Discurso del 131° Aniversario del Combate Naval de Iquique y Día de las Glorias Navales

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l 21 de mayo de 1879, Chile vivió
una de las más trascendentales
jornadas de su historia.
Historia en la que, por lo demás, no
han sido escasas las ocasiones de sentir
hondo y legítimo orgullo nacional. Aquel día, unida a la victoria de Punta
Gruesa, se consumó el sublime sacrificio
del Comandante Arturo Prat Chacón, al
mando de la gloriosa corbeta “Esme-
ralda”, en las aguas de Iquique. Estas acciones originaron la efemé-
ride con que, honrando a sus héroes del
mar, Chile entero celebra el día de sus
Glorias Navales; al ser Prat y sus hom-
bres – y por cierto, la Armada de Chile,
privilegiada custodia de sus épicas
herencias – exponentes paradigmáticos
de la Nación, integrantes de su nobleza
ancestral e inspiradores fundamentales
que la guían hacia sus mejores destinos. Dado que “la nobleza obliga”, nuestra
Patria está comprometida con su entidad
original, con sus hijos más preclaros – los
reconocidos públicamente por la tras –
cendencia de sus virtudes o el conjunto
anónimo de mujeres y hombres que, en
sacrificado y austero quehacer existen –
cial, contribuyen a solventar la suma de
las cualidades de la Nación – y desde
luego, con la responsabilidad de proyec –
tarse a un porvenir congruente con su
legendario origen, su valerosa trayectoria
histórica y su ancestral orgullo de raza. La verdadera y auténtica nobleza de
Chile nace de la reunión de los valores
de su linaje, presente éste tanto en las
características con que nuestros aborí-
genes consagraron sus cualidades atávi-
cas, como en las de quienes, entrañando
el ideal de la fe en los misterios de la
eternidad, vinieron a estos mares y tie-
rras remotas a expandir la civilización
occidental y cristiana. Su ensamblaje, dio entonces origen
a una entidad nacional que se sustenta
en las virtudes de la raza y en los valores
del espíritu, basados ambos, granítica
e irrenunciablemente, en el concepto
superior de la libertad; condición indiso-
lublemente vinculada, por lo demás, a la
íntima convicción y práctica solemne del
HONOR y la VERDAD; ya que sólo ellos
nos harán libres como pueblo. La Armada de Chile, institución fun –
damental y originaria de la República – y
garante permanente de su libertad – ha
entrañado, como sello indeleble de su
alma corporativa, tanto el culto perma –
nente como el ejercicio irrestricto del
HONOR y la VERDAD, esenciales en la
construcción de la férrea confianza entre
sus miembros. Ello, en consecuencia
natural y lógica del ejemplo de sus héroes
que, sin vacilación alguna, hicieron del
sagrado juramento de “servir fielmente
a la Patria, hasta rendir la vida si fuese
necesario”, la demostración inequívoca
Edmundo González Robles**
DISCURSO DEL 131°
ANIVERSARIO DEL COMBATE
NAVAL DE IQUIQUE Y DÍA DE
LAS GLORIAS NAVALES*
* Discurso efectuado por el Comandante en Jefe de la Armada, Almirante Edmundo González Robles, con motivo de la cele-
bración del 131° aniversario del Combate Naval de Iquique y día
de las Glorias Navales, el día 21 de mayo de 2010.
** Comandante en Jefe de la Armada. Oficial de Estado Mayor. Graduado del U.S. Naval War College (NCC-97). Magíster en
Ciencias, mención Administración, de la Universidad Salve Regina, Newport, R.I., y Magíster en Ciencias Navales y Marítimas,
mención Geopolítica, de la Academia de Guerra Naval. Preclaro Colaborador de Revista de Marina, desde 2003.
COMANDANCIA EN JEFE

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de la suprema honra y veracidad de sus
conciencias, la absoluta certeza de sus
convicciones y el compromiso sagrado
de sus disposiciones humanas.
No es posible entonces, para integrante
alguno de su entidad institucional, apar –
tarse del HONOR y la VERDAD sin no sólo
vulnerar la íntima e intrínseca realidad de
su propio ser, sino y más allá, sin traicionar
el sacrosanto legado de sus héroes. Entendemos y asumimos clara y defi-
nitivamente en nuestra ética, que sólo así
podemos fundamentar nuestros esfuer –
zos para cumplir la delicada misión que
nos ha sido encomendada por la Patria,
de contribuir a asegurar su integridad
soberana y su libertad integral. Hoy, como heredera de la impronta
marítima de Chile y de sus glorias, res –
ponsable de la gravitación de sus intere –
ses nacionales en los mares del mundo
y gestora de su destino oceánico, la
Armada de Chile renueva su compromiso
inclaudicable con sus valores – que son
los más excelsos de la Patria – y proyecta,
muy especialmente en la juventud actual
y en las futuras generaciones, el tributo a
los héroes de Chile, formados en su siem –
pre sobria y austera entidad institucional. Estos valores y formación se han evi-
denciado, recientemente y una vez más,
en concreta, inequívoca y plena adhe-
sión al sentido del deber. Algunas de las más importantes uni

dades de la Armada, en la madrugada
del 27 de febrero pasado, se encontraban
atracadas a los muelles de Talcahuano a cargo de sus guardias, las
propias de las condiciones
normales existentes. Pero
tan sólo minutos después
del terremoto, cientos
de marinos de todos los
grados y jerarquías estu –
vieron embarcados en sus
buques para enfrentar el
tsunami que, por la vio –
lenta intensidad del sismo
reciente, previeron acer –
tada y profesionalmente
que sobrevendría muy
pronto. Cubrieron así sus
puestos en plena concien –
cia del inminente peligro que se cernía
sobre sus embarcaciones y ellos mismos,
con el coraje propio de las convicciones
éticas del oficio naval, salvaron sus naves. Y así, tanto las avezadas dotaciones
de los submarinos como las de pequeños
remolcadores tripulados por jóvenes mari –
neros, todos, sin excepción alguna, fueron
fieles a su deber, y gracias a ellos, la capa –
cidad operativa de la Institución, crucial
para la seguridad nacional, se mantiene
hoy intacta y plenamente vigente. La cabal
“doctrina”, la oportuna noción de celeri –
dad y urgencia y el profesionalismo con
que entonces actuaron, caracterizan sus
cualidades éticas, intelectuales y físicas,
garantizando la permanencia incólume
de su aporte fundamental a la soberanía
moral y estructural de la Patria. Esta conducta ejemplar, que sin duda
refleja el alma misma de los marinos de
Chile, configura nuestro compromiso
existencial, y es parte del nobilísimo
legado heredado de Arturo Prat y sus
hombres que, transmitido y validado
generación tras generación, también en
este trance reciente, ha iluminado los
espíritus y orientado las acciones en
momentos decisivos, más allá de toda
Su Excelencia el Presidente de la República Sr. Sebastián Piñer
a E., en el monumento a los héroes de Iquique.

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consideración ajena a la generosidad
integral y trascendente.
Así es como su ejemplo tutelar cons-
tituye atributo y símbolo inalterado de la
Marina de Chile. En su momento y circunstancia, Prat
fue hijo, estudiante, servidor público, subal –
terno, jefe, esposo, padre y héroe ejemplar. Su vida toda estuvo enmarcada en
la escasez material, en el esfuerzo cons-
tante por realizarla en dignidad y en la
frugalidad que la presidió. El cumplimiento de sus deberes
como marino lo pusieron en trance de
muerte con singular frecuencia cuando
debió arrostrar, conscientemente, los
peligros de su oficio. Amó a Dios con profunda devoción
religiosa. Cultivó sólidamente la sabidu-
ría y el conocimiento.
Restó tiempo al descanso, para estu-
diar y concretar su vocación paralela
por la justicia, la ley y el derecho, y para
enseñar a los obreros en la escuela noc-
turna de Valparaíso. Cumplió funciones de máxima res-
ponsabilidad en el extranjero, en tiem-
pos cruciales para el País. Cauteló, hasta
el extremo, los recursos fiscales puestos
a su disposición. Definió su camino en la vida y lo
recorrió sin desviarse un ápice de su
sentido inequívoco. La morbosa compulsión a encontrar
sombras en la trayectoria humana de los grandes líderes de la sociedad, se ha
frustrado definitivamente en Prat.
No hay absolutamente ninguna
mancha que empañe la diáfana presen-
cia de su individualidad sobre el hori-
zonte terreno de la vida, ya que abrazó
siempre como conductas de vida, “El
Honor” y “La Verdad”, alcanzando en
su inmolación sublime, y sin desearlo,
hasta la gloria misma. Sus amores fueron trascendentes e
intensos, pero por sobretodo, VERDA-
DEROS y HONESTOS. A ellos se con-
sagró sin vacilaciones, debilidades ni
condicionamientos, en íntimo equilibrio
de humanidad. Su estructura espiritual le preservó
de los atractivos azarosos de la contin –
gencia de su época y le permitió reservar
los alientos de su vida para los más altos
valores del hombre cristiano y occidental. Tal vez nadie fue más fuerte que él,
ni más virtuoso. Fue paradigma del valor
en trance permanente de generosidad. Estamos ciertos que Prat jamás
albergó duda alguna que “la nobleza
obliga”. Y vivió y murió en consecuencia.
¡¡Señoras y señores!!
Los críticos momentos que – como a
muchos compatriotas y a vastos sectores
del país – le han tocado vivir últimamente
a nuestra Armada, han sido aprovechados
por algunos para intentar cuestionar su
HONOR y VERACIDAD, valores sagrados,
arraigados y trascendentes de la estruc –
tura e identidad de su alma; pero nueva –
mente el espíritu de Prat, como en Iquique
a sus héroes, reaparece guiándonos en
un navegar que surca mares hoy más tor –
mentosos, pero siempre imprimiéndonos
la fortaleza anímica para mantener, sin
debilidad alguna, el rumbo seguro de la
nave que el Estado ha puesto bajo nuestra
dirección y mando. Y en esta solemne oportunidad de
homenaje a sus glorias, consolidación
de sus valores y ejecutoria de su des-
Su Excelencia el Sr. Presidente de la República, visita la cripta de los héroes.

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tino, la Armada de Chile hace propia la
ocasión para renovar inequívocamente
su ya explícito compromiso de apoyo a
la reconstrucción nacional. En particu-
lar digo que ni ahora, ni nunca, dejare-
mos de acompañar en su esfuerzo de
ponerse nueva y orgullosamente en pie
a la ciudad de Talcahuano y a las comu-
nidades afectadas de las Islas Mocha y
Santa María, como tampoco a nuestros
compatriotas de Juan Fernández.
Tengan por seguro que no descansa-
remos hasta lograr que estas queridas
localidades vuelvan a levantarse aún
mejores que antes, pese a sus pérdidas
(algunas irreparables) y a otras duras y
dolorosas pruebas que les ha tocado
soportar. Termino expresando mi gratitud a
Dios y a la Virgen del Carmen; Madre,
Patrona y Generala de las FF.AA. – Reina
de Chile – por concedernos esta amada Patria nuestra, sus héroes y por las glo-
rias que nos legaron; como también
les ruego que nos sigan prodigando la
fuerza y salud necesarias para apoyar
incondicionalmente a la reconstrucción
de nuestro querido Chile; única actitud
comprensible para todos sus hijos, en
socorro de nuestros compatriotas hoy
más cruelmente afectados.
Y me comprometo, solemnemente,
ante las máximas autoridades del país
aquí presentes y la Nación toda, a que
como Institución, proseguiremos en el
empeño de custodiar, cautelar y acre-
centar nuestros sagrados valores del
HONOR, la VERDAD y de ser necesa-
rio como a Prat, la GLORIA, que han de
demandar, por siempre, nuestras mejo-
res causas y supremos compromisos
con nuestra querida Patria.
¡¡Muchas Gracias!!
* * *

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