Lingotes de oro en el fondo del mar austral

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El día viernes 20 de febrero de 2009 las agencias
internacionales informaban del hundimiento,
en los mares australes de Argentina, de un
barco chileno con un cuantioso tesoro a bordo.
Radio Cooperativa de Chile, informaba ese día
así: “Buque chileno hundido en el extremo sur
de Argentina llevaba oro y plata. El valor de la
carga es de entre 10 y 20 millones de dólares.
Un buque pesquero de bandera chilena
hundido hace más de un mes, portaba una
carga de 6.900 kilos de plata y oro en lingotes,
confirmaron fuentes empresariales. El buque
“Polar Mist” partió el 15 de
enero del puerto de Punta
Quilla, en la provincia
argentina de Santa Cruz
hacia Punta Arenas, con
una carga de 6.900 kilos en
lingotes, el 10 por ciento
en oro y el 90 por ciento
en plata”, dijo Miguel
Ferro, presidente de la
minera estatal Fomicruz.
Esta información recién
fue dada a conocer a la
opinión pública casi un
mes después de ocurrido
el naufragio.
Contrario a lo que se
podría pensar, se inició inmediatamente la
planificación del rescate del oro y debieron pasar
casi seis meses para ello. El protagonista de esta
compleja operación de rescate submarino, en
uno de los mares más tempestuosos del mundo,
fue una empresa chilena.
El día 2 de agosto de 2009, EFE, la Agencia de
Noticias de España, emitía la siguiente información:
“Termina rescate de cargamento de oro del
“Polar Mist”. La misión, realizada a 81 metros
de profundidad, habría costado 4 millones de
* Director Ejecutivo STS Ingeniería y Construcción Marítima y Submarina.
El 18 de enero de 2009 el buque chileno “Polar Mist” se hundió en las costas del sur de
Argentina con 474 lingotes de oro avaluados en US$ 20 millones. Pasaron seis meses antes
de ser rescatados desde el fondo del mar por una empresa chilena que fue contactada
desde Holanda.
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dólares y se llevó a cabo
con medios especiales de
inmersión.”
La empresa chilena STS con
54 años de trayectoria, fue la
encargada de la operación de
rescate submarino, ya que
cuenta con sistema de buceo
de alta profundidad en Chile y
es además la única en su tipo
en Sudamérica. Fue elegida
por la empresa holandesa a
cargo de la recuperación del
oro por su vasta experiencia
en operaciones en el Estrecho
de Magallanes.
Se hunde el oro
El “Polar Mist”, pesquero chileno, había zarpado
el 15 de enero de 2009 del puerto de Punta Quilla,
Santa Cruz hacia Punta Arenas, con una carga
valiosa. Luego de tres días de navegación y mientras
era remolcado por otra nave, se hundió frente a las
costa de Argentina. A bordo iban 474 lingotes de
oro que eran esperados en Punta Arenas para ser
enviados a Suiza, pero que llegaron primero a 100
metros de profundidad del helado mar austral.
Conocido el naufragio las empresas aseguradoras
de tan valioso cargamento comenzaron a planear
el rescate. “Nos contactaron desde Holanda los
ejecutivos de Mammoet Salvage, una de las
empresas de salvataje más grandes del mundo,
para consultar si contábamos con las capacidades
para desarrollar la operación de rescate submarino
de la carga” recuerda Claudio Ignacio Castro,
director ejecutivo de STS, la empresa chilena
que –finalmente- se hizo cargo de la compleja
operación. Pero, para que los chilenos tomaran el
salvataje, tuvieron que pasar dos meses antes de
llegar a acuerdo con las aseguradoras europeas
que querían rescatar los lingotes, cuenta Castro.
La operación –según STS- podría costar los
US$10 millones.
Según recuerda Claudio Castro: “Por la prensa
me enteré que una empresa noruega, con oficinas
en Argentina, había tomado el proyecto. Pero
que todo había fracasado, porque la tripulación
–argentina- quería un porcentaje del rescate. Y las
empresas aseguradoras que tenían que organizar
el rescate, no estaban dispuestas a dárselos. Así
entendí que sería nuestra oportunidad para
llevar adelante el rescate.”
La bicentenaria empresa aseguradora británica
Lloyd’s, tenía la responsabilidad de la carga y
había encargado a la holandesa Mammoet, que
encabezara el salvataje.
Londres, Quintero y el Atlántico Austral
Las negociaciones con los chilenos fueron más
bien rápidas pero sigilosas. Así, a mediados de
junio de 2009 –a cinco meses del hundimiento
del “Polar Mist”- ejecutivos de las aseguradoras
y rescatistas tomaban contacto con la empresa
chilena STS en Quintero.
Una vez en Quintero, lo primero que hicieron
los europeos fue revisar los equipos y comprobar
las capacidades técnicas de esta empresa
sudamericana. Claudio les muestra todo su
soporte técnico. Tras varias horas de inspección
de los expertos ingleses y holandeses dan el visto
bueno para que STS se haga cargo del rescate.
Claudio Castro explica que, una vez terminada
la reunión con los nueve representantes de
la aseguradora y de la encargada del rescate,
se dio inicio a la planificación y completar los
requerimientos para la operación.
“La empresa holandesa comprometió a
STS un remolcador de última tecnología, con
CRÓNICA: Lingotes de oro en el fondo del mar austral
n Buzo en el interior de la cámara de rescate.
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posicionamiento dinámico satelital DP2, de
nombre “C-Sailor” de 15.000 HP. Y después se
consultó la fecha de partida a lo que se confirmó
que era necesario en una semana, algo tan radical
como la operación misma. Había que movilizar
200 toneladas de equipos y más de 40 personas
desde México, Estados Unidos y de Chile para
montar, probar, auditar y zarpar. Era un desafío
de la más alta exigencia”, explica Castro.
Al rescate
La nave elegida fue el “C-Sailor”. El cálculo era,
desde Punta Arenas a Punta Quilla, en Argentina
había que navegar unas 27 horas. En ese puerto,
abordaría personal argentino de STS que completaría
la tripulación, además de más de 3.000 m3 de gas
helio para hacer los buceos, por las dificultades
de la alta profundidad: “después de los 50 metros
no se puede respirar aire, porque el buzo puede
narcotizarse o intoxicarse. Lo que se usa entonces,
es una mezcla con otros gases nobles como el
helio” acota Castro.
La tripulación a cargo de todo el rescate estaba
conformada por 60 personas: un capitán de
Texas, 2 ingenieros chilenos y 14 buzos chilenos,
6 argentinos y 4 mexicanos, además de los
pilotos del robot de Gales y Escocia, más los
observadores ingleses y holandeses.
La navegación para localizar el barco hundido
no fue fácil: olas de hasta ocho metros, barrieron
literalmente la cubierta de la nave de rescate. La
ventaja era que una semana antes del zarpe los
chilenos contaban con la ubicación del “Polar
Mist”, gracias al barrido con sidescan sonar y un
robot ROV de observación.
Oro localizado
Cuando llegaron al sitio exacto del hundimiento,
echaron a andar el sistema de posicionamiento
dinámico con doble redundancia, que permitía que
el barco se mantuviera estable en un punto a base
de señales que recibía de satélites. Primero bajaron
el robot para asegurar el descenso al “Polar Mist”. En
el puente de mando se seguía la operación a través
de las cinco pantallas que permitían monitorear los
trabajos y que una vez localizado el barco hundido,
se dispuso preparar a los buzos.
“Después de la hora y media de pruebas y
chequeos de equipos, dos buzos ingresan a la
campana -que es una cápsula de dos metros de
diámetro llena de equipos de alta tecnología- para
iniciar el descenso. Bajar tan profundo requiere
respirar una mezcla de 13% de oxígeno y 87%
de helio, para no narcotizarse ni intoxicarse con
Oxigeno. Meterse en un mundo tan oscuro, que sólo
hay cinco metros de visibilidad”, cuenta Castro.
La superficie, queda a casi
100 metros prácticamente
y no hay ninguna forma de
volver si no es por medio de
los sistemas y personal de que
dependen. Así el buzo abrió
la escotilla de la campana y se
metió en la primera bodega
del “Polar Mist”. Una vez
dentro, pudo ver las cuatro
cajas de acero. El problema,
es que ya habían pasado más
de noventa minutos y tenía
que volver.
D esde la campana
cerrada, los buzos pasaron a
descomprimirse en el habitat
hiperbárico durante seis horas
y se dejó el primer lingote
n Zarpe del “C-Sailor” al rescate del oro. recuperado en la campana.
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La información con que disponían los rescatistas
era que había 474 lingotes, unas 9,6 toneladas de
oro en ocho cajas. Tras dos inmersiones, habían
logrado subir tres de ellas.
Contra reloj y contra los piratas
El “C-Sailor” tenía permiso para navegar en
aguas argentinas hasta el 15 de julio, por lo tanto
el rescate estaba contra reloj. El problema no
sólo era que ya estaban a 14, sino que se estaba
armando un frente de mal tiempo. “Comenzó a
cambiar el tiempo, las fuertes corrientes, las olas
de 6 metros y el viento desatado, presagiaban
el temporal que venía. Les dije a los holandeses
que con estas condiciones no se podía operar y
que la vida de los buzos no sería arriesgada. En
estas condiciones esperamos 12 horas. Afuera,
sólo se veía a las olas romper y al avión y patrulla
marítima que protegían al “C-Sailor” de piratas
que estaban al acecho del oro rescatado”, cuenta
Castro.
En el intertanto se solicitó a la autoridad
argentina ampliar el plazo para la operación, a
lo que accedieron. Así, por varios días, los buzos
siguieron bajando y recuperaron la mitad del
cargamento, pero nuevamente se dejó caer la
tormenta.
Olas de ocho metros embestían al “C-Sailor”
mientras comenzaba a navegar rumbo a Río
Gallegos, siempre en Argentina.
Una vez que el temporal amainó, el barco zarpa
nuevamente al punto del hundimiento para rescatar
las últimas cuatro cajas desde el “Polar Mist”. La
operación estaba terminando exitosamente.
El bitácora del “C-Sailor” señala que se habían
completado 21 buceos y sólo quedaban siete
lingotes que no se lograban encontrar. Los buzos
y la tripulación del “C-Sailor” habían pasado
casi todo julio en esta labor. El 1º de agosto el
último buzo baja y empieza a buscar a ciegas
lo que el robot no había podido ver y logra dar
con los últimos 7 lingotes. “Ese momento fue
emocionante, el buzo cuando termina saca una
bandera chilena de su bolsillo y la flamea a casi
100 metros de profundidad, sube y mientras pasa
por sus últimas seis horas de descompresión,
la gente arriba del barco cuenta los lingotes”
recuerda con emoción Castro.
Al día siguiente, el 2 de agosto de 2009,
llegan a Punta Quilla en el río Santa Cruz, y
los representantes de la aseguradora y de la
compañía holandesa proceden a contar los
lingotes: 474 en total.
Han pasado casi seis años de esta operación,
pero igual sigue emocionando a Claudio Castro
que explica: “Lo relevante del
éxito del rescate del cargamento
de oro del “Polar Mist”, recae en el
hecho inédito del desarrollo de la
ingeniería submarina en Chile en
un área en que algunas potencias
lideran sus avances y en donde
nuestro país ha sido dependiente
históricamente. La investigación
y desarrollo llevado a cabo por
STS en forma independiente y
privada, logró en los últimos cinco
años contar con dos sistemas
de buceo de alta profundidad,
que ponen a Chile como líder
en Sudamérica y una referencia
a nivel mundial en los límites del
ser humano bajo el mar.

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