Reflexión sobre la crisis social y cultural de Chile

Los últimos acontecimientos que se han venido sucediendo en nuestro país y que se agudizaron a contar del día 18 de octubre, sobrepasando a las fuerzas de orden y seguridad, llevaron a las autoridades políticas a decretar el estado de excepción constitucional de Emergencia en varias regiones del país. Dicha condición de excepcionalidad ya ha sido cancelada; sin embargo, los atentados al orden público y a la propiedad privada, amparados bajo el manto de demandas sociales, cuya legitimidad no es parte de este análisis, se mantienen hasta el día de hoy. Lo ocurrido, aparte de generar la natural incertidumbre y preocupación por el devenir de nuestra sociedad, me ha llevado a intentar la búsqueda de factores o determinantes que podrían habernos llevado a la situación en que estamos.

En lo particular, las circunstancias de la vida y el devenir profesional me han mantenido más cercano y relacionado con el mundo cuantitativo y científico; sin embargo, estimo que un acercamiento al mundo humanista, explorando el mundo de la filosofía y los valores que sustentan nuestra cultura es fundamental para el desarrollo de las personas y de la sociedad, sobre cimientos sólidos que sustentan su convivencia. Bajo este prisma, considero importante reflexionar acerca de lo que está pasando en Chile, intentando ser un aporte que nos ayude a comprender los orígenes de la crisis. Tal vez, estos análisis u otros similares nos ayuden a revisar nuestro actuar, permitiendo que la sociedad chilena salga fortalecida y conducida hacia un futuro mejor, justo y en sana convivencia social.

¿Qué le pasa a Chile?

A continuación, indico algunos factores que estimo han facilitado llegar al estado de convulsión social en que nos encontramos:

  • Inexistencia de Dios

Para las nuevas generaciones de chilenos, país tradicional y mayoritariamente cristiano, la fe en Dios ha pasado a ser considerada como algo del pasado ¿Qué pasó? Algunos miembros del clero de la iglesia Católica no han ayudado mucho, habiendo cometido abusos sobre gente inocente que se ocultaron por años y habiendo protegido a sus perpetradores; sin embargo, la conducta inmoral e imperdonable de parte de los pastores de la iglesia, no justifica abandonar valores y creencias fundamentales, dejando de creer en Dios y, en consecuencia, en todos los principios éticos y morales que ello conlleva. Junto a lo anterior, se ha notado un empujoncito para desprestigiar al máximo a quienes profesan religiones cristianas, por parte de sectores radicales y agnósticos que han sacado provecho para posicionar sus doctrinas.

Nuestra cultura, occidental o judío – cristiana, se basa en la creencia del origen divino del hombre, lo que conlleva el respeto a la vida, entre otras cosas, por lo que si llegamos a convencernos de la inexistencia de esa divinidad, cualquier cosa estará permitida, como alguna vez mencionó Dostoyevsky:*

…si se extirpa en el hombre la fe en la inmortalidad, se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún: entonces ya nada será inmortal, todo estará permitido, hasta la antropofagia.

  • Constructivismo social y patriarcado neoliberal

La consolidación de ideas filosóficas como el constructivismo social y de que la sociedad occidental es un patriarcado neoliberal, al cual se le atribuyen las estructuras de orden y de poder de occidente son otro aspecto relevante. Bueno, estos temas son de sí complejos, primeramente, estimo que el constructivismo social está directamente relacionado con la muerte de Dios, pues indica que la realidad no existe y que ella es un constructo humano, negando, en consecuencia, su origen divino, por lo que llega a afirmaciones antinaturales como que las personas nacen asexuadas y definen lo que son por imposición de su entorno social. Considero que otra cosa son las preferencias o conductas sexuales de las personas, que no son de mi interés cuestionar, pero que no alteran el orden y esencia del ser humano que nace hombre o mujer.

Lo peligroso de esta ideología, es que relativiza y justifica cualquier cosa (todo está permitido, Dios no existe) incluso la necesidad de que el ser humano desaparezca. Asimismo, respecto a atribuir las estructuras jerárquicas en el ser humano al neoliberalismo es por si absurdo, ya que hasta los animales más primitivos se ordenan jerárquicamente para sobrevivir, defenderse, comer, reproducirse, etc.; esto es lo que se conoce como ley natural ¿Por qué atribuimos algo que existe hace millones de años, al neoliberalismo? como todo lo anterior, aseverar que los seres humanos deberán existir en un mundo absolutamente igualitario sin jerarquías, líderes, estructuras, es de por si una utopía y desconoce la existencia de la ley natural.

No me referiré al patriarcado, porque también tengo mis reservas, que no son parte del análisis que he querido hacer.

  • Derechos, derechos y más derechos

Así es, nuestra juventud por años ha marchado, protestado y defendido los derechos que exigen para ellos como seres humanos, los que definen como irrenunciables y que alguien, normalmente denominado Estado se los tiene que dar. Entonces exigen derecho a la educación gratuita, a la vivienda, a protestar, a hacer lo que quieran con su cuerpo, etc… y pareciera que estos derechos, cuando son para ellos, pueden pasar por sobre cualquier cosa o persona, es decir estamos frente a una cultura egocéntrica y egoísta; tampoco mencionan ningún deber u obligación con la sociedad, tan básicos como el de trabajar para obtener un salario digno con el esfuerzo personal, el de respetar al otro y el derecho a la vida de las personas, incluyendo al que no ha nacido, nuevamente volvemos a lo mismo, todo está permitido incluyendo el matar a un no nato, puedo abortar porque mi derecho está primero.

  • Desprecio por la autoridad

Tal vez esto es una consecuencia de lo que he expresado en los párrafos anteriores, pues si mis derechos están por sobre todo y no reconozco mis deberes, será muy difícil aceptar a una autoridad que me quiera obligar a cumplir con mis deberes cívicos básicos de convivencia social, es decir, el respetar al otro, el respetar la propiedad del otro (aunque sea obtenida con el trabajo duro y necesario para su supervivencia). En resumen, el respetar las normas vigentes estará supeditado a lo que yo crea sin un marco ético – moral. Como la realidad es un constructo social y yo creo que mis derechos son irrenunciables y prioritarios, entonces no tengo por qué cumplir las normas ni respetar a la autoridad.

A este análisis le podemos agregar la total falta de apoyo a la policía uniformada, cuando es sometida constantemente a faltas de respeto por parte de la Población, siendo insultados y violentados sin contemplaciones, situación grave que, a mi juicio, se ha ido incrementando con el paso del tiempo. Esto ha quedado demostrado cada vez que Carabineros actúa imponiendo por la fuerza el estado de derecho para proteger a los inocentes, siendo cuestionados, destituidos y sometidos al mayor descrédito comunicacional. Por otra parte, las situaciones recientes de corrupción en el uso de recursos financieros por parte de un grupo de integrantes de dicha institución han servido para crear una sensación de corruptela general, la que dista mucho de la realidad de esa institución fundamental del Estado.

Me atrevo a afirmar entonces, que, en relación con el respeto a la autoridad, la situación nos presenta un cóctel muy peligroso, pues se aprecia que será muy difícil imponer orden en situaciones de crisis, si no respetamos a quienes deben imponerlo cuando no se da de forma natural.

  • Soberbia y desconexión de parte de las élites

De la realidad de muchos de sus compatriotas. Me atrevo a afirmar esto desde mi experiencia, pues he tenido la oportunidad de compartir cercanamente con personas que, con su trabajo y esfuerzo, han logrado llegar a posiciones de privilegio en la escala socioeconómica chilena, como también he estado cercano y empatizo con la frustración y aspiraciones de personas que, con suerte, alcanzan a llegar a fin de mes y viven endeudadas con un estrés permanente por sus dificultades financieras.

El problema es que muchos quienes pertenecen a las élites, no reconocen la existencia de esta realidad, normalmente argumentando que la clase media baja y media está mucho mejor que lo que nunca estuvo, ya que tiene acceso a bienes y servicios a los que antes no tenía. Esta desconexión con el mundo real llega también a sus hijos, quienes también la desconocen completamente y que a veces ni siquiera se la imaginan o incluso le tienen miedo. En mi caso, estoy convencido de que la mayoría de los chilenos son trabajadores honrados, pero con muchas carencias, que se levantan a las cinco de la mañana para llegar a su trabajo, que pagan ordenadamente sus deudas, etc.; sin embargo, la irresponsabilidad y flojera de unos pocos lleva a muchos a generalizar estas malas conductas.

Para mí, también una muestra de esta desconexión de las élites es la ostentación que algunos hacen de sus capacidades económicas y de sus beneficios, ante quienes estos bienes son absolutamente inalcanzables, lo peor, sin siquiera percibir la falta de empatía y respeto que con ello se comete, este es, a mi juicio, la representación más evidente de la desconexión de parte de las élites de la realidad.

Finalmente, otro aspecto que, a mi juicio, demuestra lo aquí manifestado, son los comentarios que comúnmente he escuchado, refiriéndose a los trabajadores como: “les das la mano y se toman el codo”, “se lo roban todo”, “son irresponsables”, etc., que a mi juicio demuestra temor y desconfianza, otras veces ignorancia y ocasionalmente desprecio. Creo firmemente que debemos aprender a confiar en el otro, independiente de las diferencias ideológicas o sociales que tengamos. Esto solucionaría muchos problemas y creo un deber de los más privilegiados dar ese primer paso de cambio.

  • Ideologización populista

 En lo particular creo que este es un tema en sí mismo, pero también un corolario importante de lo expresado en esta reflexión.

Hoy, a pesar de tener una de las mejores condiciones socio económicas que ha tenido el país con un nivel de pobreza de los más bajos de su historia, la incapacidad de efectuar los cambios que, muy probablemente, requiere el modelo imperante para hacerlo más equitativo, el mal manejo comunicacional y la falta de discusión del sustento filosófico e ideológico, lo han hecho muy fácil de criticar o destruir. Esto sumado a la penetración de ideologías como el constructivismo social, junto a los otros puntos expresados anteriormente, provocan, a mi juicio, las condiciones ideales para la penetración de populismos o de doctrinas extremas que se posicionan fácilmente en los jóvenes, ideas en las cuales ellos perciben puede estar la solución de los problemas y de la injusticia social.

Reflexiones finales

 Hoy tenemos una nueva sociedad de jóvenes en que muchos de ellos no creen en Dios y que, por lo tanto, difícilmente creerán en el amor, que exigen derechos, desconociendo que éstos emanan de cumplir primeramente con deberes y que no reconocen la legítima autoridad. Por otra parte, los adultos que, aunque parezca paradojal, construyeron el país objetivamente con la mejor calidad de vida de Latinoamérica, fruto de esfuerzo y sacrificio, fundado sobre principios y valores como el respeto y el cumplimiento de nuestros deberes, tenemos un choque cultural, valórico y moral muy complejo de resolver.

Asimismo, tenemos una serie de reivindicaciones y problemas sociales que no se han resuelto, manteniendo la rigidez de un modelo, sin la capacidad de adaptarlo a la nueva realidad. Una élite y una clase trabajadora que desconfían mutuamente de sus intenciones y acciones, que de alguna forma inmovilizan y estancan el desarrollo de nuestra sociedad. ¿Para cambiar, quién debe dar el primer paso? Esto implica asumir riesgos y estar dispuesto a veces a equivocarse y ser engañados, pero creo firmemente que en la mayoría de los casos nos irá mejor.

Tal vez es tiempo de que en la educación, en lugar seguir sumando más horas de contenidos y más contenidos, podamos incorporar la transmisión de valores y principios como el respeto al otro, a los mayores, a los niños, a los ancianos, el respeto a la vida, la creencia en el amor al prójimo, etc. y enseñarle a los más grandes a pensar, con la enseñanza de filosofía, historia, etc., formación que les permita razonar y darse cuenta de que vivimos en sociedad y tal vez, después de algunos años podamos pasar de la cultura de la falta de respeto y la desconfianza a la del respeto y la confianza mutua.

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