Que no se olviden del postre

Había entregado la guardia al mediodía y me dirigí al camarote que se ubicaba en una de las cubiertas inferiores.
En mi desplazamiento, escuche gritos tenues de auxilio, que provenían del frigorífico.
Luego de poner atención, comprobé su procedencia y procedí a abrir la pesada puerta, desde donde salió un personaje pálido y congelado, que me dio un efusivo abrazo.
Gracias mi teniente, Ud me ha salvado de morir congelado.
Al venir a buscar el postre; una gamela de gelatina, un fuerte bandazo cerró la puerta y quedé encerrado.
Para evitar congelarme, estuve largos minutos trasladando los corderos con camiseta, de un gancho a otro.
Mi esperanza se traducía en un solo pensamiento, “que no se olviden del postre.”
En ese entonces el marinero Jara había sufrido una experiencia difícil de olvidar, ignorando la forma de abrir la puerta del interior.
Han pasado 25 años, el ahora suboficial mayor mayordomo Jara, al pasar por mi oficina en Santiago, en mi ausencia; volvió a recordar esa experiencia que marcó su vida y que relató a mi secretaria.
Mi capitán el suboficial Jara, le dejo afectuosos saludos y un mensaje: “que no se olviden del postre “

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