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Chile en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

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Editorial

CHILE EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD
DE LAS NACIONES UNIDAS

na importante responsabilidad ha asumido nuestro país al incorporarse por cuarta vez
como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,
entid ad destinada a v elar por el man tenim iento de la p az y la segurid ad en el mundo, a
través de un accion ar car acterizado por la potestad de inv estigar toda con trover sia o situ ación
que pueda crear fricción internacional y de recomendar los métodos más adecuados para
alcanzar una solución satisfactoria frente a la comunidad mundial.
Todos los estados integr antes d e la Or ganización d e las Naciones Unid as, en
conformid ad a su Carta fundam ental, están ob ligados a acep tar y cumplir las decis iones que
adopte el mencionado Consejo, las que requieren del voto afirmativo de nueve de sus 15
miembros, sin votos negativos de las cinco potencias que ostentan la condición de miembros
perm anentes, es d ecir, Es tados Unidos, Gr an Br etañ a, Fran cia, Rusia y Ch ina. Estas
decis ion es pu ed en or ientars e a asp ecto s v itales p ar a la s eguridad mundial, com o por ejem plo
la determ inación si existe una am enaza a la paz o un acto de agr es ión, com o tamb ién la
recom endación de m ed idas esp ecíf icas, ap licación de s an ciones e in clu so la m ater ialización
de un a acción m ilitar de la comun idad in ternacional en con tra de un eventu al agresor. Sin
embargo, a pesar de las potestades descritas, la trascendencia de las mencionadas
determinaciones y los intereses a los cuales afectan, han hecho muy difícil la concreción de un
accionar efectivo y convergente con respecto a los propósitos fundacionales del organismo.
En efecto, durante los largos años de la guerra fría, los contrapuestos intereses de las
Potencias Miembros Permanentes del Consejo e insertas en la bipolaridad imperante, hicieron
imposible alcanzar las condiciones de acuerdo sin vetos que resultaban necesarias para
solucionar los distintos conflictos que fueron aflorando como consecuencia del proceso de
descolonización o por otros motivos. Ante esta situación, el Consejo debió adoptar m edidas
m enos d efin idas, pero consensualm en te acep tad as, como son los bueno s of icios,
conciliacion es, m ediaciones y d elegación d e responsabilidad es al Secr etar io Gen eral.
En la actualidad la situación es distinta, aún cuando los resultados finales son bastante
equiv alen tes. Si bien p ers is te el m ism o m ecanismo para la tom a d e d ecis ion es, los país es
miembros no permanentes del Consejo no se encuentran adscritos a los bloques que existían
en el escenario bipolar, por lo que cuentan con una mayor libertad en cuanto a la disposición
de sus votos, a lo que se agrega el hecho de que los países miembros permanentes no
pres entan d if eren cias id eo lógicas en la per cepción de las metas com unes a alcan zar. El
problem a qu e or igin a el retroceso apar ece cu ando debe determin ars e la form a cóm o alcan zar
las m etas ya cons ensuadas y, tr as ello, las presion es que imp lícita o exp lícitam ente s e ejer cen
en un sentido u otro sobre los países integrantes temporales del Consejo, por parte de los
miembros permanentes que impulsan proyectos divergentes.
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La cr is is d e Irak cons titu ye una clara m ues tra al respecto. El gob ierno de Wash in gton
acusó a es e país de con stituir un a am enaza po tencial p ara la s egurid ad regional y m undial, ya
que Saddam Hussein evidencia un constante desafío a la comunidad internacional al ocultar
programas relativos a la reconstrucción de sus capacidades biológicas y químicas y al
desarrollo nuclear orientado a la producción de arm as de destrucción masiva. Frente a ello
existe una coin ciden cia plena y la d etermin ación que es necesario m aterializar tod as las
m edid as tendien tes a ev itar la pro lifer ación d e ese tipo de arm as, por cons id erar se
fundamental para el futuro y la seguridad de toda la humanidad.
Fren te a esa coincidencia en el “qué h acer”, Estados Unido s, con el fuerte apo yo de
Gran Bretaña, propone el “como hacer lo ”: remov er a Saddam Huss ein d el pod er y apuntalar
a su eventual sucesor, con una potente acción m ilitar, ya que es tim a que s i bien esa acción
gener ará rep ercusiones tem por ales en el área, po ster iorm ente será posible alcanzar un a p az
más estable en la región y en el mundo.
Francia, con cierto apoyo del resto de los integrantes permanentes, no está de acuerdo
en el “com o hacer lo” planteado por Estados Un idos. Cons ider a inaceptable que una
resolución d e la ON U autor ice a prior i el r ecurso de la fu er za. Al r esp ecto señ ala qu e en un
primer momento, es importante alcanzar una decisión del Consejo de Seguridad orientada a
es tab lecer un régim en de insp ección que garan tice que los exp er tos podrán llev ar a cabo
íntegramente su misión sin ningún obstáculo y, sólo en el caso de que el régim en iraquí
violase esas obligaciones, el Consejo de Seguridad tendría que tomar medidas m ás drásticas.
Co incidente con la posición de Fr ancia ap arece el pronunciam iento d e Alem an ia, país
que también presenta una importante relevancia en el escenario europeo. La oposición al
planteam iento norteamericano aparece como una defensa a principios básicos de la
comunid ad in tern acion al, como es el hecho que s i bien el d es arme ir aqu í es im per ativo, és te
debe llev ars e a cabo en condiciones que refuer cen el ord en in tern acional, la jus ticia y la
responsab ilid ad colectiv a que obliga moralm ente a las dem ocracias a no transgr edir en el
exter ior los pr in cip ios en que bas an su conviv encia in ter ior. Asim ismo, es tas tend en cias
señalan que po líticamen te sólo el consenso en las decisiones tr as cenden tes puede dar la
neces aria legitim idad a una acción profund a, coher ente y ef icaz, deb iendo s iem pre r es ervar se
el uso de la fuer za como un último recurso.
Las div er gen cias en torno a la cr is is de Irak parecen ser el pr elud io de las
caracter ís ticas d el escen ar io d e las r elaciones in ternacion ales dur ante el siglo XXI. La
unipolar idad de los Estados Unidos es resistida por algun as poten cias europeas y en es te
contexto algunos países del viejo mundo ven la oportunidad de recuperar su anterior
trascend encia a trav és de un im plícito alin eam ien to en uno u o tro bando. En cu alqu ier caso, el
ordenam iento m und ial d el fu turo se ver á seriamen te af ectado por el m an ejo que la com unidad
intern acional lo gre concretar dur ante la com entada cris is, la que al cierr e de esta edición
perecier a mu y lejan a a un accionar con sen suado y m u y cercana a un a in terv ención unilater al
de la sup erpoten cia, lo que d añar ía s eriam ente la efectivid ad futur a d e las or gan izacion es
internacionales, en general, y del Consejo de Seguridad de la ONU, en particular.
La cond ición de m iembro no perm anente qu e actualmen te ostenta Ch ile lo ob liga a
actuar con dignidad y particular mesura, ya que los intereses de cooperación mutua que
mantiene con los actores con proyectos contrapuestos constituyen un elemento que, aunque no
se quiera, siempre está presente en este tipo de decisiones. Por una parte, Estados Unidos es
nues tro prin c ipa l so c io com erc i al a l re gistr ar el 18, 2% de la s export a cion es y e l 16, 3% de l as
importaciones y negocia un Tratado de Libre Comercio que implicaría unos 700 millones de
dólares de aumento anual en el PIB de Chile; por otra parte, con la Unión Europea también se

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im plemen ta un Tratado de Libre Com er cio y sus m ercados pr esentan un a relevan cia mu y
parecida a la de Estados Unidos.
La s ituación des crita exige que nuestro país sea extr emad am ente consecuen te con los
principios rectores de resguardar el multilateralismo, privilegiar las soluciones de consenso
dentro d e l Cons ejo de Se gur id ad, vel ar por la segurid ad hum ana y m an tener un a transpar en te
participación en el proceso de toma de decisiones, aceptando que éstas pueden llegar a ser
puntualm ente dur as, en esp ecial cu ando ello cons tituye el ún ico camino v iable p ara lograr una
paz estable y justa.
Sin lu gar a dudas, a los p aís es em er gen tes nos favorece un es cen ario qu e privilegie un
accionar multinacional donde el acercamiento de los pueblos se sustente en la comunidad de
valores y reglas y en el aporte a la defensa de los principios colectivamente aceptados. Ello
nos lleva a so sten er, un a vez m ás, que el accion ar al cual se v erá enfr en tado nuestro país en la
arena internacional del futuro debe estar respaldado por un poder nacional cuya componente
naval constituya un adecuado aporte a los compromisos que adquiera nuestra política exterior
en ar as d e la paz y la es tabilidad en el m undo.

Director Revista de Marina

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