cariño y abnegación”; y todo eso sin
descuidar las exigencias del honor militar que se detallan en el capítulo XXI y un
inédito desarrollo acerca del deber de la Vigilancia en el hombre de armas, en los
capítulos XXVIII y XXIX. Para ello debemos apoyarnos en la virtud de la fortaleza
que nos fue descrita en el capítulo XV. En cuanto a su contenido específico, quisiera espigar unos pocos aspectos. En
la segunda parte, titulada “El hombre en el orden social y militar”, el autor, quizás
consciente de la dicotomía con que se tiende a separar a civiles y militares, en repe-
tidas oportunidades nos recuerda que el orden militar es parte integral de la socie-
dad civil, puesto que pertenecemos a la civitas, que incluye a todos los ciudadanos
sin distinción; selecciono algunos párrafos: “No hay orden político (orden civil) sin
orden militar”; “el orden político comprende el orden militar, pues no son dos cosas
separadas ni menos antagónicas”; “el militar es parte de la civitas, por lo tanto, es
un miembro integrante del orden cívico como cualquier otro ciudadano que no pro-
fese la carrera de las armas”. En la tercera parte, denominada “La difícil y gratificante buena moral”, al comen-
tar las virtudes cardinales, Leandro Muñoz, consecuente con sus fines didácticos,
insiste varias veces en que hay dos fuentes de la que surgen las normas para juzgar
cuando un acto es bueno o malo: una es la interna que está dada por la conciencia
de cada cual, la otra es la norma externa representada por la ley civil que, a su vez,
debe estar en concordancia con la ley natural. En la cuarta parte, al tratar las virtudes militares, nuestro connavegante deja
en claro que la declaración de guerra no es de responsabilidad de los militares,
puesto que “esa decisión está reservada al nivel más alto, es decir, al nivel polí-
tico”. Además, en el capítulo XIX, enlaza hábilmente los lemas de carácter espiri-
tual que plasman el ethos naval y que todos los marinos hemos escuchado desde
siempre. De esta forma, en su visión, Dios, Patria y Familia, expresa nuestro estilo
de vida; Vencer o Morir, implica nuestra forma de combatir; y Gloria y Victoria, es
nuestra forma de alcanzar los objetivos. No sólo eso, también extiende la aplicación
del lema Vencer o Morir al ámbito moral diciendo que: “O vencemos y controlamos
nuestras pasiones o morimos a la gracia sobrenatural”; y agrega, “o aprendemos a
defender nuestra cultura y religión o seremos absorbidos por otras que repugnan
nuestro modo de ser y que no han sido probadas en nuestra idiosincrasia”. En defi-
nitiva, nos propone preocuparnos todos los días por el buen combate.

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En la quinta y última parte, la más breve pero no menos importante, Leandro
Muñoz en los capítulos XXXI y XXXII, nos pone en alerta respecto de lo que llama la
“Colonización mental”, asociada con la distorsión del uso, sentido y significado de
los términos. A su juicio, las diversas interpretaciones semánticas facilitan la mani-
pulación con fines ideológicos. La técnica consistiría en cambiar el significado de las
palabras, empleando aparentemente sinónimos, pero en los hechos cambiando el
sentido del concepto y, al cambiarlo, “se modifica o altera la forma de pensar y por
ende, finalmente, la forma de actuar”. Los efectos en el orden militar podrían ser
desastrosos, pues van minando gradualmente las virtudes militares, afectando en
última instancia al cumplimiento de nuestra misión, que siempre debe considerar
la posibilidad de ofrecer la propia vida. Ante esta preocupante situación, nos ofrece
algunas “instrucciones para navegar en baja visibilidad”, donde nos indica los tér –
minos sobre los que debemos mantener atención. En una primera parte se analizan
las nociones de autoridad, autoritarismo, poder, consenso, pluralismo, diversidad,
discriminación, doctrina, ideología, género, matrimonio y familia. En una segunda,
se tratan los conceptos de humanismo, humanitarismo, humanidades, laicismo;
legítimo y legal; libertad y libertinaje; paz y pacifismo; solidaridad y fraternidad;
totalitarismo, tolerancia, progreso y progresista. Su sola enumeración nos da una
idea de la importancia y vigencia que tienen en nuestra sociedad, pese a la necesa-
ria brevedad con que se tratan, es suficiente para ofrecernos una idea de la potencial
amenaza que conlleva, para amagar nuestros valores y principios. En fin, estamos ante un texto elaborado con paciencia y acuciosidad, que reco-
miendo encarecidamente a cualquier persona interesada en los asuntos relacio-
nados con la ética profesional. Por su precisión y trasparencia doctrinal creo que
merecería ser considerado como un documento de apoyo para todos los Oficiales
de la Armada, que no siempre disponen del tiempo para reunir el material necesario
para complementar su rol de líderes y formadores de hombres de armas.
* * *

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