A cinco años del rescate de los 33 mineros de Atacama

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El día 5 de agosto de 2015 se cumplieron
cinco años del aciago accidente minero
provocado por el deslizamiento de una roca de
700.000 toneladas de granito, de una dimensión
equivalente a la torre Entel de Santiago. Ese
deslizamiento obturó irremediablemente la
galería principal de la Mina San José ubicada
cerca de Copiapó, Región de Atacama, atrapando
en su interior a 33 mineros del turno que
laboraban en ese momento; evento ocurrido
a pocos meses de la catástrofe del mega
terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010,
que devastara el Centro-Sur de nuestro país.
El mismo día del accidente, los rescatistas
locales entrarían en acción; todos ellos, mineros
que laboraban en faenas contiguas a la de
San José, contaban con gran experiencia en
derrumbes y accidentes relacionados a la actividad.
Pronto esa misma experiencia les revelaría
la insoslayable magnitud y consecuencia del
accidente, convenciéndolos de que sería imposible
acceder hasta las víctimas para liberarlos desde
su inesperada prisión subterránea.
Mientras tanto, en el resto del país lo que al
principio era una desgraciada noticia, cobró
rápidamente notoriedad al vislumbrarse como
* Capitán de Navío. Oficial de Estado Mayor. Ex Comandante del GT33. Destacado Colaborador de la Revista de Marina, desde 2000.
La emergencia vivida por 33 trabajadores en la mina “San José” movilizó al Estado de
Chile. La Armada participó desde el inicio en la operación “San Lorenzo” y su rol es descrito
por quien comandó el Grupo de Tarea Naval 33 que aportó a la planificación y ejecución del
mantenimiento de la vida de los mineros durante su confinamiento.
Crónica
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una tragedia de proporciones que amenazaba
enlutar una vez más a la familia minera de
Chile. Para mayor mal, los dueños de la mina
comunicaron a las autoridades regionales y a la
opinión pública en general, su imposibilidad de
asumir la operación de rescate y, menos aún, los
costos que ésta les demandaría. Todo lo anterior
creaba una atmósfera de triste conformidad
en nuestro país y en el mundo, y aumentaba el
número de quienes daban por perdidas aquellas
vidas…
Sin embargo, los familiares de los mineros
atrapados no se resignaron; confiados en Dios y
en la resiliencia de sus seres queridos, clamaron
por ayuda a todo nivel, hasta llegar al Supremo
Gobierno, que asumió el colosal desafío del
rescate, movilizando para tal fin, gradualmente,
al Estado de Chile casi en su totalidad. No pasó
mucho tiempo, en consecuencia, antes que el
Presidente Piñera desplegara al lugar del suceso
personal calificado de CODELCO, liderado por
el Ministro de Minería de la época, Laurence
Golborne, quien asumió el mandato ejecutivo de
“hacer lo humanamente posible, costara lo que
costase, para encontrarlos.” El equipo conformado
se pondría manos a la obra para localizar a los
trabajadores atrapados, a sabiendas de la escasa
probabilidad que permaneciesen vivos.
Luego de reflexionar en lo ocurrido, no es difícil
concluir que el Gobierno adoptó la resolución
correcta, y la puso en práctica haciendo uso de una
gran persistencia, animada por el convencimiento
que encontrarían con vida, al menos, a algunos de
ellos, y enfrentaron posteriormente el gigantesco
desafío de rescatarlos, pese al costo monetario
que podría acarrearles.
Las primeras acciones fueron tomadas con gran
sentido de urgencia; de ellas destacamos el que
Golborne seleccionase para ejercer el mando
directo a André Sougarrett, ingeniero en minas de
Codelco, poseedor de una gran experiencia y que
disfrutaba de un merecido prestigio profesional,
pese a su juventud. Sougarret, posteriormente, fue
empoderado por la máxima autoridad del país,
quién le delegaría explícitamente el liderazgo de
los trabajos en terreno destinados a encontrar
a los mineros .
Un pelotón del Regimiento “Atacama” del
Ejército levantó dos vivacs, uno para sostener
logísticamente a los rescatistas durante toda
la Operación “San Lorenzo” y otro destinado a
los padres, esposas e hijos de los trabajadores
atrapados (el “Campamento Esperanza”). A lo
anterior se sumó el arribo oportuno de Carabineros
de Chile, quienes otorgaron desde el inicio de los
trabajos de rescate su invaluable contribución a
la mantención del orden y la seguridad, aspecto
no menor en un lugar de tanta sensibilidad,
que improvisadamente congregaba un grupo
humano numeroso y diverso.
El denodado esfuerzo de los técnicos e
ingenieros presentes en la mina San José dio
sus primeros frutos el 22 de agosto de ese año,
poniendo fin a 17 días de incertidumbre; todos
los chilenos pudimos ver cómo el Presidente de la
República, escoltado por su Ministro de Minería,
revelaba a los respectivos familiares y también a
una expectante teleaudiencia que los 33 mineros
atrapados a 700 metros de profundidad habían
sido por fin localizados, y ellos, mediante una
sencilla nota, pero de una claridad impactante,
comunicaban que se encontraban vivos: “Estamos
bien en el refugio los 33”.
Luego de tan feliz acontecimiento, el Centro n del Esfuerzo de la Operación “San Lorenzo” (como Corte en profundidad de la Mina San José siniestrada.
CRÓNICA: A cinco años del rescate de los 33 mineros de Atacama
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se le denominó días después) pasaba a ser el
regreso de cada uno de ellos, sanos y salvos, a
la superficie de la Tierra.
Es en esta etapa en la que comenzaría a
figurar la Armada de Chile, la cual, mediante la
conformación del Grupo de Tarea 33 (GT33) que
arribó a la mina dos días después que los mineros
fueron localizados, uniéndose inmediatamente
a los esfuerzos colectivos que, a contar de ese
momento, asumieron el carácter de interagencial
en el marco de la mencionada operación “San
Lorenzo”. El GT33 se hizo parte de un variopinto
grupo de agencias estatales que contribuyeron
al rescate, supervisadas directamente por los
ministros de Minería Laurence Golborne, de Salud
Jaime Mañalich y el delegado presidencial Cristián
Barra. Estas autoridades políticas establecieron
dos líneas operativas distintas, ambas situadas
bajo el control del ingeniero Andrè Sougarrett:
1ra: “Construcción del pozo de rescate, a cargo
del funcionario de CODELCO René Aguilar, y
2da: “Mantener con vida a los mineros
durante el encierro hasta su hospitalización en
el Hospital Regional de Copiapó (HRC)” a cargo
del comandante del GT 33 de la Armada.
Marinos en el desierto más árido del
mundo
El 24 de agosto y a instancias del Dr. Jaime
Mañalich, Ministro de Salud de entonces, quien
le había solicitado al Comandante en Jefe de la
Armada una asesoría en terreno por parte de
personal especialista en submarinos (a fin de poder
“disponer las acciones necesarias para mantener
vivos a los mineros atrapados al interior de la
mina mientras se buscaba llegar hasta ellos”), el
Comandante de Operaciones Navales de entonces,
dispuso que con 8 horas de aviso, un grupo de
marinos se desplazaran vía avión naval a la Mina
San José, donde arribaron a las 16:00 horas de
ese día. Este grupo de marinos conformaron el
GT33, liderado por el autor de este artículo y que
además incluyó a los entonces Capitán de Fragata
Sanidad Andrés Llarena, Suboficial Mayor (Mq.
Sm.) Edgardo Rodríguez y Sargento 1° (Enf.Sm.)
Edgardo Lagos.
Resulta interesante saber que, en su mente, el
Ministro de Salud hubiese hecho un símil de la
situación que los mineros sufrían con la que podría
vivir la dotación de un submarino accidentado
e imposibilitado de retornar a la superficie. Esa
asesoría fue la primera tarea a la que los marinos nos
abocamos y cuatro días después de nuestro arribo,
fruto de un intenso trabajo, el facultativo recibió
las recomendaciones del caso que, en resumen,
consistieron en una adaptación para este siniestro de
las disposiciones que nuestra Institución ejecutaría
si debiese atender a un submarino accidentado,1
y que se debían modificar en este rescate para
auxiliar a los mineros atrapados, quienes, por la
ejemplar resiliencia demostrada, comenzaban
lentamente a ganarse nuestra admiración y aprecio.
Sin embargo, la tarea de la Marina no terminó allí:
cuando estábamos planificando nuestro retorno
desde el campamento Esperanza, el GT33 recibió
una nueva tarea en el marco de la Operación “San
Lorenzo” sintetizada en la siguiente frase surgida
de la primera autoridad sanitaria del país: “Quiero
que me mantengan en un óptimo estado de salud,
física y psicológica a los 33 mineros atrapados durante
todo su confinamiento y posterior extracción.” Para
contribuir a esta misión, el mismo ministro Mañalich
solicitó el apoyo de la NASA, que inspeccionó
el campamento y auditó la gestión realizada,
aprobando finalmente las acciones tomadas
por quienes conformamos la línea operativa de
mantención con vida a los mineros.
Pero volvamos a la labor solicitada a la Armada de
Chile por aquel entonces; concretamente aquella
no fue sólo mantener sanos a los mineros en las
entrañas de la mina, también debimos asegurar esa
condición durante la extracción. En este sentido, el
definir el “qué hacer” para cumplir aquello se hizo
fácil: obviamente, lo primero era recuperar la salud
corporal y mental a los 33 mineros, cuya condición
física se había visto muy afectada por el encierro y la
falta de alimentos. Una vez restablecidos, debimos
mantenerlos sanos mediante un trabajo coordinado
con la ACHS,2
labor no exenta de complicaciones,
1. Dentro de las sugerencias que se aplicarían durante los casi dos meses que restaban del encierro luego de haber sido encontrados, estaba el referido orden de
precedencia en la futura extracción de los mineros: primero, aquellos caracterizados por ser los más hábiles y despiertos, luego los más lábiles (vulnerables) y
finalmente, los más fuertes de carácter (en el caso de un submarino, el último debe ser el comandante; en el caso de los mineros, lo fue el jefe de turno, Luis
Urzúa).
2. La Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) era la que por ley debía velar directamente de los trabajadores atrapados ya que se trataba de un accidente de
trabajo.
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puesto que dos de los mineros presentaban sendas
enfermedades crónicas serias.
Conocido el diámetro final de la perforación
en curso (26 pulgadas muy menor al de un tubo
lanza torpedos) comenzaría a vislumbrarse en
ese momento la necesidad que los rescatados
alcanzaran una medida corporal que permitiera
su ingreso al vehículo (el Fénix), el cual debía
deslizarse por el ducto generado en la perforación
hasta llegar a la superficie. Asimismo, durante
ese desplazamiento hacia la libertad, los mineros
deberían ser monitoreados para, una vez de
regreso a la superficie, fuesen atendidos, primero
en un “Triage”3
cuyos médicos deberían definir
la atención clínica que debiesen prestarles a
cada uno de ellos, para finalmente evacuarlos
por helicóptero e internarlos en el HRC escogido
para otorgarles los cuidados finales.
Hasta allí parecía estar todo bien, pues una
vez identificado el “qué”, sólo estaba pendiente
definir el “cómo hacer todo aquello”. Al respecto,
una eficaz planificación le permitió al GT33 definir
qué tareas debían ejecutar:
– Entrenar al personal de médicos, paramédicos
y enfermeros de la Asociación Chilena de
Seguridad (ACHS) (a cargo del Dr. Jorge
Díaz) para otorgarles el conocimiento de
algunas de las técnicas propias de nuestra
“Medicina Operativa”, totalmente aplicables
en este tipo de circunstancias.4
Para tal efecto,
el CF Llarena y el C1° IM Cabezas del GT33,
auxiliados por sendos instructores del SAMU
y la Cruz Roja que viajaron desde Santiago
especialmente,5
dictaron un completo curso
entre el 10 y 16 de septiembre que permitió
subsanar tal deficiencia. Posteriormente,
y hasta la extracción de los mineros, el
personal médico naval del GT33 articuló
una estricta supervisión del desempeño de
la ACHS durante la atención médica remota,
ya que, tal como se mencionó, al tratarse de
un accidente de trabajo, sólo ellos podían
asumir la tarea.
– Administrar la logística sanitaria de la
Operación “San Lorenzo” para soportar la
tarea de mantener en buenas condiciones
de salud y dar un máximo de confort
posible a los mineros atrapados. Para
cumplir aquello, el GT33 determinó las
necesidades considerando incluso el
detalle de que los elementos fueran
de un “tamaño” tal que cupiesen en las
“Palomas”:6
Los alimentos debían otorgar
sólo las calorías y nutrientes dispuestos por
los nutricionistas (pero que los jueves y por
supuesto el 18 de septiembre consideró
empanadas); atuendos que les procurarían
un suficiente grado de confort en un medio
ambiente adverso de permanente 90/907
además de protección ya que fueron
confeccionados con fibras de cobre (que es
fungicida); mobiliario, utensilios y bártulos
(literas de campaña, diarios, revistas,
duchas portátiles, TV de nanotecnología,
entre otros) que les entregaron distracción
y facilitaron, además, la comunicación
visual con sus seres queridos. Finalmente,
dispusimos ingresar con éxito, por una
de las dos perforaciones existentes, una
manguera con agua potable de suministro
permanente, evitando interferir en el uso
de las “palomas” para otros fines (ya que
el seguir entregado botellas de agua
mediante las “palomas” como fue al inicio,
habría hecho colapsar ese sistema de
distribución); luz eléctrica para mantener
mediante luces un óptimo ciclo circadiano;8
telefonía y aire fresco. Cerraban el ciclo
logístico la obtención y almacenamiento
de los elementos antes mencionados y
finalmente su distribución a través del
reducido espacio de almacenamiento que
las “palomas” otorgaban, debiendo, para tal
fin, subir y bajar sin detenerse en ningún
momento a través del otro ducto fruto de
las dos perforaciones-sondaje que existían,
que a la manera de cordones umbilicales
CRÓNICA: A cinco años del rescate de los 33 mineros de Atacama
3. N. del E.: Método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando
la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles.https://es.wikipedia.org/wiki/Triaje
4. Lo anterior fue debido a que el equipo médico de la ACHS contaba con poca experiencia en este tipo de prestaciones; por el contrario, éstas sí resultaban
similares a la que otorga la medicina operativa naval.
5. La Dra. Ximena Grove del SAMU Metropolitano y el Enfermero Universitario Robinson Talavera de la Cruz Roja Chilena.
6. Las “palomas” eran los vehículos de alimentos, correspondencia y enseres que circulaban desde la superficie al interior de la mina en un tráfico incesante que
no permitía pausas durante los casi dos meses del proceso.
7. 90/90 se refiere a un ambiente de 90% de Humedad y 90° Fahrenheit (29° Celsius).
8. Los ritmos circadianos constituyen el reloj biológico humano que regula las funciones fisiológicas del organismo para que sigan el ciclo vital de la noche y el día.
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permitieron llegar hasta los mineros
atrapados.9
Todo aquello conformó un ciclo
logístico vital, y de cuya operación el GT33
respondería directamente al Dr. Mañalich.
– Trasladar en un viaje inédito por sus
características, a la totalidad de los mineros
atrapados desde el interior de la mina,
mediante un vehículo denominado “cápsula
Fénix II”10 diseñado y construido, más
como ambulancia que simple ascensor,
por la entonces muy afectada Planta de
Talcahuano de los Astilleros y Maestranzas
de la Armada (ASMAR). El diseño de la
cápsula de marras se basó en un croquis que
recogió los requerimientos de alto nivel11
cuyas características, entre otras facilidades,
consideraba iluminación, comunicaciones
casi permanentes, aire respirable enriquecido
(40% de oxígeno y 60% de nitrógeno),12 y
principalmente, un módulo “vital” (donde
iba el sujeto) y otro de “sacrificio”; en caso
de quedar apresada la cápsula, el primer
módulo podía desprenderse del segundo,
permitiendo así liberar al minero durante el
trayecto, el cual volvía a bordo del módulo
vital al interior de la mina.
– Examinar a los mineros en la mina, previo a
ser ingresados en la cápsula (principal tarea
de los rescatistas navales que actuaron en el
interior del yacimiento) y una vez llevados a la
superficie, efectuarles un examen en el Triage
para evaluar su condición, luego estabilizarles
y asearles antes de su evacuación vía
helicópteros pertenecientes al Grupo 8 de
la Fuerza Aérea de Chile hacia el HRC donde
finalizaba la responsabilidad del GT33 y la
asumía la ACHS, ahora con toda propiedad,
cuidando de ellos en ese hospital con el
propósito final de devolverlos a sus familiares
en las mejores condiciones posibles. Mención
especial corresponde hacer aquí a la persona
del entonces Comandante del Grupo 8,
CDG Aldo Carbone (hoy Coronel en retiro)
quien demostró una enorme generosidad,
proactividad y profesionalismo al igual
que sus pilotos, mecánicos y dotaciones,
tripulando y apoyando en tierra a los
helicópteros Bell 412 EP que materializaron
la evacuación médica; ellos fueron, sin duda,
un insustituible apoyo.
– Asumir, esta vez a instancias del Ministro de
Minería, la tarea de constituir un sistema de
correo que garantizase un eficaz y eficiente
intercambio epistolar y de enseres, entre
los trabajadores atrapados y sus familiares;
aunque esta tarea no revestía mayor
complejidad (obviamente, la ejecución se
inspiró en el funcionamiento del Correo
Naval) su materialización tuvo un impacto
muy positivo en el espíritu de todos los
involucrados.
– Planificar y coordinar el esfuerzo de todos
los participantes en la extracción, que fue
la etapa final del rescate. Es así que una
vez restando pocos días para que el Plan
“B”13 llegara a su meta (a la que arribó una
vez trepanado el ducto de 620 metros de
largo y 26 pulgadas de diámetro, con los
primeros 54,4 metros encamisados con
tubos de acero) el GT33, considerando
todas las actividades de preparación
necesarias, redactó cada una de las tareas
específicas de esta etapa, programándolas
en un cronograma de eventos (tipo BSOE)
que partía a contar del día “D – 10” (día “D”
y la hora “H” era el momento en que la
Fénix II bajaba por primera vez llevando
al interior de la mina al primero de los
rescatistas). El citado BSOE finalizaba con
la hospitalización de todos los mineros en
el HRC. Finalmente, gracias al compromiso
y eficaz cooperación de todas las agencias
participantes, el programa de marras se
cumplió con la exactitud de un reloj suizo.
Faltando 10 días para el momento de la
extracción, el Comandante de Operaciones
9. Una de las sondas era para el tránsito de las Palomas y la otra para pasar un multiarreglo de cables compuesto por uno eléctrico, otro de video, una manguera
de aire fresco enfriado y finalmente el cable del primer teléfono que se usó para comunicación. Esto último para homenajear a su inventor, el técnico en
comunicaciones Pedro Gallo.
10.Para entonces ASMAR (T) construiría cuatro cápsulas “Fénix”: la Fénix I que arribó primeramente, un prototipo que no cumplía con todos los requerimientos
de alto nivel originales. La Fénix II, que sí los cumplía y que por ende fue la utilizada para el rescate; la Fénix III, igual a la anterior y por eso considerada como
“backup”, y la Fénix IV, un modelo simplificado para entrenamiento de los rescatistas que descenderían con la misión de apoyar la preparación de los mineros.
11.Y cuyas características se pueden apreciar en la página 44 del libro “Chile 33 memorias de un rescatista” del T1° Roberto Ríos Seguel. Ril Editores. Santiago 2012.
12.Suministrado por la empresa Indura.
13.Recordemos que los planes “A”, “B” y “C” constituían sendos esfuerzos que en forma paralela realizaban una perforación con un diámetro óptimo para permitir
la escapatoria de los 33 mineros.
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Navales asignó también
al GT33 al entonces CF
Sergio Sandoval y Cabos
Roberto Salgado y Marcos
Oliva, todos ellos dotación
de la planta de ASMAR(T)
quienes en su calidad de
constructores de las cápsulas
Fénix, concurrieron a apoyar
su empleo. Asimismo,
arribaron a la mina también
asignados al GT33, los tres
enfermeros rescatistas
que tan importante tarea
desempeñaron: dos de ellos
descendieron al interior de
la mina San José para apoyar
médicamente a los mineros
durante la extracción (el
entonces Aspirante a Oficial Roberto Ríos Seguel
y el C1° Patricio Roblero Abarca) y el tercero (S2°
Carlos Bugueño Olivares) apoyó en el Triage.
Una vez que el pozo estuvo terminado y tal
como mencionamos, “encamisado” lo necesario, el
centro del esfuerzo de la operación “San Lorenzo” se
trasladó desde la perforación del ducto de escape
hacia las actividades conducentes a la extracción
y satisfacción de todos aquellos requerimientos
conducentes a mantener con salud a los mineros y
a su extracción, incluyendo en este último aspecto
la puesta a punto del Triage de las cápsulas Fénix 2 y
3 (las que se planificó emplear) y el equipamiento y
entrenamiento de los rescatistas que descendieron
al interior de la mina.
Finalmente, el momento tan esperado por
todos llegó. A las 00:10 horas del 13 de octubre, el
ingeniero Andrè Sougarrett dio la orden de iniciar
el rescate final de los mineros. Todos quienes nos
encontrábamos allí, fuimos afanosos testigos
de cómo se cumplió el esperado hito del primer
descenso que realizó la cápsula Fénix II al interior de
la mina con el rescatista minero Manuel González
de CODELCO a bordo; tal acción y las posteriores
hasta completar la totalidad de la liberación, fueron
seguidas atentamente no sólo por quienes éramos
parte de la Operación “San Lorenzo” y entre los
que estaba el propio Presidente de la República,
sino también por una teleaudiencia internacional
que superó en varios millones a quienes, poco
antes, habían visto la final del Mundial de Fútbol
realizado en Sudáfrica ese mismo año (en más de
30 horas de trasmisión ininterrumpida). Al primer
rescatista en bajar lo siguieron secuencialmente los
enfermeros navales del GT33 (Aspirante a Oficial
Ríos y luego el C1° Roblero) mientras que los del
GT33 que quedamos en superficie nos habíamos
distribuido para cubrir nuestros puestos ubicados
en las inmediaciones del punto de extracción y en
el Triage mismo; allí permanecimos todo el tiempo
que tomó la extracción de los mineros y luego
de los rescatistas, atentos a nuestras funciones,
confiados pero vigilantes; junto con Florencio
Ávalos, el primer minero en aflorar que volvió a la
superficie alrededor de las 03:00 horas de ese día
13 de octubre,14 asomarían las primeras emociones:
el esfuerzo de tantos hombres y mujeres que
operamos casi dos meses en el agreste desierto de
Atacama fue siendo recompensado poco a poco…
Cada arribo de algún minero, antecedido por una
sirena que alertaba a todos los presentes, daba
paso a la subsecuente actividad de rescatistas y
personal sanitario a fin de prestarle atención médica
en el Triage, y otorgarle el anhelado reencuentro
n Reunión de planificación interagencias.
CRÓNICA: A cinco años del rescate de los 33 mineros de Atacama
14. Florencio Ávalos era considerado como el más hábil, por eso fue el primero en salir, ya que se siguió estrictamente el protocolo correspondiente sugerido por la Fuerza de Submarinos de Chile.
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con sus seres queridos. Finalmente, con el arribo
del último de ellos, Luis Urzúa, jefe de turno de
nuestros mineros, estalló la algarabía; al mismo
tiempo, millones de televidentes vieron cómo el
Aspirante a Oficial Roberto Ríos desplegaba en el
interior de la mina una sencilla banderola con la
frase “Misión cumplida Chile” escrita en ella…
Contribución del GT33 a la Operación “San
Lorenzo”
Mucho se ha escrito con respecto al rescate
de los 33 mineros, por lo tanto más importante
que narrar los hechos es reflexionar sobre el
por qué la Operación “San Lorenzo” concluyó
exitosamente.15
En este sentido, desde la perspectiva de los
principales desafíos superados se mencionan a
continuación el accionar del GT33 así como las
otras agencias participantes que condujeron a
un feliz término la misión de rescate:
– Revertir la suspicacia inicial de quienes
conformamos el grupo de rescatistas en
general (políticos, gente de CODELCO,
miembros de las FF.AA.) respecto a que
los mineros atrapados podrían adaptarse a
las nuevas tecnologías que se emplearían
tanto para mantenerlos vivos como en
su extracción hasta la superficie, las que
requerían de su contribución para su
puesta en práctica. A lo anterior, se sumó la
desconfianza en que los mineros fueran a
internalizar lo vital que resultaba para ellos
cumplir estrictamente todas las medidas
clínicas de índole preventivas que les
dispusimos entonces, y la creencia en que
no había forma que ellos se organizaran
para cumplir lo que les solicitábamos. Sin
embargo, los hechos nos demostraron
que estábamos equivocados, ya que más
temprano que tarde nos dimos cuenta
que entre ellos existía una jerarquía
reconocida16 y un nivel cultural suficiente
para entender el qué hacer y cumplir
nuestras instrucciones, sin desidia alguna.
Por esto mismo, pudimos hacerlos sujetos
participativos, tanto durante las tareas
de excavación (por ejemplo, ellos debían
retirar los desechos que caían desde la
superficie) como en el autocuidado
clínico preventivo. Incluso, y en ese mismo
sentido, el Ministro de Salud le otorgaría
el título de “oficial médico” a Yonni Barrios,
minero que poseía ciertos conocimientos
de medicina.
– Neutralizar la falta de “generosidad” inicial
de los rescatistas ligados a la minería debido
a que las agencias a las cuales aquellos
pertenecían no comprendían al principio
que la Operación “San Lorenzo”, si bien
pertenecía al ámbito minero, tomó un cariz
mayor (debido a su magnitud, visibilidad y
medios empleados) y, por tanto, requirió de
un esfuerzo transversal interdisciplinario para
alcanzar el éxito. En este sentido, al crearse
un comité en el que tenían participación un
representante de cada organización, entre
otra serie de medidas, se instauraron lazos
de confianza y camaradería; asimismo, una
vez distribuidas las respectivas obligaciones
y responsabilidades a las distintas agencias,
empleando para tal efecto las mejores
capacidades que cada una de ellas podía
entonces ofrecer, y sumándole el esfuerzo
significativo que los privados también
prestaron a la causa, se generó la sinergia
necesaria que permitió vencer cada uno de
los inconvenientes que se presentaron.
– Contribuir a que los mineros superasen la
condición ambiental reinante en el interior
del yacimiento de 90/90,17 (es decir, 90°
Fahrenheit, equivalente a 29° Celsius, y
una humedad de 90%) que, entre otros
perjuicios, estimulaba la proliferación de
bacterias y hongos en el ambiente y en los
mismos mineros. Esta peligrosa condición
fue neutralizada gracias al aporte de un
gran número de empresas, de las que
hemos de destacar a “NORTHSAILS” que
proveyó de tela con las que confecciona
velas de yate para construirles a los
trabajadores atrapados dos santuarios en
el interior del yacimiento; a éstos se les
inyectó aire helado a través de una de las
15.El autor de este trabajo utilizó con éxito los procedimientos de esta operación en las dos misiones de rescate minero realizadas el año 2011 en Colombia y luego
México.
16.Lo anterior volvía a revelar la importancia de la jerarquía en estas coyunturas y por el contrario, lo inconveniente de la anarquía.
17.Referido a la NASA.
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sondas, gracias a la empresa “INDURA”;
todo aquel esfuerzo permitió, a la larga,
disminuir en un par de grados la sensación
térmica en el interior de la mina. Asimismo,
Doîte facilitó (entre otros muchos enseres
tales como literas y duchas de camping)
indumentarias para cada uno de los 33
mineros, elaboradas con fi bras de cobre lo
que permitió eliminar hongos y bacterias;
complementó lo anterior la empresa
“BATA” que proporcionó un calzado de
protección diseñado especialmente18
para enviarlas a los trabajadores mediante
“Palomas”. No podemos dejar de mencionar
a “GATORADE” que suministró bebidas
especiales que favorecería la preparación
de los mineros para su extracción.
– Finalmente, superar aquellos problemas de
coordinación entre las diferentes agencias
que participaron en el rescate, debido a las
diferencias entre las culturas organizacionales
de cada una, (ACHS, CODELCO, “ARAMAX”,
Gobierno local y regional, periodistas,
cineastas y un largo etcétera). Asimismo,
se debe incluir a los mismos mineros y sus
familiares (tanto los mineros atrapados como
los presentes en el entorno) y obviamente,
los políticos. Todos con
sus propias visiones y
perspectivas.
Experiencias obtenidas
por el GT33
El “moverse” en una
organización que por lo
general no contó con un
organigrama claro que la
definiera (el organigrama
incluido en este artículo fue
deducido por el autor del
mismo) nos exigió desarrollar
un alto grado de confianza
en las capacidades propias
así como audacia para asumir
más responsabilidades; fue
importante, eso sí, que cada nueva responsabilidad
recibida o asumida estuviese de la mano del
necesario “empoderamiento” ante las autoridades
y las otras agencias participantes.
– Se validó la importancia que tiene la
confección y el estricto cumplimiento
de protocolos escritos destinados a fi jar
instrucciones, que permitieran materializar
cada una de las actividades que se debían
ejecutar (en el caso de la misión del GT33,
las correspondientes a las áreas de la
medicina y psicología previstas realizar
durante la Operación “San Lorenzo”) y que
idealmente estuvieran complementadas
con la respectiva “Checklist”.
– La disciplina como herramienta vital
de supervivencia en una crisis de estas
proporciones fue fundamental y estuvo
presente tanto en las víctimas (para eso
necesariamente debió existir autodisciplina
e idealmente una suerte de jerarquía
clara entre ellos), como asimismo en los
rescatistas.
– La medicina (y principalmente la medicina
operativa) debe incorporar en su
funcionamiento más disciplinas; a pesar
que ella siempre ha requerido de la física
para el diagnóstico fisiológico y de la
n Organigrama de la Operación “San Lorenzo”.
CRÓNICA: A cinco años del rescate de los 33 mineros de Atacama
18. Las botas de seguridad diseñadas en 24 horas cumplían todas las normas del trabajo minero y su principal característica era que estaban confeccionadas en tres piezas con el propósito de ser transportadas por las Palomas para luego armarse en el interior. Doîte también produjo en tiempo récord productos para los
mineros que, basados en su producción estándar, eran desarmables para poder hacérselos llegar a los trabajadores atrapados.
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química para el tratamiento, hoy necesita
abrir las puertas de sus aulas y campo de
práctica a lo menos, a la logística.
– Los mineros atrapados, además de ser
objetivos del esfuerzo desplegado,
fueron “Sujetos” de éste; la Operación
“San Lorenzo” nos reveló que las personas
envueltas en este tipo de tragedias pueden
y deben cuidar de sí mismas mientras se
realizan los esfuerzos para rescatarlos.
– Lo ventajoso de disponer de más de un Plan
de Contingencia (Coplan) ejecutándose
al mismo tiempo; ejemplo de lo anterior
fueron los tres planes diseñados para
construir sendos pozos de rescate en forma
paralela (los mencionados planes “A”, “B”
y “C”). Habría sido impresentable el que,
de haberse seguido, por ejemplo, sólo con
el “Plan A“, hubiésemos debido partir del
comienzo, prolongando de esta forma otro
par de meses más la operación y, por ende,
el encierro de los trabajadores atrapados.
– La importancia de las medidas preventivas
escritas en protocolos detallados y
destinadas a evitar patologías tal como el
“stress” por la temperatura, la infección por
hongos y bacterias, especialmente en la
piel (normales en un ambiente de 90/90 ya
explicado) e infecciones estomacales y otras.
– La capacidad de planificación que poseen
los oficiales de las FF.AA. se presenta en este
caso como una potente e imprescindible
herramienta, siendo, finalmente, uno de
los mayores aportes que las instituciones
castrenses pueden entregar en este tipo de
operaciones: no solamente nos referimos a la
redacción de procedimientos o protocolos,
sino a la capacidad de confeccionar Planes y
Estudios de Estado Mayor que, basados en la
práctica que nos han entregado las MOOTW19
hicieron en San Lorenzo que la redacción en
forma clara de éstos y su correspondiente
aplicación fuese vital e imprescindible.
El éxito de la Operación “San Lorenzo”
La Operación “San Lorenzo” fue exitosa, y no
nos cabe duda alguna. Lo fue debido a que tanto
quienes conformaron la línea de operación técnica
(excavación), como la de quienes mantuvimos a los
mineros con vida (salud), contamos con objetivos
definidos y, más importante que ese simple
hecho fue que, finalmente, éstos convergían
entre sí: mientras el área técnica supo que su
tarea era construir tres perforaciones, para que
a lo menos una de ellas permitiese hacer bajar y
subir a través de ella un vehículo tipo ambulancia
para rescatar a los mineros desde el interior de
la mina, el área de salud había internalizado su
obligación de mantener a la totalidad de los
mineros sanos, física como psicológicamente
durante su cautiverio y luego asegurar su arribo a
la superficie donde se les otorgó la estabilización
necesaria previa a su hospitalización en el HRC.
Esa claridad de objetivos en ambos grupos nos
permitió discriminar aquellos esfuerzos que no eran
conducentes a la obtención del correspondiente
objetivo y que por lo tanto debieron dejarse de
lado y así evitar desfocalizarse.20
Finalmente, algunos de los factores que
determinaron el éxito de la misión fueron:
– Haber empleado una logística sanitaria
integrada a la operación: en San Lorenzo
la medicina dio la bienvenida a la logística.
Mediante una manera prolija y protocolizada
se pudo entregar las atenciones y cuidados
necesarios a los mineros atrapados; o dicho
de otra manera, hacer una mejor gestión en
la atención al paciente.
– A la contribución de los propios rescatados.
Tal como lo mencionamos anteriormente,
nuestros 33 mineros, inicialmente objetivos
del esfuerzo, también fueron sujetos de
éste; en conclusión, las personas envueltas
en estas tragedias pueden y deben cuidar
de sí mismas, es decir, no deben necesitar ni
aceptar como correcto el que los rescatistas
les digan “nosotros sabemos-ustedes hagan
como le decimos”. Finalmente, durante
la Operación “San Lorenzo” hicimos de los
mineros pacientes participantes informados.
– A la generación de planes de contingencia
paralelos. En el caso de San Lorenzo, aquellos
denominados “A”, “B” y “C” que fueron
diseñados para construir sendos pozos de
19.MOOTW (Military Operations Other Than War) u Operaciones de No Guerra.
20.Una suerte de “Si no sirve para hundir buques enemigos, no es importante”, del Almirante Arleigh Burke.
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rescate administrados simultáneamente con
diferente énfasis, según los cambios en la
situación. Al respecto, y pese a que el plan
“B” hubo arribado en primer lugar al taller
en la mina con el diámetro requerido, sólo
el plan “A” fue cancelado en forma inmediata
(ya que a este último le quedaba demasiado
recorrido todavía), continuándose pese a
todo con el Plan “C”, el que sólo detuvo una
vez su actividad afectando directamente al
montaje del “Triage”.
– La importancia que dimos a la aplicación
de medidas preventivas definidas en
protocolos particulares y detallados a fin
de evitar patologías. Tal como lo indicó el
Ministro de Salud de entonces “prevenir es lo
que más rinde, obviamente; pero no sólo en el
sentido de la eficiencia. Prevenir puede, como
en este caso, ser la única manera posible de
tratar una enfermedad”. En resumen, como
lo es en un problema militar, siempre será
más fácil neutralizar a un adversario al
comienzo de la ejecución de su plan, pero
lo será aún más, si lo hacemos en forma
preventiva, es decir antes que comience a
ponerlo en práctica.
– Al empleo de la disciplina como herramienta
vital de supervivencia en una crisis de estas
proporciones. Al respecto, los mineros
tuvieron un jefe en propiedad reconocido
por todos, (el administrador de turno Luis
Urzúa) y una estructura formal en el interior
de la mina; esa jerarquía definida contribuyó
a su supervivencia inicial y además al hecho
de haber acatado eficazmente las órdenes
e instrucciones que les entregaron los
rescatistas.
Reflexión final
En lo inmediato, la trascendencia de la Operación
“San Lorenzo” fue indudable; el solo hecho
de lograr rescatar y devolver a los 33 mineros
de Atacama sanos y salvos a sus familiares lo
demuestra. En ese sentido, (y en la creencia
que se trata de una anécdota histórica y no un
hito en nuestro devenir como país), en el largo
plazo no sólo se validó la enorme sinergia que
una organización interagencial puede generar
en una operación de rescate de esta magnitud,
toda vez que posee un objetivo claro y una
estrategia acorde con los medios y ese mismo
objetivo. Por otro lado, y tan importante como
lo anterior, fue la vivencia de esos casi dos meses
del rescate, que permitió aquilatar la enorme
potencialidad de los chilenos, cuyo crisol es esta
“loca geografía” mencionada por don Benjamín
Subercaseaux en 1941 y que de cuando en vez
nos remece brutalmente. En ese sentido, San
Lorenzo demostró, una vez más, la resiliencia
de nuestra raza y su capacidad para vencer en
toda empresa de proporciones, aprovechando
lo mejor de nuestro ser. Es en ese sentido que el
periodista Jonathan Franklin, columnista de los
prestigiosos periódicos The Guardian, Washington
Post, Observer y The Sydney Morning Herald
concluyó así su libro “33 Men”: “The Chilean
mine rescue was the “Anti-September-eleven”
(2001); an event that showcased human charity,
brotherhood and the concept of a Global Village
built on altruism. The world media fixation with
the Chilean mining story was an “aberration from
the normal flow of war news, massacre updates
and extreme weather”… Was it a flash in the pan?
Or was it a brief glimpse into the vast reservoir
of goodwill that can always be summoned for
a world-wide cause… After nearly a decade of
what analysts call “the Age of Terror”, by August
2010 the world seemed starved of hope, but
the bravery of thirty-three men and a band of
generous and tenacious rescue workers brought
the world together. At least for a moment, we
could say, WE ARE ALL CHILEAN.”

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