Evocación Centenaria

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Hace 100 años, los destinos de la República cuya independencia declaró en la ciudad de Talca el director supremo Bernardo O’Higgins el día 12 de febrero de 1818, estaban en manos de José Luis Sanfuentes, presidente que con la habilidad política adquirida como ministro de hacienda, justicia e instrucción pública, y senador por Concepción los años anteriores, supo mantener al país en un plano neutral frente al conflicto mundial iniciado en Europa en 1914, así como una sana armonía entre el Estado y la iglesia.

La dirección general de la Armada era ejercida por el almirante Joaquín Muñoz Hurtado, oficial egresado al servicio en 1875 tras haber cursado sus años de aspirante de marina en la Escuela Militar (como era la usanza de la época), a quien durante los años que se prolongó su gestión le correspondió recibir los submarinos clase Holland adquiridos en Estados Unidos, el acorazado Almirante Latorre y el inicio de la construcción del hospital naval de Valparaíso.

La celebración de los primeros 200 años que cumplió la Escuela Naval de Chile invita a recordar, en rápida semblanza, detalles de la trayectoria del plantel que en 1918 celebró los 100 años transcurridos desde que fuesen creadas la Academia de Jóvenes Guardias Marinas, la Escuadra Nacional cuyo primer éxito logró el contraalmirante Manuel Blanco Encalada, la Infantería de Marina que comandó el mayor Guillermo Miller y la Comisaría de Marina que dirigió durante las campañas navales de la Independencia, José Santiago Campino.

El centenario

En primer lugar recordaremos que fue ese el año que los cadetes navales de Valparaíso tuvieron su fiesta de aniversario por primera vez el día  4 de agosto, toda vez que hasta entonces éste era celebrado el 1 de julio, fecha que en 1858 inició sus actividades el Curso de los Héroes que integraron entre otros, como bien lo sabe el lector, los cadetes Carlos Condell, Juan José Latorre, Jorge Montt, Arturo Prat y Luis Uribe, este último, uno de los fundadores de la Revista de Marina nacida en 1885 como órgano de expresión literaria del Círculo Naval, que durante sus primeros años de vida asentó su sede en el segundo piso de  la Comandancia General de Marina ubicada en las cercanías del muelle fiscal.

Quien se preocupó por recoger los pasos caminados por las academias y escuelas que existieron antes de que la Escuela Naval del Estado (así llamada en el reglamento orgánico firmado en mayo por el presidente Manuel Montt) abriera sus puertas en el barrio El Almendral, fue el capitán de fragata Lautaro Rosas, subdirector del plantel que dirigía el contraalmirante Francisco Nef y contaba con una dotación de 163 alumnos; de los cuales a fines de año graduaron 25 oficiales de marina.

No solo de agregar años a la vida del plantel situado en el Cerro Artillería se preocupó el comandante Rosas, oficial cuya hoja de servicios hace saber que durante el tiempo que desempeñó la subdirección marcó los rumbos de la enseñanza con un talento preclaro, encuadrándola en bases de alta pedagogía que llevaron al plantel a una elevada posición de prestigio y de reconocimiento público, y cuyo amor por la historia naval lo llevó a fundar un pequeño museo dotado de pinturas, reliquias y uniformes que con el tiempo llegó a convertirse en el Museo Marítimo Nacional.

Además de orientar sus esfuerzos a modernizar tanto aspectos de régimen interno como manifestaciones externas del plantel, durante sus años de subdirector suprimió castigos que estimaba demasiado rigurosos, tales como encierros en calabozos y privación del postre, estimuló las actividades deportivas y culturales y asumió el mando del regimiento de cadetes en las presentaciones, ejercido hasta entonces por el oficial de ejército, desfilando el 4 de agosto de 1918 en tenida de parada montado en el caballo que tenía a cargo el capitán de infantería Santiago Murphy.

A las anteriores modernizaciones, quien durante sus años de servicio desempeñó importantes comisiones en Alemania, Argentina, Colombia, Inglaterra, Panamá, Estados Unidos y Francia, y en 1916 confeccionó una Ordenanza del Servicio a Bordo adoptado por la Armada para uso en las unidades navales, ordenó al profesor de música Luis de Retana componer el himno que los cadetes navales interpretaron por primera vez ese mismo día, cuyo primer verso reza:

Los cadetes navales chilenos

por la Patria juramos morir,

y pasear su bandera sin mancha

por los mares de uno a otro confín…

A las novedades observadas durante la celebración del aniversario escolar, se agregan dos trascendentales actos en la vida de todo oficial de marina: la entrega de la espada, símbolo de mando y de su calidad de tal, y el juramento a la bandera que rindieron, por primera vez en la repartición de premios, el 29 de diciembre de 1918 los guardiamarinas de primera clase Benjamín Aguirre, Oscar Arredondo, Eduardo Avalos Prado (hermano del aviador cuyo nombre recuerda  la escuela que forma a los oficiales de la Fuerza Aérea de Chile), Francisco Beduneu, René Berisso, Ramón Beytía (primera antigüedad), Tomás Biggs, Raúl Carmona, Enrique Díaz Martínez, Edison Díaz Salvo, Diego Espoz, Víctor Flores, Jorge Gutiérrez, Carlos Jélvez, Alberto Julio, Miguel Lagos, Hérnán López, Patricio Lynch, Manuel Maldonado, Enrique Minetti, Darío Mujica, Carlos Novión, Alfredo Puga, Luis Vásquez y Alfredo Werner, 25 jóvenes pertenecientes al escalafón de oficiales de guerra, antecesor de los ejecutivos nacidos en 1927 al integrarse al plantel de Valparaíso la Escuela de Ingenieros de Talcahuano.

De los nombrados, Díaz Salvo y Puga, alcanzaron en la Fuerza de Aviación Nacional, nacida en 1930 de la fusión de los servicios aéreos del Ejército y la Armada, el grado de general, en tanto que los capitanes de navío Díaz Martínez y Lagos ocuparon la dirección de la Escuela Naval, plantel que hacia mediados del siglo XX ya graduaba guardiamarinas destinados a los escalafones único de ejecutivos e ingenieros, defensa de costa, contadores y oficiales de mar y a la marina mercante nacional, así como oficiales provenientes de Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela, extranjeros seguidores de la huella iniciada en 1898 por el ecuatoriano Flavio Aray Flores, cuyos nietos José y Carlos obtuvieron sus despachos de alférez de fragata en 1958 y 1960.

En 1918, año que, según ya vimos, correspondió a un músico de origen español organizar el primer grupo coral que tuvo el plantel, cuyo tema debutante fue el himno de los cadetes navales de Chile, figuraba en su planta de oficiales el capellán José Luis Fermandois, autor de la“Poesía de la Campana”, cuyos versos inspiran desde entonces a los reclutas del establecimiento que entre 1916 y 1921 dirigió el almirante Nef, jefe que siendo director general de la institución participó en la formación de la Mutual de la Armada y el Ejército. Entidad en cuya puesta en marcha trabajó también activamente, como era el estilo del hombre que en la mente de los cadetes inculcó el principio formulado por Ortega y Gasset acerca del deber de todo hombre de: “Tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol”, el subdirector Lautaro Rosas, alcalde de Valparaíso, cuya obra de dos años se refleja en la pavimentación de distintas calles y avenidas, del camino cintura hoy conocido como avenida Alemania, construcción de las subidas Yolanda y Baquedano, empalme de avenidas Errázuriz y Altamirano y construcción del estadio Playa Ancha, escenario usado desde su nacimiento en la década de 1930 hasta 1989 para graduar a los alumnos de la Escuela Naval.

¡Larga Vida al alma mater de la oficialidad naval de Chile!

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