La Primera Autoridad Marítima de la Zona del Beagle

VERSIÓN PDF
El presente artículo relata una historia quizás para muchos desconocida, y es respecto del sacrificado trabajo llevado a cabo por el sargento Rogelio Armijo Salinas, entre los años 1915 y 1918, constituyéndose en la primera autoridad marítima de la zona del Beagle. Un ejemplo digno de destacar, que nos entrega un mensaje sobre el cumplimiento del deber, sin pedir ni recibir nada a cambio, un verdadero ejemplo de vocación de servicio.

Un antiguo refrán dice: “Sólo de los valientes se cuentan historias” y en realidad es cierto, pero siempre y cuando estos hechos sean conocidos y divulgados. La historia que voy a narrar la conocí por una gran casualidad. Me encontraba buscando unos antecedentes en una pieza que servía como pañol de material y además para guardar documentos obsoletos de varias oficinas, cuando observé en un rincón en el piso un sobre grande, sucio, arrugado y lleno de polvo, lo recogí y comencé a leer su contenido, que eran de varias cartas escritas a mano, documentos oficiales de algunos ministerios y un croquis de una pequeña casa habitación también hecha a mano. Gracias a estos antecedentes, pude informarme en detalle del trabajo sacrificado de soberanía y de autoridad marítima que realizó el sargento de la Armada Rogelio Armijo Salinas en la región del canal Beagle, entre los años 1915 a 1918. Este personaje, que para mi entender fue una persona muy sufrida, valiente y un abnegado servidor público, efectuó una labor similar a un sheriff del lejano oeste americano, en donde imperaba la ley del más fuerte.

Fructífera labor silenciosa que realizó en vasto sector del Beagle, hace ya 102 años. Esta historia tiene un hermoso y atrayente argumento, que bien puede servir a un director de cine para realizar una taquillera película de ambiente histórico regional.

Datos estadísticos de esa época, indican que a fines de 1891 y comienzo de 1892, 14 mineros austriacos en sólo 27 días de labores, extrajeron de la isla Lenox 115 kilos de oro. Además, en estudios realizados posteriormente se calcula que entre los años 1891 a 1894, en las islas Navarino, Lenox, Picton y Nueva, sacaron aproximadamente dos toneladas de oro.

En la actualidad aún quedan algunos vestigios de construcciones y maquinarias que se utilizaron en la isla Lennox, lo que nos indica claramente el gran flujo de buscadores de oro que operaban en esa zona y que en 1892 alcanzó a 600 mineros. Como se puede apreciar, este lejano lugar fue una zona donde imperó la ley del más fuerte, que años después ya no había tantos mineros, a nuestro personaje le correspondió imponer la ley con los escasos medios que disponía.

La zona austral de Navarino, que también fue llamada “El confín más austral del mundo” por el pastor Anglicano L. Bridges, en su famoso libro del mismo nombre, en el cual describe ampliamente, las costumbres y formas de vida de los Yaganes o Yámanas y de los Onas, que habitaron esta región austral, una zona inhóspita y muy distante de toda civilización.

Nuestro hombre es un auténtico huaso, nacido en San Fernando, provincia de Colchagua, por los años 1880, en una tierra agrícola y ganadera por excelencia. Allí en ese generoso ambiente pasó su infancia y efectuó sus estudios primarios. Luego al entrar en edad adulto, ingresa al Ejército, en donde alcanza el grado de sargento 2°, siendo su arma la de Caballería. Su retiro de esta institución se debió a la supresión de la última unidad militar a la cual perteneció, el parque de la Va. Zona Militar, después de haber permanecido por espacio de 8 años, 1 mes y 18 días, según consta en el archivo general de guerra.

El destino hizo que llegara a la ciudad de Punta Arenas, donde después de trabajar ocasionalmente en varias faenas y lugares, consigue contratarse como policía territorial en la reciente localidad de Puerto Porvenir. Tiempo después consigue ser contratado, con fecha 13 de enero de 1910, a la edad de 30 años, en el Pontón N° 11, unidad dependiente del Apostadero Naval de Magallanes, antiguo velero donde se almacenaba carbón y otros materiales para las naves.

Debido a su excelente hoja de servicio del Ejército y a sus conocimientos escolares, logra ser contratado como sargento 2° de Armas. En su hoja de vida archivada en la Dirección General de la Armada, bajo la serie H-4236, se puede leer lo siguiente: ”1911, mayo 31: Fue ascendido a sargento 1° de Armas en el Pontón N° 11, por su buena conducta para atender el depósito de carbón en Puerto Muñoz Gamero.” En aquella época y desde hacía bastante tiempo, la Armada disponía de una carbonera o depósito fiscal en ese lugar, distante unas 250 millas al norte de Punta Arenas, la cual servía para aprovisionar a las naves que transitaban por esa zona. Se sabe que años anteriores, los aborígenes de esa región, habían asesinado al guardián de ese depósito de carbón. El encargado de este depósito fiscal, fuera de las tareas propias de su cargo, se desempeñaba como autoridad marítima de este sector, que en ese tiempo se veía muy atareado en la fiscalización de las embarcaciones que transitaban por estos intricados canales en la caza de nutrias, lobos, coipos, como también por los buscadores de oro, diversos aventureros y los aborígenes de esas zonas los alacalufes o kawesqar. En ese sector fue donde el sargento Armijo se desempeñó por primera vez como Alcalde de Mar.

Mientras tanto en Santiago, a nivel ministerial se estudiaba la forma de poner fin a la venta clandestina de bebidas alcohólicas y al maltrato que se le daba a los indígenas por parte de algunos aventureros inescrupulosos en la región del Beagle, según denuncias de varias entidades religiosas, como de particulares responsables de esa época, quienes solicitaban destacar en forma permanente una autoridad representada por la Armada, para implantar la ley y orden, a una población aproximada de 500 personas, compuesta de algunos ganaderos, buscadores de oro, aborígenes de la región, loberos, como también algunos prófugos del presidio de Ushuaia, pequeña localidad argentina ubicada en la costa norte del canal Beagle. Como información diremos que en las islas Lennox y Picton fueron para muchos aventureros como California en EE.UU., en donde se podía ser millonario de la noche a la mañana, según lo describe el rumano Julio Popper, famoso aventurero que llegó a tener ejército propio y moneda con su sello, en el sector de Cullen en la isla de Tierra del Fuego.

Por disposición de la Dirección de la Armada, en el año 1915 se dispuso el zarpe de la escampavía Yelcho, con rumbo a caleta Banner en Isla Picton, con materiales para instalar una carbonera y un pequeño muelle, como también la construcción de una pequeña casa habitación destinada al encargado del depósito fiscal. Según indicaciones detalladas en el plano confeccionado por el mismo sargento Armijo, era una modesta vivienda de cuatro piezas con las mínimas comodidades para habitarla. Se nombró para este cargo al sargento Armijo, quien se instaló junto a su familia. Una vez ubicado se dedicó a talar los árboles circundantes del sector, levantando cerca para los corrales donde tendría aves de corral y animales de pastoreo, levantó también pequeños galpones para guardar herramientas y forraje, trabajó la tierra y logró cultivar una excelente huerta. Además, debió construir camineros de madera para su desplazamiento debido a lo fangoso del terreno. Al cabo de un año le escribe al secretario del almirante, diciéndole, “que a la casa aún le faltan algunas cosas para terminarla y le dice que le mande algunos vidrios, pintura para techo, clavos, madera y zinc, pues las que se trajeron están viejas y con las nevazones se pasan completamente.” Asimismo, le indica que le manda un cajón con papas, repollos y zanahorias que son frutos de su huerta. Según antecedentes de la época las naves de la Armada hacían uno o dos viajes al año a esa zona. Esto da a entender lo solitario y desamparado que se encontraba el sargento Armijo, más aún cuando tuvo que enviar urgente a su esposa al hospital de Punta Arenas por una severa enfermedad. En otra carta, escribía: “Sr. secretario, mucho le agradeceré fuera al hospital para ver como esta mi señora, pues hace seis meses que no sé nada de ella”. Con respecto a esta especial y dolorosa situación, el comandante de la escampavía Yelcho, por oficio N° 10 de fecha 25 de julio de 1916, le informa al jefe del Apostadero Naval de Magallanes, lo siguiente:

Pongo en conocimiento de US., que a mi arribo a Caleta Banner en Isla Picton, encontré sin novedad al sargento Armijo i al Marinero que lo acompaña, que cuidan el depósito de carbón en dicha Isla, perteneciente a nuestra Armada Nacional. El sargento Armijo presentó al infrascrito su problema haciéndome ver la circunstancia dolorosa para él, en que se encuentra, pues tenía a su esposa gravemente enferma en el Hospital de Punta Arenas desde hace algún tiempo y las últimas noticias que tenía de ella, eran de que posiblemente haya fallecido, además se encuentra con dos hijos pequeños a su lado y sin oportunidad ni trámites para poder ir a ver a su esposa a esta. En vista del tal situación especial para el sargento Armijo, no tuve inconveniente i contando con el beneplácito de US, para autorizarlo, que aproveche el Yelcho, ya que no habrá otro buque hasta dentro de un mes más, que pueda traerlo con su hijita. Quedó cuidando la carbonera el marinero, acompañado del hijo del sargento Armijo.

Como puede apreciarse cuantas penurias debió soportar esta persona lejos de sus seres queridos y también lejos de todo tipo de ayuda, viviendo en malas condiciones, con un clima hostil, expuesto a enfermedades y quizás amenazado por algunos aborígenes del lugar o aventureros, como fue el caso del asesinato de ocho misioneros anglicanos por el yagán bautizado como Jimmy Button en caleta Wulaia, años antes. Solo aquellos que conocen esta zona, podrán aquilatar en toda su dimensión el temple firme de su carácter y la indomable voluntad del cumplimiento de su deber, para soportar tanta soledad, incertidumbre y quizás incomprensión. En ese lugar le cupo una destacada actuación al atender el aprovisionamiento de carbón a la escampavía Yelcho, al mando del piloto Luis Pardo, cuando se dirigió a la Isla Elefante en la Antártica a rescatar a los 20 náufragos ingleses de la Endurance, rescate que se realizó con éxito el 30 de agosto de 1916 y que fue noticia de carácter mundial. Dicha proeza marítima dio prestigio y admiración al personal de la Armada de Chile, por su valentía, profesionalismo y espíritu de cuerpo entregado en esa ocasión.

En su hoja de vida no registra ninguna otra repartición o unidad a la que haya pertenecido posteriormente, solo figura dos anotaciones que dicen: “1°.febrero.1925. Ascendió de sargento primero a sub oficial 2° de Armas, en el depósito de marineros.” – “6.enero.1927. Fue dado de baja por haber obtenido cédula de retiro absoluto de la Armada, como suboficial 2° de Armas, cuando era de dotación del Hospital Naval de Magallanes.” Se estima que al poco tiempo después falleció, pues al margen de su hoja de servicio, figura una anotación en la cual dice, que la pensión de montepío será cancelada a su hijo menor de edad, lo que da a entender que su esposa también había fallecido, anotación del año 1929.

Sirvan estas líneas para recordar y resaltar en todo lo que vale la actuación sacrificada y abnegada de un Alcalde Mar en esas lejanas y desoladas latitudes y rendirle un merecido homenaje, a quien entregó toda su existencia en forma anónima para el prestigio de su institución. Creo muy sinceramente que también se hace Patria, dando a conocer hechos sobresalientes de los hijos de nuestra tierra, que dejaron un mensaje, sobre el cumplimiento de su deber, sin pedir ni recibir a cambio ningún tipo de compensación. Digno ejemplo que reconforta y nos enorgullece como chilenos. Ojalá que esos que andan pregonando a los cuatro vientos sus sacrificios y su servicio público, lo traten de imitar en todo sentido, como es el presente caso de este olvidado funcionario de la Armada.

Artículos relacionados...

Agregar un comentario