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A demonstrator wavwes a Mapuche flag during a protest against the government and to commemorate the first anniversary of the death of Mapuche indigenous leader Camilo Castrillanca -killed in a police operation- in Santiago, on November 14, 2019. The demonstrators are demanding greater social reform from President Sebastian Pinera, who has announced several measures in a bid to appease protesters, including a pledge to change the constitution that dates from the 1973-90 Augusto Pinochet dictatorship. / AFP / Martin BERNETTI

La guerra mítica de la primera línea contra el modelo

El presente artículo plantea la tesis de que la llamada primera línea y sus partidarios más radicalizados – que a su vez sostienen su voluntad de lucha – han dejado de percibir el mundo de forma objetiva y han transitado a lo que el psicólogo norteamericano Lawrence LeShan denominó, la percepción mítica de un conflicto. En la argumentación se propone que un descontento subyacente, sobretodo en la juventud chilena, fue explotado para hacer transitar la percepción de un grupo importante de la población hacia lo mítico, llevando a que actúen de forma violenta, sin obedecer a lógica ni razón.

 

El tablero está listo, las piezas se están moviendo. Finalmente nos enfrentamos a la batalla más grande de nuestros tiempos”, dijo Galdalf a Peregrin Tuk, enfatizando la importancia de los acontecimientos que se avecinaban. Se trataba del enfrentamiento final, el que permitiría a elfos y hombres derrotar, de manera definitiva, al malévolo Saurón y a sus sucios orcos. Vencer al mal de una vez y para siempre.

Quienes no hayan leído las obras de J.R.R. Tolkien, pero hayan visto la trilogía cinematográfica El Señor de Los Anillos, a lo mejor no comprendan bien quién es, ni de dónde viene Saurón – y su extraño ojo – pero saben que es la personificación de la maldad, da lo mismo por qué. Todos quienes estamos familiarizados con esta historia, sabemos que él y sus orcos son seres oscuros que deben ser derrotados para que triunfe el bien y se logre la paz y la felicidad en la Tierra Media.

Gandalf el Blanco

“La revuelta social no va a parar hasta que logremos cambios estructurales al modelo y esto no lo estamos haciendo por nosotros, los resultados tal vez los vean mis hijos o mis nietos”, señaló un integrante de la llamada Primera Línea (PL) a un medio de internet, como dando cuenta de la importancia que, en su concepción, tiene la lucha que están dando para el futuro del país (Miranda, 2019).

Quizás muchos de estos jóvenes combatientes no tengan siquiera claro por qué, pero están convencidos de que el capitalismo y el modelo neoliberal son la raíz de todos los males de la sociedad y deben ser derrotados para que construyamos un nuevo Chile. Un país más justo, igualitario y humano. Es una lucha mítica en la que hay que vencer. El modelo debe caer, porque solo eso nos permitirá ser felices para siempre.

Independiente de la opinión que cada uno pueda tener respecto de la difícil situación que ha enfrentado el país desde el 18 de octubre de 2019, el nivel de destrucción y violencia que hemos experimentado resulta completamente injustificable. El hecho de que, para derribar el modelo”, se hayan vandalizado 118 estaciones, de un total de 136 del Metro de Santiago – 25 incendiadas y 7 totalmente destruidas – o que, a enero de 2020, 154 cuarteles de Carabineros hayan sido atacados y 2.171 funcionarios heridos (Merbilháa, León, Haindl, & van Nievelt, 2020) resulta incomprensible desde una perspectiva lógica y sensorial.

Pero quizás, ahí está justamente el problema. Tal vez la PL y sus partidarios más duros han dejado de percibir la realidad de manera sensorial y han transitado a lo que Lawrence LeShan denominó la percepción mítica de un conflicto. Es posible que, de alguna manera – tal vez inducida –, ellos se hayan movilizado hacia una construcción de la realidad en la que el modelo se ha convertido, por así decirlo, en Saurón. A estas alturas da lo mismo qué es o de dónde viene el modelo. Solo importa que debe caer para que seamos felices para siempre.

Para comenzar, me gustaría abordar por qué creo que las ideas de LeShan, que fueron desarrolladas pensando en la guerra, pueden ser empleadas para comprender el comportamiento de los grupos más radicales que han formado parte del escenario nacional post 18O.

El viernes 20 de octubre, el presidente Piñera señaló: “estamos en guerra contra un enemigo poderoso” (CNN Chile, 2019), declaraciones que le valieron fuertes críticas, algunas particularmente duras, como las de Carlos Peña en Canal 13 (Peña, C13, 2019). Sin embargo, no parece descabellado pensar que un grupo de personas está empleando la violencia de manera asimétrica y escudándose en los negadores de poder constituidos por la prensa, redes sociales (RR.SS.) e instituciones de DD.HH. para imponer su agenda y sus ideas a la población, lo que ha llevado al país a una situación que el mismo Peña ha calificado como una “fuerte crisis de orden público” (Peña, Meganoticias, 2020).

Fernando Villegas, por su parte, ha efectuado sendos análisis en los que ha manifestado que estamos viviendo una revolución e incluso ha planteado la posibilidad de enfrentamientos violentos entre civiles, esgrimiendo que lo ocurrido en Chile no fue un estallido social, sino una insurrección (Villegas, 2020) y Magdalena Merbilháa ha señalado que “todo apunta a que la revolución quiere hacer lo que hace siempre, unos pocos minoritarios se imponen por fuerza y terror e instalan sus ideas, en este caso, su modelo” (Merbilháa, et al., 2020).

Recordando a Clausewitz, pareciera ser que en Chile, efectivamente, hay un grupo de gente que está continuando la política por otros medios – no institucionales – y que está empleando la fuerza para obligar al gobierno y al resto de la población a acatar su voluntad.

Integrante de la Primera Línea

Para no extenderme más en este punto, me gustaría finalizar señalando que, al parecer, existe un grupo que se ha planteado la caída del modelo y de sus defensores como un objetivo, cuyo valor es tal, que hace que estén dispuestos a obtenerlo por la fuerza. Ello hace que, en mi opinión, un análisis con fines académicos de dicho grupo, empleando conceptos aplicables a la guerra, resulte, al menos, interesante.

Pasando a los planteamientos de LeShan, es importante tener presente que el contexto es fundamental en el análisis de cualquier acontecimiento. Más aún, la perspectiva e intereses de un sujeto pueden hacer que su percepción de un determinado suceso cambie dramáticamente.

En base a esto, y desde un punto de vista psicológico, es posible señalar que un individuo transita habitualmente entre distintas construcciones de la realidad, en base a los estímulos que se le presentan.

Para ejemplificar de manera sencilla lo anterior, imaginemos un hombre que se encuentra trotando por una vereda. Nuestro deportista está desarrollando un esfuerzo controlado y mantiene constante atención al tráfico vehicular para evitar un accidente. Sabe que el buen resultado de la actividad depende de él, de su esfuerzo físico y de su precaución.

Mientras ejercita, esta persona recibe un llamado telefónico, indicando que un ser querido ha sufrido un accidente y está con riesgo vital. El hombre entra a la iglesia más cercana y comienza a rezar. Todo depende de Dios. Ya no está en manos del hombre, sino que de un ser supremo.

Visto desde un plano racional podría parecer una contradicción, pero no lo es. El hombre se ha movido entre diferentes construcciones de la realidad. Para él las dos son verdaderas, pero obedecen estímulos diferentes, que hacen florecer distintas percepciones.

Es justamente este aspecto lo que, en términos simples, sustenta el estudio de LeShan en su obra La Psicología de la Guerra. En este libro, el autor busca comprender, desde la perspectiva de la psicología clínica, los motivos por los cuales los individuos van a la guerra.

LeShan plantea que este desplazamiento en la percepción es fundamental para el ser humano y que, cuando una persona se encuentra viviendo una construcción particular de la realidad, esta parece ser la única que tiene sentido – ¿Será el caso de los manifestantes más radicales en Chile?

Para el caso de la guerra, LeShan señala que la percepción se mueve en forma analógica en el continuo entre dos realidades, la sensorial y la mítica, entre las cuales las personas transitan. Las sociedades, por su parte, pueden contar con un porcentaje mayor de personas en una de las dos realidades, pero la otra no deja de existir.

La construcción sensorial hace que un individuo tenga su opinión, que comprenda que todas las personas actúan movidas por intereses y valores. Hace que la preocupación esté centrada en resolver los problemas en lugar de vencer al otro y, por ende, resulta enteramente lógico intentar solucionar inconvenientes mediante la negociación. La construcción sensorial es, en esencia, una visión abierta y reflexiva en que se está dispuesto a analizar, en su mérito, la información disponible.

Por otro lado, en el caso de la percepción mítica, el potencial adversario deja de ser visto como un grupo de personas con intereses válidos. El enemigo se transforma en ellos y ellos son incapaces de algo bueno, son la personificación de la maldad – Saurón o el modelo y sus defensores – lo que no deja otra opción que asegurar que sean derrotados por la fuerza y de manera definitiva.

Junto con lo anterior, la realidad mítica es optimista. El bien siempre triunfa sobre el mal y, una vez que se obtenga la victoria, – cuando caiga el modelo – las cosas estarán mejor. Por esto, todos deben unirse para enfrentar al malvado enemigo y, de más está decir, cualquiera que no esté de acuerdo con la causa es, evidentemente, un traidor – ¿Recuerda el lector las funas al diputado Boric luego de su participación en el llamado Acuerdo por la Paz del 15 de noviembre?

Esta percepción permite, además, crear un doble estándar moral para juzgar las acciones. Todo lo que realice el bando propio – por reprochable que pudiera parecer – se encuentra plenamente justificado, ya que no hace más que impartir justicia ante los perversos actos del enemigo. Es decir, quemar buses o estaciones de metro y atacar a Carabineros es moralmente aceptable, porque busca derrotar al malvado modelo, mientras la represión del Estado, sobre nuestros manifestantes pacíficos, resulta injusta y amerita una retaliación violenta. Una cosa es matar orcos infames, que no tienen nombre ni sentimientos, pero otra muy distinta es atacar a los miembros de la Comunidad del Anillo. Ese ruin acto exigiría la venganza de cualquier bien nacido – ¿Quizás el lector pueda asociar esto a Carabineros y la PL?

Carabineros atacados por la llamada Primera Línea

En la percepción mítica no hay neutros, existen los buenos y los malos; y los malos deben ser derrotados. Trate de buscar un personaje relevante que sea neutro en El Señor de los Anillos o La Cenicienta. Son buenos o son malos – y el modelo y sus defensores son malos.

Así entonces, los acuerdos son imposibles con el enemigo, porque es malvado y miente – prueba de ello fue el casi nulo efecto que tuvo en los violentistas el Acuerdo por la Paz. El enemigo siempre actúa motivado por el poder, mientras nosotros lo hacemos en forma altruista o en defensa propia.

Ahora bien, este cambio en la construcción de la realidad no puede venir de la nada, por muy manipulado que haya sido. En vista de ello, ¿existen motivos para un malestar tan grande en la sociedad chilena?

Al mirar los números, todo pareciera indicar que no hay razón para ello. De acuerdo con el Banco Mundial, entre 1990 y 2018, el PIB a precios constantes de Chile, se multiplicó en 3,6 veces, mientras el del mundo lo hizo en 2,2 veces. Ello implica que nuestro país creció a una tasa de 4,4%, mientras el mundo lo hizo al 2,7%. Así, el PIB per cápita, a paridad de poder adquisitivo de Chile, aumentó de USD 4.511 a USD 25.223. Pero no solo esto, en 1975, según la encuesta Casen, el 50% de nuestros compatriotas era pobre, mientras en 2017 la misma encuesta señaló que dicha cifra alcanzaba el 8,6% (Merbilháa, et al., 2020). Logros que solo pueden ser celebrados.

Ahora, pasando a uno de los aspectos más controversiales,

…la desigualdad medida por el famoso índice Gini (según el cual el cero indica igualdad absoluta) disminuyó desde 52,1 el año 1990, a 46,6 puntos en la actualidad. Bajo este indicador Chile es más igualitario que Brasil, México, Colombia o Costa Rica (Peña, Pensar el Malestar, 2020).

Si hablamos de educación las mejorías son igualmente impresionantes, “siete de cada diez alumnos (de educación superior) son hijos de padres que nunca alcanzaron ese nivel educacional” (Peña, Pensar el Malestar, 2020).

Así entonces, los guarismos parecen avalar el desarrollo de Chile; sin embargo, el descontento o pasto seco para facilitar el tránsito de un grupo hacia la percepción mítica, por algún motivo, existía.

Axel Kaiser ha señalado que el descontento se debe, en gran medida, a la desaceleración del crecimiento, lo que generó un estancamiento en los salarios y que, sumado al aumento de la carga tributaria, servicios públicos deficientes y, sobre todo, los escándalos de corrupción tanto a nivel público como privado produjeron una molestia generalizada (Kaiser, 2019). De alguna forma, una necesidad de decir basta.

Desde una perspectiva más filosófica, Peña explica el malestar en base a diferentes elementos, de los cuales me gustaría destacar algunos.

En primer término, plantea la paradoja del bienestar, la que se sustenta en que “el valor de estos (los) bienes no depende de sus características intrínsecas, sino de cuántas personas acceden a él” (Peña, Pensar el Malestar, 2020). A modo de ejemplo, con el mayor acceso a la educación, un título universitario es cada vez menos garantía de status o ingresos económicos. Entre más gente accede a los bienes, mayor frustración y, por tanto, el mismo crecimiento ha ayudado al descontento.

Respecto de la desigualdad, Peña plantea que lo relevante no es esta per se, sino que la legitimidad con la cual es percibida y esgrime que las élites en Chile la han deslegitimado al no abrirse a la meritocracia a la velocidad que se esperaría, estableciendo mecanismos de clausura, de los cuales uno de los más evidentes es la educación escolar. Junto con ello nos recuerda que, como “observó Samuel Johnson: la vida humana no progresa de satisfacción en satisfacción, sino de deseo en deseo” (Peña, Pensar el Malestar, 2020).

A los elementos anteriores agrega el recambio generacional y el debilitamiento de los vínculos de los jóvenes con la familia, el barrio, organizaciones sociales y otras estructuras de interacción, lo que ha generado una falta de respeto por las normas y ha hecho imperar un grado de “absolutismo de las propias certezas para promover las cuales ningún precio llega a ser muy alto” (Peña, Pensar el Malestar, 2020).

De alguna forma entonces, es posible señalar que había un malestar creciendo en la sociedad, pero, en mi opinión, nada que pudiera llevar a un grupo de personas al nivel de violencia y destrucción que hemos vivido.

Es ahí donde estimo que entra el manejo de las percepciones para explotar dicho malestar, hacer irrelevantes los datos duros –sensoriales – y ayudar a que se produzca el tránsito hacia lo mítico.

Los medios disponibles para manejar la percepción se han modernizado considerablemente. Desde hace tiempo la tecnología permite a cualquier persona efectuar verdaderas operaciones de información para realizar procesos de convencimiento paulatinos, que toman tiempo, pero funcionan. Esto es especialmente válido en los jóvenes, nacidos y criados al amparo de la informática.

Las formas son variadas. Cristián León destaca, además de las ideas de Gramsci, el empleo de la “Ventana de Overton” que, en cinco etapas sucesivas, permite “cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo” (Merbilháa, et al., 2020). Independiente del proceso que se siga, hay métodos disponibles.

Una vez puesta una semilla, los algoritmos de buscadores y RR.SS. se encargan de reforzar las ideas propias – generar rabia y facilitar la transición a lo mítico – mostrando lo que uno quiere ver ¿O a nadie le ha llamado la atención la cantidad de gente en Twitter, Facebook o Instagram que piensa exactamente igual que uno, pero, a su vez, lo poco que esas mismas ideas se ven reflejadas en encuestas o elecciones populares?

No es de extrañar entonces que la mayor parte de los grupos más radicales estén integrados por menores de 30 años. Millennials, caracterizados, como señala Peña, por una anomia propia del debilitamiento de las estructuras sociales y que, además, son susceptibles a la influencia de fake news, RR.SS. y los efectos de la pos verdad (muy claramente definidas por Harari en 21 Lecciones Para el Siglo XXI).

Lo anterior hace que para los jóvenes la lucha se haga más atractiva, ya que “les ofrece la oportunidad de ser parte de algo más grande e intenso que uno mismo: una nota integrada en una sinfonía” (LeShan, 1995). Llevándolo al extremo, “la guerra es un elixir poderoso, nos otorga determinación, una causa. Nos permite ser nobles” (Hedges, 2014).

Así, entonces, estamos en presencia de una generación a la que, en general, todo le ha costado menos que a la anterior y cuyas características, sumadas al fastidio producto de las imperfecciones del rápido desarrollo de Chile y una absoluta convicción de que sus ideas – por subjetivas que sean – son las únicas correctas, se presenta como el caldo de cultivo perfecto para llevarlos a una cruzada mítica.

Dicho lo anterior, un grupo reducido de jóvenes combatientes no puede derribar el modelo solo. Como ya lo señalara Clausewitz, la pasión del pueblo es crucial en el sostenimiento de la voluntad de lucha.

A modo de ejemplo, luego del fracaso de EE.UU. en Vietnam, el presidente Nixon expresó, respecto de la creciente importancia que el pueblo comenzaba a tener en la naturaleza de las guerras modernas: “Los dirigentes norteamericanos no pueden hacer la guerra sin el apoyo firme de la opinión pública, y el pueblo americano solo apoyará la guerra si está convencido de que se hace por una causa justa.” (Nixon, 1986). Esta lección fue hábilmente asimilada por el presidente Bush, quien, para la primera guerra del Golfo Pérsico, fue capaz de lograr que los estadounidenses percibieran a Saddam Hussein como un villano de cuentos de hadas, manejando las percepciones para obtener una rotunda adhesión que permitió sostener la voluntad de lucha.

Es decir, la manipulación de la percepción de la población es también fundamental para sostener la voluntad de los combatientes y, a pesar de que la mayor parte de Chile dice rechazar la violencia para imponer ideas, muchos parecen haber transitado hacia lo mítico. Los medios de prensa han evidenciado una considerable empatía de la población con los protestantes y la encuesta Cadem de la primera semana de noviembre, señalaba que el 72% de los encuestados se mostraba de acuerdo con que continuaran las movilizaciones – a pesar de la violencia y vandalismo – el 64% creía conveniente la suspensión del estado de emergencia y el 69% estimaba que militares y carabineros habían actuado con fuerza excesiva y abusando de su poder (Cadem, 2019). De alguna manera, el gobierno y las FF.AA., pasaron efectivamente a ser percibidas como malas. O sea, la población sostenía la voluntad de lucha de la PL.

 

La terrible pandemia mundial del coronavirus nos otorga una pequeña tregua, un muy necesario espacio para enfriarnos y pensar. Una oportunidad para que la gente apasionada, que apoya a la PL, se dé cuenta que “las guerras destruyen más riqueza de las que crean” (LeShan, 1995). Que vuelvan a la construcción sensorial y comprendan que las manifestaciones violentas han afectado, negativamente, la vida de los chilenos, que hasta principios de enero habían costado 165 mil empleos (CNN, 2020). Que entiendan que el país está peor y no va a mejorar mediante una victoria mítica. En mi opinión, la PL no caerá mientras tenga respaldo ciudadano y, como hemos visto, la percepción de la población puede ser manipulada.

Para cerrar esta reflexión, me gustaría señalar que el país está enfrentando un momento muy difícil, en el que una fracción de la población está empleando la fuerza para tratar de imponer su voluntad. Podemos llamarlo guerra, estallido, revolución o como se quiera, pero la violencia está presente y estimo que analizar esta situación, en base a conceptos propios de la guerra, es un ejercicio útil para cualquier hombre de armas.

Creo que la percepción de un grupo importante de la población fue manipulada para conseguir el tránsito hacia una construcción mítica de la realidad, explotando un malestar que subyacía en una generación muy particular.

Espero, sinceramente, que la tregua impuesta por el COVID-19 permita a los chilenos abrir los ojos – en muchos casos cubiertos por el velo de la percepción mítica – y ver el daño que la violencia ha generado al país. Ojalá se logre que los partidarios de la PL, y que sostienen su voluntad de lucha, vuelvan a apreciar el entorno con la claridad sensorial que la coyuntura exige. Es de esperar que por fin salgan de la Tierra Media, en la que siguen tratando de derrotar a Saurón, y regresen al Chile del siglo XXI.

 

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Bibliografía

  1.  Cadem. (noviembre de 2019). Encuesta Plaza Pública. Obtenido de https://plazapublica.cl
  2. CNN Chile. (21 de octubre de 2019). CNN Chile. Obtenido de https://www.cnnchile.com/pais/pinera-estamos-en-guerra-contra-un-enemigo-poderoso_20191021/
  3. Harari, Y. N. (2018). 21 Lecciones Para el Siglo XXI. Barcelona: Penguin Random House.
  4. Hedges, C. (2014). War is a Force that Gives us Meaning. Nueva York: Perseus Group Books.
  5. Kaiser, A. (24 de octubre de 2019). La Nación. Obtenido de https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/chile-es-un-sinsentido-culpar-a-un-modelo-exitoso-nid2299965
  6. LeShan, L. (1995). La Psicología de la Guerra. Santiago: Andrés Bello.
  7. Merbilháa, M., León, C., Haindl, E., & van Nievelt, H. (2020). Nuestro Octubre Rojo. Santiago: El Libero.
  8. Miranda, R. (07 de diciembre de 2019). Eldesconcierto.cl. Obtenido de El Desconcierto: https://www.eldesconcierto.cl/libros/entrevista-a-un-capucha-en-la-primera-linea-damos-la-cara-contra-la-yuta/
  9. Nixon, R. (1986). No more Vietnams. Nueva York: Comet Allen Co.
  10. Peña, C. (22 de octube de 2019). C13. Obtenido de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=rrtBEuUaDxM
  11. Peña, C. (2020). Pensar el Malestar. Santiago: Penguin Random House.
  12. Peña, C. (3 de febrero de 2020). Meganoticias. Obtenido de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=K80Vtd-YfMg 
  13. Villegas, F. (Abril de 2020). Actualidad y Esas Cosas. Podcast. Santiago.
  14. von Clausewitz, C. (1832). De la Guerra. Kindle Edition. 

4 Respuestas

  1. TERNICIEN NOVOA JUAN PABLO dice:

    Soy de una generación en la que, de niños, la entretención diaria estaba “en la calle”. Jugábamos normalmente en dos bandos, como en policías y ladrones (solo que no los llamábamos policías). No había buenos o malos, sino bandas de incontables mocosos de la cuadra que nos armábamos con cuanto objeto semi contundente – incapaz de rompernos el cráneo- estuviera a nuestro alcance. Así, terrones de arena, piñas de pinos o eucaliptos, o una potente manguera de jardín constituida en arma decisiva, hacían que al término de la batalla regresáramos a casa cubiertos de mugre y agua sin mas consecuencias que algún que otro raspón que inmediatamente se constituía en “herida de Guerra” y, por lo tanto, motivo de orgullo. Era entretenido y el eje de toda esta acción estaba en la diversión propia de niños irresponsables.
    Toda vez que intento analizar las causas de este período de violencia en nuestra historia, no puede sacar de mi razonamiento el recuerdo de esas batallas campales de niños irresponsables, pero “en la calle” de hoy solo uno de los bandos regresa a casa sin más consecuencia que estar empapados, sucios y con una que otra herida de guerra motivo de orgullo. El otro bando deberá enfrentar la destrucción de su propiedad y entorno, y algunos de ellos quemantes heridas físicas, mucho más profundas que un raspón.
    La percepción mítica, así como la superioridad moral, son elementos del conflicto de la mayor subjetividad y sobre la que bandos radicalizados difícilmente encontrarán puntos de convergencia. De aquí que la construcción de nuestra sociedad, tal como lo plantean los contractualistas, establece un orden, una estructura y mecanismos para la solución de conflictos, con derechos y deberes. Como todo contrato, el contrato social obliga a ambas partes y su no cumplimiento debe tener consecuencias. Tal vez el haber perdido de vista esta simple verdad lleva a encendidas polémicas como la generada por Sergio Micco al señalar que derechos y deberes son parte de un todo.
    Felicitaciones por un notable y muy entretenido artículo
    Juan Pablo Ternicien
    Profesor

    • CAVADA CABACH FEDERICO ENRIQUE dice:

      Muchas gracias por su reflexión mi comandante. Es un problema complejo, en el que concuerdo con Ud., se ha perdido de vista la importancia que tienen los deberes para posibilitar la convivencia en base a este contrato social, sin caer en el “estado de guerra” entre personas del que habla Hobbes. Creo que el espacio que tenemos ahora, producto de la trágica y lamentable situación del Coronavirus, debe ser explotado para pensar y analizar. Nuevamente muchas gracias por sus palabras.

  2. JACKSON ZAMORA CYRIL EDWARD dice:

    Carreta, felicitaciones por tu ensayo, realmente entretenido y enriquecedor desde del punto de vista que lo abordaste. No puedo estar más de acuerdo con tus conclusiones y reflexiones finales. Las herramientas entregadas por la ACANAV para seguir desarrollando pensamiento critico y análisis, son fundamentales para abordar temas complejos de hoy en día.
    Atte
    Cyril Jackson

    • CAVADA CABACH FEDERICO ENRIQUE dice:

      Gracias por tu comentario Cyril. Es un tema que, lamentablemente, sigue vigente y que los hombres de armas debemos explotar para agudizar nuestra capacidad de análisis y pensamiento crítico. Nuevamente muchas gracias.

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