Renovación capacidades estratégicas de la Defensa Nacional

Señor director,

Todo indica que más temprano que tarde tendremos que revisar el estado del equipamiento de las todas las fuerzas armadas y no sólo de la Marina. La anterior renovación que las tres instituciones realizaron fue a comienzos de este milenio, oportunidad en que todo, excepto una decena de F-16, fueron compras de segunda mano en un mercado en que había un exceso de oferta por el término de la guerra fría, lo que implico muy buenos productos a muy buenos precios, algo que es poco probable se repita debido al aumento en la percepción del riesgo que generan las diferencias entre China y USA, por lo que no sería de extrañar que futuras inversiones en esta materia puedan implicar mayores desembolsos a prestaciones equivalentes.

El debate que viene por la actualización de capacidades defensivas de Chile nos obligará a revisar cuáles son los intereses que tenemos como país y que debiéramos proteger, y, por consecuencia, la calidad y cantidad de fuerzas armadas que necesitamos, y, por otro lado, y no menos importante, la disponibilidad de recursos. En ese sentido, es muy oportuno el trabajo de revisión de las políticas de defensa y de financiamiento de capacidades estratégicas que está realizando el Ministerio de Defensa, el cual no sólo deberá reconocer la complejidad del contexto internacional actual, que se caracteriza principalmente por el término de la subvención que Norteamérica dio al mundo durante los últimos 30 años, sino también por las nuevas amenazas emergentes propias de los tiempos modernos como son el tema de la ciberseguridad, nuestras fronteras con Bolivia, los impactos del cambio climático sobre las personas y el narcotráfico.

El posible incremento en el gasto que viene dado por la menor oferta de material usado nos obligará a compensar por otros lados, teniendo que buscar eficiencias en el manejo del capital humano, a ser más conjuntos y no individuales en la búsqueda de soluciones, y en lo externo, a buscar el desarrollo de alianzas con países con los cuales compartimos intereses y valores, como serian el caso de una alianza estratégica del Pacífico Sur, o la que surge naturalmente con aquellos que buscan la estabilidad del Pacífico Occidental.

Dada su importancia, la sociedad civil no puede ni debe estar alejada de este proceso que históricamente ha sido manejado por el ejecutivo a través del Ministerio de Defensa y los institutos armados con el visto bueno del Congreso. La definición de los intereses nacionales es el elemento clave sobre el cual debe haber acuerdo de todos, ya que de ello deriva en última instancia la estructura de fuerzas que Chile necesita y que debe financiar. En el Chile del siglo XXI ya no es concebible aprobar inversiones de gran envergadura sin que la ciudadanía este de acuerdo y para ello la Defensa Nacional debe desarrollar el relato que explique a los chilenos su propósito y lo que se entiende por una defensa moderna.

Richard Kouyoumdjian Inglis
Vicepresidente directorio AthenaLab

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