El jinete

Después de un buen asado y de la exaltación de amistad, aparecen caballos de salto. Los militares demostraron habilidades ecuestres e instaron a los marinos a intentarlo. Hicieron el ridículo cayéndose al primer intento. Uno, después de varios bajativos, pretendió demostrar sus ínfimas habilidades criollas pero en salto ecuestre.
Intentó tener velocidad para después sentar al caballo tirando de las riendas. Comenzó con un suave
galope. Al poco tiempo, lejos de los espectadores, tenía la velocidad requerida. Frente al binomio estaba
la parrilla, un matorral y un pozo, posteriormente una terraza de baldosas y un ventanal gigante.
El caballo, mientras el inexperto jinete calculaba para frenar frente a los espectadores, aumentó su
velocidad a un punto que los esfuerzos por frenarlo fueron inútiles. El desastre era inminente. Los oficiales empezaron a preocuparse mientras se salían de la proyección de la carrera desbocada.
El cuadrúpedo esquiva los obstáculos con su jinete fuertemente aferrado al cuello sin estilo, se encuentra frente al desastre, frenando en seco. El jinete se eleva sujeto al cuello haciendo una invertida, para caer parado con las riendas en mano. Con cara de póquer exclama: “Así se anda a caballo”. La ovación fue ensordecedora.
Siguieron celebrando.

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