La carrera del oficial de marina

Señor director,

En esta época en que se informan a los oficiales de marina de sus trasbordos para el año siguiente, me surgen las siguientes reflexiones respecto de la formación y experiencias que buscamos darles a los oficiales durante el desarrollo de sus carreras profesionales.

  • Al revisar la carrera seguida por oficiales ejecutivos de cubierta que han sido designados comandantes de buque queda claro que las experiencias y conocimientos que ellos han adquirido en el pasado sustentan y explican los mandos que les han sido dados. Ayuda además la existencia de un comité de mando que lleva varios años funcionando y una sistematización del proceso de designación de comandantes. Esto también es aplicable a las comunidades de especialistas en Ingeniería Naval Mecánica y Eléctrica, Infantería de Marina, Abastecimiento, Litoral, Médicos, Dentistas, Justicia y Prácticos.
  • Algo similar sucede con los oficiales ejecutivos que no han seguido la ruta del mando a flote y que han privilegiado dedicarse a labores administrativas o logísticas. Sus carreras tienen una lógica tanto en la formación que reciben, como en las experiencias que adquieren en el desarrollo de su vida profesional y que los preparan para labores de más complejidad.
  • Donde no me queda claro que tengamos un plan claramente desarrollado es en el mundo de la educación naval, la cual ha privilegiado para sus posiciones de liderazgo oficiales de línea que han desarrollado sus carreras en los ámbitos del mando, de la logística o de la administración, pero sin una preparación que maximice su rendimiento en los roles de dirección de los establecimientos educacionales.

Como mucho su experiencia previa incluye haber estado en posiciones subalternas o de jefes, pero ello no siempre es algo que suceda. Los directores de la Escuela Naval, Academia de Guerra Naval y Academia Politécnica Naval han sido todos grandes oficiales de marina con excelentes carreras que sustentan sus nombramientos, pero que no necesariamente son especialistas en el ámbito educacional o con carreras desarrolladas en ese sector.

Puede que la conclusión sea que no es necesario ser un experto en educación, pero no me queda claro que ese análisis se haya realizado. Pongo el ejemplo de la Academia de Guerra Naval, cuyo director es un especialista en Estado Mayor y quizás con estudios en otras academias nacionales o extranjeras, pero sin temor a equivocarme, no son oficiales que hayan desarrollado una carrera en esa institución, y que además sólo dedican 2 o 3 años a la dirección del establecimiento. ¿Eso es lo que queremos o habrá llegado el minuto de repensar el modelo?, o si es que queremos dejarlo como está, ¿cómo le damos sustentabilidad y permanencia a los planes de desarrollo? ¿Se los dejamos al cuerpo académico y sus jefes de cátedra? ¿O se los dejamos a la Dirección de Educación, la cual también por lo cierto tiene una alta rotación a nivel de directores y subdirectores?

No pretendo responder las preguntas anteriores, pero el sentido común me indica que es algo que debemos revisar.

Richard Kouyoumdjian Inglis

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